lunes, 30 de agosto de 2010

Cartas desde Paraguay (Diego Castro Sánchez)

Al instante, los dos hombres se encontraban trepando entre las ruinas; definitivamente la bandera de los Soviets sería la primera en ondear sobre el Berlín ocupado.

Diego Castro Sánchez, Cartas desde Paraguay.

  • Título: Cartas desde Paraguay
  • Autor: Diego Castro Sánchez
  • Género: Novela
  • Número de páginas: 70
  • Precio: Papel (no disponible) / PDF (descarga gratuita)
  • Valoración de Crítica Literaria: 7

Berlín, abril de 1945. El III Reich está al borde del colapso y el ejército alemán trata desesperadamente de detener el avance soviético. La órdenes dictadas desde la Cancillería son tajantes: todo aquel que abandone su puesto y se rinda ante los rusos deber ser ejecutado por traidor. Las calles de la capital se llenan muy pronto de soldados ahorcados que no han tenido la suerte de escapar de los pelotones volantes de las SS. Sin embargo, los hay que previendo la derrota, han conseguido burlar a estos escuadrones y organizar su huida. Alemania sobrevivirá sin Hitler, pero muchos de estos hombres, comprometidos por la guerra, tendrán que escapar de la justicia del vencedor. Y el oficial Johan Krebbs es uno de ellos.

Mientras que en los alrededores del Reichstag se libran los últimos combates, Krebbs vaga por la Alexanderplatz mientras piensa en su destino, tan oscuro y sombrío como las columnas de humo que se elevan sobre la ciudad. Deseoso de pasar desapercibido, se une a un grupo de refugiados que se dirige hacia las líneas rusas. Esta decisión cambiará para siempre la vida del antiguo oficial, pues entre la multitud, y completamente sola, se encuentra la pequeña Catalina. La mirada que la niña le dirige a Krebbs desarma a éste por completo. El desertor ha encontrado un nuevo motivo por el que vivir.

Pero los deseos de ambos chocan con la amarga realidad. Considerado como un criminal de guerra, Krebbs se ve obligado a huir una vez más. Sus contactos en Italia le llevan a Roma, donde conocerá al padre Matejko. Decidido a ayudarle, el religioso le promete una nueva vida en Sudamérica. No tendrá que preocuparse nada... Sin embargo, Catalina tendrá que quedarse en Roma. Es, sin lugar a dudas, un duro golpe para Krebbs... Pero es el precio que tiene que pagar para alejarse de una Europa en llamas.

Atormentado por su pasado y convertido en sacerdote, Krebbs se embarca hacia América del Sur. Es así como llega a la desolada región del Chaco, instalándose en la hacienda Doña Casilda, donde se ganará el cariño de sus feligreses. No obstante, el recuerdo de Catalina sigue presente en la memoria de Johan. Necesita saber cómo está, qué ha sido de ella... Pero a estas preocupaciones muy pronto se le sumarán otras, pues don Froilán, el patrón de la hacienda, no se distingue precisamente por el buen trato que presta a sus empleados. Se respiran aires de rebelión y Krebbs está decidido a no quedarse al margen.

Lo mejor: Cartas desde Paraguay es una enternecedora historia que nos muestra hasta qué punto las personas podemos llevar nuestra obligación al deber. La trama resulta apasionante y el tono de la misma llega a recordarnos en algunos momentos al utilizado por Vázquez Figueroa en algunas de sus novelas (Piratas). La relación entre Krebbs y Catalina en verdad llega a emocionarnos, llegando a compadecernos por la suerte del oficial alemán. Esta empatía que se crea entre el prota y el lector nos lleva a querer conocerle más en profundidad. Es precisamente en este punto donde la novela flaquea, tal y como veremos más adelante. También me ha encantado ese esfuerzo que Diego dedica a describirnos esas pequeñas estampas que, si bien no tendrán una influencia decisiva en la trama, sí nos ayudarán a ponernos en situación. Dentro de esta línea me ha agradado ese guiño que el autor hace a los soldados soviéticos que desplegaron la bandera de la URSS sobre la cúpula del Reichstag, quitándole algo de solemnidad al momento y tratando este asunto más como una apuesta entre dos amigos (Yegorov y Kantariya). Por su parte, y volviendo de nuevo a Krebbs, la paciencia y resignación de éste al no recibir ninguna carta que pueda volver a unirle a su antigua vida es sencillamente admirable, llegando a resultar conmovedora.

