sábado, 30 de octubre de 2010

REC (Jaume Balagueró y Paco Plaza)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: REC
  • Director: Jaume Balagueró y Paco Plaza
  • Intérpretes: Manuela Velasco, Ferran Terraza, Jorge Serrano, Pablo Rosso y David Vert
  • Género: Terror
  • Duración: 85 minutos
  • Año: 2007
  • País: España
  • Valoración: 8
“¡Pablo, grábalo todo! ¡Por tu puta madre!”

“Lo peor que podría pasarle a un reportero de Callejeros o España Directo”. Con esta sola frase (no exenta de ironía) podría resumirse perfectamente el argumento de REC, la escalofriante película con la que queremos celebrar Halloween en Crítica Literaria (No os preocupéis. Nuestra sección de literatura no tardará en volver). Y decimos escalofriante por no decir otra cosa, porque todo en esta cinta bordea los límites de la locura y la angustia.
La reportera Ángela Vidal (Manuela Velasco) y Pablo, su inseparable cámara, se encuentran a punto de realizar otro reportaje más para el conocido programa de televisión Mientras usted duerme. Esta vez tendrán que acompañar y tomar nota de las peripecias de un destacamento de bomberos que hace el turno de noche. Todo son sonrisas y gestos despreocupados. Ángela hasta se permite el lujo de bromear con sus entrevistados, ignorante de la terrible madrugada que se avecina.
Es entonces cuando suena la alarma. Los bomberos deben ponerse en marcha y acudir rápidamente a un céntrico bloque de viviendas. Cuando el grupo llega al lugar de los hechos, se dan cuenta de que no tendrán que hacer frente a una llamada más. Los vecinos están aterrados por una serie de gritos que provienen del apartamento en el que vive una estrafalaria anciana de la que nadie sabe nada. Cuando los bomberos logran echar la puerta abajo, tiene lugar el primer ataque. Presa de un rapto de locura, la anciana se lanza contra ellos dispuesta a no dejar títere con cabeza. La noche de los horrores ha comenzado.
Es a partir de ese momento cuando varios inquilinos comienzan a manifestar los mismos síntomas que los de su histérica vecina. Los enfermos parecen estar poseídos por una diabólica fuerza que les hace olvidar quienes son, comportándose como auténticos monstruos. Hay disparos, la sangre corre y los nervios están a flor de piel. Los supervivientes se ven obligados a correr por los oscuros y lóbregos pasillos de un edificio que ha sido aislado desde el exterior. Y lo peor es que los “infectados” están al acecho. ¿Conseguirán Ángela y Pablo dar con la repuesta a todo lo que está pasando?
REC es la aportación de nuestro cine al nuevo renacer que, desde hace algunos años, está experimentando el género de terror gracias a películas como 28 días depués y sus exitosas secuelas. Grabada a modo de falso documental, REC nos sumerge en una atmósfera de terror cotidiano que nos hace creer de veras en lo que Ángela y compañía nos están contando. La película, presentada en el Festival de Sitges, obtuvo varios galardones, entre los que se incluyen los de Mejor director y Mejor actriz, recibiendo además el aplauso de la crítica y la prensa especializada. No puede faltar, por supuesto, el enorme éxito que la cinta despertó en los Goya de 2007, llevándose el de Mejor montaje y el de Mejor actriz revelación para Manuela Velasco.

domingo, 17 de octubre de 2010

Días de cine (David Serrano)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Días de cine
  • Director: David Serrano
  • Intérpretes: Alberto San Juan, Miguel Rellán, Nathalie Poza, Fernando Tejero, Luis Bermejo, Omar Muñoz, Diego Martín, Malena Alterio, Andrés Lima, Roberto Álamo
  • Género: Comedia
  • Duración: 96 minutos
  • Año: 2007
  • País: España
  • Valoración: 7
Doce cascabeles lleva mi caballo...

