miércoles, 31 de marzo de 2010

50 minutos sobre el Atlántico (Judith Noda Mayor)

El siguiente texto no está escrito por mí, sino por la autora novel Judith Noda Mayor. Con ella inauguramos la sección "Relatos Noveles", con la que pretendemos, al estilo de Escritorzuelos, desempolvar vuestros relatos y mostrarlos al público. Queremos así animaros a escribir y a que nos contéis vuestras historias. Como muchos ya sabéis, no siempre somos justos con nuestras creaciones, pues mientras que unas veces pensamos que nuestro esfuerzo no ha sido lo suficientemente valorado, otras (la mayoría) nos avergonzamos de lo que hemos escrito y dejamos a nuestro retoño en el fondo del cajón, durmiendo el sueño de los justos.
Bien, pues ya es hora de ir cambiando eso. ¿Queréis animaros a participar? Es muy sencillo. Basta con que nos enviéis vuestros relatos a la dirección de correo que aparece en Mi perfil... Y nosotros nos encargaremos del resto. Vuestro relato aparecerá publicado en este blog y, entre todos, os ayudaremos a mejorarlo (exactamente, más o menos a la manera de un taller literario). Como es lógico, también aprovecharemos para contaros qué nos ha parecido. Al fin y al cabo, esa siempre ha sido la misión de Crítica Literaria, ¿no?
Con respecto a la extensión de los relatos, éstos no deben superar los dos folios. ¿El motivo? Bueno, ya sabéis lo difícil que resulta a veces leer a través de la pantalla del ordenador. Una historia excesivamente larga puede cansar al lectores, y lo último que queremos es que éstos se desanimen y "pasen" de leer el texto. En caso de que el relato sea excesivamente largo, ya veríamos de qué manera podríamos publicarlo. De todos modos, siempre nos quedará la posibilidad de dividirlo en diferentes partes. Así que ya sabéis: ¡si tenéis un historia que contar nosotros estaremos aquí para escucharla!
Y ahora, sin más dilación, demos paso al relato de la señorita Noda Mayor. Parece que tiene algo que ver con un avión y un viaje. ¿Nos acompañáis?

