miércoles, 23 de noviembre de 2011

Amanecer rojo (John Milius)


FICHA TÉCNICA:
  • Título: Amanecer rojo
  • Dirección: John Milius (el tío de "Conan")
  • País: Yankilandia
  • Duración: El equivalente a cuarenta cervezas
  • Género: Drama social
  • Año: 1984
  • Reparto: Patrick Swayze, Charlie Sheen, Lea Thompson y un par de actores más conocidos en su casa a la hora de comer
  • Valoración: 1
Es un hecho que en Estados Unidos, el cine bélico con tintes políticos siempre ha estado de moda. En tiempos de guerra, Hollywood tiende a concienciarnos del tremendo esfuerzo que están realizando sus tropas, aunque en los últimos años se ha invertido esta tendencia (concretamente, desde que los marines tuvieron que salir pitando de Vietnam). El mayor mejor ejemplo lo tuvimos durante la Segunda Guerra Mundial, donde uno no podía ir al cine sin que en la cartelera hubiera un nuevo dramón bélico. Sin embargo, a los cineastas de entonces el chollo les duró poco. Lo último que quería la gente era entrar en una sala de cine y que le recordaran la mierda de realidad en la que vivían. Y teniendo en cuenta la que estaba cayendo en Europa con los campos de exterminio, pues no dejaban de tener razón.
Con la llegada de los años 50, los directores americanos se dieron cuenta del bajo tirón que suponía el cine bélico. Fue así como nacieron las pelis de marcianos. Había que ensalzar el papel del ejército, pero siempre contra una amenaza exterior. Sin embargo, el terror a la guerra nuclear también acojonaba al público. Y si en los 60 estuvo de moda el Western, en los 70 el cine de detectives era la nota predominante en las carteleras.
Y es así como llegamos a los 80. Pese al poco tiempo transcurrido, Vietnam ya era un recuerdo del pasado, los soviéticos las estaban pasando moradas en Afganistán y Rambo se hacía un hueco en nuestros corazones. Sí, es cierto que había películas como "Corazones de hierro" y "La chaqueta metálica" que ponían la dignidad de la nación por los suelos... Pero para eso ya estaban los directores proReagan, siempre dispuestos a mostrarnos los beneficios y ventajas del país de la libertad y los donuts. Sin ir más lejos, ahí estaban las pelis de Chuck Norrris, Stallone y compañía. No obstante, a los guionistas no les bastaba con contar historias de héroes hormonados que se iban al quinto infierno a liberar poblados y rescatar a miembros de ONGs católicas. No, había que mostrar a Estados Unidos como una nación vulnerable, pura y libre de pecado, sometida a las malas intenciones de sus enemigos. Y el ejemplo más repugnante y nauseabundo de todas esas horribles producciones patrióticas que nos llegaron desde el otro lado del charco (con permiso de Chuck Norris) fue "Amanecer rojo".

Episodio piloto de Física o Química.

