lunes, 23 de julio de 2012

Sayyid Qutb y el Islam

"Durante los años que pasé en América, éramos una minoría los que declarábamos pertenecer al Islam. Algunos tenían una actitud defensiva para justificar su adhesión al Islam. En cambio, yo adopté, por el contrario una actitud ofensiva contra esa ignorancia antiislámica moderna y occidental, con creencias religiosas tartamudeantes y situaciones sociales, económicas y morales desastrosas. ¡Todas las representaciones de las hipóstasis de la Trinidad, el pecado original, de la Redención no hacen sino perjudicar a la razón y a la conciencia! ¡Y ese capitalismo de acumulación, de monopolios, de intereses usurarios, impregnado de arriba a abajo de avidez! ¡Y ese individualismo egoísta que impide toda solidaridad espontánea que no sea la obligada por las leyes! ¡Esa visión de la vida tan materialista, tan miserable, tan disecada! ¡Esa libertad bestial denominada mezcla de sexos! ¡Ese mercado de esclavas bajo el nombre de emancipación de la mujer, esas astucias y ansiedades de un sistema de matrimonios y divorcios tan contrario a la vida natural! ¡Esa discriminación racial tan fuerte y tan feroz! En comparación, ¡cuánta razón, qué altura de vistas, qué humanidad, en el Islam!”

Comentario y análisis del texto:

El autor hace una dura crítica a la civilización occidental y a sus valores espirituales. Para ello, no duda en atacar al sistema capitalista, al que tacha de inmoral e intransigente; a la religión cristiana, a la que acusa de tener efectos perniciosos sobre la sociedad; y por último, a las costumbres y modos de vida occidentales, declarándolos contrarios a la forma de vida musulmana. Sayyid Qutb, concluye su exposición ensalzando los valores de la cultura islámica, a la que considera superior a Occidente en muchos aspectos.

Es muy sencillo detectar los prejuicios culturales que padece el autor. Su punto de vista sobre el capitalismo no es mejor que el que tiene sobre la religión cristiana, pero es quizá en este último punto, donde Qutb intensifica sus ataques sobre el modo de vida occidental de forma más dura y contundente.

Sayyid Qutb poco después de ser encarcelado por el régimen del presidente Nasser.

Proveniente de un mundo en el que la religión controla hasta el más mínimo detalle de la vida cotidiana (tal y como es el caso del Islam) es lógico que Qutb se sintiera perplejo ante todo lo que pudo observar durante su estancia en Estados Unidos. En el Islam, creencias, economía y sociedad están unidas de la mano. De ahí, que no comprendiera ni los principios sobre los que se rige el capitalismo, ni la actitud de la Iglesia frente a la emancipación de la mujer y el divorcio. Es bien sabido, que la mujer tiene un papel secundario dentro de la sociedad islámica y que se encuentra completamente subordinada a los deseos de su marido. Los prejuicios culturales de Qtub eran tan profundos, que ni siquiera se molestó en averiguar que ciertas ramas del Cristianismo (como es el caso de los católicos) condenaban  sin atenuantes la rotura del matrimonio.

Nuestro autor tampoco alcanzó a comprender la complejidad de la religión cristiana. Para los musulmanes, Alá es el único dios, creador de todos los hombres y todas las cosas, y es por ello, por lo que se le ha de rendir culto. Los cristianos, hacen lo propio con Dios, pero dividiendo su naturaleza en tres partes: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Qutb no comprendió las razones por las cuales se había llevado a cabo esta división, y consideró el Cristianismo como una religión confusa e incoherente. De ahí que hable de “creencias religiosas tartamudeantes”.

Dentro del terreno económico, el teórico islámico también manifiesta su disconformidad contra el capitalismo y la economía de mercado, tal y como habíamos señalado anteriormente. El individualismo y la acumulación de bienes le causaron una mala impresión, y en sus escritos, puede vislumbrarse una ardua crítica hacia la sociedad de consumo.

Las cuestiones de tipo étnico tampoco escaparon a su pluma. Qutb denunció la discriminación racial existente en la Norteamérica de mediados del siglo XX. La historia de Malcolm X quizá pudo ser un precedente en su obra. Encarcelado por robo, entró en 1952 en el Movimiento de los Musulmanes Negros pero fue asesinado tras un viaje de peregrinación a La Meca en l965. Su nombre es, junto al de Martin Luther King, uno de los más influyentes en la reciente historia de la lucha por la igualdad entre las razas y las culturas. Como es lógico, Qutb no fue ajeno a estos hechos.

Elijah Mauhammad conversa con Malcolm X. El discurso radical defendido por Mauhammad hizo que ambos se separaran.

Encontramos otro caso similar en la figura de Elijah Mauhammad, personaje que también combatió contra las desigualdades raciales desde el punto de vista de los preceptos del Islam. Mauhammad se estableció en Detroit en 1933 y asumió el liderazgo de la secta Templo del Islam, que luego se convertiría en el movimiento de los Musulmanes Negros, entidad que algunos teóricos han calificado como una interpretación heterodoxa del islamismo. Partidario de un separatismo negro, se unió a Malcolm X pero tras el asesinato del presidente Kennedy, se separaron.

El religiocentrismo de Qutb se hace patente en los aspectos sociales, económicos y religiosos. A la hora de analizar la sociedad occidental, no acierta a comprender los pilares sobre la que ésta se asienta y es por ello por lo que la critica. Desde mi punto de vista, creo que Qutb está en lo cierto en lo referente al capitalismo y a las desigualdades raciales existentes en el mundo occidental. El capitalismo, aunque haya demostrado su superioridad sobre otros sistemas económicos, mantiene una política agresiva con respecto a los más desfavorecidos y ello acaba derivando en las desigualdades sociales a las que aún hoy tenemos que hacer frente. Tal vez afirmara que la economía de mercado era un modelo injusto amparándose en la Política de Bloques que entonces estaba vigente (recordemos la Guerra Fría) y esto puede verse reflejado en la ayuda que prestó la Unión Soviética a los países árabes durante sus continuos conflictos con Israel, pero lo cierto es que se equivoca de forma rotunda al afirmar que no había desigualdades sociales en el seno del mundo islámico, pues el papel de la mujer en esta sociedad es el ejemplo más representativo, aunque en este caso, las cuestiones de tipo económico queden muy atrás. Sea como sea, y aunque caigamos en el error del religiocentrismo, creo que afirmar que la mujer es inferior al hombre es un error mayúsculo.

Las consecuencias de la represión de Saddam Hussein sobre la población kurda de Iraq. Los problemas internos del mundo musulmán no formaban parte del pensamiento de Qutb.

Comparto su visión con respecto a la discriminación racial existente en la Norteamérica de su tiempo. Las desigualdades entre blancos y negros persistieron hasta fechas muy recientes en diferentes partes del mundo, tal y como fue el caso de la política de segregación racial existente en la República Sudafricana. No obstante, Qutb no tuvo en cuenta los problemas étnicos a los que tuvo que hacer frente la cultura islámica. Las divergencias surgidas entre árabes y judíos no son más que una muestra de ello. Afortunadamente para él y su visión idealizada del Islam, Qutb no vivió lo suficiente para ser partícipe del exterminio sistemático y las persecuciones que vivió el pueblo kurdo en Irak y Turquía respectivamente.

Su religiocentrismo es más acentuado si nos aproximamos a cuestiones de tipo religioso. Pienso que Qutb hace un uso inadecuado de la razón, aunque se autoproclame defensor de ella. Qutb comete el mismo error que los europeos que se encargaron de la colonización del Nuevo Mundo, pues comete la misma intransigencia e incomprensión que éstos manifestaron hacia las culturas aborígenes durante la etapa que duró el Colonialismo.

sábado, 21 de julio de 2012

El fatal desencuentro (José Valero Cuadra)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: El fatal desencuentro
  • Autor: José Valero Cuadra
  • Género: Novela / Ciencia Ficción / Intriga
  • Precio: Papel (No disponible) / PDF (0,89 euros)
  • Número de páginas: 123
  • Valoración de Crítica Literaria: 5,5
Héctor es un joven cuya voluntad de superación es algo extraordinario. Su vida es un completo desastre: bebedor habitual, consumidor de drogas de diseño, amante de los bares de copas y la vida nocturna... Con todo, Héctor observa con preocupación como está a punto de perder el control de la situación. Por eso decide rehabilitarse. 

Lo primero de todo es encontrar un trabajo que ponga algo de orden en su vida, lo cual consigue entrando a formar parte de la plantilla de un diario local. El paso siguiente es suprimir todos esos vicios que han hecho que varios de sus amigos se alejen de él. Hecho. Y el último paso es encontrar una chica junto a la que sentar la cabeza. Es precisamente entonces cuando conoce a María, una dulce estudiante universitaria de la que se enamorará perdidamente. 

Sin embargo, el destino le prepara a Héctor una mala pasada. Pocos meses después de haber rehecho su vida, María y él deciden salir al campo para dar un paseo. Pero lo que prometía ser una tarde de coqueteos y felicidad se convierte en una pesadilla cuando Héctor se pierde en el bosque. La desesperación se apodera de él al descubrir que María no está a su lado. Nuestro héroe consigue encontrar el camino de regreso y presentarse en la comisaría más cercana para denunciar la desaparación de su novia. Sin embargo, una terrible noticia está a punto de truncar su vida para siempre: lo que para él han sido unas desagradables horas en el monte, para el resto del mundo ha sido un año entero. ¡De la noche a la mañana, Héctor se ha convertido en un hombre fuera de su tiempo!

