miércoles, 31 de octubre de 2012

El can (Damian Fryderup) -Texto revisado-


La lluvia [efectuaba un complot] con el gélido viento invernal, para avizorar a toda la hermosa ciudad en la que yo vivía. Era ya de noche, los nubarrones portadores de tormentas extremas para la condición humana, daban a conocer su reinado en el mundo.

[¿Efectuaba un complot? Uhm... Queda un poco raro, ¿no? ¿Qué te parecería sustituirlo por “La lluvia se conjuraba con el gélido viento infernal (...)”? Mejor, ¿no?].

Me encontraba en mi radiante hogar repleto de muebles suntuosos e inundado en cuadros de artes pasados que siguieron su trascendencia para llegar al mundo actual.

Trataba de captar algo en la caja boba, pero no podía conseguirlo. Estaba casi por dormirme, pero aún, tratando de luchar contra los demonios del ensueño que se aliaban entre sí, para desterrarme del vivir cotidiano y llevarme a los mundos oníricos.

Cuando mis dos [fieles] ojos [color] negro como las mismas sombras, estaban a punto de cerrarse por causa del sueño abrumador que estaba consumiendo mi alma, escuché un ruido de dolor.

[¿Dos fieles ojos? El determinante numeral es innecesario en este contexto. Piensa que no es necesario que lo especifiques. ¡Todos tenemos dos ojos! ¿Fieles ojos? Otro error contextual: no se les puede atribuir esa característica a los ojos en este caso. En su conjunto, esta frase resulta un poco confusa, ¿no crees? ¿Que te parecería escribir lo siguiente?: “Cuando mis ojos negros como las mismas sombras (...)”].

Al parecer este ruido punzante provenía de las afueras de mi caserón, y por lo que mis oídos captadores de sonidos delirantes me decían en todos los idiomas conocidos por el hombre, el dueño de tal quejido era una animal, para ser más exacto [era] un can.

[Cometes un error ortotipográfico de escasa importancia (utilizas “una” en vez de “un”, algo normal, vaya). Por otro lado, veo que la frase que sigue a continuación está mal construida. Mientras que la expresión “para ser más exacto (...)” quedaría mejor en plural (“para ser más exactos (...)”), el verbo que le sigue (“era”) hace que la narración sea un poco redundante (date cuenta que ya te refieres a lo que hay fuera de la casa cuando afirmas que “era un animal”). Por otro lado, el término “can” me chirría un poco. Casi podríamos decir que se trata de un tecnicismo y que le quita ese sabor añejo que quieres darle al relato. ¿No quedaría mejor poner “perro” y ya? Así las cosas, en vez de decir “para ser más exacto era un can (...)”, debería decir “para ser más exactos, un perro (...)”. ¡Ojo a las comas!].

Por razones que aún desconozco, me dirigí hacia la puerta de enfrente para dar con el pobre animal; que se quejaba como si lo estuviesen torturando demonios provenientes del octavo círculo del infierno.

[No hay ninguna razón para el punto y coma (;) que pones después de “pobre animal”, pudiendo ser sustituido simplemente por una coma (,). Observa que de nuevo utilizas a los demonios para hacer referencia al estado de ansiedad en que viven tus personajes. Me gusta la expresión, pero no estaría de más que buscases otra metáfora. Releyendo el relato, deduzco que tienes mucha imaginación. ¡No dudes en hacer uso de ella!].

Ya estando frente a la puerta que daba hacia las afueras, tomé la manija e hice el movimiento exacto para poder salir hacia los exteriores, con el fin de conocer al perro que tanto se quejaba del dolor eterno que seguramente sentía.

[De nuevo utilizas un par de expresiones que le dan al texto cierta redundancia. Date cuenta que te refieres a lo mismo cuando dices que la puerta “daba hacia las afueras” o cuando describes al protagonista girando el picaporte para “salir a los exteriores”. Yo que tú, suprimiría la primera expresión en favor de la segunda. Con respecto a ese “salir hacia los exteriores”, creo que pegaría más “salir al exterior”].

Una vez [estaba] fuera de mi caserón, dueño de la protuberancia en toda la manzana, no pude dar con el perro que demostraba al mundo los gritos más desgarradores para la audición humana.

[Ese “estaba” no aporta nada al texto. Creo que quedaría mejor “Una vez fuera de mi caserón (...)”].

Sin saber qué hacer, y al no sentir ningún tipo de sonido agónico efectuado por el ser de la decadencia, me [puse en carrera para dirigirme] nuevamente hacia el corazón de mi hogar. Pero cuando tan sólo di la vuelta para enfilar hasta mi objetivo, sentí nuevamente el grito doloroso del animal desamparado.

[He añadido una conjunción al comienzo de este párrafo, de manera que quede de la siguiente forma “Sin saber qué hacer, y al no sentir ningún tipo de sonido (...)”. Creo que le da una entonación más adecuada. Me gusta mucho este párrafo. Referirte al perro como un “ser de la decadencia” me encanta. Es muy sobrecogedor. He puesto entre corchetes la parte de “puse en carrera para dirigirme (...)” porque en mi opinión resulta un poco farragosa. ¿Qué te parece si lo sustituimos por “Me dirigí nuevamente hacia el corazón de mi hogar (...)?”. Piensa que la sencillez a veces es la mejor aliada de un escritor].

Esta vez pude encontrar al animal, y [me dirigí] rápidamente hacia su posición. El pobre animalito estaba cerca de un árbol ciclópeo que gobernaba [en] los jardines de mi hogar, y que demostraba a leguas sus años vividos en el mundo mortal.

[¡Buen párrafo! Mantienes la tensión y eso mola mucho. Ese “me dirigí (...)” es correcto tal como está, pero como en el párrafo anterior habíamos empleado el mismo verbo, tal vez quedaría mejor decir “Fui rápidamente hacia su posición (...)”. Describes el jardín de forma muy breve y concisa. ¡Muy bien! Para terminar, suprimiría la preposición que pones al comienzo de esa descripción, quedando la frase tal que así “Estaba cerca de un árbol ciclópeo que gobernaba los jardines de mi hogar (...)”].