Protagonizada por la banda de prepúberes que veis más arriba y dirigida por John Milius (el director de "Conan") "Amanecer rojo" nos cuenta la historia de un grupo de niñatos que deciden tirarse al monte (no en sentido literal, hombre...) para escapar de la III Guerra Mundial. No os dejéis engañar por la imagen. La película está realizada para mayor gloria de Charlie Sheen y Patrick Swayze, cuyas carreras entonces estaban despegando (aunque a diferencia de Sheen, Swayze ya tenía varias horas de vuelo). Ambos actores encarnan a una pareja de hermanos cuyo ardor guerrero en su lucha contra el bolchevismo será todo un ejemplo para las generaciones futuras que... Perdón, perdón... Me había dejado el NODO encendido.
El argumento de "Amanecer rojo" es tan simple como descabellado. Resulta que a mediados de los 80, la Guerra Fría ha alcanzado su punto de congelación: por la puta cara, México se ha convertido en un Estado socialista, los comunistas nicaragüenses la han liado parda y han derrocado al Gobierno de su país (Érase una vez, un mundo al revés...), la Unión Soviética sigue dando por saco en Afganistán, la OTAN se ha disuelto como los grumitos del Cola Cao y los gobiernos europeos están controlados por hippies-leninistas que han dejado sola a la siempre valiente y orgullosa república de Estados Unidos (impasible el ademán...). Vamos, el sueño de Hugo Chávez hecho realidad... Sin embargo, y a pesar de lo dramático de la situación, los gringos siguen hinchándose a hamburguesas y comprando revólveres y fusiles de asalto a punta pala. Después de todo, esto sigue siendo América, ¡maldita sea!
Total, que un buen día, los soviéticos se levantan con ganas de invadir Yankilandia, de modo que le echan un telefonazo a sus colegas de parranda (los nicaragüenses y los cubanos) y al grito de "Los borrachos en el cementerio", se meten en Estados Unidos con la misma facilidad con la que tu cuñado se planta en tu casa el día de Nochebuena. Lo primero que hacen, como no podía ser menos, es ametrallar un colegio de secundaria con profesores y todo. Porque claro, todos sabemos que los institutos tienen un altísimo valor estratégico, ¿no? ¿Que podemos tomar una estación de radio y cortar las comunicaciones del enemigo? Nada, nada... mejor atacamos el colegio, fusilamos a un par de adolescentes y así les quitamos el bocata. Lo de la estación de radio, si eso, lo dejamos para mañana, cuando tengamos a medio ejército enemigo encima. Joder, ¿quién planificó esta invasión? ¿Gila?

- General ruso nº 1: ¿Entonces qué hacemos? ¿Atacamos el colegio o no?
- General ruso nº 2: No sé... ¿Es el instituto al que van los de Crepúsculo?
- General ruso nº 1: Uhm... Creo que sí.
- General ruso nº 2: ¡Fuego con él!