Para Héctor los problemas no han hecho más que empezar, ya que el mundo que dejó hace tan sólo unas horas se ha transformado en otro diametralmente opuesto: su querida novia le ha abandonado, ha perdido su trabajo, la policía le persigue como a un vulgar ratero y, en el colmo de la mala suerte, acaba siendo internado en un hospital psiquiátrico. ¿Conseguirá nuestro amigo encontrar una explicación a todo lo que le está ocurriendo?

Bajo esta original premisa parte El fatal desencuentro, una novela a mitad de camino entre la ciencia ficción y el suspense. Es imposible no comparar la trama con la ideada por Lola Montalvo en Sanatio. Y es que ambas obras tienen algunos puntos común, como es el caso de centrar su línea argumental en torno a dos personajes que viven fuera de su tiempo. También nos encontramos con la existencia de sendos lugares mágicos cuyo origen nadie conoce, pero con una repercusión en la historia tan decisiva como fundamental. Pero si en la novela de Lola la trama estaba construida alrededor de una serie de hechos históricos, en la de José nos encontraremos con un argumento cuyo cruce se encuentra entre los más brillantes capítulos de Más allá del límite y la ambientación de la mejor teleserie española.

La prosa de José es envidiable y no hay duda de que estamos ante un autor muy prometedor. Gracias a un estilo directo y sin ningún tipo de florituras, la historia llega hacia nosotros por sí sola. Ahora bien, la trama presenta algunos agujeros que hacen que pierda muchos puntos de cara al lector, la mayoría relacionados con las motivaciones de los personajes y sus reacciones. Advierto a los lectores de Crítica Literaria que se avecinan spoilers muy gordos, de manera que ya podéis plantearos seguir leyendo o no. Estáis advertidos. De ahora en adelante vamos a analizar en profundidad el texto y nos veremos obligados a desentrañar una buena parte de la trama. ¿Sabéis lo que significa eso? ¡Spoilers, spoilers, spoilers...! ¿Habéis dejado ya de leer? ¿Sí? De acuerdo, entonces vamos al lío.

En primer lugar, cabe destacar la actuación de los agentes de policía que toman declaración a Héctor la misma noche de su desaparación. Pese a llevar un año desaparecido y haber removido cielo y tierra en su búsqueda (si no, no se explica la obsesiva conducta de Andrea), los agentes le tratan como si se estuviera riendo de ellos y lo mandan a su casa, llegando a amenazarlo con meterlo en el calabozo. ¿No es una actitud un poco incomprensible? ¿Cómo es posible que la policía trate así a alguien que lleva desaparecido más de un año? Si de verdad el caso tuvo tanta repercusión (el propio jefe de Héctor así nos lo dice cuando nuestro héroe se entrevista con él en la redacción del periódico)... ¿cómo es posible que la policía actúe de una manera tan irresponsable? El colmo viene cuando, ya casi al final de la novela, nos encontramos a estos mismos agentes esforzándose por recordar quién era Héctor y las extrañás circunstancias en las que se habían visto por última vez. ¡Y todo esto después de haberle dejado marchar! Y lo que es aún más flagrante: ¡después de haber protagonizado un espectacular accidente de coche en el que hay un herido grave de por medio! ¿Desde cuándo estos agentes dejaron de interesarse por su trabajo? ¡Es incomprensible que la policía actúe así! 

En segundo lugar, cabe destacar la propia reacción de María, la novia de Héctor, quien cuando se entera de que su novio ha vuelto de entre los muertos, lejos de alegrarse, monta en cólera y le arma al pobre muchacho una bronca monumental. ¿Por qué? ¡No tiene sentido! Independientemente del desastroso historial de Héctor, lo más razonable es que su novia corriera a abrazarle al descubrir que de verdad está vivo. Es como si en Náufrago, la esposa del personaje de Tom Hanks denunciase a su marido por el accidente que le llevó a pasarse tantos años en la isla. Lejos de enfadarse, debería de mostrar perplejidad y hacerle comprender que se ha visto en la obligación de rehacer su vida. Ello le hubiera dado al libro un mayor dramatismo y algo más de profundidad. Al elaborar unas reacciones tan violentas y simples, José ha hecho que sus personajes apenas queden grabados en nuestra memoria. Y es una auténtica lástima, puesto que la historia partía de una base muy sólida.

Por otro lado, José resuelve muy bien la soledad en la que se ve envuelto Héctor poco después de haber "regresado". No tiene a quién recurrir. Sus padres murieron poco después de su desaparación y sus amigos son muy escasos debido a su tormentoso pasado. Para colmo de males, cuando trata de acceder a su cuenta bancaria, se da cuenta de que está bloqueada y que le es imposible sacar dinero, La situación en la que se ve inmerso nuestro amigo llega de verdad a agobiarnos, impidiéndonos distinguir una solución rápida a la novela y manteniéndonos pegados a la misma.

Volviendo al apartado de la irregularidades, es preciso analizar la figura de Andrea, la principal antagonista de la trama. Adicta al poder y trabajadora infatigable, Andrea está obsesionada con alcanzar el puesto de comisario, llegando a dedicar parte de su tiempo a investigar varios casos sin resolver para así ganarse el respeto de sus superiores y ganar puntos de cara a un ascenso. No se le puede reprochar que no tenga unas motivaciones bien claras y definidas, pero su frenética ambición la convierten en un personaje plano y caricaturesco. Con Andrea se pone punto y final a una desastrosa actitud policial que raya en lo surrealista en algunos pasajes. Andrea comete el mismo error que María cuando se produce la reaparición de Héctor: cree que la desaparación del joven no es fortuita. En este caso, y teniendo en cuenta que estamos ante un personaje que ha reconstruido cientos de veces la investigación, su actitud puede llegar a estar justificada, pero en absoluto es creíble. Es demasiado mala para ser tomada en serio. Es cierto que la novela necesitaba a un personaje así para que sintiéramos cómo el héroe está en dificultades, pero su agresividad la convierten en una caricatura. Andrea es en esta historia lo mismo que los agentes del FBI en ET: un personaje malhumorado y neurótico deseoso de mostrar al mundo que tiene razón. 

Ya puestos a hablar de villanos, también tendríamos que analizar a Pedro, la actual pareja de María. José podría haber hecho de él una víctima más del fenómeno, dándole un papel más decisivo que el de un amante despechado. Pese a todo, el problema que veo aquí no es que el personaje actúe por venganza, si no el hecho de que es lisa y llanamente malo. Pedro es una lameculos. Ni siquiera ama a María, sólo está con ella por su dinero y por el inminente ascenso político de su padre. Es puro cliché. ¿No hubiera sido más interesante crear a un personaje más equilibrado y menos estereotipado, un personaje cuyo lado bueno se va haciendo cada vez más oscuro? Quizá este sea el gran problema de El fatal desencuentro: los malos son muy malos y los buenos excesivamente buenos.

En el otro lado de la balanza se encuentra Jaime, el psiquiatra que trata a Héctor tras su reclusión en un manicomio. Porque esa es otra: tras contarle a su jefe la odisea que ha padecido, éste llega a la conclusión de que lo mejor que puede hacer es internarlo en un hospital. Podemos entender que cuando alguien te viene contando una historia como la de Héctor, lo más lógico es que pienses que no está en sus cabales, pero la detención del prota bordea lo ridículo (y esto lo digo con todo mi pesar, dado que hasta este punto la novela había mantenido vivamente mi interés). Poco después de huir atropelladamente de la redacción y tras pegarse una frenética carrera, Héctor acaba justo delante de... ¡la puerta de su antigua oficina! ¿Y a qué no sabéis quiénes le están esperando allí? En efecto, lejos de correr tras él para evitar que escapase, parece que tanto su jefe como los enfermeros estaban seguros de que tarde o temprano terminaría por volver.

Hablábamos de Jaime, el psiquiatra de Héctor. Si Andrea era la encarnación suprema del mal, Jaime se caracteriza por tener un carácter amable y comprensivo... Hasta el punto de tragarse la historia que Héctor le cuenta. Otro error más. Si los propios seres queridos de Héctor se niegan a creerle, ¿cómo es posible que un destacado psiquiatra lo haga? Lógicamente no le cree de inmediato, pero a las pocas páginas ya llegamos a la conclusión de que lo tiene en el bolsillo. Hay que dejar claro que, al igual que había ocurrido con Andrea, el personaje de Jaime es necesario en la historia, dado que Héctor necesitaba a alguien en quien apoyarse. Pero el problema que tenemos aquí es que ese apoyo se forja de la noche a la mañana. El médico llega a la conclusión de que Héctor está diciendo la verdad y, pese a que su error puede salirle caro, decide jugársela para sacarlo de allí. Nos encanta la relación existente entre ambos, pero hubiese estado mucho mejor que dicha relación hubiera madurado un poco más. Lo más lógico habría sido que Jaime investigase el caso en profundidad, llegando incluso a ser uno de los testigos del fenómeno. Ello habría significado encontrar la pieza que buscaba para ayudar a Héctor. 