El perro estaba orinándose en su lugar, sentado, con el rabo vergonzoso escondido entre sus dos piernas [de animal diminuto]. Yo, en un acto de humanidad, me puse [en el trámite de] ayuda y en la piel de un ecologista al intentar ayudar al pobre [mamífero] adolorido por un sinfín de razones [propias de un animal desahuciado].

[Hay muchas cosas que mejoraría en este párrafo. Atento a las comas que pongo al final de “sentado” y “humanidad”. Le dan una mejor entonación al texto. En cuanto a las partes que he puesto entre corchetes, creo que son innecesarias y un pelín redundantes. Fíjate en lo siguiente: el hecho de que escribas una y otra vez la palabra “animal” te obliga a utilizar términos tan técnicos como “mamífero”. Como te comentaba antes, esto nos saca de esa atmósfera gótica que quieres imprimirle al texto. Para evitar esto, te recomiendo un mejor uso de los pronombres].

Pero cuando quise socorrer al indefenso canino éste huyó con una velocidad tan extrema que hasta su alma dejó en aquel árbol vetusto.

Estaba atónito ante tal situación [por el desprecio que tenía el perro hacia mi persona], y decidí seguirlo como un cazador sádico e inundado en sed de sangre incontrolable.

[Al comienzo de la frase, dejas claro que el protagonista se sorprende ante el extraño comportamiento del perro. Por lo tanto, no debes de seguir justificándolo. El fragmento entre corchetes sobra].

El perro se escondió tras uno de los tantos parapetos del jardín delantero, cerca al depósito de herramientas del jardinero. Y yo, aún con ganas arrasadoras de inconsciencia humana, me acerqué hasta su posición para ayudarlo. Pero mientras más lo hacía, más se quejaba. Era como si el animal estuviese viendo al mismo Señor de las Tinieblas o peor aún, al demonio quitador de vidas[;] -a la famosa Parca-.

[¡Los demonios vuelven a la carga! La expresión “Demonio quitador de vidas” me gusta, pero como ya te he comentado, abusas mucho de esa metáfora. Hay más seres de ultratumba sobre los que puedes hablar. Quedaría mejor si te refirieras a La Muerte como tal. El punto y coma que va después de “quitador de vidas” no es válido para esta construcción. Si usaras una coma quedaría mejor. “Señor de las Tinieblas” es un cargo, casi un nombre propio (lo mismo ocurre con "Parca"), y todos los sustantivos propios se escriben con mayúscula. Por lo demás, continúas metiéndonos en la trama poco a poco y sabes cómo mantener el suspense. ¡Muy bien].

En tales momentos me sentía culpable, por algo que jamás había hecho. Mi pasmo era seriamente notable, el sudor formaba caudales en mi cuerpo y mi alma sentía su tortura de la mejor manera. Todo por los gritos de dolor del maldito animal que en un principio quise ayudar y que en momentos [limítales] quise desterrar de la faz del universo, creado por algún dios que nunca dio a conocer su cara a los mortales.

[Aquí te has lucido. Sabes cómo contagiarnos la angustia del protagonista. Otro consejo: suprime la coma que va después de “culpable” y el párrafo te quedará redondo. Sustituye "limitales" por "límite". Queda mejor].

El can seguía gritando por mi presencia, no paraba, sólo tenía el plan de atormentarme con sus sonidos tan dolorosos para un humano digno de llamarlo como tal.

En un acto de sensaciones salvajes decidí acabar con la vida de aquel ser; que sin tener un título de naturalista podía decir que era un cachorro.

Enfilé hacia el depósito del jardinero para tomar alguna herramienta con la que pudiera dar fin a la penosa vida del animal. Una vez que encontré el arma perfecta (un hacha) movilicé nuevamente mi cuerpo para encontrar al perro que demostraba su sigilo tras una pared encubridora de seres vivos.

[¡Vas muy bien! Sólo tengo una objeción (no me la tomes muy en serio, es más por estética que por otra cosa): ese “hacha” que pones entre paréntesis no tiene porque ir en cursiva. Queda raro].

Pero cuando llegué hasta la posición del can, no pude encontrarlo. Miré hacia el portón principal y noté como el perro huía reacio a los problemas del mundo cotidiano y aliviado por no tener que compartir ni un segundo de tiempo junto a mi persona.

Ya con mi cólera de muerte apaciguada por la ausencia del animal adolorido, que [en tiempos pasados] causó tanto deterioro en mi pobre alma de hombre solitario, volví al sofá para seguir con mi trabajo de lucha contra los mundos de ensueño y de búsqueda en la televisión.

[¿"Tiempos pasados"? ¡Pero si apenas han transcurrido unos minutos desde que el protagonista empezó a oír los gemidos del perro! ¿Por qué no pruebas a sustituirlo por “momentos antes (...)”?].

Pero hubo algo en mi cuerpo que me causaba un extraño dolor, era como si mi tórax estuviese rebalsado en ríos de magma. El calor que sentía en tales momentos daba a entender a mi alma que me encontraba a distancias no tan lejanas del infierno.

Me dirigí al baño para lavar mi deteriorado rostro [careciente de caricias] femeninas Una vez terminé mi trabajo sanitario, por razones demoniacas me miré en el espejo. Y fue en aquellos momentos que todo se desmoronó, y que mi alma ya no necesitaba más de su móvil. Puesto que había pasado a otro lugar más propicio y fúnebre.

[Aunque se permite el uso de “careciente”, el término “carente” es el correcto. Por otro lado, pones dos parónimos uno al lado del otro (“carente de caricias”), lo que le da al texto un aire un poco extraño].

Mi rostro parecía estar estrujado por un cíclope con fuerzas desgarradoras, los pómulos estaban sobresalientes, las ojeras teñían mi piel y mi anatomía humana ya no era la de carne, piel y huesos; sólo era la de huesos y cutis. Era como si me hubiese convertido en un esqueleto andante con vida mortal.

[Me encanta esta descripción. ¡Muy bien!].

En tales momentos no comprendía [tal] situación tan decadente para un humano trivial. Lo único que avanzaba por los largos senderos de mi mente era dormir lo que más pudiese, para reconstituirme y así poder recobrar mi rostro pasado.

[En lugar de “tal situación (...)” quedaría mejor “una situación (...)”. Fíjate en el parónimo que se forma cuando juntas "tal situación tan decadente (...)". ¡Es imposible leerlo bien!].

Pero cuando abrí la puerta que me mostraría mi titánico cuarto, pude avistar lo más vacio para mi alma y los más trágico para mi tan completa carrera como mortal.

Era mi cuerpo, estaba tendido en la cama de sabanas blancas que se habían tornado color bermellón por la sangre seca que en el pasado fluyó por mis venas. Y al lado de mi cuerpo careciente de belleza, se podía ver el cuchillo que había actuado en el papel de causar la muerte a un ser vivo.

Cada día, mi deterioro me iba consumiendo como lo hacen las llamas en la materia. Cada día mi rostro se tornaba más y más fúnebre. Y siempre mi esqueleto daba un paso más para mostrar su comandancia en mi cuerpo fétido y agazapado por los hedores propios de un ser sin vida.

En cuanto al pobre animal que alguna vez quise matar, [me di cuenta] porque me temía tanto, me di cuenta de lo que yo era realmente. Pero en la actualidad, es mi mejor amigo. Ya que la calle que se hallaba frente a mi casa era muy transitada por automóviles[;-seguramente el pobre animal no se percató de esto-.

[En el mismo párrafo repites dos veces la expresión “me di cuenta”. Un despiste sin más. Prueba a sustituirlo por un “por fin supe porque me temía tanto (...)”. Los guiones que pones en la última oración no tienen razón de ser. Casi mejor que sustituyas el punto y coma que va después de "automóviles" por un punto y seguido, de manera que la cosa quede así "(....) era muy transitada por automóviles. Seguramente el pobre animal no se percató de esto (...)"].

Ahora, los dos vagamos por espacios impropios de la vida y él ya no me teme, sólo me mira perdido y a la vez con rumbo, como dándome esperanzas de que alguna vez volveremos a nacer. Y volveremos a inundar nuestras almas con el júbilo de estar vivos.

CONCLUSIÓN:

Un relato escrito al más puro estilo de Poe (es imposible no acordarse de "El Cuervo"). Sabes como captar la atmósfera y utilizas un vocabulario a la altura de la trama (aunque es cierto que a veces peca un poco de altisonante). La idea (un muerto que se da cuenta de que lo está gracias a la providencial aparición de un perro) es buena. Me gusta como concluyes la historia (al final el espíritu del perro se convierte en el compañero de fatigas del protagonista). Personalmente, cambiaría el título del relato y lo llamaría simplemente “El perro”, pero esto no deja de ser una opinión (la verdad es que, mira tú por dónde, le estoy empezando a coger gusto al título).

Apruebas (y con nota) el apartado argumental. Otra cosa es el estilo. En muchas ocasiones caes en el error de contarnos datos y situaciones que el lector ya da por sentadas (¡ojo a lo que te digo sobre a las redundancias!). También empleas un vocabulario muy técnico que a veces chirría un poco con el aire siniestro que quieres darle a la historia. Evitas repetir palabras. Eso está muy bien, pero debes hacer un mejor uso de los pronombres y no emplear tantos sinónimos a la hora de referirte a algo (en ocasiones, la lectura del relato es un poco farragosa). En lugar de embellecer el texto, procura darle algo más de agilidad. Así no cansarás tanto al lector.

No dudes en seguir escribiendo. ¡Ánimo y adelante! :-)
  • Podéis leer el relato tal y como lo concibió su autor aquí.

El can (Damian Fryderup)

Os presentamos el relato de Damian Fryderup "El can", texto con el que desempolvamos nuestra fallida sección de "Relatos Noveles". Como ya explicamos en su momento, el objetivo de esta propuesta no es otra que la de hacer un taller literario entre todos, fomentar la lectura de autores más o menos desconocidos y que nunca serían publicados por "Norma" y, ya de paso, pulir la escritura de esas promesas que pululan por la red. Porque aunque a veces nos llevemos las manos a la cabeza por las cosas que uno ve escritas por ahí, el talento no es algo inexistente. 

Así que sin más dilación, aquí tenemos el relato íntegro de nuestro amigo Damian. Próximamente subiremos otra versión en la que destacaremos (y siempre desde nuestro punto de vista) aquellos puntos qué podrían mejorarse, tanto argumentales como gramáticos.

EL CAN
por Damian Fryderup

[...] él ya no me teme, sólo me mira perdido y a la vez con rumbo, como dándome esperanzas de que alguna vez volveremos a nacer.

La lluvia efectuaba un complot con el gélido viento invernal, para avizorar a toda la hermosa ciudad en la que yo vivía. Era ya de noche, los nubarrones portadores de tormentas extremas para la condición humana, daban a conocer su reinado en el mundo.

Me encontraba en mi radiante hogar repleto de muebles suntuosos e inundado en cuadros de artes pasados que siguieron su trascendencia para llegar al mundo actual.

Trataba de captar algo en la caja boba, pero no podía conseguirlo. Estaba casi por dormirme, pero aún, tratando de luchar contra los demonios del ensueño que se aliaban entre sí, para desterrarme del vivir cotidiano y llevarme a los mundos oníricos.

Cuando mis dos fieles ojos color negro como las mismas sombras, estaban a punto de cerrarse por causa del sueño abrumador que estaba consumiendo mi alma, escuché un ruido de dolor.

Al parecer este ruido punzante provenía de las afueras de mi caserón, y por lo que mis oídos captadores de sonidos delirantes me decían en todos los idiomas conocidos por el hombre, el dueño de tal quejido era una animal, para ser más exacto era un can.

Por razones que aún desconozco, me dirigí hacia la puerta de enfrente para dar con el pobre animal; que se quejaba como si lo estuviesen torturando demonios provenientes del octavo círculo del infierno.

Ya estando frente a la puerta que daba hacia las afueras, tomé la manija e hice el movimiento exacto para poder salir hacia los exteriores, con el fin de conocer al perro que tanto se quejaba del dolor eterno que seguramente sentía.

Una vez estaba fuera de mi caserón, dueño de la protuberancia en toda la manzana, no pude dar con el perro que demostraba al mundo los gritos más desgarradores para la audición humana.

Sin saber qué hacer, al no sentir ningún tipo de sonido agónico efectuado por el ser de la decadencia, me puse en carrera para dirigirme nuevamente hacia el corazón de mi hogar. Pero cuando tan sólo di la vuelta para enfilar hasta mi objetivo, sentí nuevamente el grito doloroso del animal desamparado.

Esta vez pude encontrar al animal, y me dirigí rápidamente hacia su posición. El pobre animalito estaba cerca de un árbol ciclópeo que gobernaba en los jardines de mi hogar, y que demostraba a leguas sus años vividos en el mundo mortal.

El perro estaba orinándose en su lugar, sentado con el rabo vergonzoso escondido entre sus dos piernas de animal diminuto. Yo, en acto de humanidad me puse en el trámite de ayuda y en la piel de un ecologista al intentar ayudar al pobre mamífero adolorido por un sinfín de razones propias de un animal desahuciado.

Pero cuando quise socorrer al indefenso canino éste huyó con una velocidad tan extrema que hasta su alma dejó en aquel árbol vetusto.
 
Estaba atónito ante tal situación por el desprecio que tenía el perro hacia mi persona, y decidí seguirlo como un cazador sádico e inundado en sed de sangre incontrolable.

El perro se escondió tras uno de los tantos parapetos del jardín delantero, cerca al depósito de herramientas del jardinero. Y yo, aún con ganas arrasadoras de inconsciencia humana me acerqué hasta su posición para ayudarlo. Pero mientras más lo hacía, más se quejaba. Era como si el animal estuviese viendo al mismo señor de las tinieblas o peor aún al demonio quitador de vidas;-a la famosa parca-.

En tales momentos me sentía culpable, por algo que jamás había hecho. Mi pasmo era seriamente notable, el sudor formaba caudales en mi cuerpo y mi alma sentía su tortura de la mejor manera. Todo por los gritos de dolor del maldito animal que en un principio quise ayudar y que en momentos limítales quise desterrar de la faz del universo, creado por algún dios que nunca dio a conocer su cara a los mortales.

El can seguía gritando por mi presencia, no paraba, sólo tenía el plan de atormentarme con sus sonidos tan dolorosos para un humano digno de llamarlo como tal.

En un acto de sensaciones salvajes decidí acabar con la vida de aquel ser; que sin tener un título de naturalista podía decir que era un cachorro.

Enfilé hacia el depósito del jardinero para tomar alguna herramienta con la que pudiera dar fin a la penosa vida del animal. Una vez que encontré el arma perfecta (un hacha) movilicé nuevamente mi cuerpo para encontrar al perro que demostraba su sigilo tras una pared encubridora de seres vivos.

Pero cuando llegué hasta la posición del can, no pude encontrarlo. Miré hacia el portón principal y noté como el perro huía reacio a los problemas del mundo cotidiano y aliviado por no tener que compartir ni un segundo de tiempo junto a mi persona.

Ya con mi cólera de muerte apaciguada por la ausencia del animal adolorido, que en tiempos pasados causó tanto deterioro en mi pobre alma de hombre solitario, volví al sofá para seguir con mi trabajo de lucha contra los mundos de ensueño y de búsqueda en la televisión.

Pero hubo algo en mi cuerpo que me causaba un extraño dolor, era como si mi tórax estuviese rebalsado en ríos de magma. El calor que sentía en tales momentos daba a entender a mi alma que me encontraba a distancias no tan lejanas del infierno.

Me dirigí al baño para lavar mi deteriorado rostro careciente de caricias femeninas. Una vez terminé mi trabajo sanitario, por razones demoniacas me miré en el espejo. Y fue en aquellos momentos que todo se desmoronó, y que mi alma ya no necesitaba más de su móvil. Puesto que había pasado a otro lugar más propicio y fúnebre.

Mi rostro parecía estar estrujado por un cíclope con fuerzas desgarradoras, los pómulos estaban sobresalientes, las ojeras teñían mi piel y mi anatomía humana ya no era la de carne, piel y huesos; sólo era la de huesos y cutis. Era como si me hubiese convertido en un esqueleto andante con vida mortal.

En tales momentos no comprendía tal situación tan decadente para un humano trivial. Lo único que avanzaba por los largos senderos de mi mente era dormir lo que más pudiese, para reconstituirme y así poder recobrar mi rostro pasado.

Pero cuando abrí la puerta que me mostraría mi titánico cuarto, pude avistar lo más vacio para mi alma y los más trágico para mi tan completa carrera como mortal.

Era mi cuerpo, estaba tendido en la cama de sabanas blancas que se habían tornado color bermellón por la sangre seca que en el pasado fluyó por mis venas. Y al lado de mi cuerpo careciente de belleza, se podía ver el cuchillo que había actuado en el papel de causar la muerte a un ser vivo.

Cada día, mi deterioro me iba consumiendo como lo hacen las llamas en la materia. Cada día mi rostro se tornaba más y más fúnebre. Y siempre mi esqueleto daba un paso más para mostrar su comandancia en mi cuerpo fétido y agazapado por los hedores propios de un ser sin vida.

En cuanto al pobre animal que alguna vez quise matar, me di cuenta porque me temía tanto, me di cuenta de lo que yo era realmente. Pero en la actualidad, es mi mejor amigo. Ya que la calle que se hallaba frente a mi casa era muy transitada por automóviles;-seguramente el pobre animal no se percató de esto-.

Ahora, los dos vagamos por espacios impropios de la vida y él ya no me teme, sólo me mira perdido y a la vez con rumbo, como dándome esperanzas de que alguna vez volveremos a nacer. Y volveremos a inundar nuestras almas con el júbilo de estar vivos.  

domingo, 28 de octubre de 2012

Cisne Negro (Darren Aronofsky)

FICHA TÉCNICA:
  • País: Estados Unidos
  • Duración: 109 minutos
  • Género: Drama
  • Director: Darren Aronofsky
  • Guión: John McLaughlin, Mark Heyman, Andres Heinz (Argumento: Andres Heinz) 
  • Fotografía: Matthew Libatique 
  • Reparto: Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Winona Ryder, Barbara Hershey, Christopher Gartin y Sebastian Stan
UN DESCENSO A LOS INFIERNOS A RITMO DE VALS

Nina (Natalie Portman) es una de las bailarinas de ballet más prometedoras del panorama musical neoyorquino. Su sueño es alcanzar el estrellato y convertirse en la intérprete más grande de todos los tiempos. Y para ello está dispuesta a realizar toda una hazaña: interpretar al mismo tiempo a los cisnes Blanco y Negro del archiconocido ballet "El Lago de los Cisnes", algo que ningún intérprete ha hecho nunca.