Cincuenta minutos sobre el Atlántico

En cuanto se le ocurrió la idea, Sabina soltó el libro que estaba leyendo y buscó con impaciencia en su bolso los instrumentos necesarios para llevar a cabo su propósito. Resultó sencillo dar con el primero de ellos, el bolígrafo azul del laboratorio que siempre llevaba consigo.
El papel donde utilizarlo, sin embargo, fue un material mucho más difícil de conseguir. Como sustituto de una hoja en blanco, contaba tan sólo con el resguardo de la tarjeta de embarque, las entradas para Turandot que había adquirido hacía apenas un mes, en plena vorágine consumista, además de su hoja de matrícula para la Universidad y un fragmento de ticket del barco a La Graciosa, repleto de chicles cuyo sabor había desaparecido en el momento mas inoportuno.
Ninguno de estos lienzos era lo suficientemente grande, ni estaba lo suficientemente en blanco, como para acoger todas las ideas que se agolpaban en su mente, y no se encontraba precisamente en el lugar idóneo para adquirir algo mejor, a menos que aquel pequeño avión de Islas Airways contara con su propia papelería a bordo.
Sonrió al darse cuenta de la absurdez que había imaginado, mientras seguía enfrascada en la búsqueda de algún papel mayor en su equipaje de mano.
Al encontrar la caja vacía de Biodramina que necesitó para subir al barco hace cuatro días, cayó en la cuenta de que la tan ansiada libreta provisional podía hallarse justo ante sus narices. Levantó la cabeza, y ahí estaba. Una reluciente, amplia e inmaculada bolsa para el mareo. Suficiente para recoger sus primeras impresiones, fruto del fuerte impulso de escribir que se había apoderado de ella unos minutos antes.
No era la primera vez que le ocurría, y casi siempre había sucedido en medio de algún viaje. Tal vez fuera por el halo de transcendencia y misticismo con el que siempre los había relacionado, o simplemente como consecuencia de un sentimiento mucho más mundano: el aburrimiento propio de tantas horas de espera en aeropuertos, estaciones y medios de locomoción.
Sea como fuere, Sabina consideraba que los viajes, al igual que la soledad, el dolor y los paisajes idílicos, habían sido siempre su mejor fuente de inspiración.
Sin embargo, esta vez no se trataba sólo de eso. En otras ocasiones, ni las experiencias vividas, ni el viaje en sí, habían sido suficientes para dejarla en el estado de excitación e impaciencia en el que se encontraba ahora. De hecho, éste estado incluso le había llevado a entender, o más bien a compartir, la consigna que había usado meses atrás un viejo amigo: “Sólo sé que lo importante ahora es escribir, escribir, escribir…”.
Entonces, había tomado esta afirmación como una de las armas utilizadas tan a menudo por él para crear a su alrededor una continua imagen de bohemio y soñador. O tal vez se tratara del tan comentado uso de la escritura como desahogo ante una soledad que empezaba a hacerse insoportable. Una propiedad de la que ella siempre, o casi siempre, se había aprovechado.
Pero no. Se percataba de que ni la soledad, ni el romanticismo, ni el dolor, ni tan siquiera el aburrimiento, estaban siendo el motor que guiaba su mano, bolígrafo en ristre, a escribir una frase tras otra en aquella bolsa para el mareo, ante la estupefacta mirada de su remilgada y ya madura compañera de viaje.
Aunque en un primer momento se sintió orgullosa del pequeño escándalo que estaba causando en el cuadriculado mundo de la señora, finalmente se apoderó de ella ése excesivo sentido de la vergüenza del que solía hacer gala, y que la llevó a intentar resguardar su “libreta”, tan falta de glamour, bajo el libro que llevaba con ella.
Entonces detuvo su orgía creativa por unos instantes. Sólo los suficientes para darse cuenta de que ése mismo libro, “La insoportable levedad del ser”, había supuesto gran parte de su inspiración. De hecho, estaba tomando prestados momentáneamente para su relato, dos de los nombres de los personajes creados por Milan Kundera, anclados ya tan profundamente en su pensamiento, que resultaba imposible sacarlos y crear unos nuevos.
-Ya habrá tiempo para sutilezas -pensó. Y volvió a la idea recurrente-. Ahora lo importante es escribir…
Pero, ¿cómo había conseguido la historia del escritor checo atraer a las musas a tal velocidad?. La respuesta era sencilla. Por primera vez, había identificado la forma de escribir de otro ser humano con la suya propia.
Ni por asomo las comparaba. Nadie se atrevería a tanto. Simplemente, las historias entrelazadas y descritas desde distintos puntos de vista, así como el análisis de lo que nos lleva a actuar de una u otra forma, y las pequeñas reflexiones que en los momentos relevantes tenemos con nosotros mismos, habían llevado a Sabina a darse cuenta de qué era lo que necesitaba para relatar algo que mereciera la pena ser leído.
Era una idea a la que ya había dado vueltas antes, pero que no había llegado a materializarse.
En su caso, la fuente inagotable de palabras e historias, era la propia experiencia. La descripción detallada de lo que le estaba ocurriendo, sin apenas artificios. Sólo lo real. Lo palpable. Y tal vez, con esta brecha al fin abierta, daría con el filón que había buscado innumerables veces. Ése umbral que intenta cruzar todo aspirante a escritor. La puerta hacia una inspiración propia, imperecedera, que consigue que una persona relate su propia existencia de una forma hermosa, no sólo para sí misma, sino para algún lector eventual.
Incluso se atrevió a soñar con que ése primer momento la llevara algún día a cruzar una frontera aún mayor. A que fuera la antesala a un estado mucho mas elevado de la imaginación humana, el de la verdadera creación, generar historias a partir de la nada.
Sabía que aquello suponía otra vuelta de tuerca de difícil consecución. Debían correr ríos de tinta, aún. Pero, después de todo, al tiempo que apuraba las últimas líneas en el antiestético diario, pensaba que todo buen relato debía provenir, en parte, de ensoñaciones abstractas y de una ambición desmedida.
Nuevamente, se detuvo a reflexionar. Faltaba una pieza en el puzzle. Una certeza que desde el principio luchaba por salir a la luz, y de la que, en el fondo, había sido consciente desde un principio.
Algo más había despertado este deseo en ella. Algo mucho más simple que el libro de un gran escritor: el relato de un adolescente.
Una sencilla redacción para el instituto. Y sí, en esta sencillez radicaba su belleza. En una historia sin pretensiones, sin demasiados adornos, y sin trascendencia intencionada. En las ilusiones y deseos de un muchacho joven. En la nobleza de quien sólo intenta expresar un sentimiento. Y por último, en lo que podía leerse entre líneas: la gran persona que surgiría de ese pequeño escritor.
Sabina se permitió mirar por la ventana. El cielo azul, y las escasas nubes que rodeaban al aeroplano, parecían contribuir a una mayor exaltación de su espíritu, que ya se encontraba a gran altura, tras comprobar lo que la modesta historia de Franz había provocado en ella.
Sonrió de nuevo, imaginando la cara que pondría él al saberlo, y al leer la narración que estaba cogiendo forma a 11.000 metros de altura, sobre el Atlántico.
Deseó que aquel trayecto no terminara nunca, pero cuando mejor parecían fluir las palabras, y habiendo perdido ya por completo la noción del tiempo, se encendió el piloto que ordenaba volver a abrocharse los cinturones.
Instantes después, una azafata confirmaba el inminente aterrizaje sobre su isla, obligando a Sabina a postergar su relato. No importaba. Complacida, y aunque el avión descendiera, podía sentir como su imaginación seguía volando a una velocidad vertiginosa, aún cuando tocaron tierra.
Por primera vez, estaba segura de que en esta ocasión, el final del viaje no supondría el final de la historia, sino el principio.