Lamentablemente, esto no sucede y aunque el psiquiatra estudia el caso cuidadosamente, tenemos la sensación de que no es así. La amistad entre Jaime y su paciente se fragua demasiado pronto. Quizá era necesario añadirle algo más de chicha a la relación, un punto de inflexión que justifique la ayuda de Jaime. José es consciente de ello y nos lo pone en bandeja, pero ni siquiera la llegada de ese asesino que experimenta los mismos síntomas de Héctor consigue que la trama remonte el vuelo. Nos sigue pareciendo que todo sucede demasiado rápido y que los personajes no terminan de madurar.

CONCLUSIÓN:

Interesantísima novela con toques de suspense y ciencia ficción. A destacar la brillante ambientación que José hace de la tormentosa noche en la que Hector se pierde en ese tétrico bosque en cuya espesura destacan dos oscuros pinos. El estilo de José es rápido y ágil, alejado de cualquier complejidad. Es imposible que nos encontremos con elementos que entorpezcan la lectura. El texto está libre de faltas y errores ortotipográficos, lo que nos demuestra el cuidado con el que el autor ha tratado su novela. Ahora bien, si la trama es original y sugerente, no ocurre lo mismo con los personajes, encontrándonos con unos protagonistas planos y, hasta cierto punto, bastante simples (lo cual contrasta con el brillante trabajo que se ha tomado José a la hora de cuidar la ambientación). Los personajes se nos aparecen como unas entidades planas y extremadamente estereotipadas, protagonizando unas reacciones nada verosímiles y, en algunos casos, bastante risibles. Sí, sabemos que se trata de una novela de ciencia ficción, pero toda buena novela del género tiene la obligación de hacernos creer la historia que nos cuenta. Y para ello juegan un papel fundamental los personajes. Si éstos fallan, todo lo demás también.

Recomendaría una revisión parcial del texto y un mejor perfilado de los personajes principales para dotarlos de una mayor credibilidad. Tal y como aparecen en el manuscrito original, parecen héroes de opereta. Las relaciones humanas no son tan simples para moverse únicamente entre dos polos. Sería conveniente presentar a los principales antagonistas como personas que actúan por algo más que venganza o ambición. Eso está bien para los villanos de Disney, pero no para una novela de suspense como la que tenemos aquí. Simplificarlos así signficaría rebajar la trama a la categoría de una peli de las que suelen echar en Antena 3 durante la sobremesa de los fines de semana. Y eso es algo que una novela como ésta no se merece. Tienes un excelente guión, José. Sólo falta pulirlo un poco. ¡Ánimo y adelante!

miércoles, 18 de julio de 2012

James Nava publica "El Agente protegido"

Portada del libro escrito por James Nava.

David Crow es un solitario vaquero que ha llegado recientemente a un pequeño e idílico pueblo cerca de las Montañas Rocosas para empezar una nueva vida, pero surge una amenaza letal. Nadie sospecha que en realidad se trata de un agente de la CIA sobre el que pesa una fatwa. Perseguido por terroristas islámicos dispuestos a cumplirla, ingresa en el Programa de Protección de Agentes, y aunque intenta pasar desapercibido es descubierto pronto.

La CIA decide utilizarle entonces como señuelo para capturar a los terroristas, pero David sabe que ese plan puede ser aún más peligroso y que solo le queda hacer frente a sus enemigos para defender su vida. El pasado que acecha como una sombra se cierne sobre él y la única esperanza de futuro que le queda.

“El agente protegido” es una novela que combina thriller político, ecología, misterio, aventuras y romance.

Toda la obra se convierte en un claro homenaje a la cultura western, pero desde un planteamiento argumental totalmente vigente que entronca con la actualidad que vivimos, convirtiéndolo de hecho en un thriller de acción.

La narración refleja la lucha contra el terrorismo yihadista y la supervivencia de un agente de la CIA en un entorno fascinante: el Oeste norteamericano; de forma que personajes y situaciones evocan los escenarios naturales de la cultura tradicional estadounidense, los que conectan directamente con sus raíces.

Es una novela intensa, basada en algunos hechos reales, que plasma un aspecto poco conocido de la actual guerra antiterrorista contra Al Qaeda: la persecución de agentes federales estadounidenses por parte de células yihadistas y cómo esto afecta a la seguridad nacional de Estados Unidos.

“El agente protegido” está estructurado con un corte clásico de literatura western, por lo que ha supuesto un desafío encajar un argumento contemporáneo en una novela con elementos tradicionales muy definidos de la cultura vaquera, que no fuese demasiado extensa y que enganche al lector de principio a fin, sin dobleces ni recovecos argumentales. La condensación de los hechos ayuda a crear un ritmo acelerado in crescendo que permite al lector no perderse en detalles superfluos y sumergirse en el argumento desde la primera página.

Quien se asome a esta novela encontrará la acción y suspense de un thriller político actual, pudiendo conocer de primera mano una operación de la CIA, pero también la aventura del paisaje del Oeste norteamericano, con todos sus elementos, y de unos personajes que encajan en la cultura western de hoy día. Las pinceladas ecológicas de la novela aparecen a lo largo de toda la novela de una forma sutil pero permanente, no sólo a través del paisaje espectacular de las Montañas Rocosas sino también de la importancia y el significado de los animales o su simbolismo tradicional en la cultura nativa norteamericana, así como en el ciclo de las estaciones del año y su influencia en las personas y el medio.

El lector podrá encontrar alta tecnología e intrigas al más alto nivel, pero también la simplicidad de un caballo al galope y de la vida al aire libre. Y alguna que otra sorpresa. Todo ello en una novela que puede ser leída con facilidad y rapidez, conservando la tradición de la literatura western y de aventuras, pero sin perder intensidad y emoción actuales. Es una novela escrita con pulcritud, precisa y muy cuidada literariamente.

El fin de la Edad Media y los orígenes del Renacimiento

La caballería otomana combatiendo en las murallas de Constantinopla. La toma de esta ciudad por parte de los turcos es uno de los hitos que marcan el final de la Edad Media.

Europa atravesó un período de transición de más de 400 años, iniciado en Italia en el siglo XIV, que le llevó desde los tiempos medievales a los modernos y que hoy conocemos con el nombre de Renacimiento, que significa resurgimiento de lo clásico. El Renacimiento es un concepto poco claro del que no se ha descrito con exactitud ni el inicio ni el final. Sin embargo, es útil en cuanto que señala la recuperación frente a la barbarie de la Edad Media, así como un nuevo avance en todos los campos que trascendió los logros de las grandes civilizaciones clásicas.

Muchos y diversos factores que se fraguaron durante la Edad Media contribuyeron a este resurgimiento y avance. Uno fue el renovado interés por el conocimiento. La primera facultad de la universidad de Oxford se fundó en 1264. Hacia el 1400, había más de 50 universidades en Europa. El acceso a textos antiguos conservados por los árabes, y recientemente traducidos al latín, estimuló la educación y el debate. Los europeos habían mantenido contacto con los árabes en Tierra Santa, Sicilia y España. Las obras descubiertas de nuevo de Euclides, matemático de la Grecia antigua, por ejemplo, se convirtieron en el modelo de enseñanza de las matemáticas hasta el siglo XIX. Los árabes también trasmitieron un nuevo sistema numeral, el concepto del punto decimal y el concepto del cero, todos estos inventados en la India. La extensión del conocimiento se aceleró rápidamente tras la invención de la imprenta, en torno al 1450.

Grabado de las Islas Canarias. La nuevas rutas de expansión por el Atlántico y los adelantos tecnológicos propiciaron su redescubrimiento.

Un segundo factor fue la mejora de la calidad de vida, especialmente en las grandes ciudades comerciales de Italia. Las Cruzadas habían abierto los ojos europeos hacia la riqueza de Oriente, especialmente la seda, las especias y el algodón. Los mercaderes de Venecia, Génova, Florencia y otras ciudades llegaron a dominar el comercio entre Europa y el Mediterráneo Oriental. Con la riqueza acumulada por los negocios, estos mercaderes empezaron a embellecer sus hogares y ciudades con obras de arte. La escultura, la pintura, la arquitectura, la música, la poesía y la literatura encontraron nuevas formas de expresión, interesándose además por temas que iban más allá de los religiosos, que habían sido los predominantes en la Edad Media. Las descripciones populares de la vida cotidiana, la fantasía y la pasión por la aventura revelaban que la cultura europea se estaba volviendo más humanista y se centraba cada vez menos en la religión.

Una recreación idealizada de la Guerra de los Cien Años. Las consecuencias de este conflicto fueron uno de los detonantes del contexto de crisis que se vivió durante la Baja Edad Media.

El resurgimiento se debió también al progreso tecnológico, que permitió un mayor rendimiento productivo de los bienes y servicios. La manufacturación, la agricultura y el comercio mejoraron totalmente la capacidad de los tiempos antiguos. La búsqueda de los beneficios estimuló la inventiva y la exploración. Una clase media de mercaderes y artesanos comenzó a ocupar cargos políticos acordes con su poder económico, a expensas de una nobleza cuyo poder declinaba.

Aproximadamente hacia el 1500, las naciones europeas se encontraban a la cabeza del mundo en muchas tecnologías importantes. Las energías liberadas por la exploración del mundo, la búsqueda de rutas comerciales, la Reforma Protestante y la competición política constante convirtieron a Europa, en pocos siglos, en la región dominante del mundo.

