jueves, 29 de noviembre de 2012

Presentación de "De la vida y la muerte", de Josep-Albert González


Tenemos el placer de informaros que el próximo sábado, 1 de diciembre, tendrá lugar la presentación online de la novela "De la vida y la muerte", del autor Josep-Albert González.

La novela pertenece al grupo editorial Valentía Autores (fundado por el propio Josep), sello que ha publicado, entre otros, a viejos conocidos de Crítica Literaria, como Díaz de Tuesta ("Signos para la noche") y José Luis Romero Campillos ("Fantasmagoría").  

Valentía Autores supone una renovación dentro del panorama de la literatura amateur, facilitando a jóvenes (y no tan jóvenes) talentos literarios el acceso al mundo editorial. Entre sus propuestas se encuentran la edición tradicional, el archivo electrónico y sus célebres y cuidados audiolibros (para cuya realización cuentan con todo un elenco de músicos y actores). Su oferta también incluye la convocatoria de diferentes certámenes de narrativa y poesía ("Sueños de opio", "Vórtice", "Demiurgo", "Ciudadela"...) y la realización de talleres literarios a distancia.

Desde aquí le deseamos a Josep el mayor de los éxitos. ¡Muchísima suerte, compañero!

martes, 27 de noviembre de 2012

Cinco años de carrera para esto...

A lo que hemos llegado... ¿Alguien me explica esto? Porque yo no le veo la gracia por ningún lado:


¡Qué bien! Cinco años de estudios universitarios (y lo que nos queda) para terminar de botones en la Casa de la Bernarda... Hagan pasar a Pickard, por favor...

"¡Que se los meta por donde descargan los camiones!"

Pues eso. Que tengan feliz semana.

lunes, 26 de noviembre de 2012

La última isla (Luis Baselga)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: La última isla
  • Autor: Luis Baselga Calvo
  • Género: Novela / Ciencia Ficción / Aventuras
  • Precio: Papel (18 euros) / Formato digital (2,96 euros)
  • Número de páginas: 326 páginas (formato PDF)
  • Editorial: Ediciones Hades
  • Valoración: 4,5
Advertencia: Con el fin de facilitar al autor aquellos puntos que, en mi opinión, podrían mejorarse (así como exponer de forma más clara y concisa la trama), esta crítica contiene spoilers a mansalva, de manera que si te interesa leer el libro... ¡deja de leer inmediatamente! ¡Gracias!

Finales de 1999. Una flota de naves alienígenas se acerca a la Tierra dispuesta a barrer cualquier rastro de vida humana sobre su superficie. La llegada de los invasores está prevista para el año 2012 y nadie es consciente de la terrible amenaza que se cierne sobre el planeta... Hasta que Juan Guzmán, colaborador del Programa SETI y uno de los investigadores más brillantes de nuestra época, descubre los malévolos planes de la avanzadilla alien y decide organizar un grupo de resistencia. Para ello contará con la ayuda de los mejores científicos de cada área, desde físicos hasta biólogos, pasando por antropólogos, ingenieros... ¡Y mercenarios expertos en armamento y técnicas de guerrilla! Cualquier ayuda es poca para hacer frente a las aviesas intenciones de una civilización extraterrestre mucho (¡muchísimo!) más avanzada que la nuestra.

Convencidos de que la derrota es inevitable, Guzmán y sus amigos deciden retirarse a una apartada isla del Océano Índico para construir allí el último bastión defensivo de la Humanidad. Y como en la "Utopía" de Tomás Moro, el conocimiento y el progreso serán los estandartes que marcarán el inicio de una reconquista que promete ser larga.

Varios de los elementos que aparecen en la novela nos recuerdan irremediablemente a las obras de Verne o Salgari. Pese a que el estilo de Luis está muy lejos de parecerse al de estos autores (desafortunadamente, no cuenta con su misma agilidad narrativa y tampoco es que la estructura del libro se preste muy bien a ello), sí es cierto que el concepto de "novela de aventuras" está presente en todo el trabajo. Y eso lo vemos, por ejemplo, en pasajes como el que protagonizan nuestros héroes cuando deciden explorar la isla, o bien en su primera confrontación con los arquilianos. Por otro lado, la influencia del cine o la televisión es más que notable, encontrándonos con situaciones que nos recordarán a películas como Stargate (y nos referimos tanto al filme como a las sucesivas series de TV que han ido sacando a lo largo de los años, como es el caso de Atlantis), Independence Day, Campo de batalla: la Tierra (un referente bastante malo, la verdad), la aclamada (y a veces incómoda) Más allá del límite e incluso pinceladas de videojuegos como el fantástico Perfect Dark. Si tuviéramos que definir el libro con una frase, lo haríamos con un rotundo "Cuando Julio Verne conoció a Roland Emmerich". 

Ahora bien, desde mi punto de vista, el libro contiene muchísimos apartados que podrían mejorarse. Y hablamos tanto de la trama como del propio estilo del autor. Sin ir más lejos, tenemos una historia repleta de agujeros argumentales que, en algunos casos, llega a resultar irreal (cuando no absurda), y que arrastra, por consiguiente, a todo lo demás: personajes, descripciones, pasajes... El tono de la narración (en tiempo presente) tampoco es que nos ayude a meternos en situación, pero será mejor que vayamos por partes.

Empecemos con la trama. La novela parte de una idea muy interesante. Es cierto que muchos pensarán que el tema de una invasión extraterrestre ya está muy visto, pero no creo que esto importe demasiado. Una invasión es una invasión. Da igual que ya nos lo hayan contado antes. La personalidad de cada autor siempre hará de una historia algo nuevo y especial. Personalmente, disfruto mucho de estas historias y el caso de la novela de Luis no es una excepción. El esfuerzo se le reconoce.

El problema viene cuando, en lugar de enfrentarnos a una invasión alienígena, lo hacemos con una infinidad de agujeros argumentales. Ya desde las primeras páginas nos llevamos las manos a la cabeza. Accidentalmente, Guzmán recibe una comunicación extraterrestre que pronostica el fin del mundo en 2012. Consciente de la gravedad del momento, llama a sus compañeros para que confirmen sus datos. Hasta aquí todo bien... Ahora viene el momento de tomar una decisión: ¿Qué es lo normal en estos casos? ¿Avisar a las autoridades y que ellos se hagan cargo de la situación? Pues sí, sería lo más lógico. Además, seguro que incluirían a nuestros héroes en un hipotético proyecto de defensa (si no, está claro que no habría novela). Pues no. Para empezar, lo primero que se les ocurre es ocultar la información y organizar un cónclave de mentes pensantes. ¿Y qué sacan en claro de esa reunión? Pues que la guerra está perdida (!) y que nos les queda más remedio que fundar un grupo de guerrilla interestelar  Aunque lo mejor es ver cómo todos aceptan con naturalidad la situación. Sí, hay algunos gestos de incredulidad pero el optimismo es la nota predominante (algún día venceremos -afirma JB y levanta los dedos con la “V” de victoria). Pese a tratarse de un grupo de personas que apenas se conocen entre ellas, la camaradería y el buen rollo abundan por doquier. 

El resultado de esta reunión lo veremos un par de años después: gracias a una tecnología sacada de Dios sabe dónde, Guzmán y compañía han convertido una remota isla del Pacífico en un búnker inexpugnable en la que disponen de aeronaves capaces de llegar al espacio. Nadie conoce su localización. Ni siquiera China, Estados Unidos o Rusia, países en los que parece que la investigación y los avances científicos están prohibidos... Lo que guardan los laboratorios chinos o estadounidenses carece de importancia para los protagonistas. No, hay que empezar de cero y nadie debe enterarse de lo qué pasa. Si la invasión nos coge con la mitad de las cosas por hacer, no será culpa nuestra.