La opinión de Crítica Literaria: La inspiración aparece en los lugares más inverosímiles, ya sea mientras damos un paseo por las calles de nuestra ciudad, observamos una puesta de sol... o vamos a bordo de una avión junto a una estirada señora con cara de pocos amigos. Judith nos ha contado de qué forma nacen las historias, acercándonos a algo tan complejo como es el proceso creativo. Y es que cuando sentimos la necesidad de escribir, da lo mismo que utilicemos una elegante libreta de anillas, un envoltorio de un chicle o una bolsa para el mareo. Las ideas siempre están ahí, dispuestas a que les demos forma. Tampoco podemos olvidarnos de la influencia que recibimos de nuestro escritor preferido, independientemente de que éste sea Milan Kundera (genial ese guiño a La insoportable levedad del ser) o cualquier otro que tengamos esperándonos junto a la mesilla de noche.
Quizá el texto resulte algo denso para la historia que se propone contarnos, pero... ¿acaso, antes de ser plasmadas en el papel, las ideas no tienen que transcurrir por todo ese camino que nos describe la autora? Por no hablar de esa ansiedad que sentimos cuando nos enfrentamos a la tiranía del papel en blanco, sentimiento que se transforma en satisfacción cuando vemos que hemos conseguido crear unos personajes que, hasta entonces, sólo existían en nuestra mente. El mensaje del cuento resulta claro ("ahora lo que importa es escribir, escribir, escribir...") y supone una invitación a todos aquellos que quieran adentrarse en este fascinante mundo, lo cual, visto como está el panorama actualmente, es de agradecer.
Sin lugar a dudas, se trata de un relato arriesgado. Es muy difícil escribir sobre una cuestión tan compleja y no recurrir a los tan socorridos tópicos. Y no cabe duda de que nuestra escritora ha conseguido sortear tales escollos, cuidando la expresión al máximo y utilizando un lenguaje tan ameno y sencillo que logra entretener. En fin, ¿qué más puedo deciros? Me gustan las puertas abiertas, y esta historia nos está invitando a adentrarnos en ella. Y si para colmo seguimos el ejemplo de su protagonista, pues tanto mejor.
Y vosotros, ¿qué pensáis?

viernes, 19 de marzo de 2010

Muestra de cortometrajes 2010 (Aula de Cine de la Universidad de La Laguna)

La finalidad de la muestra consiste en promover y difundir las creaciones audiovisuales, de manera que su riqueza artística acreciente y fortalezca la cultura regional.

BASES PARA LA PRESENTACIÓN DE LOS TRABAJOS:

1- La convocatoria está abierta a todos los realizadores mayores de 18 años, pudiendo ser creaciones individuales o colectivas, sin distinción de nacionalidad o residencia.

2- Los trabajos se podrán presentar a partir del 8 de marzo vía correo certificado (no vía e-mail) a la siguiente dirección:

Aula de Cine
Vicerrectorado de Relaciones Universidad y Sociedad
c/Viana, nº50
38201 La Laguna

La fecha limite de entrega será el 23 de abril de 2010. Cabe la posibilidad de poneros en contacto con algún miembro del Aula de Cine de la ULL para la entrega en mano. En el encabezamiento del sobre deberá decir: Muestra de cortometrajes Aula de Cine ULL.

3- La temática será a libre elección del realizador.

4- Se considera válida la fecha de presentación correspondiente en el matasellos. La organización no asume ninguna responsabilidad por los daños o desperfectos que las obras presentadas puedan sufrir en tales envíos, cuyos gastos correrán a cargo de los concursantes. Las copias formarán parte del Archivo audiovisual del Aula de Cine de la ULL, respetándose la totalidad de los derechos de cada obra a menos que se especifique lo contrario, en cuyo caso se destruirá después de la muestra.

5- Los trabajos podrán ser realizados en vídeo, digital, 8 mm, 16mm, 35 mm etc. es decir podrán ser creados con cualquier método audiovisual, pero presentados exclusivamente en formato DVD.

6- La duración máxima de los cortos será de 20 minutos. Las obras podrán estar realizadas en blanco y negro o en color. Pueden ser obras de animación, ficción o documental. En el caso de que las obras tengan sonido hablado que no sea en idioma castellano, deberán incluir subtítulos. Los trabajos deben ser originales y no incluir ningún material visual o sonoro atado a derechos de autor.

7- Todos los trabajos deberán estar acompañados por una ficha de inscripción: un pequeño resumen del argumento, autor, duración, la autorización para su proyección, el acta de donación o no de la copia a la filmoteca del aula y un correo electrónico por si surgiera algún problema con la copia.

8- Si el número de trabajos superara los que, por tiempo, estamos capacitados a exhibir dentro de la muestra se hará una selección de los mismos que se anunciará por internet y al correo de los afectados.

9- Bajo ningún concepto se exhibirán obras que afecten o induzcan a quebrantar los conceptos de convivencia pacífica, DDHH, resulte ofensivo, racista o sexista.

10- El Aula de Cine de la ULL se reserva el derecho de admisión de cortometrajes en el caso de que éstos incumplan alguno de los puntos anteriormente nombrados o no reúnan los requisitos mínimos para su reproducción.

11- La organización se reserva el derecho de modificar cualquier artículo de los antes expuestos si las circunstancias lo requieren, de ocurrir esto se daría oportuna publicidad.

12- Podéis encontrar más información en: