viernes, 30 de septiembre de 2011

Jumping (Isabel Gaudí)


FICHA TÉCNICA:
  • Título: Jumping.
  • Dirección: Isabel Gaudí.
  • País: España.
  • Duración: 7 minutos aprox.
  • Género: Cortometraje.
  • Reparto: Colaboración voluntaria de varias mujeres procedentes de países como España, Estados Unidos, Autralia, Brasil, Nueva Zelanda, Filipinas, Finlandia, Rusia, Portugal, Egipto, Turquía, entre otros.
  • Valoración: 3
MOTHER OF GOD...

Visionar cortometrajes es algo muy complicado. Para que os hagáis una idea, es como cuando sales a dar una vuelta con la chica que te gusta y no sabes si pasarle el brazo por la cintura o no, de manera que siempre te decantarás por una opción intermedia. Una vez en casa, te lamentarás por haberte quedado con las manos en los bolsillos y no haberle estampado ese beso en los labios al despedirte de ella, odiándote a ti mismo por ser tan indeciso y quedándote a mitad del proceso de conquista.
El caso es que ver cortos es casi exactamente lo mismo, con la diferencia de que tú eres la chica a la que hay que conquistar y el director el novio que no sabe hacer la O con un canuto. En otras palabras: siempre corres el peligro de quedarte a medias, sin perro que te ladre, bien porque no entiendes el argumento, o bien porque te ha gustado pero no sabrías precisar por qué. Dicho de otro modo: esperas a que el director sea capaz de sorprenderte, pero falla miserablemente en el intento.
Así de enigmático es el mundo de los cortometrajes. Decidido a arrojar algo de luz en el asunto, soy de la opinión de que los cortos se dividen en tres: 1) los que son pequeñas películas en miniatura y tienen una trama medianamente bien estructurada; 2) los que, bien por falta de medios o porque el director se ha empeñado en subirse al carro del psicoanálisis o el arte abstracto, tratan de inculcar una idea (cuanto más contundente, mejor) en el espectador, sin importar la trama; y por último, 3) los que tratan de aunar las dos modalidades. Seguro que hay otras categorías, pero ahora mismo sólo se me ocurren estas tres. Además, siempre hay excepciones.
Si tuviésemos que elegir una categoría para Jumping, no hay duda de que la segunda le vendría como anillo al dedo. Si lo analizamos fríamente, nos daremos cuenta de lo terriblemente profundo que es el mensaje que nos transmite, pese a no utlizar un lenguaje excesivamente complicado. Ahora bien, no es lo mismo decirle te quiero a una chica a orillas del mar, con la luz de la Luna brillando sobre el agua (¡Y dale con los símiles amorosos! ¡Ains! No sé lo que me pasa últimamente...), que decírselo en el descanso de un Madrid-Barça, después de haberte tragado una bolsa de ganchitos y con el Madrid perdiendo tres a cero. El mensaje es el mismo, sí, pero la forma de transmitirlo es muy diferente. Y éste es uno de los problemas de este corto.
Al grano, que se nos hace tarde: el problema, la gran cagada de Jumping no es la idea que quiere contarnos (bastante poética, todo hay que decirlo), sino la forma en la que se nos transmite. El formato del cortometraje implica innovar, contar una historia en el menor tiempo posible o, en su defecto, dejar al espectador rumiando sobre el mensaje de lo que acaba de ver. Pues bien, nada de eso sucede en Jumping. En primer lugar, porque la historia es inexistente, y en segundo, porque el mensaje que se nos cuenta no se le escapa a nadie: el mundo sin las mujeres, se va al traste. Estalla la Tercera Guerra Mundial, el cambio climático derrite los polos, Saddam Hussein y Hitler vuelven de entre los muertos y los hombres estamos a régimen de pipas hasta que las ballenas usen bikini.
¡Las mujeres desaparecen de la Tierra! ¡Oh, no! ¿Qué vamos a hacer? Ante esta reacción, los hombres tienen varias alternativas: un 70% se dará cuenta de que su mujer ha abandonado el hogar cuando descubra, al cabo de una semana, que los platos que se agolpan en el fregadero no van a lavarse solos; un 10% se irá a celebrarlo al bar de la esquina; otro 10% creerá que podrá pasar sin su mujer hasta que le pegue fuego a la casa con la plancha; un 5% morirá de inanición durante los días posteriores; un 3% mirará con aire insinuante a su compañero de trabajo diciendo aquello de "a falta de pan..."; y un 2% se dará cuenta de la tremenda desgracia que se avecina, que el mundo sin las mujeres es un ascazo y que la civilización está al borde del abismo.
Porque la idea de Jumping es prácticamente esa: la cámara recoge el momento exacto en el que las mujeres abandonan la Tierra (poco después de haber descubierto que pueden respirar en el espacio, qué cosas). Y ya está, no hay más. Todo muy bonito y multicultural, eso sí, pero nada más.