A mejorar: Desde mi punto de vista, el gran lastre de la novela es su poca profundidad. Me explico: es cierto que la trama es genial y su desarrollo está muy bien trazado, pero cojea en la falta de descripciones. Es necesario profundizar mucho más en el contexto en el que se mueven los personajes. En una novela como ésta, la ambientación es muy importante. Las últimas horas del Berlín nazi prácticamente nos pasan inadvertidas, cuando quizá se le podrían sacar algo más de jugo. Otro tanto ocurre con el viaje de Johan a Italia. En un abrir y cerrar de ojos, Krebbs da un salto de gigante desde Berlín hasta Roma. Pienso que este cambio es demasiado brusco. Hubiera estado bien que se nos contara las dificultades que tanto él como Catalina tuvieron para salir de una Alemania hasta entonces plagada de puestos de control aliados. Ya de por sí, eso ya hubiese dado para una aventura. Lo mismo ocurre cuando se embarca hacia Paraguay. Es como si entre una escena y otra, nos faltarán algunos fragmentos de “metraje”. Y eso le hace perder puntos al texto. En lo que respecta a los personajes, más de lo mismo. Krebbs se lamenta de su pasado, pero lo cierto es que el lector apenas tiene conocimientos de él. Sabemos que luchó en Stalingrado y que conoció a importantes personajes (que no diremos para evitar spoilers) pero poco más. Seis años de guerra dan para mucho y estoy seguro de que Krebbs habrá contemplado escenas terribles. Como ya comentaba, es muy importante que esas escenas sean transmitidas al lector. Lo mismo ocurre con varios de los personajes con los que el Johan se cruza en su viaje a Italia. Marco Langletti está muy bien perfilado, pero se echa de menos saber algo más del padre Matejko, un personaje casi vital en la trama. ¿Qué motivaciones le llevan a ayudar a los nazis que huyen de la justicia aliada? ¿Cuál fue su actitud ante el Holocausto? Detalles como éstos nos ayudarían a entender un poco mejor sus motivaciones y terminarían por sumergirnos en una agradable tarde de lectura. La parte formal también merecería algo de atención. Junto a los errores ortográficos propios de todos los que nos dedicamos a esto, es preciso arreglar la maquetación, ya que hay diálogos que se superponen unos a otros. El uso de la cursiva dentro del registro empleado por los indios no me parece del todo correcto, debiendo limitarse a aquellas expresiones propias de su registro lingüístico, tales como padrecito y ¡conchasumadre!

Conclusión: Cartas desde Paraguay es una novela entrañable, original y muy emocionante. Su originalidad reside en contarnos qué ocurrió con aquellos oficiales alemanes que huyeron de la justicia aliada. Tras haber abandonado Europa, muchos de estos convictos (sobre los que pesaban graves crímenes) habían entrado a formar parte de la leyenda de la II Guerra Mundial. Sin embargo, todavía les quedaban muchas más aventuras por vivir. ¿Y qué mejor sitio para hacerlo que la lejana Sudamérica? La trama pese a su aire novelesco, es perfectamente creíble y va más allá de las teorías planteadas por los cazadores de nazis. Sin embargo, creo que sería necesario pulir algo más el texto para añadirle algo más de profundidad. Faltan descripciones y los ambientes por los que se mueve Krebbs son propicios para ello. Del mismo modo, no estaría de más “construirles” un pasado a los personajes, de modo que puedan resultarnos más convincentes de lo que ya son. Con respecto a mi valoración del propio autor, no me gustaría terminar si antes decir que Diego Castro es uno de los Autores Bubok más valorados por los usuarios, habiendo demostrado su talento como escritor en el celebérrimo Concurso de Relatos. Al haber abandonado el certamen cuando Diego comenzó a participar, perdí la ocasión de poder leer algo suyo. Sinceramente, ha sido una gozada empezar a hacerlo a partir de la lectura de esta novela.