En plena Transición, y a punto de ser desmantelados el aparato franquista y la censura, el joven e idealista Federico (Alberto San Juan) trata de abrirse camino en el endiablado mundo del cine. Antifranquista convencido y comprometido con la causa, Federico ha conseguido escribir un guión con el que pretende ser tomado en serio. Después de varios años de espera y conciente de la importancia histórica del momento, su historia versará sobre las desventuras de un grupo de obreros que quieren ponerse en huelga.
Pero el joven director descubrirá, muy a su pesar, que un buen guión no basta para hacer una película. Los fondos con los que cuenta el equipo de rodaje están bajo mínimos, lo que les hará endeudarse hasta la cejas. A eso hay que añadirle el nulo tirón comercial de la cinta. El cine de denuncia social está muy bien, pero el público, encorsetado en la rígida moral franquista, sólo desea ver una cosa: ¡desnudos! Y si son de actrices de moda, pues tanto mejor.
Federico está desesperado. Tras varias noches visitando un cabaret de poca monta, consigue trabar amistad con José María Culebras (Miguel Rellán), representante de la afamada actriz Silvia Conde (Nathalie Poza), antaño niña prodigio y ahora convertida en una artista venida a menos. José María, conciente de que Silvia está acabada, convence a Federico para que pueda salir en su película. A cambio, él ejercerá de productor y se comprometerá a recaudar los fondos necesarios para sacar adelante el proyecto.
Ni que decir tiene que el primer día de rodaje se convierte en uno de los peores de la vida del cineasta. Silvia, en su papel de actriz mundialmente reconocida y mimada, se niega a seguir el guión, valiéndose de su amanerado asistente (Fernando Tejero) para poner a caldo al personal; José María, “conocedor” de los entresijos del mundillo, trata desesperadamente de meter en la película algunos desnudos para disgusto de Federico, que ve como su idea original está a punto de irse a la porra; la censura, debilitada por el desmoronamiento de la dictadura pero siempre omnipresente, trata de reventar el rodaje... Y si todo esto no fuera suficiente, el elenco de actores y de ayudantes contratado por Fede no se distingue precisamente por su profesionalidad, encontrándonos con actores incapaces de recitar su texto y encargadas de plató recién salidas de Alcóholicos Anónimos. Ante estas circunstancias, es lógico que la paciencia del joven director (hipertenso para más señas) termine por estallar.
Días de cine es una de esas pelis que nos hacen retroceder en el tiempo, quizá para recordarnos que “cualquier tiempo pasado fue peor”. Y es que de todos es sabido que durante la Transición también se hizo cine. Sobra decir que los directores de entonces tuvieron más problemas que los de ahora en eso de rodar una película. A la convulsa situación del país (circunstancia que, por otro lado, casi no se toca en el filme) había que añadirle la demanda de películas encuadradas dentro del destape y que tuvieron en Fernando Esteso y Andrés Pajares sus máximos exponentes. Curiosamente, ambos cómicos pueden reconocerse vagamente en Días..., encarnados en la figura de un histriónico censor metido a cantante de musical y en un actor de tercera fila que financia parte del rodaje bajo la amenaza de retirar su apoyo en caso de no estar el suficiente tiempo en pantalla. Los delirios de grandeza de ambos personajes conforman, sin lugar a dudas, los momentos más divertidos de la película.