Y es precisamente en mitad de este fregado donde irrumpe la banda de Patrick y compañía, pues da la casualidad de que se encuentran en el lugar exacto de la invasión. Lejos de sentirse intimidados por la que se está armando, a nuestros héroes todavía les quedan ganas de hacer un par de placajes y llevarse a medio ejército soviético por delante. Después de todo, tampoco será la primera vez que se escuchen tiros en un colegio americano. Es así como Charlie y Patrick (me la suda el nombre de sus personajes) salen por patas del instituto a bordo de una camioneta, recogen a un par de sus colegas por el camino y llegan hasta la gasolinera de un fanático de la ANR que les suministra todo tipo de escopetas, municiones y latas de sardinas en escabeche. Por supuesto, nuestros patriotas de barrio tienen tiempo de darse un volteo por el pueblo para ver la que los rusos están montando. Y, como era de esperar, lo que está sucediendo allí es peor que Iraq, Afganistán y Albacete juntos. Los rusos se dedican a lanzar misiles anticarro contra todo lo que se mueve, la gente corre de un lado a otro como si les persiguiera el cobrador del gas y los extras encargados de dar vida a estas escenas sobreactúan de un modo lamentable.
A partir de este momento el argumento de la película se va directamente a la porra. Nuestros guerrilleros favoritos tienen que echarse al monte para evitar el cerco soviético, pero los rusos siguen pasándose la Convención de Ginebra por los huevos y ensañándose con la población civil. Por eso no es de extrañar que consigan detectar la huida del grupo y empiecen a liarse a cañonazos. Los encargados de la batería son un ineptos de marca mayor y sólo pueden acertar a la camioneta de refilón. Una vez a salvo, los chicos descubren que el motor se ha sobrecalentado y que la única manera de refrigerarlo es meándole encima. ¿Por qué me miráis así? Son las reglas del Viejo Oeste, amigos.
Después de estar unos días jugando a la versión extrema de "Supervivientes", nuestros amiguitos bajan de las montañas y se pasean por el pueblo con el mismo sigilo de quien va a comprar condones a la farmacia de la esquina. La situación se ha calmado un poco, pero los rusos siguen haciendo de las suyas. Les vemos, por ejemplo, quemando libros (porque todo el mundo sabe lo mucho que a los americanos les gusta la lectura, ¿verdad?), colgando carteles de Lenin a cascoporro, caminando por el barrio haciéndose los importantes... ¡Ah! Y obligando a la población a barrer las calles. A estas alturas, el norteamericano medio estará revolviéndose en su asiento y deseando que lleguen el Capitán América y Superman a repartir justicia: "Lo de quemar libros... bueno, puede tener cierto pase mientras no echen al fuego La Biblia y el último número de la Play Boy... ¡Pero lo de obligarnos a barrer las calles ni hablar! ¡Que para eso ya tenemos a los negros y a los mexicanos, por Dios!".
En fin, que Patrick y compañía se enteran por un dependienta neurótica que sus padres se encuentran internados en la cárcel de Guantána... esto... en un malvado campo de reeducación estalinista. La prisión es nada más y nada menos que un autocine reconvertido (¡Oh, Dios mío! ¡Estos rusos están destruyendo nuestras amadas tradiciones! ¿Qué le harán al Día de Acción de gracias, a la tarta de manzana y al Ku Klux Klan?"). Pese a estar proyectando la última de Uwe Boll, los Jóvenes Castores consiguen acercarse a la valla del campo y hablar con sus papás, quienes les encomiendan la facilísima tarea de organizar un grupo de resistencia. Si la historia estuviera basada en hechos reales, la situación todavía tendría algo de emotividad, pero todo resulta tan falso y pretencioso que no puedes evitar cabrearte y desear que a los protagonistas les pase un camión-cisterna por encima. De esta escena, llama la atención la gran capacidad interpretativa de Charlie "botella de vodka" Sheen, cuya indignación ante lo que está pasando no tiene límites. Por su parte, Patrick Swayze tampoco se queda atrás, y sigue poniendo esos caretos del tipo "tengo hemorroides y no quiero que nadie se entere" que tan buenos resultados le dieron en "Ghost".
Al día siguiente, los muchachos van a visitar al antiguo director del instituto, que no es otro que el hijo no reconocido del profesor Bacterio y Perry Mason. Tras contemplar las típicas e irritantes escenas de hospitalidad americana habituales en estas películas, Bacterio les explica que los rusos, aparte de tener hobbies tan salvajes como quemar libros y escuchar música clásica, también se dedican a violar jovencitas. Por eso les encomienda la misión de proteger a dos de sus antiguas alumnas. Queda así constituida la primera Comunidad del Anillo de la Historia (sí, la primera, porque a los gringos les importa una mierda lo que otros hayan hecho antes), cuya misión será viajar al Monte del Destino y montar en su cumbre el primer Burguer King de la Tierra Media. Claro que en su periplo hamburguesero tendrán que liarse a ostias con huestes de orcos amantes de la dieta sana. ¿Qué pasa? ¿Os parece absurdo? Pues creedme, el argumento de "Amanecer rojo" es igual de chorra, por no decir que bordea el retraso mental.
Las chicas se mostrarán reacias a colaborar con los chicos, llegando incluso a negarse a luchar (pura fachada, porque al final a ellas tampoco les temblará el pulso a la hora de apretar el gatillo), regalándonos escenas propias de un pasillo de instituto ("¡Quiero irme a casa!", "¡Los chicos son un rollo porque no nos dejan jugar a la guerra!", "¿Crees que le gusto a Patrick?", etc.).
La tensión sexual estará asegurada gracias a la llegada de un piloto de las Fuerzas Aéreas cuyo avión ha sido derribado por los soviéticos. El piloto (un tío curtido en el arte de la guerra y pariente alopécico de Álvarez Cascos), someterá a nuestros entrañables guerrilleros a una dura instrucción, ayudándoles a perfeccionar sus técnicas de guerrilla y poniéndoles al tanto de cómo va el conflicto. Gracias a él sabremos que los rusos están teniendo problemas para pacificar el país y que todas las naciones del mundo se han apresurado a mostrar su apoyo a los pobrecitos Estados Unidos. Hasta los comunistas chinos se han unido a la causa capitalista (parece que después de todo no son malos chicos, ¿verdad?). El tío, pese a ser más feo que el culo de un mono, se convierte en el amor platónico del personaje de Lea Thompson, la cual, para desgracia de los demás miembros de la manada, no hace más que tirarle los tejos y ponerle caritas. ¡Ah, el amor, el amor...!
Pero... ¡Atención! Es preciso abandonar los pasillos de "Al salir de clase" y regresar al pueblo. Porque, los soviéticos, enfurecidos por las acciones de la guerrilla, están tomando represalias y fusilando a todos los simpatizantes de la resistencia. El alcalde del pueblo (un tío random que salía en "V") observa conmovido la matanza, pero al cabo de un rato se le ve tomando el té con los oficiales del ejército de ocupación ("¡Seguro que votó por Clinton!" dirá nuestro espectador americano). Pero si la actitud de los rusos es escandalosa, la de los guerrilleros de Swayze (que ahora se hacen llamar los "Wolverines") también es de juzgado de guardia. Queda para el recuerdo esa escena en la que nuestro fantasma preferido le vuela la cabeza a un soldado soviético desarmado y a punto de rendirse (así no se va al Cielo, Patrick...) o esa otra en la que se ve a un oficial implorando piedad para su compañero mientras Charlie "hasta el culo de ginebra" Sheen y su pandilla los masacran. De todos modos, los soviéticos en esta película son gilipollas perdidos, y eso se ve cuando se ven sorprendidos por las triquiñuelas de los "Wolverines" / Payasos de la Tele. Ya no sólo es que se dediquen a gritar y a salir corriendo como perras en celo en mitad de una refriega, sino que además tienen la peor puntería del mundo mundial. Ni los vietnamitas de Rambo, oiga. Eso sí, en maldad no les gana ni Dios. Y si para demostrarlo tienen que arrojar cachorritos de perro desde lo alto de un risco, pues nada, nada... Se hace y listo.