Universal Pictures presenta...

Muy bien, recapitulemos, Entonces tenemos lo siguiente: mujeres de todo el mundo posan ante la cámara, afirman entre risas que "se bajan del globo" y desaparecen del objetivo pegando un salto. Vale, hasta aquí todo bien. Hay en el aire un cierto olor a anuncio de EVAX, pero bueno... puede pasar. El problema viene cuando, pasado un tiempo, uno empieza a preguntarse si no va a ocurrir nada más, si alguna de las chicas que se hacen a un lado no va a tropezar y partirse la crisma con el bordillo de la acera, si esa mujer japonesa que hace footing no va a ser devorada por Godzilla, o qué sé yo... Y en torno al minuto número cuatro llegas a la conclusión de que no, que el corto entero es una sucesión de señoritas diciendo, cada una en su idioma, lo mismo, que los saltos y desaparaciones de cámara son cada vez más cutres y que no se puede ser más cansino y repetitivo que esta gente.
Pero lo peor viene al final. El final es algo tan... tan... tan sencillamente absurdo y estúpido que dan ganas de darse de golpes contra la pared. O sea, desde los créditos de inicio de Aquí viene Condemor no había visto nada igual. Podría hacer lo que hago habitualmente y dejar en el aire el misterio, pero me niego a que mis lectores se queden con la cara de pasmado con la que yo me quedé mientras asistía a semejante... Dios, mira que he mirado el diccionario de arriba a abajo, pero no he encontrado ninguna palabra que se acerque siquiera a lo que trato de decir.
El caso es que durante todo el corto se ven algunas escenas intercaladas en las que aparece una mujer congoleña mirando a la cámara. Viendo lo que hacen sus homónimas del mundo, esto no resultaría nada extraño de no ser porque esta señora no dice absolutamente nada. Y cuando digo nada, es nada, cero... Pero, ¡atención! Falta muy poco para que el corto se termine y es entonces cuando sucede. La negrita sonríe y habla al espectador por primera vez. Acto seguido (y aún me falla el pulso cuando pienso en ello) tiene lugar la peor secuencia animada desde la muerte de David el Gnomo o la madre de Bambi.