Che Guevara (David Sandison)

  • Título: Che Guevara
  • Autor: David Sandison
  • Género: Ensayo / Biografía / Historia
  • Número de páginas: 160
  • Editorial: Ediciones B (Grupo Z)
  • Año: 1997
  • Valoración de Crítica Literaria: 8

Los lectores más veteranos de Crítica Literaria recordarán el excelente relato de David Posse El hombre que mató a Ernesto Guevara, el cual tuvimos la oportunidad de reseñar el año pasado. La historia nos ponía en la piel de El Flaco, un antiguo revolucionario que acompañó a los barbudos de Fidel Castro en Sierra Maestra. Posteriormente, y desengañado por el camino que estaba tomando la Revolución, El Flaco fue reclutado por la CIA, convirtiéndose en uno de sus más valiosos agentes en Latinoamérica. Contra todo pronóstico, sus actividades pasaron inadvertidas para sus compañeros de armas. Ningún miembro del grupo guerrillero que se internó en la selva boliviana a finales de 1966 sospechó que entre sus filas se escondía un traidor; un hombre que quizá cambiaría el futuro del país andino y de todo el continente. Su misión no distaba nada de ser sencilla: debía asesinar al líder de la partida revolucionaria, cierto Ernesto Che Guevara...

Bajo esta premisa, esta semana presentamos Che Guevara, de David Sandison. La mención que hacemos al relato de David Posse no es casual, ya que Sandison abre su libro narrándonos los últimos momentos del revolucionario argentino, incluyendo la posterior exhibición de su cadáver ante la prensa. Sandison comienza contándonos su historia justo por el final, al tiempo que nos invita a acompañarle a través de las páginas que conforman su libro.

El primer capítulo nos habla de los años de juventud del Che. Hijo de una pareja progresista que tenía la costumbre de organizar auténticas discusiones políticas en su hogar, el Che se ve pronto influenciado por estas conversaciones. Las travesuras no son incompatibles con las charlas de su padre, las cuales giran en torno a los problemas sociales que padece Argentina. Con el paso del tiempo, el joven Ernesto se dará cuenta de que estos problemas no son patrimonio exclusivo de su país, sino de todo el mundo. Será precisamente esta creencia la que le acompañe durante el resto de sus días, cobrando una mayor fuerza durante el viaje que realizó por Sudamérica junto a un compañero de la Facultad de Medicina. De esta época data De la Argentina a Venezuela en motocicleta, en la que da forma a la anotaciones que escribió en su diario. Las terribles condiciones de trabajo en las que vivían los mineros chilenos de Chuquimata, cuya visión le enfureció; la lástima que le inspiraron los pacientes de las leproserías que visitaba, con los cuales llegó a convivir; y la no menos dramática situación de la población indígena fueron algunos de sus recuerdos más intensos. Y así nos lo hace saber Sandison.

Su largo peregrinar por Sudamérica le llevaría a tierras mexicanas, donde conocería a un grupo de exiliados cubanos que combatían al régimen del dictador Fulgencio Batista. Es así como traba amistad con Fidel Castro, quien muy pronto le anima a unirse a su causa. Este encuentro marcará para siempre la vida del Che, que inmediatamente embarca para Cuba. El argentino comenzó a forjar su leyenda mientras recorría Latinoamérica en moto, pero será en la jungla cubana donde entre definitivamente en la Historia.

Sandison no escatima detalles a la hora de contarnos las dificultades a las que los guerrilleros de Guevara y Fidel tuvieron que hacer frente. El Che dio muestras de un inusitado valor en varias ocasiones, como aquella vez en la que, en pleno ataque aéreo, permació impasible bajo una palmera mientras se fumaba uno de sus característicos puros. Pero el autor no se limita únicamente a elogiar su valentía, sino también a mostrarnos la férrea disciplina que impuso a sus hombres, la cual fue la base de la victoria. Es precisamente aquí donde el tono autocomplaciente de la primera parte (la relativa a su infancia y adolescencia) se vuelve un poco más sombrío. La desobediencia era duramente castigada y los traidores eran fusilados sin contemplaciones. Fue el propio Che quien dictó varias de esas condenas. La Revolución y la vida de sus hombres estaba en juego.