Y es que es cierto. Uno de los valiosos legados del destape fue el de liberalizar nuestro cine y romper con una censura que coartaba la creatividad de unos directores cansados del inmovilismo del régimen. El problema era cuando se le daba más importancia a la actriz encargada de enseñar carne que al propio argumento. Y es precisamente esto lo que critica la película de David Serrano. En palabras de uno de sus personajes “Si Silvia no se desnuda, se acabó la película”. Hablamos del destape como una etapa necesaria para el cine español y como compromiso político, un intento por romper con un pasado vetusto y puritano... El compromiso estaba por encima de la calidad, si bien es cierto que para muchos primaban más otros intereses. Al fin y al cabo, la película tenía que ser rentable. Especial atención merecen los esfuerzos de José María por introducir algunas secuencias eróticas durante el rodaje, afirmando ante sus preocupados colaboradores que “ya lo arreglarán en la sala de montaje”. No faltan, por supuesto, los turbios trapicheos de los financiadores y prestamistas de turno, empeñados en sacar tajada y ver los frutos de su inversión, ya fuera multiplicada o cobrada en especies.
Por supuesto, también podemos observar una crítica abierta hacia los niños prodigio, tan admirados e idolatrados durante la dictadura y que con el paso del tiempo, acabaron convirtiéndose en juguetes rotos (Marisol, Joselito...). La desdichada Silvia es un claro ejemplo de ello, incapaz de aceptar que su tiempo ya ha pasado. Sus opciones de conocer a un príncipe azul capaz de redimirla (escogiendo para ello al desafortunado Federico) se reducen cada vez más.
¿Aspectos negativos de la peli? Sinceramente, muy pocos. No puedo menos que extrañarme ante las malas críticas que recibió en su momento. Sí es verdad que, comparada con otros trabajos ambientados en la misma época (como la genial Muertos de risa), Días de cine sale perdiendo. En comparación con el filme de Alex De la Iglesia, a Días... le falta ese toque de mala baba que el director de El día de la Bestia imprime a sus películas. La crítica contra los argumentos zafios y facilones es devastadora, pero no llega al nivel del humor negro (aunque no por ello se trate de una película blanca). Al contrario, muchos de sus protagonistas, lejos de inspirarnos comicidad, nos hacen sentir lástima.
Dentro de este marco he de reconocer que el personaje de Fernando Tejero (un tío y actor excelente, todo hay que decirlo) me saca de quicio. No hay duda de que el papel de perro faldero lo borda a la perfección, pero llega a resultar tan irritante que uno no puede evitar rezar para que no aparezca en la siguiente escena.
Otro de los puntos donde la película quizá muestre sus limitaciones es en el ritmo, encontrándonos con escenas y situaciones que entorpecen el desarrollo y alargan la película sin ningún motivo. Aunque eso sí, estos breves altibajos se ven compensados por el final, uno de los mejores que he visto en muchísimo tiempo y que perfectamente podría atribuirse a Míster De la Iglesia. El recurso con el que Serrano hace que Federico recupere la razón es genial, único..., poniendo el broche final a una divertídisima hora y media. Y como creo que estoy hablando demasiado, me temo que es mejor que lo veáis vosotros mismos.
Si no vais con demasiadas expectativas, es muy probable que la película no os decepcione. Os recuerdo que no es la comedia definitiva de nuestro cine (siendo ampliamente superada por muchísimas otras) pero el esfuerzo por divertirnos y enseñarnos a valorar una época tan importante del cine español se le reconoce. Y eso es algo que muy pocos pueden hacer.