Veamos... Entiendo que la intención de Luis era crear una historia desprovista de cualquier significado político. Ningún país debería de llevar el peso de la defensa de la Humanidad, teniendo esta última un carácter universal (nunca mejor dicho). Pero los planes defensivos trazados por estos científicos repentinamente metidos a soldados bordean lo ridículo. ¿Por qué no informar a la ONU de lo qué ocurre? La propia ONU tiene un departamento dedicado a qué hacer en caso de contactar con una civilización extraterrestre. ¿Por qué no colaborar con la NASA o la Agencia Espacial Europea? ¿Acaso un profesor universitario cuenta con muchísimos más medios de los que disponen estas agencias? ¡Caramba, para que luego digan que nos recortan en investigación! ¿Por qué no organizar una defensa global en coordinación con los países más poderosos del mundo? Sí, vale, estoy seguro de que tarde o temprano hubieran surgido diferencias entre unos y otros, pero no es tan absurdo como fundar una colonia futurista y ultrasecreta en medio de ninguna parte. ¿Qué es mejor: a) poner todos los recursos económicos del planeta al servicio de su defensa o b) confiar tal misión a un desconocido empresario del que nadie sabe absolutamente nada (con todas las limitaciones logísticas y de tiempo que eso conlleva)? Y esto es sólo por poner algunos ejemplos.

Tales cuestiones se cargan el argumento a los pocos segundos de empezar la lectura. Pongámonos en situación: un meteorito se acerca a la Tierra y el futuro está en manos del astrónomo que lo ha descubierto. ¿Qué es lo más sensato: a) avisar a la NASA o b) que él mismo se saque de la manga un escudo antimisiles para desviarlo (todo ello llevado a cabo con el mayor de los secretos, cuidado)? Pues eso. Personalmente, creo que, de haberse tenido en cuenta los puntos que enumeraba anteriormente, la novela hubiera salido más larga y compleja, sí, pero también más realista y mucho más seria (casi tanto como un novela de Carl Sagan). Es más, hubiera sido un interesante retrato de cómo nos comportamos cuando estamos a punto de desaparecer como especie. Las posibilidades de profundizar en esta cuestión habrían sido infinitas y fascinantes. Pero en lugar de ello, Luis prefirió simplificar la historia con el resultado que ya hemos expuesto. Lo dicho, una pena.

Por no hablar de esa sociedad perfecta y elitista que vive en la isla. Sólo los elegidos por el comité de sabios puede sobrevivir. Empezamos mal. Ver a unos personajes normales y corrientes actuando como dioses es algo con lo que no puedo. ¿Quién demonios les ha dejado al mando? ¿Y cómo pueden permitirse bromear cuando han sentenciado a muerte al 99% de la Humanidad? Las bromas que el equipo de protagonistas intercambian entre ellos llegan a resultarnos incómodas e inmorales. Esto nos lleva a plantearnos lo siguiente (y que, de paso, entronca con lo que comentábamos antes): si tenían tanto interés en que la Humanidad sobreviviera, ¿por qué con contactaron con los gobiernos de todo el mundo para salvar al máximo número de personas? A mayor número de supervivientes, mayores posibilidades de organizar un contraataque, ¿no? Mientras los arquilianos lanzan su ofensiva, vemos cómo los héroes se lamentan ante el exterminio: "¡Que pare tanta muerte inútil!", "¡Cuánta vida desperdiciada!", "¡Pagarán por lo que están haciendo!"... ¡Pero si sois vosotros los responsables de lo que está pasando! ¡Sois vosotros los que habéis dado la espalda a la mitad del planeta! ¡Sabíais que esto iba a pasar y os lo callasteis! ¿A santo de qué lamentarse entonces?

Sorprende ver cómo los personajes van del llanto a la alegría en apenas un par de líneas. Un ejemplo: poco después del ataque arquiliano, las naves alienígenas van tomando posiciones sobre el planeta. Nuestros héroes piensan que es la ocasión perfecta para derribar una de ellas y se lanzan a la ofensiva. El problema está en que en esa nave hay medio millón de personas que, antes del ataque, habían sido abducidas por los aliens de cara a esclavizarlos. Lo que prometía ser una decisión que torturaría las conciencias de los "protas" se convierte en una mera anécdota cuando reducen la nave a escombros. Ni una lágrima por los rehenes que iban dentro, ni un sólo remordimiento... Después de todo, ¿qué más da? Era necesario. Punto y final. ¿Lo del Enola Gay e Hiroshima? Una tontería al lado de esto. Menos mal que Suki va a estar ahí para alegrarnos el día con sus bromas.

Lo cierto es que merece la pena profundizar en esta cuestión, dado que no es la primera vez que veo algo similar. Basta con remontarse a la primera temporada Galáctica: Estrella de Combate, la nueva (y maravillosa) versión del clásico de los 70. En uno de sus capítulos, Lee Adama, protagonista de la serie, se ve obligado a destruir una nave civil que, en teoría, está controlada por el enemigo. Adama cumple con su misión, pero la culpabilidad le persigue a lo largo de varios capítulos, algo que, por otro lado, es completamente normal. Sin embargo, en la novela de Luis no ocurre eso. Ni siquiera hay un minuto de silencio por las víctimas. No hay dramatismo. El espectáculo debe continuar.

Las Leyes de la Improbabilidad se llevan muy bien con los agujeros en la trama. Y esto queda demostrado cuando una expedición localiza en la isla los vestigios de otra raza extraterrestre que se refugió en la Tierra tras haber sido aniquilada por los arquilianos. No podían haberlo hecho en otro lugar del mundo, no... Tenía que ser en la propia isla. De verdad, me gustan estos giros argumentales, pero sorprende ver lo fácil que encajan todas las piezas. Este tipo de cosas le resta verosimilitud a la trama y hace que no podamos tomarla en serio. En mi opinión, creo que había otras formas de solucionar esta cuestión (un descubrimiento fortuito, la entrada en liza de un último superviviente de esa raza, entre otros). Hay que evitar caer en el error de crear una trama extremadamente compleja, pero también hay que respetar la inteligencia del lector.

Pasemos ahora a analizar a los personajes. Es muy difícil seguir correctamente el hilo a una novela que cuenta con más de catorce protagonistas... Y más cuando su descripción es vaga y superficial, encontrándonos con un esbozo de lo que podían haber sido. En ocasiones, cuesta muchísimo poner rostro a los personajes y, a veces, incluso olvidamos quién es quién. Da la sensación de que Luis pretende ser Verne sin conseguirlo. Este es otro de los grandes problemas de la novela: los personajes carecen de vida. Si ahora mismo me preguntaran por ellos sólo sería capaz de nombrar a unos pocos: Juan Guzmán, el descubridor de la señal extraterrestre; Suki, el (insoportable) bromista del grupo; Azriel, el multimillonario; y John Breita, el especialista en armamento. El resto no son más que meras comparsas. En una novela, un personaje debe definirse por lo que hace, y no puede decirse que el resto del elenco haga mucho más. Es más: hay personajes que mueren en el curso de la historia y en ningún caso llegamos a sentir su pérdida... Esto es así porque, sencillamente, ni siquiera llegamos a conocerlos. Para solventar este problema, recomendaría una división del libro atendiendo a la importancia que los personajes juegan en la trama (algo así como en Juego de Tronos). De esta forma, el autor tendría más tiempo para explayarse en su descripción (cosa que aquí no hace) y acercarnos más a ellos. 