Nina sabe que tiene una ardua tarea por delante y que el camino no será nada fácil. Lamentablemente, no contaba con la presión ejercida por su asfixiante madre y por las duras exigencias de su profesor, un tirano sin escrúpuculos que aprovecha cualquier ocasión para seducirla. Y cuando creía que las cosas no podían ponerse más difíciles, aparece una nueva compañera dispuesta a competir con ella por el liderazgo de la compañía. El cóctel resultante terminará destruyendo la mente de la bailarina, haciéndola incapaz de distinguir la realidad de la ficción.

Ninguna película ha dado tanto que hablar en los últimos años como "Cisne Negro", convirtiéndose, pese al escaso tiempo transcurrido desde su estreno, en todo un clásico. Y a ello ha contribuido no sólo su espectacular reparto (encabezado por una hermosísima Natalie Portman), sino también lo surrealista de algunas de sus escenas, las cuales han convertido a la cinta en un fiel reflejo del tenebroso mundo de la locura. Su inclusión en nuestro ciclo era, por lo tanto, más que obligatoria.

Por méritos propios, Natalie Portman se convierte en la dueña indiscutible de la función. Nadie como ella podía poner rostro a ese tímido y vulnerable Cisne Blanco al que cualquier príncipe desearía liberar del encantamiento... Lamentablemente, no podemos hacer nada para deshacer el embrujo y asistimos conmocionados a su brutal metamorfosis. El dulce rostro de Portman es testigo no sólo de su decadencia sino también de la del mundo que le rodea: corrupción, lascivia, represión... Casi sin darnos cuenta, notamos que Nina ha dejado de ser un encantador cisne de inmaculadas alas para terminar siendo devorada por ese pavoroso Cisne Negro al que tanto ansiaba por emular. Viéndola, es imposible no pensar en una muñeca abandonada a su suerte y a punto de ser hecha pedazos. Sin embargo, ¿acaso el estrellato no está lleno de juguetes rotos?

El último tercio de película supone un viaje sin billete de vuelta al reino de la demencia. El lirismo y la delicadeza se difuminan en un salvaje y bello frenesí. Nina termina consumiéndose a ojos del espectador, a quien hace partícipe de las oscuras visiones creadas por su trastornada mente. Y mientras contemplamos como esa orgía de sangre y retratos parlantes taladran nuestra psique, los acordes de "El Lago de los Cisnes" sirven  de preludio a lo que será una de las muertes más hermosas de la Historia, superando -tal vez- a la Isolda de Wagner o a la también desequilibrada Lucía de Lammermoor de Donizetti. Decididamente, la música de Tchaikovski nunca había sido tan inquietante ni había sonado tan bien.

martes, 23 de octubre de 2012

Sobre la locura...

EL AULA DE CINE DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA PRESENTA...

Del 29 al 31 de octubre de 2012, a partir de las 18:30 horas, en el Salón de Actos de la Facultad de Educación de la ULL

PROGRAMACIÓN

Lunes 29 de octubre
Cisne negro, de Darren Aronofsky 

Martes 30 de octubre
Una mente maravillosa, de Ron Howard 

Miércoles 31 de octubre
Doce monos, de Terry Gilliam

Más información en:

viernes, 5 de octubre de 2012

Diez Sombras en la Noche (Iván de los Ángeles Company)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Diez Sombras en la Noche
  • Autor: Iván de los Ángeles Company
  • Género: Terror
  • Precio: Papel (8 euros) / PDF (gratuito)
  • Número de páginas: 111
  • Valoración de Crítica Literaria Novel: 8
"ES EL MIEDO: TE ACOMPAÑA... TE SIGUE... TE PERTURBA... TE INUNDA... TE MATA..."

Viendo el programa que tenemos, cualquiera diría que estamos preparando Halloween con varias semanas de antelación. Y no es para menos, dado que hoy hablaremos de uno de los mejores recopilatorios de relatos de terror que hemos reseñado hasta la fecha (con permiso de "Fantasmagoría", de José Luis Romero Campillos). Y es que cuando nos dicen que detrás de "Diez sombras para la noche" se encuentra Iván de los Ángeles Company, ya sabemos que a lo que nos vamos a enfrentar va a ser sinónimo de diversión y entretenimiento. Credenciales no le faltan.

"Diez Sombras para la Noche" vio la luz en Bubok en 2009, convirtiéndose en uno de los trabajos más descargados de la Web y cosechando un gran éxito de crítica. El recopilatorio está formado por diez relatos de terror y misterio en los que Iván pone a prueba la valentía del lector. Extraterrestres con deseos de conquista, aparecidos de ultratumba que surgen de ninguna parte, psicópatas que se embarcan en una sangrienta "road movie"... No hay criatura o monstruo que escape a la prosa de nuestro autor.

La primera narración que nos encontraremos en este particular descenso a los infiernos será "El individuo". Como todo buen autor, Iván sabe que para atraer la atención de los lectores debe comenzar con un relato estremecedor e impactante a modo de obertura. Y "El individuo" cumple con esta premisa. Su lectura ya de por sí justifica la del resto del libro, encontrándonos con un texto redondo en todos los sentidos. No hay razones que justifiquen la aparición de esa espantosa criatura, y tampoco tenemos idea de lo qué es ni de dónde viene..."Simplemente, apareció..." nos cuenta Iván al comienzo del relato. Si no sabéis de lo que hablo, ya estáis tardando en leer el libro. Desde mi punto de vista, creo que es uno de los mejores cuentos de terror que hemos tenido la suerte de analizar, combinando con maestría el terror cotidiano con ese viaje hacia la locura en el que se embarca el desdichado protagonista. Con esta maravillosa pieza, la sinfonía del terror compuesta por Iván nos abre sus puertas para seguir adelante.