- General soviético: ¡Muy bien, clase! ¿Habéis prestado atención? Vamos a repetirlo otra vez para ver si os ha quedado claro... ¿Qué tenéis qué hacer cuando os encontréis con los guerrilleros?
- Soldados soviéticos: Eh... esto... ¿invitarles a un café?
- General soviético: La madre que os parió...

Pero no todos los oficiales comunistas son parientes de Darth Vader, Sauron y Jorge Javier Vázquez. Uno de los responsables del ejército de ocupación es un general cubano que, enternecido por la resistencia a ultranza de los indios america... digo... por los guerrilleros, trata de convencer a sus superiores de que los gringos no son tan malos y que sólo luchan por lo que es suyo. Pero para los rusos (deseosos de imitar a los yankis a cualquier precio), el "mexicano" no tiene ni puta idea de lo que es una guerra, así que se pasan sus recomendaciones por el culo. Esto tendrá serias consecuencias para los soviéticos, ya que los atentados y los ataques contra el personal militar, por muy chapuceros que sean, continuarán. De esta forma, los "Wolverines" siguen volando tanques, tendiendo embocadas y organizando merendolas en el monte. Pero la mejor parte llega cuando descubren que hay un traidor entre ellos. El tándem Charlie / Patrick decide que lo mejor que pueden hacer es sacarlo de la circulación, y tras un aburridísimo tira y afloja de veinte minutos, le descerrajan un tiro en la cabeza. El espectáculo debe continuar.
Una vez delatada la situación de la Pandilla Basura, los rusos envían un par de helicópteros para acabar con ellos. Sin lugar a dudas, es el mejor momento de la película, ya que uno tras otro empiezan a caer como chinches. Únicamente se salvan Lea, Charlie, Patrick y otro tío más de cuyo nombre (para variar) ni me acuerdo. Los hermanos juran odio eterno a los soviéticos y se encaminan hacia el pueblo en una estúpida e innecesaria misión suicida. Mientras tanto, Lea y el otro tiparraco deben abandonar el monte y dirigirse hacia la retaguardia, donde se encuentra el ejército americano. Visto lo visto, estos dos echarán un polvo por el camino, fijo.
Armados hasta los dientes, Charlie "jarra de cerveza" Sheen y el fantasma con hemorroides llegan a la ciudad dispuestos a emular a los Hermanos Izquierdo (sí, los colgados de la Matanza de Puerto Hurraco). Los rusos demuestran una vez más que su nivel de inteligencia es el mismo que el de la mona Chita y se echan a correr en cuanto los ven aparecer en el horizonte. Ni Charlie ni Patrick hacen mucho por ocultarse, lo que nos lleva a pensar que ambos llevan algún tipo de escudo protector o tienen pócimas de salud infinitas. El caso es que cuando atacan el pueblo, el general cubano está escribiéndole una carta a su mujer en la que abjura de su pasado comunista. El estropicio organizado por los Hermanos Calatrava le hace salir de su sopor y levantarse de la mesa fusil en mano. Para entonces, Charlie y Patrick han descabezado al ejército ruso, cargándose un total de cuarenta generales, treinta y cinco aviones de combate, dieciocho tanques, una Estrella de la Muerte y un número indeterminado de soldados enemigos (cuya cantidad oscilará en torno al medio millar).
Cuando el general sale, lo hace con la cara de quien se ha despertado en mitad de la siesta. ¿Y a qué no adivináis con quiénes se cruza en su camino hacia el baño? En efecto. Después de una orgía de sangre, destrucción y de haber desbloqueado el "cheat" de la munición infinita, Patrick y Charlie se encuentran tan exhaustos que apenas logran advertir la presencia del "comunista con el corazón de oro". El cubano, harto de los horrores del socialismo, decide dejar ir a los dos hermanos. Vamos, lo más normal de mundo. Varios de sus mejores amigos han sido masacrados gratuitamente por este par de psicóticos y a él no se le ocurre nada mejor que dejarles marchar. Cojonudo y convincente al mismo tiempo. ¿No querían un buen giro argumental? ¡Pues tomen tres tazas!
Charlie y Patrick lo han dado todo jugando al Goldeneye / Homefront / Flashpoint. Y como buenos jugadores, deciden que ya va siendo hora de irse a la cama. Heridos de muerte, los hermanos se sientan en el banco de un parque y se dejan morir allí mismo, sin perro que les ladre. Después de un cuarto de hora de tiros, violencia extrema y muertes sobreactuadas, este instante chill-out se me antoja tan precioso como vomitivo.