Si los personajes no aparecen muy bien descritos, la narración no se queda atrás. Es cierto que Luis profundiza mucho en determinados aspectos científicos (lo que nos vuelve a recordar a Verne), pero no sucede lo mismo con la descripción que hace del entorno en el que se mueven sus personajes. Las descripciones son bastante primarias y en ocasiones algo forzadas. El peso de las mismas es llevada por los protagonistas, pero si éstos aparecen mal perfilados ya podemos imaginarnos lo demás. Todo en esta novela sucede de forma muy rápida. No hay necesidad de ir a doscientos por hora. Es necesario que el autor se detenga y haga las consiguientes pausas para respirar. Así nosotros también respiraremos. También le pido a Luis un mayor esfuerzo a la hora de describir a sus alienígenas. Que las dos especies que aparecen en el texto tengan más o menos la misma apariencia (para que os hagáis una idea, son como los humanos pero un poco más altos) denota una gran falta de imaginación o bien una limitación del lenguaje descriptivo (lo mismo que le sucede a los directores de pelis de Serie B, vaya).

No me gustaría terminar sin antes hablar un poco de la estructura del texto. Luis utiliza el Presente de Indicativo para contar su historia, algo que tal vez puede resultar chirriante si tenemos en cuenta que la novela comienza en el 2049 y que los hechos relativos a la invasión hace años que tuvieron lugar. Esta perspectiva Presente/Futuro llega a resultar confusa y no termina de encajar. Es posible que como novela juvenil sí que funcione (tanto el ritmo como la forma del texto me recuerda al de aquellos libros de "Elige tu propia aventura"), pero aún así tampoco termino de verlo. Creo que el uso de fórmulas verbales relativas a tiempos pasados (como el clásico Pretérito Perfecto Simple, el Pretérito Imperfecto o sus derivados compuestos) serían los más idóneos para esta historia.

VALORACIÓN FINAL:

Una buena idea que no termina de despegar. Así es como podríamos resumir La última isla. El argumento de la invasión extraterrestre es fantástico, pero la cosa no pasa de ahí. La trama bordea lo incomprensible en varias partes, los personajes aparecen muy difuminados (estereotipos humanos combatiendo a estereotipos alienígenas) y las descripciones brillan por su ausencia. Espero que, de publicarse una segunda edición, todos los errores que he enumerado anteriormente hayan sido subsanados. En caso contrario, me gustaría que la segunda parte de la novela (en cuya redacción trabaja el autor en estos momentos) recoja todas esas mejoras... Al menos en lo que al apartado estilístico se refiere, porque creo que la ocasión lo merece.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

"Hay que construir más casas"

Miguel Martín, el presidente de la patronal bancaria, dijo ayer... dijo... joder... es que es para matarlo...


Pero vamos a ver... Eh... A ver cómo lo explico... Resulta que en España tenemos más de medio millón y pico de viviendas sin vender porque no salen rentables y... esto... ¡Bah! ¡A la porra! Me marcho a comer.

Alimentar el ladrillo con el ladrillo, sí señor. ¡Éxito rotundo!

Año Mariano

Un año ya... Un año en el que nos hemos tenido que tragar una bola tras otra (¿dónde quedó aquello de que la Educación y la Sanidad eran intocables?). Un año en el que nos han dado para el pelo pero a base de bien. Hoy ir a la universidad es el triple de caro (y me quedo corto) de lo que era entonces. Hoy tenemos menos profesores. Hoy tenemos a cuarenta alumnos en una clase de veinte. Hoy tenemos menos investigadores (no importa, la fuga de cerebros es un cuento chino). Hoy criminalizamos a los inmigrantes (a los que tienen dinero no, que ésos son buenos). Hoy a los trabajadores los tratan como a escoria (no importa, ¡que se jodan!). ¡Y toma Reforma Laboral! ¡Y toma Huelga General! ¡Y aquí no dimite nadie! ¡Y a la Iglesia ni tocarla! Pero no pasa nada: todo va bien.

Hoy los jubilados tienen que pagar sus propias medicinas. Hoy tenemos más parados que hace un año (y la cosa amenaza con seguir subiendo). Hoy es más caro ir al teatro o al cine. Hoy es más caro comer. Hoy, en vez de preocuparnos por lo que de verdad es importante, tenemos un esperpéntico debate nacionalista para ver quién la tiene mas larga (me da igual lo que me digan, PP y CiU son la misma mierda). Hoy tenemos una televisión pública como Dios manda y que nos dice que todo va viento en popa a toda vela (échate a temblar cuando al pueblo le toque sacar los cañones por banda). Hoy tenemos una oposición que hace aguas por todos lados (ya te vale, Alfredo). Hoy tenemos a un parlamento ninguneado. Hoy tenemos a Eurovegas llamando a nuestra puerta. Hoy tenemos a los fachas amenazando con salir del armario. Hoy tenemos una prima de riesgo que, un día de estos, le dará por desbocarse y llegar a los 700 puntos (parece que, después de todo, la primita de marras no tenía nombre, ¿verdad?). Y venga desahucio arriba y desahucio abajo. Hoy... Hoy... Hoy estamos peor que ayer. Y lo que nos queda...

Sigan disfrutando de lo votado, amiguitos. ¡Que ustedes lo sufran bien! ¡Hasta el próximo episodio!

jueves, 15 de noviembre de 2012

Crepúsculo (Catherine Hardwicke)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Crepúsculo (A.K.A. Twilight / Suplicio de tres horas y media que parece que no va a terminar nunca)
  • Directora: Catherine Hardwicke (Mucho ojito con ella, que en breve va a sacar una versión de Hamlet... ¡Oigh!)
  • Intérpretes: Kristen Stewart (no se fíen de la cara angelical que luce en el cartel... la tía pone unos caretos dignos de hacer llorar a un niño), Robert Pattinson (el nazi engominado y ególatra), un tío que va de médico y parece un primo lejano del doctor Mengele, otro tío con bigote y una mala leche de campeonato, veinticinco inadaptados sociales, Bob Marley y unos indios que se dedican a hacer el ídem
  • Género: Drama social
  • Duración: Dos días
  • Año: 2008 (el mismo en el que empezó la crisis)
  • País: República Mormona Independiente de Transilvania
  • Valoración: Coñazo bíblico
Sí, sé lo que muchos estaban pensando: "¡Daniel va a reseñar "Crepúsculo"! ¡Oh, cielos! ¡Llévense las manos a la cabeza y corran, que está a punto de estallar!". Pues se equivocan, porque ni me voy a poner a soltar improperios como un descosido, ni voy a sufrir ningún ataque de nervios. Para nada, estoy bastante tranquilo. Y no es porque la película me haya gustado, sino porque creo que no merece la pena burlarse de ella. Así sin más. "Crepúsculo" es una ponzoña, sí, pero es tan rematadamente aburrida que no tiene ninguna escena en la que puedas decir: "¡Ja, ja, ja! ¡Qué cutrada, tío!". Es más, no despierta emoción alguna. De hecho, es tan plana como el papel y tiene la misma personalidad que unos calcetines (¡anda, lo mismito que sus protagonistas). Ni frío ni calor, vaya.