A "El individuo" le sigue "La sala de cine", un relato de fantasmas con un fortísimo sabor radiofónico (como deben de tenerlo todas las historias de espíritus). Con bastante pesar, hemos de reconocer que aquí el listón baja un poco, pero no nos importa. Sabemos que vamos a disfrutar de una buena historia de fantasmas y eso es lo que cuenta. No importa que el tono de la narración nos recuerde al de un reportaje de mi admirado Íker Jiménez o que la historia en algunos tramos haga uso de algunos tópicos. Hemos venido a pasarlo bien y punto. Eso sí, antes de entrar en una sala de cine, aseguraros de que no estáis solos...

"La sala de cine" nos permite tomar aliento para comenzar con el espeluznante "Almas sin ley". Y es que de la misma forma que nadie puede escuchar nuestros gritos en el espacio, nuestros alaridos tampoco serán escuchados en el inmenso desierto americano... "Almas sin ley" retoma el ritmo iniciado por "El individuo" y nos pone de nuevo en marcha. En esta ocasión nos encontramos recorriendo las solitarias carreteras del sur de Estados en compañía de unos jóvenes muy seguros de sí mismos... Quizá demasiado. Viven al límite, sin importarles el mañana y lo que les deparará el futuro. Tampoco es que les importe mucho, ya que siempre habrá pardillos dispuestos a pagar los platos rotos. Es una pena que Mary no alcance a comprender el verdadero carácter de su nuevos amigos. Y pagará muy caro semejante error.

Con "El despertar de Duathotep" nos trasladamos a un apocalíptico futuro en el que los humanos estamos en guerra con una raza de alienígenas que han invadido nuestro planeta. Mientras que poderosas naves de combate surcan el espacio, las antiguas Pirámides de Egipto contemplan impasibles el paso del tiempo. Sin embargo, las cosas están a punto de cambiar, puesto que un nuevo bando entrará en liza y trastocará para siempre el curso del conflicto. Y lo peor es que ni aliens ni humanos serán conscientes de ello. Emocionante relatos con tintes de "Stargate" que nos dejará sin respiración.

Los fantasmas vuelven a rondar por nuestra casa gracias a "Invocación equivocada" y "La espiritista". Si en el primero nos encontraremos ante el mito de "La Verónica" (la despiadada protagonita de cientos de leyendas urbanas y a la que Iván no duda en referirse como "la novia del Diablo"), en el segundo seremos testigos de una venganza de ultratumba contra una intrépida médium. Ambos relatos, escritos en primera persona, vienen presentados bajo la forma de un diario en el que sus protagonistas tratan de buscar una solución ante las terribles fuerzas que se han desencadenado contra ellos. Precisamente este recurso es el principal punto débil de ambos textos: el estilo personal e intimista (añejo en definitiva) de un diario no casa con la atribulada mente de un estudiante de instituto ni con una espiritista cuyo oficio es quizá uno de lo más detestados del mundo. Vemos como ambos personajes se expresan de una forma impropia de su idiosincracia, más propia del lenguaje de otros tiempos. No obstante, ambos relatos cumplen. ¡Y de qué forma, señores! "Invocación equivocada" nos pondrá los pelos como escarpias gracias a esas llamadas telefónicas, y en cuanto a "La espiritista"... Bueno, cuesta ponerse en la piel de una charlatana que cree hablar con los muertos, pero por el bien del relato debemos suponer que así es. Quizá no sea el mejor cuento de todo el volumen (también nos chirría un poco la presencia de ese especialista que ayuda a resolver el caso), pero con esta historia Iván nos demuestra que es un entendido en materia de espíritus o posesiones fantasmales. Influencias cinéfilas y literarias no deben faltarle.

"Feliz cumpleaños, Zafiro" es un viejo conocido nuestro, dado que tuvimos la suerte de leerlo durante la primera temporada del Concurso de Relatos Bubok (2008/2009). La venganza vuelve a planear sobre un relato en el que la locura y los traumas infantiles tienen mucho que ver.

¡Y llegamos a "Necro", el más largo de todos los relatos que figuran en la antología! En esta ocasión nos encontramos con una secta de orígenes desconocidos (¡ejem!) que siembra el terror en los apartados cultivos del mediodía valenciano. Con "Necro", Iván alcanza su madurez como autor, ofreciéndonos una historia brutal en la que no deja títere con cabeza. Los dos jóvenes protagonistas del texto sufren en carne propia los desmanes de unos sectarios cuya única meta es la anarquía y la destrucción. Iván se deshace de cualquier "cliché" y tortura a sus personajes, independientemente de que éstos sean niños o no. Algo similar nos había ocurrido cuando en su momento analizamos "La vida muerta". La utilización de este recurso le da un toque bastante maduro y realista a la trama, alejándonos de esos finales afortunados con los que el cine no deja de bombadearnos. Se agradece encontrar algo de crudeza en un texto, siendo éste el colofón perfecto para una historia perfecta.

Con "Perpendicular" tendremos la sensación de que nos metemos dentro de un capítulo de "Más allá del límite". En esta ocasión nuestro autor juega con la existencia de mundos paralelos y alternativos, poniéndonos en la piel de dos científicos que lo han dado todo por la ciencia y el conocimiento. La premisa es simple: cualquier acción en nuestra realidad repercutirá en las realidades adyacentes, yendo desde los cambios más insignificantes hasta los más complejos. ¿Y si en vez de levantarnos esta mañana a las siete lo hubiéramos hecho a las ocho? ¿Y si en vez de cruzar la calle para ir al trabajo hubiéramos ido por otro sitio distinto? ¿Y si, en lugar de nuestra novia, nos hubiéramos enamorado de otra persona? ¿Y si Bender midiera cien metros de alto...? ¡Vale, vale! ¡Veo que ya habéis pillado el mensaje! Hacernos estas preguntas llega de verdad a sobrecogernos. ¡E Iván lo sabe muy bien!

En resumidas cuentas, "Perpendicular" es uno de esos relatos que nos cuesta mucho encarar (es muy difícil aceptar que una sola teoría puede explicar todos los fenómenos paranormales existentes). Sin embargo, una vez aceptada la trama no nos cansaremos de releerlo, disfrutando de una historia tan atractiva como entretenida.