La concepción del Estado en la Modernidad.-

La monarquía absoluta

La organización política más común entre los siglos XVI y XVIII es la monarquía absoluta. Pero con ella conviven otras formas de organización política más antiguas, como la monarquía electiva, la parlamentaria, las ciudades-república, regiones sometidas a otros Estados, entre otros.

La instauración de la monarquía absoluta realmente no se consigue hasta el siglo XVIII. Ésta supone la concentración de todo el poder en una sola mano, la del monarca. Solo él tiene capacidad para hacer la guerra y negociar la paz con otros Estados vecinos. “Hacia dentro”, encarna ante sus súbditos la fuente de todo poder y el arbitrio de todos los conflictos que se originen en su Estado.

La decadencia del poder feudal fortaleció a las monarquías. Aquí podemos ver a Maquiavelo, uno de los grandes teóricos del Estado renacentista.

Los teóricos más notables de esta nueva concepción del Estado fueron Bodino y Maquiavelo, y el periodo que comprende se conoce como Antiguo régimen. Maquiavelo (1469-1527) es considerado como el primero en utilizar la palabra Estado en el sentido moderno del término, como institución concreta, vinculada a un territorio con límites precisos, independiente del poder papal o del imperio, en el que el soberano se erige en poder absoluto, eliminando las organizaciones intermedias, gremiales o municipales, amparándose en la fuerza del ejército.

Maquiavelo no es un teórico de las formas de gobierno sino un observador de los hechos, de los que intenta sacar las leyes de una acción política eficaz al margen de presupuestos morales o religiosos. La ciencia política le debe, sobre todo, el haber sabido exponer los mecanismos del poder y como el ejercicio de éste obedece a pautas comunes. El príncipe es su obra más conocida.

martes, 17 de julio de 2012

La vida muerta (Raúl R. Pino)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: La vida muerta
  • Autor: Raúl R. Pino
  • Género: Novela
  • Precio: Papel (10 €) / PDF (3 €)
  • Número de páginas: 179
  • Valoración de Crítica Literaria Novel: 7,5
CUANDO LOS ZOMBIES GOBERNABAN LA TIERRA...

En apenas dos días, un terrible virus asola la ciudad de Nueva York dejando un gran número de víctimas a su paso. Los efectos son tan devastadores que todo el norte de Estados Unidos sucumbe en pocas horas a la pandemia, amenazando con atravesar fronteras y convertirse en una catástrofe a escala mundial. Pero lo peor todavía está por llegar, dado que, si bien el virus es mortal, sus efectos secundarios son escalofríantes, encontrándonos con unas víctimas que regresan de la muerte convertidos en terroríficos zombies sedientos de sangre.

De la noche a la mañana, el mundo se ha convertido en un lugar inhóspito donde los zombies campan a sus anchas y persiguen a los escasos supervivientes. Sólo un hombre se encuentra dispuesto a encontrar la clave de lo que está pasando. Pero tiene que darse prisa, puesto que el tiempo corre en su contra. Su conciencia se está desmoronando y sus movimientos son cada vez más torpes. Se está convirtiendo en un zombie.

LO MEJOR:
  • La ambientación se sale por todos lados. Es imposible no acordarse de clásicos como "El amanecer de los muertos" o "The walking dead". Raúl nos demuestra que es un entendido en la materia. En una novela como ésta, la ambientación lo es todo. Poco importa lo que les pase a los personajes, Queremos vísceras, sangre, sustos, conciencias torturadas, brazos amputados... De vez en cuando nos mola que el mundo se transforme en una zona de guerra. Y Raúl lo ha conseguido. ¡Conseguid un buen M16 y voladle la cabeza al zombie más cercano!
  • El novedoso punto de vista de la narración. Por primera vez, vivimos la carnicería desde el otro lado. La historia es dramática y patética. La civilización ha caído en el más absoluto desorden y las ciudades se han convertido en auténticas junglas urbanas. Las calles están llenas de restos humanos y cuerpos descabezados: allí hay un autobús escolar estrellado; más allá hay una horda de muertos que persiguen a sus pequeños ocupantes... Y nosotros no podemos permitirnos sentir lástima por esas víctimas, puesto que sólo son un escalón más en el Nuevo Orden. Los zombies heredarán la Tierra y, en deferencia a nuestros nuevos amos, debemos aceptar la situación sin rechistar. Después de todo, el prota está dejando de ser humano. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarle? A destacar la lucha interna que tiene lugar en la mente de nuestro héroe, cuya naturaleza humana se debate entre adaptarse o resistirse a los horrores del holocausto.
  • La brevedad y distribución de los capítulos facilitan la lectura y enganchan al lector (os lo dice alguien que se leyó el libro en apenas un día). Todo esto, unido a las delicias que siempre nos promete el género, convierten a "La vida muerta" en toda una joya de la literatura amateur.
  • El tono "cinematográfico" de la narración. En "La vida muerta", las cosas suceden casi tan rápido como en una película. Entre sus páginas, casi podemos distinguir los movimientos de la cámara de grabación. ¡Atención al capítulo del helicóptero machaca-zombies!
  • El autor se salta a la torera el tabú de que los niños, como en cualquier buena historia que se precie, son sagrados e inviolables. Aquí nos los encontramos como unas víctimas más, sin trampa ni cartón. Este ejercicio de "realismo" le da un toque muy maduro a la historia, aparte de convertirla en algo brutal y amargo. Como la vida misma, que diría aquel.
  • Un inesperado y realista giro final que nos deja un agradable sabor agridulce.
A MEJORAR:
  • Pese a que el tratamiento de la novela es bastante novedoso, el conjunto no aporta nada nuevo a un género que, si bien todavía no ha dado síntomas de estancamiento, sí se está haciendo repetitivo hasta decir basta. Que conste que esto no es problema del autor, sino de una serie de historias que nos cuentan una y otra vez lo mismo: ciudades desiertas, supervivientes armados hasta los dientes que luchan por escapar de esa pesadilla, hordas de zombies que vagan por las calles en busca de nuevas víctimas... Precisamente lo mismo que hace grande a esta novela también la empequeñece. Todo en ella es una sucesión de situaciones y lugares comunes que nos llevarán a decirnos "¡Hey! Esto ya lo he visto antes".
  • Es preciso someter el texto a una profunda revisión ortográfica. A lo largo de las páginas nos iremos encontrando con una multitud de erratas que afean el texto y echan por la borda un trabajo muy bien llevado.
  • Muy breve... Demasiado breve... Extremadamente breve. ¡Queremos más!
CONCLUSIÓN:

Escalofríante novela de terror y zombies que nos ofrece un ingenioso giro de tuerca a un género que cualquier día de estos terminará por caer en el olvido y convertirse en una moda más. Ahora bien, mientras esperamos a que esto suceda... ¿por qué no nos divertimos un poco? Tanto los profanos como los amantes del género disfrutarán como auténticos enanos. El lenguaje cinematográfico con el que está narrada la historia termina por meternos en situación. ¿Que os molan más los videojuegos? Pues si os lo pasasteis pipa con el "Half-Life", imaginaros lo que será sumergiros en esas tétricas vías de metro. Lectura ágil, directa y dinámica, ideal para estos meses de verano. ¿Se nota que me ha gustado?

Ahora bien, quizá los incondicionales del género no vean en este libro otra cosa más que la repetición de algo tantas veces visto (lo cual no quita, en absoluto, un ápice a la diversión). También sería aconsejable corregir el texto a fondo, dado que nos encontramos con una serie de errores y faltas de ortografía inexcusables para quien se dedique a esto.

Por lo demás, estamos ante una novela cien por cien recomendable y extremadamente adictiva. ¡Teratófobos y gallinas abstenerse!

El Imperio Turco

Recreación de la Batalla de Malazgirt (o Manzikert). Los turcos selyúcidas, a sueldo del califa de Bagdad, infringieron una dura derrota a los bizantinos.

El término "Turco" hace referencia a dos grupos distintos de musulmanes del Medio Oriente: los selyuqis y los otomanos. Los selyuqis eran nómadas de las estepas cercanas al Mar Caspio que se convirtieron al Islam en torno al siglo X. Alrededor de 70.000 turcos selyuqis engrosaron como mercenarios las filas del ejército islámico del califa de Bagdad. Estos mercenarios se convirtieron a la rama Sunni del Islam, y posteriormente, en el año 1055, se convirtieron en el poder real tras del califa de Bagdad, comenzando a extender su dominio político. Sus líderes se hacían llamar sultanes, que significa "detentador de poder". Hacia el año 1100 controlaban la mayor parte de Anatolia (arrebatada a los bizantinos), Palestina, las tierras que rodeaban el Golfo Pérsico y las ciudades santas de Arabia, llegando incluso hasta Samarkanda.

La aplastante victoria de los selyuqis sobre el ejército bizantino en Malazgirt (actualmente Turquía), en el año 1071, les permitió ocupar la mayor parte de Anatolia. Casi al mismo tiempo tomaron con éxito Jerusalén, arrebatándosela a los musulmanes egipcios que la gobernaban. Estos dos hechos produjeron tal conmoción entre los bizantinos, el papado y los europeos, que tuvieron como resultado los 200 años posteriores de Cruzadas. 