La primera juerga etílica de Charlie Sheen... ¡De acuerdo, de acuerdo...! Es el último chiste que haré sobre el tema.
Pero la película todavía no ha terminado. ¡Quiá! Después de haberse pateado por lo menos cuatro veces el Camino de Santiago, Lea y el otro tipo llegan por fin a las posiciones americanas. La película concluye con un monumento que recuerda a las víctimas de la invasión (que por supuesto, no existe) mientras que una voz en off al más puro estilo del "Colorín, Colorado..." nos dice que "esa guerra terminó como terminan otras tantas". Se suceden un par de escenas con algunos paisajes naturales propios de Estados Unidos (lo único de lo que por entonces podían presumir los yankis), yo echo la pota y ya está... Fin... La película ha terminado. Gracias a ella hemos aprendido que los rusos perderán todas las guerras en las que se embarquen, ser americano mola mazo, si escoges el bando comunista no podrás utilizar pócimas de maná y si te tocas, te quedarás ciego.

CONCLUSIÓN:

Considerado como un delirio paranoide sin gracia alguna, "Amanecer Rojo" es la mayor burrada con tintes políticos que haya parido Hollywood. ¿De verdad hacía falta dirigir esta guarrada fascistoide? En serio, adoro a Charlie Sheen (no deja de resultar irónico que dos años más tarde protagonizara "Platoon"), Patrick Swayze siempre me pareció un buen tipo y con respecto al trabajo de Milius... En fin, "Conan" fue un peliculón en todos los aspectos, y resulta increíble que colaborase como guionista en "Apocalipsis now"... Pero "Amanecer rojo" es tan estúpida que dan ganas de arrojarse por un balcón. Pese a tratarse de un peli de acción, ni siquiera llega a ser entretenida. Ya no sólo es cuestión de que el argumento sea una puta mierda (los soviéticos invaden el pueblo de "Temblores," ya les vale) sino que además el espectador (a no ser que sea un forofo de la cultura americana) es incapaz de sentir estima por sus protagonistas. Ello se debe a que todos sabemos cómo se las gastaban los yankis en la era Reagan (modelo que copió Bush durante los años que estuvo en el poder). "Amanecer Rojo" es pretenciosa, hipócrita, victimista... Es, en definitiva, una estampa de la América más profunda. Y que la gente tenga una buena referencia de ella no deja de ser algo preocupante... Acojonantemente preocupante. Que Dios nos pille confesados.