Que sí, que ya sé que se trata de una película para adolescentes y tal, pero hay maneras y "maneras" de hacer las cosas. Y esta peli es un coñazo monumental. Al verla, tuve la sensación de volver a estar en aquellas clases de Geografía que mi profesora del instituto, Meme "Labios Sellados", nos daba a última hora de los viernes. No estoy exagerando. Es una peli tan desesperadamente lenta que no puedes evitar estar mirando el reloj cada dos por tres y rezar para que termine cuanto antes... Eso, o desear que la televisión estalle y la explosión se lleve por delante a ti y a los que te rodean.  Por no hablar de lo pretenciosa y asquerosamente pedante que puede llegar a ser. "Crepúsculo" es tan rebelde como ver a un rapero haciendo una pintada a favor de la autoridad. Y teniendo en cuenta que su autora es una mormona recalcitrante, ya sabemos a lo que atenernos: "Cumple las normas, ergo, no folles". Moralina de la fina, oiga.

"¡¿PERO QUÉ COÑO ES ESTA MIERDA?!"

Luego tenemos las actuaciones. Siendo honestos, tengo que decir que Robert Pattinson, el sobrado y ególatra protagonista de esta montaña de mierda, no está tan mal. ¿Que se dedica hacer el payaso poniendo morritos y pegando saltos como un ninja anoréxico? Pues sí, pero ahí está. ¿Que nos reímos cuando lo vemos convulsionarse como si le hubieran metido un palo por el culo o lanzando unas bucólicas miradas dignas de Leticia Sabater? Claro, claro... Pero eso no es nada comparable con la siesa/desganada Kristen Stewart, cuyos caretos son propios de habérsela cogido con una trilladora. La Stewart interpreta a uno de los personajes más odiosos y malolientes que haya parido madre. Cualquiera que la vea pensará que el estudio donde grabaron la película estaba al lado de una cuadra, porque la tiparraca tiene una cara de estar oliendo mierda que tira de espaldas. Es como si la trajera de fábrica. Independientemente de la escena, siempre la veremos con esa permanente cara de asco, como si el mundo que la rodeara no tuviera sentido para ella (a lo que también contribuyen sus ocasionales reflexiones, tan innecesarias como subnormalizantes). ¿Que en su primer día de clase se siente sola? El mundo es un lugar frío y solitario que huele a mierda. ¿Que los chicos del colegio quieren ser sus amigos? Seguro que lo hacen porque quieren llevársela al catre (que por supuesto, olerá a mierda). ¿Que su padre le regala un coche? Ella quiere un Ferrari. En fin...

Kristen Stewart agonizando.

Kristen Stewart triste.

Kristen Stewart alegre.

Kristen Stewart en la cola del Telepizza.

 Kristen Stewart en el baño.

 Kristen Stewart teniendo un orgasmo.

Kristen Stewart viendo el final de "David El Gnomo".

 Kristen Stewart siendo violada por talibanes.

 Kristen Stewart escuchando a Justin Bieber.

Kristen Stewart comiendo en un "Kebab".

Podríamos hablar también de ese irritante filtro de color azul que invade toda la pantalla, independientemente de que esté nublado o haga un sol de justicia (si, ya lo pillo... es una luz crepuscular... qué cosa tan profunda y poética, ya ves tú); o de la familia del Pattinson (el remake vampírico de "Padres forzosos"), compuesta por una remesa de nazis exiliados repeinados hasta las gónadas y con un problema de pigmentación cutánea de agárrate y no te menees; o de la famosa escena en la que juegan al beísbol de noche, bajo la lluvia y en mitad del set de rodaje de "Depredador" (¿por qué? ¿tanto les costaba ir al parque del pueblo después de las siete de la tarde? ¿es que tenian miedo del horario de invierno o qué?)...  ¡Dios! ¡¡Dios!! ¡¡¡Dios!!! ¿Alguien sabe por dónde coño anda Blade cuando no está haciendo otra innecesaria y estúpida secuela? ¡Ah, vale! Ya me acuerdo...

¿Y saben qué es lo mejor? Pues que hace unos meses, y poco después de comentar "Aztec Rex", me recomendaron que escribiera la crítica de "Amanecer". Supongo que será la segunda película, porque ahora mismo no tengo ni idea de cuántas componen la saga y todavía me hago un lío cuando trato de enumerarlas. Pero visto lo visto, me temo que se van a quedar con las ganas, porque no me vuelvo a sentar a ver esta mierda ni muerto. Ahí queda eso.

martes, 13 de noviembre de 2012

14-N: Razones para una huelga

¡YO VOY!

domingo, 11 de noviembre de 2012

El Hombre Araña (E.W. Swackhamer)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: El Hombre Araña (A.K.A. The Amazing Spider-Man)
  • Director: E.W. Swackhamer
  • Intérpretes: Nicholas Hammond (en el papel del imbécil con mallas), David White, Michael Pataki (no, no tiene nada que ver con la insigne actriz de nuestro cine patrio), Hilly Hicks, Lisa Eilbacher, Dick Balduzzi, Jeff Donnell, Robert Hastings, Barry Cutler, Ivor Francis y Thayer David
  • Género: Burradas heroicas
  • Duración: 92 minutos (veinte cervezas)
  • Año: 1977
  • País: Imperio Galáctic... Esto... Perdón... República Rebelde de Obama
  • Valoración: Cenutriada
Han pasado ya varios meses desde que la última película de Spiderman se estrenara en los cines. Sorprendentemente, la peli gustó a todos, incluso a los que defendían la trilogía original de principios del año 2000. En mi descargo (y dicho con todo el respeto) tengo que decir que Spiderman me la bufa bastante y que, por muchas vueltas que le dé, creo que Batman se merienda a todos los integrantes de Marvel crudos y sin guisar, empezando por el Doctor Extraño y terminando por el indigesto Capitán América, héroe que ocupa el puesto número uno de mi lista de enemigos junto con José Manuel Soria, Telefónica y los creadores de "Cómo conocí a vuestra madre". 

El caso es que todo el mundo se lió a hablar de las dos sagas: que si Marc Webb revolucionó la franquicia, que si Andrew Garfield tiene las uñas de los pies largas y amarillas... Y venga Tobey Maguire arriba y Tobey Maguire abajo. Y yo, que soy un moderno de poca monta y me gusta tragarme bodrios del tamaño de un obús del quince, voy y me entero de que esto de adaptar "Spiderman" a la gran pantalla ya venía desde muy lejos, teniendo su propio "live action" y todo. Pero todo tiene un principio y la serie de marras, como tantas otras, tuvo su inicio en una película... O algo parecido, porque la cinta que comentaremos hoy es para echarse a correr. En fin, un horror tan sólo comparable a los campos de exterminio nazis... Eso, o ver a Cristóbal Montoro vestido con un tutú rosa y pegando saltitos de un lado a otro. Vosotros decidís.

"Venga, Pepe... Ya puedes subirme".

Total, que era cuestión de tiempo que me animara a ver esta película (si la memoria no me falla, creo que me la tragué a finales de junio junto con el cianuro). Y si no he hablado de ella hasta hoy ha sido porque en el psiquiátrico no nos dejan tener ordenadores y los canallas de los enfermeros se llevan hasta el papel del baño. No estoy exagerando: entre otras cosas, esta peli te produce una depresión de caballo (casi tanto como la serie "Blossom"), aparte de inducir al suicidio y obligar al espectador a meter la cabeza dentro del horno. Preparad vuestra dosis diaria de calmantes y ansioliticos porque la vais a necesitar. Nada más os digo. Con todos vosotros... "The Amazing Spider-Man" (o el "Hombre Araña", que para el caso es lo mismo).

"No tan alto, joder... ¡No tan alto!"