A pesar del éxito de los turcos selyuqis al retomar el control de Palestina, las continuas guerras con los cruzados mermaron sus fuerzas. Estaba también la amenaza de las actividades de los Asesinos, secta herética del Islam. Por otro lado, el Islam entró en un periodo de introspección interna debido a la popularidad del misticismo Sufi. En ese estado de agotamiento y debilidad, sucumbieron al repentino ataque de los mongoles. Bagdad cayó presa de los invasores en el año 1258 y el imperio selyuqi tocó a su fin. 

En 1453, la dinastía de los otomanos conquistó Constantinopla. La imagen representa el transporte de uno de los cañones que redujeron a escombros las murallas de la ciudad.

Bajo el reinado del sultán Osman I, a principios del siglo XIV, la población islámica de Anatolia (actualmente Turquía, Asia Menor) se unificó tomando el nombre de osmanli u otomanos en su honor. Los otomanos declararon la guerra santa al ya mermado imperio bizantino y se dirigieron desde Constantinopla hasta los Balcanes, venciendo a los serbios en el año 1389 y, posteriormente, en el año 1396, al ejército cruzado húngaro. Los mongoles, al mando de Tamerlán, frenaron temporalmente los éxitos otomanos, pero Tamerlán siguió avanzando con su ejército y los otomanos se recuperaron.

Finalmente, el 29 de mayo de 1453, el sultán Mehmed II (el Conquistador) tomó Constantinopla. Durante ocho semanas, los jenízaros atacaron con 70 armas de fuego los muros de Constantinopla, reduciéndola con éxito. 

Una vez tomada Constantinopla, los otomanos avanzaron hacia Europa amenazando con una serie de contracruzadas. Sin embargo, el ejército húngaro detuvo su avance en Belgrado en 1456. Viena se defendió con éxito de sus ataques en 1529 y, una vez más, en 1683. El imperio otomano alcanzó su plenitud en el siglo XVI, extendiéndose por Europa hasta Budapest y Odessa. Incluía toda Grecia y los Balcanes; los territorios en torno al Mar Negro; Asia Menor, Levante, Arabia, Egipto y la mayor parte de África del Norte. El Imperio Otomano mantuvo su importancia como potencia hasta la I Guerra Mundial, en el siglo XX. 

Canarias y la independencia de Venezuela

Los canarios fueron partícipes de la independencia venezolana. Presentes en todas las capas sociales de la sociedad, apoyaron desde el primer momento el movimiento bolivariano. Muchos de ellos incluso firmaron el acta que reconocía la emancipación de la metrópoli y sus descendientes llegaron a ser presidentes de la República. Desde Canarias, la prensa escrita daba su apoyo a la causa independentista.

La Conjura de Matos fue la primera tentativa de independencia que llevaron a cabo los venezolanos, principalmente los criollos. Los canarios, a los que se les daba el nombre de isleños, tuvieron un papel muy representativo en este movimiento. También eran considerados criollos, pues se consideraba a Canarias como una posesión ultramarina conquistada por España. No debemos tomarnos a la ligera este planteamiento, sobre todo si tenemos en cuenta que muchos canarios se sentían más “isleños” que españoles. El hecho de que Bolívar diferenciara a españoles y canarios es todo un síntoma del prestigio que tenían estos últimos en la región.

Las consecuencias de la Batalla de Araure: el Regimiento Numancia entrega su bandera a las fuerzas de Bolívar.

El proceso independentista fue dirigido desde Caracas y fue más una guerra civil entre venezolanos que un enfrentamiento contra los ejércitos españoles, los cuales se encontraban en la Península tratando de combatir a los franceses

Durante la guerra murió un tercio de la población de la colonia. Estamos pues, ante un conflicto cruel ya que fue el más sangriento del todo el proceso independentista. Algunos canarios tuvieron un papel muy oscuro y se comportaron de manera bastante sanguinaria.

En 1813, y ya recuperada de la invasión napoleónica, España envió destacamentos de soldados para combatir a los rebeldes. Este cuerpo expedicionario apenas pudo detener el avance de las milicias independentistas, que pronto declararon la independencia de la antigua colonia. Fue una guerra fraticida, ya que tanto en las filas rebeldes como en las realistas combatieron diferentes canarios. Familias como la de los Orea, Soublette. Key y Muñoz, entre otras, destacaron por su apoyo a la causa bolivariana, mientras que personajes como Domingo de Monteverde y Francisco Tomás Morales destacaron por sus servicios a la monarquía hispánica.

Una vez libre del poder de la metrópoli, estalló un conflicto en el bando vencedor. Varios creyeron que el proceso de emancipación sólo había servido para favorecer los intereses de la oligarquía criolla. En varios casos, y tal y como había sucedido durante la guerra contra España, se prometió dar a los esclavos la libertad a cambio de combatir en uno u otro bando.

Este conflicto fue el primero de los muchos que desgarraron el continente tras su independencia, y fue la causa de que el sueño de Bolívar de crear un Estado Latinoamericano desapareciera.  

Relecturas de la insurrección cubana de 1956-1959: ¿Hacia una nueva independencia?

La historia de Cuba en la primera mitad del siglo XX es verdaderamente compleja. Tras ser ocupada por Estados Unidos en 1898, la soberanía de la isla se vio en entredicho durante las primeras décadas del nuevo siglo. Muchos cubanos consideraban la presencia militar norteamericana como una nueva forma de colonialismo, y la actitud de sus dirigentes no ayudaba precisamente a mejorar esta opinión.

A principios de 1950, la isla estaba gobernada por Fulgencio Batista. Nacido en 1901, Batista tuvo unos orígenes humildes. Tras trabajar de peón, ingresó en el ejército, llegando a ser sargento taquígrafo. Después de participar en el golpe de Estado que derribó al dictador Machado, fue ascendido a coronel. Obtuvo el mando Supremo del Ejército a finales de los años 30 y fue presidente del país en 1940. Tras terminar su periodo presidencial, comenzó a organizar un movimiento para derrocar al nuevo presidente y asaltar el poder, lo cual hizo en 1952. Tras revocar la Constitución fortaleció las relaciones con Estados Unidos, que como ya hemos visto en anteriores entradas, ejercía una gran influencia sobre la isla.

Batista fue uno de los rostros más visibles de la corrupción ejercida por los altos dignatarios cubanos durante la primera mitad del siglo.

El autoritarismo de Batista se vio muy pronto combatido por múltiples movimientos de protesta. El más representativo de ellos fue el encabezado por Fidel Castro, quien en 1953 trató de apartar a Batista del poder. Encarcelado por las fuerzas leales al dictador, aprovechó una amnistía general para viajar a México (1955), donde recibió instrucción militar por parte de una serie de oficiales que habían combatido en la Guerra Civil española al servicio del bando republicano.

Nada más regresar de tierras mexicanas, Castro se escondió en las montañas de la isla y estableció una guerra de guerrillas en su interior. Las enseñanzas que había recibido por parte de los oficiales republicanos durante su estancia en México y su experiencia como guerrillero en la República Dominicana, le valieron varios éxitos militares. Este fue el caso de la ocupación castrista de Santa Clara en diciembre de 1958. Después de aquella victoria los Barbudos marcharon sobre La Habana. Batista abandonó la isla para refugiarse en Europa y Castro se hizo dueño de la situación. Más tarde proclamaría la República Socialista de Cuba.


A partir de entonces, el diálogo con Estados Unidos se hizo muy difícil. Animado por su entorno, Castro se aproximó a la Unión Soviética, lo cual fue visto con muy malos ojos por parte de Washington. Tanto Eisenhower como Kennedy tramaron planes para que la CÍA lo eliminara. Los intentos norteamericanos por apartar a Castro del poder se hicieron evidentes tras el desembarco de fuerzas contrarrevolucionarias en Bahía de Cochinos.

La instauración del comunismo en Cuba dio lugar a que los teóricos de la Revolución afirmaran que, por primera vez en su historia, la isla era dueña de elegir su propio destino. No obstante, el embargo a la que fue sometida por parte de Washington, obligó al Gobierno castrista a buscar ayuda en el exterior, pues el Estado estaba completamente arruinado.

Fue entonces cuando la isla cayó bajo la órbita de Moscú. A cambio de ayudas económicas, Cuba permitiría a la Unión Soviética construir rampas de misiles balísticos en su territorio. Esto produjo una escalada de tensión entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Decidido a no tolerar esta amenaza directa, Kennedy ordenó que se desplegara una flota ante las costas de la isla para interceptar los barcos soviéticos que transportaban cohetes. Tras unos días de incertidumbre, el Kremlin ordenó a sus navíos dar media vuelta. La URSS se comprometió a desmantelar sus bases de misiles siempre que Estados Unidos retirara las suyas de Turquía y se comprometiera a no invadir la isla.

Castro se convirtió en un asiduo de las conmemoraciones del Primero de Mayo celebradas en Moscú. Aquí podemos verle acompañado por N. Khrushchev y L. Brezhnev.

Parece que Castro se enfureció al conocer dicho acuerdo, pero siguió manteniendo buenas relaciones con los soviéticos. De hecho, fue un invitado asiduo en las manifestaciones del 1 de Mayo en la Plaza Roja de Moscú y en las cacerías organizadas en Ucrania por los líderes soviéticos. La ayuda material y económica procedente de Rusia era necesaria.