martes, 5 de octubre de 2010

Viridiana (Luis Buñuel)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Viridiana
  • Director: Luis Buñuel
  • Intérpretes: Silvia Pinal, Fernando Rey, Francisco Rabal, Margarita Lozano, José Calvo
  • Género: Drama
  • Duración: 90 minutos
  • Año: 1961
  • País: España / México
  • Valoración: 8
Perversión y pinturas negras a ritmo de Händel

La pura y virtuosa Viridiana (Silvia Pinal) debe abandonar el convento en el que está a punto de ordenarse para visitar a su tío Jaime (Fernando Rey) quien, a pesar de no haber visto nunca a la joven, la ha protegido y ayudado económicamente. La llegada de la novicia a la casa familiar trastorna la mente del melancólico y solitario don Jaime, asombrado del increíble parecido que Viridiana guarda con su difunta esposa. A pesar del tiempo transcurrido, don Jaime se niega a que el recuerdo de su mujer le abandone, venerando de una forma casi obsesiva el traje de novia que su prometida llevaba la noche en que murió y entregándose a un placer que sólo la música parece proporcionarle.
El amor platónico que el tutor siente hacia su sobrina cobra forma durante la última noche que ambos pasan juntos. Don Jaime convence a Viridiana para que se vista con el antiguo vestido de su esposa, a lo que ella accede de mala gana. La ardiente pasión del viudo estalla por fin, pidiéndole a su sobrina que se case con él. Como era de esperar, la joven se niega en redondo, pero don Jaime, previendo su negativa, consigue drogar a la muchacha y llevarla a su dormitorio. Pese a que la chica está a su merced y a sus intentos por desnudarla, el amor de don Jaime hace que éste sea incapaz de sobrepasarse con ella.
Cuando a la mañana siguiente Viridiana recobra el conocimiento, su protector vuelve a insistir en su petición. Herida por los sentimientos que despierta en su tío, Viridiana se marcha inmediatamente de la casa. Desesperado ante lo inevitable y viendo que la historia amenaza con repetirse, don Jaime decide poner fin a su vida ahorcándose en uno de los árboles que crecen ante su mansión.
La noticia de la muerte de su tutor conmociona a Viridiana, que renuncia a regresar al convento. Con la intención de encontrar una nueva meta por la que vivir, la antigua novicia decide convertir la vieja mansión de su tío en un albergue para vagabundos. Sin embargo, la entrada en escena de Jorge (Francisco Rabal), el hijo no reconocido de don Jaime, complicará las cosas.
Al contrario de lo que pudiera suponerse, Jorge se muestra indiferente ante la presencia de su prima. Únicamente sus criados se muestran disconformes con la labor samaritana de Viridiana, surgiendo varios encontronazos entre éstos y sus mendigos. Éstos, lejos de mostrarse humildes y agradecidos con su benefactora, se dedican a burlarse de ella y a tacharla de loca, llegando a aprovecharse de su bondad. Esta actitud alcanzará el paroxismo durante el tramo final de la película, cuando, aprovechando la ausencia de los dueños de la casa, los vagabundos deciden montar una fiesta y hacerse con todo cuanto puedan. En una de las escenas más memorables del film, la muchacha sufrirá un intento de violación por parte de uno de los mendigos, suprimiendo del corazón de la joven cualquier atisbo de esperanza por el género humano.
Dirigida por Luis Buñuel, Viridiana nos muestra hasta que punto las buenas acciones no siempre reciben su recompensa. Al contrario. El amor y la devoción con los que don Jaime obsequia a su protegida le conducen al suicidio; la bondad de la joven hacia los mendigos que recoge de la calle no encuentra eco en estos últimos, comportándose entre ellos de forma mezquina y pendenciera... El idealismo no parece tener un hueco en la vida real, siendo sustituido por el cinismo y el sentido práctico de personajes como Jorge. Por no hablar de la bajeza de ideas que mueve a los vagabundos, encontrándonos de golpe con un conjunto de personas que prefieren seguir siendo pobres a trabajar. El mensaje liberador que Buero Vallejo dio a sus invidentes en su Concierto de San Ovidio, es aniquilado por Buñuel, empeñado en mostrarnos a cada pordiosero peor que el anterior.
No pueden faltar las referencias sexuales características de la propia cinta, las cuales van desde lo explicito (el intento de violación de Viridiana, los deseos fetichistas de don Jaime por ver a su sobrina vestida de novia...) hasta lo puramente sutil (primeros planos de los pies de los protagonistas, ciertos diálogos como los mantenidos por Jorge y su prima, entre otros). Por supuesto, y dado la militancia política de Buñuel, la crítica al pensamiento religioso es una constante a lo largo de toda la película. Como ya hemos dicho, el ideal cristiano del buen samaritano es desmontado ante el peso de una realidad devastadora, aparte de la crítica que se hace de la vida contemplativa en favor del trabajo y el progreso. Por supuesto, el suicidio es visto como una ofensa a Dios, y no como una liberación del sufrimiento. Esta crítica velada contra la religión concluye con la orgía que los mendigos organizan una vez se ven solos en la casa, ofreciéndonos una escenificación casi calcada de La última cena de Leonardo Da Vinci. El respeto a los muertos no parece formar parte de sus costumbres. Y más cuando vemos como uno de ellos se encarga de ultrajar el traje de novia junto al que el antiguo patrón pasó tantas noches en vela.
Sin lugar a dudas, se trata de una película que merece la pena de ver, y a la que sólo se le podía reprochar su exceso de simbolismo en determinadas escenas, las cuales hacen que el espectador se pregunte a santo de qué fueron rodadas. Pese a que muchas veces sintamos que la película se alarga más de lo necesario, los primeros cuarenta minutos de metraje llegan a resultar hipnóticos, compadeciéndonos por la suerte de don Jaime y sintiendo admiración por la dulzura y candidez de Viridiana. Una vez “enganchados” a la historia, Buñuel da el golpe de gracia y nos trae de regreso a la realidad. Una realidad que, como no podía ser de otra manera, terminará en tragedia.