La película empieza, como no podía ser de otra manera, con ese "Chunda Chunda" tan característico de esa época tan hortera y casposa como únicamente pudieron ser los 70. Es así como vemos a Spiderman (perdón, el Hombre Araña) arrastrarse (que no trepar) por planos inclinados y moviendo la cabeza de tal forma que cualquiera pensaría que acaba de perder la cartera y se está dejando el pellejo por encontrarla. En honor a la verdad, tengo que decir que me esperaba algo peor y que ya me veía la pantalla repleta de muñequitos sujetos por un cordel y dando tumbos delante de un croma (no tengáis prisa, para eso tendremos que esperar unos veinte minutos). Lo que no se salva ni de lejos es la música... Dios, la música es horrible y su sola mención ya nos obliga a abrirnos la cabeza a martillazos: "Chan-chan-chan-chan... Ta-ta-ta-chán... Chan-chan-chan..." Y así durante cinco interminables minutos... Aunque esto es una bendición comparado con el temazo de peli porno que sonará a lo largo del metraje y que nos retrotraerá a las estrambóticas hazañas sexuales de Afroman y Pornoman. Pero no adelantemos acontecimientos.

"¿Qué puñetas pinto en esta reseña?"

Terminado el suplicio de los créditos, vemos a un Peter Parker de baratijo en la redacción del periódico de J. Jameson. Contra todo pronóstico, los primeros quince minutos de película son bastante fieles al cómic (o al menos, a la popular serie de los 90 con la que crecí). Peter trabaja en un laboratorio investigando vaya usted a saber qué, pero el dinero no crece en los árboles y se ve obligado a costear sus estudios vendiendo fotografías (vamos, lo que está haciendo la mayoría de los universitarios gracias a las chapuzas de Wert). En esta ocasión, nuestro fotógrafo más dicharrachero le está comiendo la oreja a Jameson para que le compre unas fotos de un robo que acaba de producirse hace cinco minutos y que trae en jaque a toda la ciudad. Sin embargo, Jameson sabe que el fulano que tiene ante él es un muerto de hambre y que no tiene donde caerse muerto, de manera que lo despacha educadamente y lo manda a freír espárragos. Como el lector ya sabrá, todo esto es pura fachada, dado que el carácter del director se irá agriando hasta convertirle en ese encantador nazi bigotudo y fordiano que todos conocemos. De momento, el marcador es de uno a cero a favor de los guionistas.

Peter regresa a su laboratorio desilusionado y se pone a trabajar. En esas, la arañita que le concederá sus poderes se ha colado dentro de la urna con la que está experimentando, se pega un chute de radiación capaz de tumbar a un toro y sale corriendo. Peter se sienta para comerse el bocata de anchoas que le ha preparado su tía cuando de repente... ¡Pum! nota que algo le ha mordido la mano. En seguida empieza a sentirse mareado y decide irse a casa. Una vez en su buhardilla (todavía me pregunto cómo es posible que sus tíos no le dejen dormir en el piso de abajo), empieza a alucinar con arañas, fachadas de edificios y lucecitas de esas que uno ve cuando frecuenta malas compañías y toma de esas cosas que no tiene que tomar. Peter se despierta y toma la que será la decisión más importante de su vida: abre los postigos de la ventana y, en un delirio cromático digno de pasar a la Historia, empieza a trepar y a subirse por las paredes como si de una salamandra oligofrénica se tratase. En ese momento es cuando empieza a sonar esa musiquita de corte erótico que nos obligará a mandar a los niños a la cama por temor a que la chorra de Nacho Vidal aparezca por ahí. ¿Creéis que exagero? Pues echadle un vistazo a lo que sigue y luego hablamos.

¡Guau! ¡Qué cosa tan convincente! ¡Casi he olvidado que estoy viendo a un pésimo actor hacer el payaso delante de un croma!

A partir de aquí la película ya no tiene ninguna razón de ser y se convierte en una burrada detrás de otra. Peter decide emplear sus poderes para hacer el bien, pero es consciente de que ir por ahí haciendo el indio (y encima a cara descubierta) le puede meter en un lío. No obstante, Peter, aparte de ser un benefactor en potencia y un licenciado a punto de engrosar las listas del paro, es una modistilla de primera, de manera que no han pasado ni cinco minutos cuando ya le vemos disfrazado de héroe. Y chico, en serio, todavía no me explico cómo es posible que pueda ver a través de la máscara, dado que si las ranuras del antifaz no están hechas con papel de aluminio, poco les falta.

"No veo ni un carajo con esta mierda".

"¡Chuoss! Esta noche fijo que mojo".

Supongo que a estas alturas os estaréis preguntando quién el villano de la aventura. ¿El Duende Verde? ¿El Doctor Octopus? ¿Ángel Acebes? Pues no. Resulta que el malo es un gordinflas con pintas de telepredicador y más falso que el Director de Informativos de La 1 (de hecho, casi diría que es su hermano perdido). El tío se vale de unos cursos de superación personal (¿serán convalidables por Créditos de Libre Elección?) para lavarle el cerebro a la peña mediante complicadísimas técnicas de hipnosis (que incluyen una especie de chisme que lanza destellos de colorines). Una vez en su poder, los pobres desgraciados son "programados" para hacer todo tipo de maldades, desde asaltar bancos hasta votar por UPyD. Con tal cantidad de sicarios, el maloso puede pasar desapercibido y pegarse así la gran vida sin que nadie le mire mal. Pero el Hombre Araña (no confundir con el Capitán Araña, el héroe del refranero palmero), estará ahí para frustrar sus malévolos planes.

Los dos tienen una cara de mala gente que tira de espaldas. Ergo, tienen que ser hermanos.

Y es aquí donde llegamos al meollo del asunto. Resulta que una de las víctimas del malo es un tal profesor Tyler, un viejales resacoso que, después de asaltar el banco más grande de la ciudad, se estrella con su coche contra una farola. Estos "accidentes" son la piedra angular del diabólico plan del villano, puesto que sus esbirros aprovechan la confusión para hacerse con el botín y dejar que la víctima cargue con toda la culpa (si muere, pues tanto mejor). El caso es que el profesor tiene una hija que está para meterle de todo menos miedo, hacerle un "591" y convertirla en la reina de nuestro hogar. Y Peter, en su santa inconsciencia, terminará por enamorarse de ella.

"¡Me cago en el puto copago farmaceútico!"

El profesor consigue salvar la vida pero esto gusta muy poco al Anthony Blake fascista que, temeroso de ser descubierto, decide quitarlo de en medio. Gracias a la ayuda de unas insignias que riéte tú de las que regalan en Corea del Norte, el malo obliga al profesor a tirarse desde la planta más alta del hospital. Pero el Hombre Araña (en colaboración con el tío que maneja los cables de la grúa) llega a tiempo para evitarlo. ¡Está claro que estas cosas sólo pasan en un hospital público!

Confusión, desorientación crónica, cara de idiota, diarrea mental... A ver, dejad que lo adivine: ¡Un votante arrepentido del PP!

Mientras tanto, en su guarida, los malos babean de rabia y trazan el plan definitivo: si el alcalde no les paga una burrada de dinero en un plazo de no sé cuántos días, obligarán a otros diez desgraciados a correr la suerte del profesor Tyler. Peter, oliéndose la tostada, decide ir a una de las charlas de autoayuda del maloso, pero cae bajo la influencia de la hipnosis y se convierte en una de sus marionetas. Cuando suene tal señal, pondrá una cara de subnormal tan grande como la que veis más abajo. subirá a lo alto del Empire State y se arrojará al vacío. Hasta entonces, llevará una vida de lo más normal (vamos, la misma que la de un parado de larga duración).

"¡Mierda! ¡Otra vez he vuelto a dejarme la cinta del porno en el vídeo! ¡Mi tía me va a matar!"