La última sombra de esta madrugada infernal que veremos deslizarse ante nosotros será "El sujeto". Cerrando el desfile de estos personajes malditos, Iván nos muestra a un científico que, enarbolando la bandera de la ciencia, da rienda suelta a su sadismo, negándose a reconocer que hace tiempo que perdió el norte y que se ha convertido en un monstruo. Y no es para menos, dado que las víctimas de sus experimentos son seres humanos. Con lo que nuestro "héroe" no cuenta es que toda acción tiene su recompensa o su castigo. Ya sea en esta vida... o en la otra.

CONCLUSIÓN:

Con "Diez sombras..." Iván nos demuestra que está aquí para quedarse, convirtiéndose en el único autor que ha conseguido colarse tres veces en nuestro escaparate. Su proyección como autor es tremendamente amplia y su juventud es ahora mismo una de sus mejores armas, lo que nos asegura que en el futuro habrá más y mejor.

¿Posibles pegas del libro? Es cierto que en algunos relatos el desarrollo nos llega a resultar algo forzado (a "La espiritista" me remito) mientras que otros pasarán sin pena ni gloria por nuestra memoria (es el caso de "El sujeto"). No obstante, la presencia de maravillas como "El individuo", "Necro" o "Almas sin ley" justifican la lectura del libro y lo convierten en uno de los mejores trabajos del autor valenciano.

En lo que respecta al apartado formal, yo personalmente hubiera suprimido los epígrafes e imágenes que preceden a cada relato, y que le dan al conjunto un toque de "revista" que, en ocasiones, nos impide tomarnos en serio algunos de los cuentos. Por otro lado, este problema queda solventado por la impresionante portada que adorna el libro y que le da un acabado de lo más profesional. Sin temor a equivocarnos, podemos decir que es una de las mejores portadas con la que nos hemos cruzado.

Unos relatos repletos de misterio y ágilmente escritos, un talento que amenaza con despegar y mostrarnos más cosas en el futuro, una prosa excelentemente trazada... Todas estas cosas y muchas más convierten a "Diez Sombras en la Noche" en un clásico imprescindible en cualquier biblioteca virtual. ¡A por él!

miércoles, 3 de octubre de 2012

Los sueños de conquista de Intereconomía

A día de hoy, no creo que haya algo que me haga reír más que Intereconomía, el único canal cuya programación está dedicada cien por cien al humor y al entretenimiento... Bueno, no... Por ahí tienen un programa de chistes y parodias que no tiene ni puta gracia, pero el resto de sus emisiones son canela fina, todo un ejemplo de como el humor chanante ha creado escuela. Y el caso es que tocan todos los géneros: desde el humor inteligente (cuyo máximo exponente son los monólogos de Mario Conde) hasta el fisico (yo no sé ustedes, pero a Más se perdió en Cuba sólo le falta una sección que permita a sus contertulios arrojarse pasteles a la cara, porque vaya panda de payasos...).

Fieles a su sentido del humor, no han dudado en tirar de su afilada ironía para darnos el siguiente notición. Y es que estos tíos te hablan tan en serio que casi hace que nos lo creamos y todo.


Pensábamos llamar a Yao Ming, pero gracias a las meteduras de pata de Rajoy, el pobre está de trabajo hasta arríba.

Una de dos: o se creen que somos tontos, o esta gente está todo el día de farra. Lo más gracioso de todo es que la noticia continúa diciéndonos que, dependiendo de su franja horaria, la cuota de pantalla de sus informativos oscila entre el 1,7% y el 1,5%, haciéndonos ver que son unos datos excelentes y por los que  hay que sacar el champán y los tanques a la calle... La pena es que después viene Formula TV y nos dice que el telediario de  La 1 se lleva el gato al agua (¡Ja, ja, ja! ¡"El gato al agua"! ¿Lo pilláis? quiño, guiño, codazo, guiño...) con un 16% de share... ¡Ay, Dios! ¡Es tan bonito soñar...!

Como está la cosa, al menos vamos a dejarles presumir de algo...

martes, 2 de octubre de 2012

Las diez series de animación más vomitivas y nauseabundas del mundo mundial (II)

¡De puta madre! Denver hasta arriba de marihuana, hachís y alcohol. ¡Todo un ejemplo para los niños!

Remontémonos a una época tan lejana como misteriosa... a una época en la que los grandes reptiles dominaban la televisión... a una época en la que la mierda se había vestido de verde... Pero de un verde de esos que te obligan a encerrarte en el baño y a no salir de él ni en tres semanas. En uno de esos inesperados giros del destino, da la casualidad de que en nuestro ranking de "series chorras" se han colado dos pesos pesados dispuestos a combatir por ver cuál de los dos es el más imbécil. Y, siendo sinceros, viendo la calidad de los dos productos uno no puede menos que tomar antibióticos al ajillo. Si "Parque Jurásico" nos alegró la infancia a muchos, estas series nos convirtieron en adultos de la noche a la mañana. Después de esto, y para muchos de nosotros, los dibujos animados murieron definitivamente.

8- Denver, el último dinosaurio

"¡Voy hasta el culo de pastillas! ¡Rock and Roll!"

¡Oh, sí! De pequeño, y como todo buen chaval que se precie, adoraba los dinosaurios (ya os comenté algo al respecto cuando reseñé "Aztec Rex") y claro, todo cuanto tuviera que ver con ellos era de obligada referencia y visionado. Daba igual que fuera la basura más gorda del universo. Si salían dinosaurios, el éxito ya estaba asegurado. Pero claro, los años no pasan en balde, y aunque todavía le sigo teniendo un especial cariño a estos animales, no ocurre lo mismo con las series infantiles con las que crecí. Y "Denver, el último dinosaurio" es una de ellas.

Mi primera experiencia con esta serie se remonta a mis siete u ocho años. Por entonces, "Parque Jurásico" estaba de moda y Antena 3, en uno de esos alardes de oportunismo que tanto la caracterizan, decidió emitir este pedazo de mierda frita durante la mañana de los fines de semana. Y a pesar de lo limitado del argumento, la cosa se extendió en el tiempo hasta límites insoportables, reponiéndose una y otra vez hasta fechas tan tardías como 1997. Y esto, teniendo en cuenta el tiempo que había pasado desde el final de la "Dinomanía" y la propia edad de la serie (si no recuerdo mal, fue cancelada en 1988), era todo un logro (o una malévola estrategia de Antena 3 para tenernos como gilipollas delante de la pantalla del televisor todos los sábados).