Con el triunfo de Castro, Cuba se vio marginada por el resto de los países de su entorno, la mayoría presididos por gobiernos conservadores que temían que el ejemplo cubano crease escuela. Esta posición, alentada por Estados Unidos, concluyó con el famoso desembarco de las fuerzas contrarrevolucionarias en Bahía de Cochinos y en el posterior bloqueo al que fue sometido la isla. La Crisis de los Misiles no hizo más que agravar la situación.

Pero si Estados Unidos ejercía el papel de gendarme en la zona, el Che no dudó en hacer lo propio como guardián del movimiento socialista. Y si la administración Kennedy mentía cuando afirmaba que su Gobierno no sustentaba a regímenes autoritarios, el Che también lo hizo cuando prometió que Cuba no exportaría la Revolución. De nuevo Sandison se mueve, acertadamente, entre la admiración que le inspira el personaje y sus contradicciones.

Como nuevo miembro del Gobierno cubano, el Che inicia una serie de viajes que le llevan a diferentes países amigos. La economía isleña se encuentra bajo mínimos y es necesario encontrar nuevos socios comerciales que ocupen el vacío dejado por el Tío Sam. Visita la Unión Soviética, China, Corea del Norte y Egipto, y no duda en entrevistarse con sus líderes. Pero el objetivo del revolucionario se encuentra en África, donde la descolonización está causando estragos y los gobiernos resultantes observan como sus territorios se están convirtiéndo en un escenario más de la Guerra Fría. El Che decide que será ahí donde golpeará a los imperialistas. Siguiendo el ejemplo de Vietnam, África detendrá al capitalismo. El Congo será su primera parada. Él mismo partirá como voluntario.

La llegada de los combatientes cubanos al Congo se salda con un fracaso. Los líderes locales están más interesados en mantener sus privilegios que en defender a su gente, las luchas entre las distintas etnias que componen la población son un hecho y las fuerzas coloniales son un hueso duro de roer. El Che y los suyos combaten por un pueblo que no les entiende y contra un enemigo mucho mejor organizado. Ni siquiera la ayuda china y soviética es capaz de salvar la situación. Todo es caos y desorden. La partida está perdida y tienen que abandonar el país, sentando el triste precedente de lo que será su aventura boliviana. No obstante, el ejemplo del Che será imitado por Fidel Castro durante la década siguiente, cuando las tropas cubanas presten apoyo logístico y militar a los revolucionarios angoleños.

Ya en Cuba, Guevara quiere que la Revolución salte al continente. El conservadurismo se ha instalado en Sudamérica y las juntas militares, amparadas y financiadas por Estados Unidos, abundan por doquier. Hablamos de regímenes dictatoriales que se perpetuarán en el tiempo hasta los años ochenta y a los que es preciso derribar. El Che alza sus ojos hacia Bolivia. Apenas ha regresado del Congo y ya piensa en su próxima aventura. Sí, Bolivia marchará junto a Cuba bajo el estandarte del socialismo.

Pero Bolivia, gobernada por el tirano Barrientos, está agotada. Desde su independencia, el país no ha conocido el descanso y han sido varios los dictadores que han marchado sobre La Paz. Los jornaleros, a diferencia del campesinado cubano, no quieren luchar. El movimiento obrero ha sido duramente reprimido y la corrupción ha alcanzado hasta al propio Partido Comunista. Como en el Congo, los comunistas bolivianos dan muestra de derrotismo, añadiéndose la desconfianza con la que contemplan a esos guerrilleros que han venido a liberarles. Orgullo de papel: la revolución boliviana será llevada a cabo por los propios bolivianos y no por extranjeros. Se trazan planes y proyectos, pero nadie quiere luchar. Únicamente el Che y su grupo de combatientes pasan a la acción.

Y será en la selva boliviana donde Guevara y sus compañeros encuentren la muerte. Son varios los meses de penalidades, con un ejército boliviano pisándoles los talones y con un Che cada vez más minado por la fatiga y el cansancio. Su carácter se ha ensombrecido (lo cual explica algunas de sus decisiones, irremediablemente erróneas) y la situación es cada vez más dramática. Cuando en octubre de 1967 caiga abatido por las balas enemigas, el Che será conciente de que el triunfo de Sierra Maestra no se repetirá.