Pero con la desmembración de la Unión Soviética en 1991, Cuba afrontó sola los cambios producidos en un mundo cada vez más globalizado. El embargo estadounidense continúa ahogando económicamente a la isla y los cambios introducidos por Raúl Castro tras la retirada de su hermano Fidel, se van abriendo paso tímidamente en el país.

La soledad con que la que Cuba se enfrenta al futuro contrasta con su pasado más inmediato. El colonialismo impuesto por España, la política anexionista de Estados Unidos hasta la segunda mitad del siglo XX y la cooperación soviética reflejan la importancia económica y estratégica de la isla caribeña.

Del mismo modo que la isla conservó su identidad propia tras el paso de Estados Unidos y España, también ocurrió lo mismo con Rusia. La ortodoxia soviética fue objeto de debate durante los años setenta del pasado siglo. La isla no debía caer en el error que había cometido con EEUU y salir de un colonialismo para entrar en otro. Sólo cabe decir, que pese a los intereses de terceros países, Cuba ha sabido mantener su independencia y su espíritu nacional.  

miércoles, 11 de julio de 2012

La construcción de la memoria patria: conmemoraciones, publicaciones y festejos en torno al primer centenario de la independencia mexicana (1910)

El Grito de Dolores está considerado como el inicio de la Guerra de la Independencia de México.

El Grito de Dolores marca el inicio de la Guerra de la Independencia de México, la cual terminaría en 1821. Acaecido el 16 de septiembre de 1810, esta fecha se convirtió en el día de la fiesta nacional de México (el Día de La Patria). Algunos sectores religiosos aprovecharon esta efeméride para celebrar el día de la Virgen de Guadalupe. Se trataba así de unir la religiosidad del pueblo mexicano con los principios políticos de la independencia.

Anualmente, por estas fechas se celebran una serie de actos conmemorativos que tienen por fin recordar la liberación del país de la tutela española. Estas fiestas no se celebraron durante la Guerra estadounidense-mexicana de 1846. El conflicto sostenido por las fuerzas francesas del emperador Maximiliano y los rebeldes juaristas también impidió su celebración.

Con el paso de los años, y pese al gran atractivo que tenía este evento para los mexicanos, los actos de conmemoración del Grito llegaron a hacerse monótonos y repetitivos. Las cosas llegaron hasta tal punto que la prensa pidió que la fiesta se renovara. Los ruegos de los mexicanos parece que fueron escuchados y con motivo de su centenario, las autoridades prometieron que se celebrarían suntuosos desfiles y eventos.

Por aquellas fechas, México estaba gobernado por Porfirio Díaz, un militar de avanzada edad que había combatido por la causa de Juárez. El general, que ejercía el poder de forma paternalista, quiso aprovechar el evento para dar a conocer a México en el mundo. Pero para desgracia de las intenciones del anciano gobernante, la Revolución mexicana ya estaba en marcha, y las tropas de Pancho Villa y Emiliano Zapata habían cosechado algunos éxitos en las regiones más humildes del país. Los enfrentamientos entre los revolucionarios y el ejército gubernamental fueron terribles, y varios intelectuales mexicanos dieron su apoyo a los rebeldes.

Pero los dignatarios mexicanos optaron por dar una imagen festiva de su tierra. Rápidamente se restauraron los edificios coloniales. El general quería que México estuviese a la altura de las grandes capitales europeas como Londres, París o Madrid. Para ello no se privó de dotar de luz eléctrica a las principales ciudades del Estado y muy pronto se sucedieron espléndidas y apoteósicas paradas militares que tenían por objetivo sorprender a los visitantes extranjeros.

El general Porfirio Díaz gobernaba el país cuando se conmemoraban los cien años del comienzo de la guerra.

Los países asistentes a los actos hicieron varios regalos al pueblo mexicano. Al estilo de las actuales exposiciones universales, cada país organizó su propio recinto de muestras, que los curiosos no tardaron en visitar. En las procesiones multitudinarias que se celebraron en aquellos días, los diferentes uniformes militares de los soldados mexicanos y extranjeros causaron un contraste verdaderamente sorprendente.

En uno de estos desfiles se describía la historia de México desde el pasado indio hasta el más inmediato presente, pasando por el periodo de la conquista, la etapa colonial, etc. Hubo actores que representaron a los personajes más característicos de cada época, como Moctezuma, Cortés, los héroes de la Guerra de la Independencia entre otros.

Para la historiografía mexicana de entonces, la historia del país no podía comprenderse sin entender la etapa colonial. Tras el triunfo de la Revolución y el posterior destierro del general Díaz, estos actos tendieron a profundizar más en el pasado azteca que en el legado español. México atravesó por un breve estado de hispanofobia por la que muchos españoles, llegada la fecha del Grito, fueron ocasionalmente maltratados por parte de pequeños grupos de exaltados. 

martes, 10 de julio de 2012

El dilema del hacendado cubano. Cuba entre la fidelidad y el gobierno doméstico

Con la invasión napoleónica de la Península en 1808, las colonias españolas en América vivieron una etapa de incertidumbre hasta el estallido de las guerras independentistas. Antes de pasar a analizar la situación de las posesiones de la metrópoli en este periodo (en este caso, Cuba), nos detendremos a estudiar brevemente el contexto histórico que se desarrolló en nuestro país en aquellas fechas tan convulsas. 

Tras la entrada de los soldados franceses en España, la monarquía de Carlos IV, herida por el desastre de Trafalgar y desprestigiada por las turbias actividades de Godoy, terminó por hundirse. El Príncipe de Asturias, Fernando VII, trató de asaltar el trono en varias ocasiones, pero fue superado en rapidez y astucia por Napoleón, que aprovechó las Abdicaciones de Bayona para apoderase de la persona del rey e instaurar a sus hermano José I en el poder.

Retrato de José Bonaparte. La invasión francesa de España y la convulsa situación que vivía el país propició la independencia de las colonias.

Si bien el alto clero y parte de la aristocracia reconocieron a los Bonaparte, un gran sector de la nobleza no lo hizo. A la quiebra de la autoridad le seguirá también el de la fuerza. Tras la insurrección popular del 2 de Mayo, el ejército español todavía derrotará a los franceses en Bailén, pero tras esta victoria, el estamento militar también apareció dividido y las unidades no tardaron en dispersarse.

Entre mayo y junio de 1808 se crearon las Juntas Supremas de Gobierno. Según su origen y composición, nos encontramos ante órganos cuyo poder es irregular o revolucionario, pero no estamental. Se crearon en total diecisiete Juntas que gobernaron en los diferentes territorios del país. Cada una de ellas estuvo compuesta por elementos de la aristocracia, el clero, etc. Estos comités gobernaron más o menos de forma independiente y no dudaron en declarar la guerra a los franceses.

En septiembre de ese mismo año se creó la Junta Central. En América se reconoció la autoridad de este órgano y se apostó por la fidelidad a la metrópoli. Deseosos de copiar el modelo español, los artífices de la independencia sudamericana trataron de instaurar estos comités en las colonias, pero sus intentos fueron abortados por las autoridades del virrey.

Coincidiendo con el avance del ejército francés hacia el sur de España, se proclamó la igualdad entre españoles y americanos. Este gesto simbólico ya no servirá de nada, pues el desprestigio político y militar de la Junta, unido al escaso reconocimiento que tuvo por parte de las Juntas Provinciales, hicieron que este organismo se disolviera. En respuesta a este suceso se formó un Consejo de Regencia y se convocaron las Cortes Generales.

Ante el fracaso de la Junta Central y el temor a una completa ocupación de la Península, en Caracas y Buenos Aires se crearon, esta vez con éxito, órganos semejantes a las Juntas Provinciales. Con la fragmentación de la monarquía y la consiguiente ausencia del rey, se acordó la creación de un discurso independentista que culminó con los movimientos separatistas de 1810-1824.

El quid de la cuestión surge cuando estudiamos la historia de Cuba en esta época. La isla, que no alcanzó la independencia hasta casi noventa años después, parecía indolente a las revoluciones que se estaban sucediendo más allá de sus costas. Si el vacío de poder español permitió a las colonias del continente alcanzar la independencia… ¿por qué no ocurrió lo mismo en Cuba? ¿De verdad se mostraron los cubanos tan poco entusiastas con lo que estaba pasando fuera de la isla? ¿Cuál fue el verdadero papel que desempeñaron los criollos en las sublevaciones contra la metrópoli? ¿Y el ejército español? Vamos a verlo. 

Muchos autores han sostenido la idea de que la isla no alcanzó la independencia debido a la amplia presencia militar española en la colonia y a la vinculación de la burguesía criolla con las fuerzas armadas. De hecho, el 75% de los coroneles del ejército habían nacido en la isla. Sin embargo, esta teoría desaparece si analizamos los hechos en profundidad.

En lo que respecta a la presencia militar, ésta fue, en efecto, bastante importante desde 1763 hasta el fin del siglo XVIII, reduciéndose de forma progresiva hasta 1815. Durante este periodo, la guarnición de la isla fue enviada a Santo Domingo con el fin de frenar los brotes independentistas que allí se estaban produciendo. La colonia obtuvo refuerzos de la metrópoli ese mismo año. Pero el constante transporte de tropas al continente hizo que estos soldados estuvieran de paso hasta 1821, concentrándose en la isla hasta 1828, época en la que el furor independentista ya había terminado en América del Sur. Podemos deducir que la presencia militar española en Cuba entre los años 1808 y 1824, fue escasa y puramente testimonial.