Primeras imágenes de Toy Story 4

Como podéis ver, esta señora se transforma en un especie de ser amorfo y de aspecto malsano generado por ordenador que decide darse el piro del planeta. Ni Cthulhu en sus mejores tiempos, oiga... Eso sí, poco antes de emular a sus compañeras, el engendro se prepara para darse impulso y salir volando, adoptando una postura (con jadeos incluidos) muy similar a esa otra que tantas veces vi durante los Carnavales, y que consiste en ponerse entre dos coches, agacharse... Y dejar que la naturaleza siga su curso. Y es que para hacer de vientre en medio de la vía pública tampoco se necesita más.
Entonces ya así. La señora pega un salto digno de una rana con sobredosis y abandona el mundo junto con otras tantas mujeres cuyas voces han sido... ¡oh, sorpresa! pasadas por un fitro de voz, de modo que más que ver como el sexo femenino se da el bote, asistimos a una sucesión de chillidos dignos de la matanza de un cerdo o de una orgía sadomasoquista protagonizada por enanitos viciosos con ganas de guerra. Mother of God... Todo debidamente animado y hecho por ordenador, por supuesto.
Y ya está. Fin. Bajo los acordes de una música que nos recuerda lo hermoso y bonito que resulta ser multicultural, el público abandona la sala con la cara de quien acaba de descubrir que se ha comido un yogur caducado. Los niños lloran, algún que otro señor mayor ha sufrido un paro cardíaco y yo, mientras tanto, suelto el desayuno, el almuerzo y parte de la merienda en una esquina mientras me pregunto: "¿Por qué?"
No, hablando en serio. ¿Por qué hacen estas cosas? Es decir, ¿qué pretenden con esto? O sea, vale, muy bien... Entiendo cuál es el mensaje del corto, comprendo y admiro la importancia que tienen las mujeres en nuestra sociedad, valoro hasta cierto punto el curro que ha supuesto que medio centenar de féminas hayan sido convencidas para mirar tontamente a la cámara y decir hasta en serbio-croata que se van a Marte... ¿Pero a santo de qué viene esa animación tan espantosa? Es decir, ¿me he tragado siete minutos para ver un corto cuya secuencia estrella parece sacada de... de... ? ¡Dios, no lo sé! En serio, ¿era necesario hacer algo así? No me lo explico.
Soy consciente de las dificultades que han tenido las mujeres a lo largo de la Historia para lograr el reconocimiento que se merecen (algo que, lamentablemente, todavía no han terminado de lograr del todo). Soy partidario de la igualdad, de que hombres y mujeres trabajen codo con codo y que los esfuerzos de unos y otros sean valorados por igual. Comparto la idea de que sin las mujeres, el mundo se iría al garete (del mismo modo que ocurriría si los hombres nos pusiésemos en huelga). Pero este corto me supera por completo. Me gustan las películas de marcianos, pero me gustan cuando están bien hechas. Comparto las ideas de igualdad entre hombres y mujeres, pero eso no significa que tenga que aprobar todas las iniciativas que estén relacionadas con el tema. Y Jumping es una buena idea sustentada sobre una iniciativa fallida.
Y como siempre hay personas que se extravían a mitad del camino y no saben (o no quieren) leer entre líneas, vuelvo a repetirlo por si hay alguien que se ha perdido: valoro el papel de la mujer en el mundo actual y veo con agrado cómo han ido ocupando posiciones que, hasta hace poco, sólo estaban restringidas a los hombres. Es preciso que ambos sexos trabajen en armonia y sepan comprenderse. Pero sobre todo, los hombres tenemos la obligación de entender que ellas lo han tenido más difícil que nosotros (más que nada, por las zancadillas que les hemos puesto en el camino) y que todo intento por hacernos recordar la importancia que tienen para el mundo debe ser digno de aplauso.
Pero este corto, aunque nos recuerde de forma insistente el mensaje anterior y tenga un contenido más o menos amable, es una chorrada del tamaño de un piano. No cargo contra el mensaje que trata de transmitirnos, en absoluto. Pero está tan mal hecho y algunas secuencias son tan estúpidas que dan ganas de prohibirle a su directora que vuelva a ponerse detrás de una cámara. En primer lugar, el corto se hace cansino hasta decir basta. ¿De verdad era necesario emplear casi siete minutos repitiendo una y otra vez la misma idea? ¿No hubiera sido mejor reducir el metraje a la mitad? Por no hablar de la horrible secuencia final, en la que es más que evidente que el guionista no supo cómo terminar con la metáfora de marras... de modo que decidió hacerlo de la manera más tonta posible: "Una animación por ordenador, de ésas que tanto se llevan ahora y listos. ¿Cuándo puedo pasarme por caja a cobrar?".


Reacción lógica de un espectador después de ver Jumping.

Lo más loable de todo el asunto es que sus responsables hayan sido capaces de movilizar a diferentes mujeres de todo el planeta para realizar de este modo el corto. Se agradece ese aire de solidaridad que se respira entre las diferentes protagonistas. Pero poco más. El corto es horriblemente malo y pésimo, casi simplón. Ya puestos, no llega al dudoso honor de ir dirigido al público "gafapasta". Eso sí, trabajos como éste hacen que la gente se plantee si de verdad la industria del cortometraje merece la pena y, sobre todo, sirve de pretexto para que aquellos grupúsculos que todavía hacen del machismo su carta de presentación no sólo cuestionen los logros que las mujeres han alcanzado en los últimos años, sino que también puedan usarlo para atacar a los cienastas españoles. Lo dicho, una pena.