Poco después de esta escena, Peter prueba en un parque el famoso cacharro que le permitirá disparar telarañas a diestro y siniestro. Si bien lo normal hubiera sido hacerlo en plena noche, el tío se dedica a colgarse de los árboles como un puto chimpancé (quizá sea porque su nivel mental está a la misma altura que la de estos bichos). Y mientras lo vemos columpiándose y saltando de un lado a otro como si no hubiera mañana, nos preguntamos cómo puñetas piensa escalar los edificios más altos de Nueva York si no es capaz de llegar a subirse a un árbol de poco más de un metro.

"¡Llame ahora y se llevará un bote de detergente líquido de regalo!"

"¡Por fin pude encontrarle otra utilidad a la seda dental!"

A partir de este momento es cuando Spiderman se muestra en todo su esplendor. Si pensábais que lo habíais visto todo con las secuencias del croma, es que no tenéis ni puta idea de lo mala que puede llegar a ser esta peli. Enfundado en su traje de dos cincuenta y ayudado por el ya famoso croma de cuatro duros, Peter se dedica a recorrerse la fachada del cuartel general del malo, ya sea violando las leyes de las tres dimensiones (si no, no se explica cómo es capaz de superar las cornisas sin mover ni un músculo), mirando de un lado a otro como al que le acaban de sacudir una colleja o moviéndose por planos inclinados al ritmo de música de Cine X. Aunque lo mejor viene cuando consigue meterse en el edificio. Y es que todavía no ha metido un pie dentro de la ventana cuando una tríada de ninjas narcolépticos se le tira encima.

Y cuando terminó la carrera, Peter Parker dijo: "¡Las leyes de la Física me la comen!"

"¿Pero dónde me habré dejado yo la cartera? ¡Ayudadme a encontrarla, cabrones!"

¡Spiderman está en peligro! ¡Rápido! ¡No hay tiempo que perder! Los sicarios, armados con unas espadas de madera, amenazan al héroe con arrearle una somanta de ostias monumental... Pero Spiderman todavía guarda más de un truco bajo la manga. Justo en el momento en que está a punto de recibir la primera lluvia de palos, una secuencia a cámara rápida digna del mejor episodio de Benny Hill nos muestra al enmascarado esquivando todos los golpes y anclándose del techo como una vulgar cucaracha... Todo esto acompañado por el "Chunda Chunda" de los créditos de inicio, por supuesto. Había que sacarle partido a la música por encima de todo.

Tras una pelea más descafeínada que el refresco de cola del "Mercadona", Peter consigue huir y llegar hasta la comisaría más próxima para contarle a la policía lo que está pasando. Pero al inspector todo se la trae al fresco y decide enviarlo por paquetería urgente a su casa. ¡Joder! Vaya un mierda de superhéroe, ¿no? ¡Nadie le toma en serio! ¿Se dan cuenta ahora de lo que decía al comienzo de la reseña? De estar en su misma situación, a Bruce Wayne se le reirían en la cara, sí, pero al menos lo llamarían "señor" y no habría tía que se le resistiera. Porque esa es otra: la hija del profesor Tyler, Judi, le trata como a un vulgar pagafantas y sólo se dirige a él para pedirle los deberes de matemáticas, la muy zorrona... En fin, nada nuevo bajo el sol.

"Oye, Peter... Que lo de ir a meternos mano esta tarde a tu casa como que no..."

En este punto la película se vuelve tan confusa que casi dan ganas de ponerse a beber lejía. Como nadie le hace ni puto caso, Spiderman regresa de nuevo a la casa del malo. Y otra vez tenemos que tragarnos los mismos planos del tío subiendo y bajando por la cornisa. El pobre vuelve a encontrarse con los ninjas y se ve obligado a huir por la azotea, pero el cacharro "lanzatelarañas" se le estropea y poco le falta para esmorrarse contra el suelo. Entonces le pide a un taxista que lo lleve a casa, pero el conductor pasa de él como de la mierda (¿Lo entienden ahora? A diferencia de este pedazo de imbécil venido a menos, Batman habría agarrado al taxista por las solapas de la chaqueta y lo habría zarandeado sin piedad, como tiene que ser). Nuestro héroe en mallas insiste en que lo lleven porque tiene a los villanos pisándole los talones, pero lo máximo que consigue es subirse a un camión de basura que pasaba por ahí. ¡Épico!

Aquí no está...

Ni aquí tampoco...

"¡Joder, en serio! ¡Ayudadme a buscarla, coño! ¡Que había veinte euros dentro! ¡Dejad de reíros, huevones!"

Pero en la siguiente escena descubrimos que en el cuartel general del maloso están que trinan. El gordinflas (al que a partir de ahora llamaremos Somoano, en homenaje a su homónimo de RTVE), tiene un cabreo de tres pares de cojones porque el ayuntamiento se ha pasado sus amenazas por el forro, de manera que activa a sus "células durmientes" para que se suiciden. Y los pobres Peter y Judi son dos de ellas. Cuando Peter llega por fin al Empire State, descubre que su fuerza de voluntad es mayor que los poderes del "Somoculos" y consigue librarse del trance hipnótico. Y otra vez le vemos yendo a la base del malo y pelearse con los chinos de las espadas. Peter, embutido ahora en su traje de Hombre Araña, descubre que el fulano se vale de una antena de transmisiones que aumentan los poderes de su máquina de hipnosis. El tío se las ingenia para cargársela y hacer que las victimas recuperen su voluntad (la misma Judi estaba a punto de arrojarse a las vías del metro). El gordo intenta poner en marcha el cacharro hipnótico, pero lo pone a tal potencia que al final se acaba idiotizando a sí mismo. Spiderman se aprovecha de la situación y lo "programa" de tal forma que pueda presentarse en comisaría y confesar que él es el culpable de todo.

La cara de tonto que se le quedará a Somoano el día que Cataluña se independice de España e Izquierda Unida gane las elecciones.

¡Y así lo hace! Somoano va a la cárcel, Jameson se sorprende cuando Peter le enseña una fotos de Spiderman en compañía de los ninjas (los cuales también parece que estaban bajo el influjo del pepero hipoglúcido), el comisario lo flipa en colores, Judi está más salida que una perra y Peter ya está buscando en las Páginas Amarillas la dirección del motel más cercano. Es entonces cuando comienza a escucharse de nuevo el "Chunda Chunda" del principio y yo me planteo qué estoy haciendo con mi vida. La película se termina con un plano de Peter y Judi cogidos de la mano y perdiéndose por una de esas avenidas tan largas que tiene Nueva York, mientra yo echo el almuerzo y parte de la cena. Y ya está. Fin.

CONCLUSIÓN:

¿Recordáis al "Batman" de Adam West? Bueno, pues comparado con esta película sigue siendo una putísima mierda (es cierto que me encanta Batman pero todo tiene un límite). Con todo, esta peli sigue siendo tan mala como un dolor de muelas. Y es cutre y aburrida hasta niveles asesinables. Por otro lado, hay que tener en cuenta que estamos ante una película de finales de los 70 y somos conscientes de que no podíamos pedirle mucho a los efectos especiales... ¡Pero por Dios...! Estamos hablando de una época en la que se estrenó la primera entrega de Superman, el James Bond de Roger Moore tan pronto iba al espacio como descendía a las profundidades del océano y "La Guerra de las Galaxias" estaba a punto de romper moldes. Ya no se trata de que visualmente no sea muy atractiva, sino que además es un coñazo intragable que cansa hasta las piedras. Está claro que ni le pusieron ganas a la hora de rodarla ni se tomaron en serio al personaje. Y eso es imperdonable.
  • Lo peor: La cara de pánfilo de Nicholas Hammond. Cuando sonríe, Dios mata a un gatito y provoca huracanes y tifones en el Caribe.
  • Lo puto peor: La música. Es tan asquerosamente pornográfica que el hecho de oírla ya hace que te quedes embarazado.
  • Lo peorcísimo: Todo lo demás. Esta película habría que echarla a la hoguera.
Y encima esta noche echan "Crepúsculo" en Antena 3... Anda que no me queda nada...