A diferencia de las colonias del continente, Cuba no alcanzaría la independencia hasta finales del siglo XIX.

La importancia de la población criolla en las fuerzas armadas también puede ser puesta en duda. La fidelidad de los militares criollos al Imperio no fue del todo absoluta. Si bien muchos sirvieron en las tropas realistas, otros (por no decir la mayoría) simpatizaron con las ideas de Bolívar. Sin embargo, hay que dejar claro que la mayoría de los peninsulares ostentaban el mando de los puestos operativos y de tropa, y los numerosos militares cubanos de alta graduación no tenían experiencia en combate. Una insurrección bien organizada en el seno del ejército parecía imposible, y más si tenemos en cuenta que el 60% de los soldados eran españoles mientras que el 40% restante había nacido en la isla.

Otros historiadores han afirmado que la ausencia de movimientos patrióticos significativos fue la causa responsable de tal aplazamiento. Esta propuesta también puede ser discutible, sobre todo si conocemos los movimientos patrióticos de 1809, de Ramón de la Luz; el movimiento de 1812, protagonizado por José Antonio Aponte; y la revuelta “Soles y Rayos de Bolívar”, encabezada por José Francisco Lemus, quien pretendía instaurar la República de Cubanacán. 

La renegociación del Estatuto Colonial cubano quizá animó a los isleños a pertenecer leales a España. Este estatuto llevaba siendo revisado desde finales del siglo XVIII. Hubo un proyecto para la implantación de un Gobierno Provincial (1811) que incluía unas Cortes legislativas y un Gobernador designado por el rey. Este síntoma de aperturismo por parte de la metrópoli no llegaría a prosperar debido al retorno del absolutismo. Varios años después, en 1838, se habló de un proyecto de Ley Orgánica Colonial creado, según sus autores, para “evitar la ruinosa independencia” conseguida por el resto del continente. Sus medidas no satisfarán del todo a los cubanos, que a partir de aquel momento se preocuparán cada vez más por la creación de su propio Estado.

Hay otra cuestión que también merece la pena resaltar, aunque sea brevemente. Debido a la gran cantidad de población negra que trabajaba en las plantaciones azucareras, la metrópoli agitó el espectro de la independencia de Haití. Los esclavos haitianos, aprovechando la disensión existente entre los blancos partidarios de la independencia y las autoridades de la isla, encabezaron una revolución (1804) en la que masacraron a gran parte de la población blanca. Para evitar que esto sucediese también en Cuba, la Corona afirmó que las diferencias entre los blancos de la colonia y la Península deberían olvidarse o posponerse en favor de una posible sublevación antiesclavista. Así, las ideas de libertad y fraternidad podrían resultar peligrosas. No obstante, este planteamiento también parece ser motivo de discusión, pues la población negra de Cuba apenas contaba con un índice de población elevado que le permitiera sublevarse.

De Hatuey a los Barbudos: por los senderos de la identidad cubana

La búsqueda de la identidad cubana comienza con la identificación del cubano con la figura del isleño indígena. Esta asimilación surge con la aparición del Romanticismo. Durante este periodo se creó el concepto de amor a la patria. Inicialmente fue un sentimiento materialista que cantaba a los seres queridos dejados en la tierra de nacimiento. Con posterioridad fue adquiriendo matices un poco más espirituales, cuyos resultados fueron las descripciones que los poetas hicieron de los parajes isleños y la naturaleza cubana. 

Elipidio Valdés, el simpático mambí creado por Juan Padrón, director, entre otras cintas, de la exitosa Vampiros en La Habana.

Con la finalidad de aglutinar a todo el pueblo contra los diferentes enemigos que ha tenido Cuba durante su historia, se crearon diversos estereotipos para que representaran el carácter y la identidad cubanos. Distinguimos, al menos, tres figuras representativas: Hatuey, el indio que se rebeló contra el conquistador; el Mambí, el soldado que luchó contra el dominio colonial español; y el Barbudo, el guerrillero que encarnó los valores socialistas frente a la corrupción del régimen de Fulgencio Batista y el imperialismo estadounidense.

Estas figuras tienen la misma importancia que tuvieron otras representaciones patrias europeas, como el caso de Mariana, la joven que representa a la Republica Francesa, o John Bull, el gentleman que personificó a Gran Bretaña durante su etapa imperial. En Estados Unidos encontramos un caso parecido con la figura del Tío Sam. Y es que cada uno de estos personajes representaba los valores de la nación.

La figura de un avatar nuevo no supondrá la desaparición del anterior. El Mambí no reemplazará a Hatuey, del mismo modo que el Barbudo no desplazará al Mambí. 

Hatuey

Hatuey puede ser descrito como un indio rebelde. Fue la primera representación identificativa que tuvo el pueblo cubano. Los criollos se basaron en su figura para separar lo cubano de lo español. 

Su historia comienza cuando Haití cae bajo el poder de los conquistadores. Hatuey pudo escapar de la isla y llegar a salvo a Cuba, donde pasó a organizar la resistencia contra el hombre blanco. Tras protagonizar algunos enfrentamientos con los españoles, es capturado y sentenciado a muerte en la hoguera (1512). Esto hizo que los criollos partidarios de la independencia lo consideraran como un mártir de la resistencia cubana contra el invasor.

El personaje fue idealizado por los literatos. Hay que tener en cuenta que los poemas dedicados a los indígenas durante el Romanticismo tuvieron gran aceptación. La reinvención de Hatuey tuvo por objetivo buscar un consenso entre los criollos (que ignoraban las críticas del pueblo) y los esclavos. Hatuey, al igual que la burguesía criolla, era un cacique, un jefe indio.

La figura de Hatuey tuvo su equivalencia en los jíbaros de Puerto Rico y en los gauchos de Argentina.

El Mambí

Nació en 1868. La palabra mambí era un término despectivo que los españoles utilizaron para referirse a los rebeldes de Puerto Rico y que los guerrilleros cubanos no dudaron en adoptar. Conocemos su imagen gracias a las fotografías tomadas por el ejército estadounidense. Armado con su particular machete, es el combatiente del pueblo que lucha por su libertad e independencia. Su amor a la isla queda reflejado cuando se retrata junto a la bandera nacional.

Fue un referente de la literatura cubana del siglo XX, experimentando su etapa de mayor esplendor a partir de 1940.

Para acercar su figura a los más pequeños, el ICAIC, el organismo cultural de la isla tras la Revolución, creó a Elpidio Valdés, un simpático Mambí protagonista de varias historietas y películas de dibujos animados. 

El Barbudo

Es el heredero político del Mambí. Su estética está relacionada con Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y El Ché. Al igual que había sucedido con el Mambí, es un combatiente que representa los ideales del pueblo. Su valor quedó reflejado en los diferentes hechos de armas de la Revolución, como la toma de La Habana en 1959 y la victoria ante las fuerzas contrarrevolucionarias en Bahía de Cochinos. 

Los valores comunistas del Barbudo no desplazaron al nacionalismo de su homónimo del siglo XIX. De hecho, El Ché, el Barbudo por excelencia, es considerado por los cubanos como un nuevo libertador que sólo puede ser comparado con Bolívar, Martí, entre otros.

sábado, 7 de julio de 2012

La formación de la conciencia nacional durante el siglo XIX en la Literatura Cubana

Edición anglosajona de Cecilia Valdés. Escrita por Cirilo Villaverde, está considerada como la mejor novela cubana del siglo XIX.

La historia de la Literatura Cubana se remonta a finales del siglo XVIII, época en la que sale a la luz y deja de ser una literatura al servicio de la metrópoli. Los escritores cubanos de este periodo no romperán con el pasado pero sí lo superarán, dando lugar a nuevos estilos.

Con la llegada del siglo XIX, el movimiento romántico creó una conciencia nacional, imitando el modelo que entonces se imponía en Europa, con la diferencia de que esta conciencia surgió aun antes de crearse el Estado cubano. Los poetas, novelistas y escritores en general tomaron parte en el debate nacional.

Muchas de los compendios generales de la Literatura Cubana se escriben después de la Revolución socialista de 1959. En los primeros años del siglo XX, se intentó recoger en un ensayo la Historia de la Literatura isleña de los siglos XVIII y XIX, haciendo un especial hincapié en la poesía, quizá el género más cultivado entre los escritores de la isla. Tras estos antecedentes, después de 1959 comenzaron a salir varios títulos relacionados con el tema. La mayoría de estas obras vinieron auspiciadas por las instituciones políticas y culturales del nuevo Gobierno. Con estos trabajos se intentó promover la lectura del pasado literario cubano desde la perspectiva de la Revolución.

Distinguimos tres etapas dentro de la Historia de la Literatura Cubana: un primer periodo que abarca los años de 1790 a 1820; otra segunda etapa que comprende los años de 1820 a 1868; y una última y tercera etapa que coincidirá con el desarrollo de los movimientos guerrilleros en la isla y su posterior independencia (1868-1898).

Primera etapa: 1790-1820

Los orígenes de la Literatura Cubana se encuentran en un poema épico que, curiosamente, fue escrito por un canario. El texto en cuestión narra un combate entre soldados españoles y un grupo de piratas que pretendían apoderarse de la isla. En este poema tenemos la primera referencia del término “criollo”.