Sandison ha sabido escribir una buena biografía y no ha permitido que su admiración por el personaje haya echado a perder su trabajo. Del mismo modo que elogia la valentía y el sentido del deber del Che, también nos muestra sus puntos más oscuros, enseñándonos a los que nos dedicamos a la Historia un valioso ejercicio de neutralidad. Y eso es algo que hay que agradecerle. El trabajo de Sandison se ampara en la honestidad y en su buen hacer, lo que le distingue de otros historiadores. Valga como ejemplo el caso de Richard Pipes, autor del ensayo Historia del comunismo (Mondadori, 2002), donde, entre cosas, se justifica la política imperialista de la Casa Blanca con respecto a los países de América del Sur, llegando a defender el uso de la fuerza y el apoyo de las diferentes administraciones norteamericanas al dictador militar de turno. Claro que Pipes era uno de esos autores que, tras la desaparición del comunismo a principios de los noventa, pregonaba que habíamos llegado al Fin de la Historia. Eran otros tiempos...

Con respecto a nuestro libro, no estamos ante un ensayo excesivamente profundo, pero sí bastante completo. Hay que dejar claro que es un trabajo meramente introductorio. Y eso se ve cuando consultamos la bibliografía empleada por Sandison. Apenas utiliza fuentes de otros autores, limitándose únicamente a consultar los diarios de Guevara, así como algunas entrevistas y obras de carácter general. En ningún momento estamos hablando de la biografía definitiva del Che. También es cierto que muchas veces el tono del autor recuerda al de aquellos libros del tipo ¿Cuánto sabes de...? pero el esfuerzo hay que reconocérselo. Estamos a una obra idónea para todos aquellos que quieran acercarse a la figura del revolucionario argentino. Se nos invita a investigar, a seguir profundizando en el tema... Y eso tiene su mérito.

A destacar también el amplio repertorio de imágenes que acompañan al libro, entre las que destacan las de un joven Che con su inseparable motocicleta, su primera fotografía con Castro, su viaje a China, su experiencia como guerrillero en Bolivia y el Congo y las que conforman (por supuesto) su álbum familiar.

domingo, 15 de agosto de 2010

El niño con el pijama de rayas (John Boyne)