Espera un momento...

¡Ja! ¡Lo sabía!

viernes, 9 de noviembre de 2012

La mansión de la colina (Daniel Auster)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: La mansión de la colina
  • Autor: Daniel Auster
  • Género: Novela / Terror
  • Número de páginas: 184
  • Precio: 12 euros
  • Editorial: Ediciones JavIsa
  • Valoración de Crítica Literaria Novel: 7
UN HOMENAJE POR TODO LO ALTO A STEPHEN KING

Michael y Susan acaban de mudarse a una lujosa mansión situada en medio de ninguna parte y alejada de todo rastro de civilización. Si el escenario ya de por sí puede provocar escalofríos, las ruinas situadas al lado de la casa helarían la sangre del más valiente.

Con el paso de los días, la casa parece ejercer una extraña influencia en la joven pareja: mientras que Michael, novelista amateur, se siente frustrado al no poder escribir ni una sola línea, Susan se siente permanentemente vigilada por unos misteriosos ojos violáceos. Sombras misteriosas, llamadas telefónicas en mitad de la noche, inexplicables cortes de luz... La casa parece tener vida propia. Y eso que las cosas no han hecho más que empezar.

Pero la mansión no es el único de sus problemas, pues Michael y Susan se han traído de la ciudad sus propios fantasmas. Si Michael es un ludópata rehabilitado que trata de volver a empezar, Susan vive torturada por su pasado, puesto que su padre, con quien mantuvo una relación incestuosa siendo niña, ha prometido seguirla hasta el fin del mundo. Por no hablar de ese pueblo perdido que amenaza con sacar a la luz sus temores más ocultos.

Esta es la premisa con la que Daniel Auster nos invita a sumergirnos en "La mansión de la colina", novela de terror publicada por Ediciones JavIsa. A "La mansión..." se le ha unido recientemente "El sueño de los malditos", publicada hace tan sólo unos días aprovechando las festividades de Halloween. Con semejantes precedentes, podemos decir con seguridad que Auster ha hecho del terror su carta de presentación.

Sin duda, lo mejor de la novela es que Daniel ha conseguido imprimir a su narración un tono muy parecido al empleado por su admirado Stephen King (en ciertos pasajes, es imposible no acordarse de "El resplandor"). Estos rasgos también son identificables a la hora de analizar a sus protagonistas, aunque se echa de menos una mejor descripción de los mismos. Si bien no es el caso de Susan (quizá el personaje mejor definido y cuya biografía llega a resultar apabullante), sus compañeros de aventuras aparecen algo desdibujados, casi incompletos. Nos referimos, por ejemplo, a Michael, cuya afición por el juego se reduce a una mera anécdota y no tiene mucho peso en la historia; o a Claude, un personaje lleno de misterio pero de escasa relevancia. Pese a todo, la ausencia de datos es un hándicap en toda buena novela de terror. Y Auster lo sabe. 

Curiosamente, en varias novelas de terror contemporáneas estamos obligados a aceptar determinados hechos sin rechistar. En algunos casos, es preferible dejar al lector rumiando sobre lo que acaba de leer y dejar que saque sus propias conclusiones. Es el culto al enigma. Así, el misterio planea sobre Sophie, la enigmática esposa de Claude; o sobre ese pueblo en medio de ninguna parte sobre el que parece haber caído una maldición. En ambos casos, no tenemos idea de si estamos ante entidades reales o producto del delirio de nuestos héroes, pero ahí están. Y eso mola mucho.

Al contrario de lo que podría pensarse, la novela no es nada lineal, incluyendo varias subtramas que terminan fusionándose con la historia principal (la traumática relación de Susan con su padre, los extraños fenómenos que ocurren en el caserón, el misterio de las ruinas, los intentos de Michael por escribir una historia...), y que encajan tan bien como las piezas de un puzzle. Pese a todo, el problema de algunas de ellas es que dan la sensación de no conducir a ninguna parte, cuando no a resolverse de una forma un tanto extraña (es el caso del inesperado envenenamiento de Susan), dándonos la impresión (aunque sea momentánea) de que el autor ha perdido las riendas de la narración y ésta anda a trompicones. Por suerte, el padre de Susan estará allí para llevarnos de vuelta a la misma.

Esto nos lleva a hablar de uno de los apartados que, en mi opinión, debe mejorarse, y no es otro que el ritmo de la narración. Es cierto que Daniel sabe cómo introducirnos en la historia, pero retrasa demasiado el clímax. Por consiguiente, el grado de suspense va bajando en intensidad, encontrándonos en determinados momentos con una narración un tanto monótona y aburrida. Esto se nota, sobre todo, en los primeras páginas, donde llegamos incluso a memorizar el menú diario de los protagonistas. Por otro lado, Daniel utiliza el mismo recurso para terminar varios de sus capítulos. Y es que Michael y Susan acaban haciendo el amor por lo menos cinco veces a lo largo de la novela, convirtiéndose en un "leitmotiv" tan recurrente que casi llega a desesperar. Sin embargo, la historia se redime por completo conforme nos vamos acercando al desenlace, y tanto la trama principal como las desventuras de nuestros torturados héroes contribuirán a ello.

Daniel es un maestro del terror. Y nos lo demuestra cuando hace gala de esa imaginería macabra en varios de los pasajes de la novela. Es el caso de las visiones que atormentan a Susan después de conocer a Sophie o del fatal encuentro que tiene su padre con lo desconocido. Estas escenas son muy originales y están repletas de fantasía e imaginación, algo que los lectores agradecemos.

¿Os gusta el terror? Entonces "La mansión de la colina" es vuestra historia. ¿Os gusta Stephen King? Entonces encontraréis en Daniel Auster a uno de sus más adelantados discípulos. ¡Y lo que nos queda...! Daniel ha abierto las puertas de su aterradora mansión y nos promete pasar una de las noches más terroríficas que jamás nos ha prometido un libro. ¡No le hagáis esperar!

lunes, 5 de noviembre de 2012

Diálogos con el Mar (Alejandro López Fernández)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Diálogos con el Mar
  • Autor: Alejandro López Fernández
  • Género: Novela
  • Precio: No disponible (libro pendiente de publicación)
  • Número de páginas: 202
  • Valoración de Crítica Literaria Novel: 7,5

En el otoño de su vida, Ernesto decide dejarlo todo y marcharse a vivir a su casa de la costa. No tiene nada que le retenga en Madrid. Su esposa Luisa hace ya varios años que le dejó, su amigo Carlos yace postrado en una cama sin tener conciencia de sí mismo y, por si eso no le bastara, no tiene ni parientes ni amigos que puedan mitigar su tristeza. De todos modos, Ernesto es un gran amante de la soledad y, como toda buena persona sensible que se precie, disfruta de ella dando reconfortantes paseos a la orilla del mar. Con el tiempo, Ernesto ha sabido ver en este último a un confidente. Los continuos vaivenes de sus olas se asemejan a los gestos de asentimiento con los que nos obsequia nuestro mejor amigo cuando le molestamos con nuestros problemas, el color de sus aguas refleja sus cambios de humor y la intensidad de sus marejadas no son otra cosa que sus respuestas a nuestras impertinencias.