El precio de la fama: Denver pillado en porretas en mitad de la playa de Las Canteras. ¡Chúpate ésa, Interviú!

No me malinterpreten. La serie en sí no estaba tan mal (un huevo de dinosaurio sobrevive a la extinción del Cretácico y eclosiona millones de años después, justo cuando unos adolescentes en bicicleta se lo encuentran con la misma facilidad con la que uno se asoma al balcón para ver la última bronca que está teniendo lugar en el bar de la esquina). El problema estaba en que el dinosaurio de marras era la cosa más jodidamente irritante del mundo, comunicándose con sus nuevos amiguitos mediante unos gruñidos tan inquietantes como un desnudo de Leticia Sabater (y no hablo de sus años mozos, cuidado). Por si fuera poco, el doblaje latino tampoco ayudaba mucho, escuchando cosas del tipo "¡Qué bueno que llegaste, Denver!" o exabruptos psicófonicos como "¡Mi emparedado de crema de cacahuete!" por lo menos media docena de veces. Luego también estaban los protagonistas, todos ellos candidatos a la cámara de gas e igual de irritantes que el jodido dinosaurio, encontrándonos con una colección de estereotipos que nos enseñan lo guay que es ser joven en Estados Unidos y lo sano que resulta no drogarse ni acostarse con la vecina del quinto. Moralina barata, barata, oiga... Detenerse a hablar de semejante atajo de disminuidos psíquicos sólo significaría perder el tiempo. Sólo les diré que, a su lado, hasta los retrasados protagonistas de Scooby Doo parecerían tener dos carreras y un doctorado.

Sodomía televisiva (fotograma anteriormente conocido como "violación prehistórica").

Y el guión... ¡Oh, Dios! El guión era verdadera carne de psiquiátrico, una basuraza inmunda ideal para pudrir el cerebro de los chavales e invitarles a que se rompan la crisma subiéndose sobre un monopatín. De esta manera, tenemos a Denver intentando resolver el misterio de un teatro encantado, convirtiéndose en una estrella de la música Pop o siendo sodomizado por uno de sus compañeros de aventuras. Todo a ritmo de un rock and roll tan burdo y "sano" que casi dan ganas de arrancarse los oídos y violar a todos los pacientes de un geriátrico. Guitarra elécrica en mano, Denver se encargó de arruinar los sueños musicales de toda una generación, propiciando el suicidio de Kurt Cobain y el posterior auge de la música latina. Lo dicho, una mierda del tamaño de un piano.

7- Glotosaurio

Glotosaurio: Enseñando a tus hijos el camino de la bulimia y otros desórdenes alimenticios desde 1996.

Conocido como el hermano retrasado (¿más todavía?) y especial de Denver, a los creadores de "Glotosaurio" se les tendría que caer el pelo y la cara de vergüenza. Y se les tendría que morir la abuela y el gato, porque lo de esta gente no tiene nombre. Así de simple. Ahora la pregunta del millón es: ¿qué coño es "Glotosaurio"?

La pregunta tiene su aquel, dado que esta serie la conoce tan poca gente que muchos han llegado incluso a plantearse su existencia. Pero sí, "Glotosaurio" existe y es real. Tan real que dan ganas de suicidarse cuando vemos sus nauseabundos créditos de inicio, en los que aparecen cinco bichejos subidos a una furgoneta hippie y a la que cualquiera en su sano juicio prendería fuego. Destinada a un público muy infantil, "Glotosaurio" torturó nuestras jóvenes mentes durante la segunda mitad de la década de los 90. Por aquellos tiempos, La 2 solía emitirla sin horario fijo, a modo de bocadillo entre una serie y otra. Y "Glotomierda" cumplía su cometido, dado que cada episodio no duraba más de diez minutos. Y el argumento de cada capítulo era para mear sangre y que te enterraran al día siguiente.

El hermano autista de Roger Smith.

Como ya habrá adivinado el lector, los protagonistas de la historia eran los bichos que aparecían montados en la furgoneta de los créditos, teniendo cada uno de ellos una personalidad bien definida: tenemos, por ejemplo, a un pterodáctilo bromista con menos gracia que un chiste sobre el VIH (que por cierto, se llama "Bromidáctil"... ¡Ja, ja, ja! ¿Lo pilláis? "Bromi" y "dáctil". ¡Me parto y me mondo!); a un dinosaurio afeminado y sensible con una boina francesa y que ama el arte (¡Oh, sí! ¡Me encantan los estereotipos raciales! ¿Dónde metieron al diplodocus alemán antisemita y con camisa parda? ¿Y al triceratops español que escucha flamenco, vive con sus padres y se ve obligado a emigrar porque no encuentra trabajo en su pueblo?); también tenemos a otro mostrenco al que le gusta hacer deporte; a otro que parece ser el único heterosexual del grupo; y, por supuesto, a Glotosaurio, el protagonista de este monumento al mal gusto. ¿Cómo? ¿Que qué puñetas pintaba el personaje en toda historia? Pues pasearse de arriba a abajo con su enorme cara de gilipollas y babear como un prepúber ante las últimas fotos de Yola Berrocal cuando pasaba por delante de una "dinopastelería" (no puedo creerme que haya escrito esto último...). Básicamente eso.

 ¡Dios, cómo te odio...!

Si esta serie no ocupa el número uno de la lista es porque en España hicimos cosas MUCHÍSIMO peores (y ya sabéis a lo que me estoy refiriendo...): la animación, horrenda a más no poder, era simple y repetitiva; las voces, dobladas siempre por el mismo puto doblador y a ritmo de cuento infantil, eran espantosas y subnormalizantes; la trama era prácticamente inexistente (aunque tampoco es que esperáramos mucho, todo hay que decirlo), limitándose a contar a los chavales una sarta de chorradas que no interesaban a nadie... Explicar semejante esperpento sólo sería posible en la consulta de un psicólogo y con muñecos. En fin, un horror.