  • Título: El niño con el pijama de rayas
  • Autor: John Boyne
  • Género: Drama / Infantil / Novela histórica
  • Número de páginas: 219
  • Editorial: Salamandra (Colección Letras de Bolsillo)
  • Año: 2009
  • Valoración de Crítica Literaria: 9,5
A estas alturas sería innecesario hacer un resumen sobre la archiconocida novela de John Boyne. Y es que son varios factores los que nos llevan a pensar así: primero, el tiempo transcurrido desde la publicación del libro (2006); segundo, el enorme éxito que tuvo la obra en medio mundo y que le valió a su autor el reconocimiento internacional; y tercero, el estreno de su versión cinematográfica hace algunos años y que un servidor todavía no ha tenido la oportunidad de ver.
Sin embargo, no nos resistimos a comentar (aunque sea de pasada) el argumento de la novela. Una trama sencilla si se quiere, pero tan intensa y apasionante que dejará una profunda huella en el lector. Además, siempre se corre el peligro de tropezar con algún despistado que todavía está en Babia y llega a la fiesta cuando está a punto de terminar. Que no se enfade el lector de esta reseña. Precisamente, el que suscribe no tiene reparos en incluirse en este grupo. Y es que con bastante retraso he descubierto el mundo del inocente Bruno y el desafortunado Shmuel.
Porque ambos niños son los protagonistas de la novela, si bien el peso de la misma recae en el primero. Ignorante de todo cuanto ocurre a su alrededor, Bruno vive alegremente en un acomodado barrio de su Berlín natal, dedicando el tiempo a deslizarse por la barandilla de la casa familiar y jugando con Karl, Daniel y Martin, sus tres mejores amigos para toda la vida. No hay nada que pueda enturbiar su felicidad, ni siquiera el hecho de que por las noches toda la ciudad se vea obligada a apagar las luces. Por eso se sorprende cuando sus padres le comunican que tendrá que dejar su ruidosa vida de juegos y trasladarse a un lugar cuyo nombre el niño no acierta a pronunciar. Es así como Bruno oye hablar por primera vez de Auchviz, el que a partir de ahora será su nuevo hogar.
Pero los comienzos no son fáciles. Y menos aún cuando se tienen nueve años. Cuando Bruno llega a Auchviz, se da cuenta de lo terribles que pueden llegan a resultar los cambios. ¿Por qué tuvieron que abandonar Berlín tan pronto? ¿Qué responsabilidades encierra el trabajo de su padre? ¿Cómo es que hay tantos soldados entrando y saliendo de su nueva casa? La mente de Bruno es un hervidero de preguntas, pero lo que más le llama la atención es esa gente de aspecto triste que vive al otro lado de la cerca. Se diría que todo el día van en pijama pero... ¿por qué están allí? ¿Acaso son sus nuevos vecinos?
Decidido a resolver qué misterio se esconde tras ellos, Bruno sale una tarde a explorar los alrededores. Es así como conoce a Shmuel, uno de los niños que viven al otro lado. Al igual que todas esas personas que ve desde su ventana, su pequeño amigo también viste un pijama de rayas. Pero hay más cosas que Bruno no entiende, y sus preguntas apenas parecen llamar la atención de Shmuel, que responde a ellas con bastante indiferencia. Sin embargo, la melancolía de Shmuel termina desapareciendo al ver que las visitas de Bruno comienzan a ser cada vez más frecuentes. Está claro que el pequeño berlinés ha encontrado un nuevo amigo.
Con un lenguaje muy cercano al de los cuentos infantiles, Boyne ha conseguido contarnos una historia que nos enseña, ante todo, a no olvidar. Es muy difícil no hablar del contenido de la novela sin caer en los socorridos tópicos (“la guerra vista desde los ojos de un niño”, “la barbarie nazi contra la inocencia infantil”...) pero en este caso es imposible. Porque la amistad entre Bruno y Shmuel nos enseña hasta qué punto es así de coherente el universo de los niños, cuya única preocupación reside en saber si mañana volverán a encontrarse para jugar. Frente a ellos nos encontramos con unos adultos que han encontrado en el odio su forma de vida (la peor de las incoherencias), o bien han preferido vivir en otra realidad.
El horror del Holocausto queda así difuminado gracias a la visión de un niño de nueve años. Pero el mensaje es claro y contundente. Así es la novela de Boyne, una historia que nos obliga a ser niños de nuevo... pero siempre conscientes de que podemos convertirnos en adultos en cualquier momento. Es así como el sueño de Bruno por convertirse en un intrépido explorador se encuentra de pronto con el cadáver de un perro al que un soldado ha disparado porque ladraba demasiado... Y vemos como las muñecas de Gretel, la altanera pero infantil hermana mayor de Bruno, observan con tristeza el terrible espectáculo que se desarrolla más allá de la alambrada.
El horror de los campos de exterminio queda a la imaginación del lector, puesto que Boyne comete el feliz acierto de contarnos sólo lo justo, alejándose de la denuncia fácil y el morbo. Así, la narración se complementa con los conocimientos previos que el lector puede tener sobre el tema. No exageraríamos si dijeramos que Boyne pone su obra al servicio de la consciencia colectiva. De este modo, todo cuanto esté relacionado con el tétrico hogar de Shmuel nos resultará espantosamente familiar. Referencias no nos faltan.
Un leve matiz de ironía se advierte en el último capítulo de la novela, cuando el narrador nos advierte que historias como la vivida por Shmuel y Bruno no deben volver a repetirse. ¡Trágica temeridad la del autor! Y es que más de sesenta años después las víctimas se han convertido en verdugos y las alambradas se han transformado en vergonzosos muros que siguen originando disputas y masacres. Y de nuevo los soldados se amparan en la “ley” para cometer todo tipo de crímenes (“Me parece que a los soldados no les caemos muy bien...” dice Shmuel con hermosa inconsciencia, para luego remarcar ferozmente lo mucho que los odia)... Con la excepción de que hoy, a diferencia de ayer, el mundo asiste impasible al drama.
Una novela a la que merece la pena dedicarle tiempo. Incluso para aquéllos que sientan cierta adversión a la lectura. Tanto su brevedad como la historia que nos cuenta nos invitan a ello. Muy recomendable.