Durante esta época, España había exportado algunos modelos literarios a la isla. Como ya comentábamos al principio, muchos escritores cubanos optaron por abandonar los patrones hispanos, eligiendo la vía de una literatura más autóctona e independiente. Sin embargo, los valores españoles continuaron estando presentes. Ya hemos dicho que no estamos ante un proceso de ruptura, sino de superación y madurez literaria.

La burguesía criolla, consciente del poder que estaba comenzando a adquirir, encontró en la literatura una tribuna desde la que podía defender sus intereses e ideas. Para ello aprovecharon el auge de la prensa escrita y la divulgación de periódicos y diarios.

En esta etapa, la poesía y el ensayo fueron los géneros más cultivados. De carácter neoclásico en un principio, tanto la prosa como la poesía fueron evolucionando hacia temas de carácter prerromántico, compaginándose este género con temas de carácter lírico o burlesco. La insularidad también ocupó un lugar muy destacado dentro de los temas elegidos para las composiciones literarias. Encontramos cantos a la naturaleza y a la propia isla, si bien no podemos hablar todavía de sentimientos patrios o nacionales. 

La poesía de compromiso también apareció en esta época. Muchos autores se mostraron muy críticos con la monarquía hispánica y apostaron por un discurso reformista.

Segunda etapa: 1820-1868

Estamos ante una etapa decisiva en la historia de las letras cubanas. Durante este periodo se desarrolló la conciencia nacional isleña, con todas las repercusiones que este término trajo consigo. Entre ellas, quizá la más importante haya sido la definitiva institucionalización de las artes.

Los sucesos acaecidos en España durante los primeros años de la década de 1820 tendrán como resultado el establecimiento de la Constitución liberal. La primera medida del Gobierno será la aprobación de una nueva ley de prensa, gracias a la cual, muchas revistas, periódicos y diarios podrán salir a la calle. Los historiadores  han afirmado que esta etapa fue la más brillante del periodismo cubano. Este género experimentará una serie de altibajos durante el resto del siglo, pero siempre volverá a emerger fortalecido y renovado.

Muchas revistas tuvieron en sus páginas un fuerte carácter literario, publicándose poemas, reflexiones y fragmentos de novelas.

Por estas fechas, el Romanticismo terminó de asentarse en Cuba. El movimiento, procedente de España y Francia principalmente, se consolidó en la isla en un momento en el que se estaba produciendo grandes cambios en Sudamérica. El Romanticismo cubano perduró hasta finales del s. XIX. Su carga de libertad colectiva e individual sentó los cimientos la poesía tradicional cubana. Poco importaba que el movimiento fuera importado desde el exterior. Lo importante era el mensaje nacionalista que había dejado en la identidad cultural de los cubanos. 

La narrativa costumbrista también evolucionó en este periodo, Si bien los creadores no prestaron mucha atención a los temas relacionados con la nacionalidad cubana, no hicieron lo mismo con asuntos tan polémicos como la cuestión negra y la esclavitud. Los autores, sensibles con la situación de los esclavos, defendieron la abolición de este régimen en varias de sus obras. 

Tercera etapa: 1868-1898

En esta etapa nos encontramos ante un periodo convulso en la historia de la isla. Los cubanos, conscientes  de que estaban saliendo de la época colonial, encabezaron varias rebeliones y conflictos. La Guerra de los Diez Años (1868-1878) hizo que la clase política española empezara a mirar con preocupación los sucesos que se estaban desarrollando en la isla. Pese a que el conflicto pareció cerrarse con la Paz de Zanjón, en 1898 volvería a reabrirse con mayor violencia. El movimiento de resistencia cubano y la posterior declaración de guerra de EEUU a España, provocaron la derrota de esta última y el fin de la presencia española en el Caribe.

La vida literaria fue muy activa en este periodo. Como había sucedido con anterioridad, la prensa continuó siendo un factor clave dentro del ámbito político. 

En esta época apareció el Teatro Mambí, un teatro guerrero y comprometido con las ideas revolucionarias. El teatro cómico y bufo también cobró una especial relevancia. Dentro de este género se creó el personaje de color, “El Negrito”, en una clara referencia a las preocupaciones sociales que tanto habían caracterizado a la época anterior. Ambos géneros son populares y cercanos, creados para dejar constancia de lo que estaba sucediendo. No podemos obviar que existía una clara preocupación por lo nacional.

Retrato de José Martí. Aparte de ser el líder de la oposición colonial, también fue un destacado escritor y poeta.

Cecilia Valdés, la gran novela cubana del siglo XIX, sentará las bases de la narrativa del siglo XX. En lo que respecta al campo de la poesía, destacan las figuras de Julián del Casal y José Martí (Cultivo una rosa blanca, Del tirano…), ambos representantes del modernismo en Cuba, género que conoceremos en España gracias a la obra de Rubén Darío y la inmediata influencia que tuvo en poetas nacionales como Juan Ramón Jiménez o Valle-Inclán.

Una vez conseguida la independencia, la literatura continuó preocupándose por los temas nacionales. Definitivamente, podemos decir que la literatura isleña adquirió su identidad propia y terminó por “cubanizarse”. 

La Orden Teutónica

La caballería teutónica cargando contra sus enemigos. Muchas de las representaciones que existen sobre ellos obedecen más a la imaginería popular que a la realidad.

El origen de Alemania se remonta a la coronación de Carlomagno como Santo Emperador Romano en el 800. Tras su muerte, el imperio se dividió en tres partes que gradualmente se fundieron en dos: el reino franco del oeste, que se convirtió en Francia, y el reino franco del este, que llegó a ser Alemania. El título de Santo Emperador Romano permaneció en la familia de Carlomagno hasta extinguirse junto con su descendencia en el siglo X. En el 919, Enrique, Duque de Sajonia, fue elegido rey de Alemania por sus padres los duques. Su hijo Otón I se convirtió en emperador en el 962. 

El Santo Imperio Romano sobre el que reinaba Otón I se extendía desde las llanuras germanas hasta el Báltico por el norte; hasta parte de la actual Polonia por el este; y a través de Suiza, Austria y el norte de Italia, en dirección sur. Desde el principio, los emperadores tuvieron dificultades para mantener el control de dos regiones tan dispares como Alemania e Italia, separadas por los Alpes.

Al principio el Santo Imperio Romano tuvo éxito porque beneficiaba a sus miembros principales, Alemania e Italia. Los germanos no se habían librado por completo de su condición bárbara, ya que Carlomagno los había conquistado tan sólo hacia un siglo. Se beneficiaron en gran medida de la cultura, la tecnología y el comercio italiano. Los italianos recibieron bien la estabilidad y relativa paz que les aseguraba el imperio, ya que Italia había sido invadida repetidas veces durante los últimos 500 años. El imperio protegió al papado y permitió que las ciudades-estado italianas iniciaran su crecimiento. 

Los ejércitos imperiales estaban constituidos en parte por arrendatarios de tierras de la Iglesia que debían lealtad al emperador. Otro segundo contingente importante era el de los ministrarles, cuerpo de siervos que recibían el mejor entrenamiento y equipo como los caballeros, pero que no eran hombres libres. Estos ejércitos eran utilizados para sofocar revueltas o sublevaciones de nobles locales y campesinos, o para defenderse contra las incursiones vikingas del norte y las magiares del este. 

Los guerreros germanos tenían una excelente preparación, ya que Alemania estaba constituida por una serie de principados independientes en continua disputa. Los soldados germanos más famosos eran los Caballeros Teutónicos, una orden religiosa de guerreros inspirados por las cruzadas. Los Caballeros Teutónicos extendieron el cristianismo por la región del Báltico al conquistarla, pero fueron finalmente derrotados por Alexander Nevsky en la batalla del helado lago Peipus. 

Un fotograma de la película de Sergei Eisenstein, "Alexander Nevski". Al derrotar a los teutones en Peipus, el caudillo eslavo terminó de asentar las bases de la nación rusa.

Una confrontación entre los emperadores y la Iglesia sobre la investidura de los obispos debilitó a los emperadores de Alemania e Italia. Durante los periodos de temporal excomunión del emperador y de guerra abierta a Roma, la autoridad imperial desapareció. Los príncipes germanos locales consolidaron sus propiedades y lucharon contra los vikingos sin interferencia ni ayuda del emperador. En Italia, las crecientes ciudades-estado se unieron para formar la Liga Lombarda y se negaron a reconocer al emperador. 

El poder político de Italia y Alemania pasó del emperador a los príncipes locales y a las ciudades. Los ministriales se rebelaron, tomando el control de las ciudades y castillos que guarnecían y declarándose libres. Durante los desesperados intentos de hacerse de nuevo con Italia, se otorgaron más concesiones a los príncipes locales en Alemania. Hacia mediados del siglo XIII, el Santo Imperio Romano tan sólo existía simbólicamente, y el trono permaneció vació durante 20 años. Los príncipes germanos sólo se preocupaban de sus propias tierras. Por su parte, las ciudades-estado italianas no querían un gobernante germano y eran los suficientemente fuertes como para defenderse por sí mismas. 

Los príncipes germanos eligieron a lo largo de la Edad Media a algunos emperadores que sólo gobernaron simbólicamente, controlando poco más que sus propios estados familiares. Alemania siguió siendo durante siglos una potencia europea menor.