Cuando Ernesto por fin llega a la costa... ¡Con qué alegría lo hace! Sabe que, después de tanto tiempo, por fin volverá a ver a su amigo. ¡Cuántas cosas tiene que contarle! No puede imaginarse la cara que pondrá cuando le diga que por fin se ha comprado un ordenador, y aún menos cuando sepa que acaba de abrir un blog en el que poco a poco, irá desgranando su vida. La misma vida que, en sus momentos más íntimos, no ha dudado en compartir con él. Pero Ernesto sabe que la curiosidad de su amigo no tiene otros límites que los de esa línea azul que se dibuja en el horizonte, de ahí que no deje de asediarle con sus preguntas sobre la encantadora Luisa, la paciente Carmen, el voluntarioso Miguel y, por encima de todo, el incierto futuro que le aguarda a Ernesto cuando, un día, sus ojos se cierren para siempre.

Alejandro López Fernández es el autor de "Diálogos con el Mar". Patriarca del Concurso de Relatos Bubok y máximo representante de la Vieja Guardia bubokiana, la trayectoria literaria de Alejandro sólo es comparable con su humildad. Y por si os lo estáis preguntando, no, "Diálogos con el Mar" no puede adquirirse en ninguna parte (todavía) pero si podéis leer algunos de sus fragmentos visitando "Comentarios al margen", el blog de nuestro admiradísimo autor.

El principal punto fuerte de la novela es su emotividad. El protagonista es consciente de que se encuentra al final del camino y no son pocas las dudas que le surgen. "¿Para qué he vivido?" llega a preguntarse casi en el último tramo de la historia. Por otro lado, su gnosticismo le lleva tan pronto a cuestionar la existencia de Dios como a plantearse "a quien dar las gracias" por los momentos vividos. Esta conducta, muy alejada del ateísmo más obstinado o de las clásicas "revelaciones espirituales" que surgen en la vejez (y a las que el cine nos tiene tan acostumbrados), es muy humana. Alejandro ha hecho de Ernesto, a pesar de su aparente sencillez, un personaje tridimensional y creíble. 

Casi toda la novela está dedica a la desaparecida Luisa, si bien es cierto que en algunos pasajes Ernesto se permite filosofar y reflexionar sobre su destino. Cabe destacar el deseo que tiene el protagonista por trascender, por creer que su vida ha servido de verdad para algo. Esta actitud quizá contrasta con su excesiva humildad. Una vez montada su página Web, Ernesto descubre que son varias las personas que siguen sus andanzas por la red. ¡Y muchos incluso se animan a comentar sus entradas! La sorpresa de Ernesto y sus ganas de ayudar a los demás llegan a conmovernos y a sentir simpatía por él.

Estos "Diálogos..." en realidad no son tales. Ernesto sabe que el mar no es un ser consciente y que, por consiguiente, no puede responder a sus preguntas. El océano sobre el que Ernesto vierte sus penas no es otro que el lector, quien anima con su mutismo a que nuestro héroe (pues es un héroe del sentimiento) continúe hablando. Sus ganas por conocer más de cerca a Luisa, su curiosidad por saber cómo Ernesto pudo librarse de ser fusilado durante la guerra, sus preguntas sobre cómo es posible navegar por esa endiablada red que sirve para todo menos para atrapar peces... El mar, con su oleaje y sus cristalinas aguas somos nosotros, los lectores de Alejandro. Y Alejandro, en la piel de Ernesto, nos cuenta una historia que quizá sea inventada sí, pero que nosotros, conmovidos por ella, sentimos como algo real y palpable.

Un detalle que, en mi opinión, merece la pena destacar, es que Ernesto detenga su historia justo al término de la Guerra Civil. Sabemos por sus palabras que la posguerra fue muy dura (lo que nos llama mucho la atención si tenemos en cuenta que su matrimonio con Luisa le permitió vivir de una forma más o menos desahogada), pero salvo algunas descripciones y algún que otro episodio novelesco, no encontramos nada que nos indique la dureza propia de esos tiempos. Comparado con la estampa que Alejandro hace de la guerra, el periodo posterior se nos aparece como algo difuso y que no llegamos a sentir. O lo que es peor, como una sucesión de historias rápidamente contadas y de escaso interés, como si el autor las hubiera escrito con desgana. Teniendo en cuenta que esta novela no deja de ser el repaso de toda una vida, creo que habría sido muy interesante que se nos mostrara qué fue de Ernesto durante la Dictadura o la Transición. ¿Acaso no pesó en el ánimo de la pareja el no haber tenido hijos (teniendo en cuenta las creencias de Luisa, esto hubiera supuesto un duro golpe para ella)? ¿Cómo sobrellevó Ernesto la enfermedad de su mujer? ¿Y no hubiera sido interesante mostrar la lenta e implacable agonía de Carlos? Personalmente, creo que estos episodios son tan importantes como los que se describen en el libro Es cierto que, de haberse incluido, la novela nos hubiera salido más larga, pero también mucho más completa. En definitiva, habrían hecho de Ernesto un personaje más humano de lo que ya es.

No me gustaría terminar sin antes comentar un apunte que bien podría leerse al margen de esta reseña. Es algo personalísimo, una tontería quizá y que nada tiene que ver con la prosa (sencilla pero correcta, sobria pero hermosa) de Alejandro. Cuando leemos las vivencias de Ernesto en la Guerra Civil sólo encontramos un breve reproche a la Dictadura. El levantamiento militar (y esto es lo increíble) es, en boca del padre de Luisa (el alcalde comunista de ese pueblo en el que Ernesto encuentra el amor), una consecuencia del Frente Popular. En la novela, es el Frente Popular el que roba, el que mata, el que hace esas macabras rondas por las carreteras de la comarca, el que bombardea pueblos con su artillería... Y terminada la guerra, los rebeldes, con una generosidad que la Historia nunca registró (quizá porque nunca hicieron gala de ella) ayudan a la población y les permiten enterrar a sus muertos. Cuando leo los pensamientos de Ernesto creo estar leyendo a esa "Tercera España" liderada por Sánchez Albornoz o Salvador de Madariaga. Tanto uno como otro fueron víctimas de un conflicto del que trataron de abstraerse adoptando una postura neutral, quizá en un último intento por hacer entrar en razón a un país que se desmoronaba bajo el peso de las armas y las bombas, y que se debatía entre la revolución social y el autoritarismo más abyecto.

Sí, como lector veo en Ernesto a un representante de la "Tercera Vía", como a un superviviente que da las gracias por estar vivo y que, pese a las atrocidades de uno u otro bando, insiste en que "hay que dejarlo estar". Pero como comentaba hace un instante, en la novela sólo veo la cara más fea de la República, producto (injustificable, por supuesto) del descontrol de los primeros momentos, del radicalismo anarquista y de la posterior entrada en España de Stalin... Y sin embargo, veo muy pocos reproches al régimen que surgió tras la contienda y que se preocupó muy poco por esas viudas que, como doña Ascención, perdió a su marido a manos de la locura de los hombres, independientemente de que fueran de un signo o de otro. Quizá sea eso lo que echo de menos en esta historia: un retrato completo no sólo de la vida de Ernesto, sino también de nuestro loco, loco, loco (y a veces encantador) país.

Cerramos el libro con la sensación de haber dejado a un filósofo a solas con sus pensamientos. Y nos acordamos de "El viejo y el mar" y de "Cinco horas con Mario" y de la colección de cartas que Grossman le escribió a su madre hasta veinte años después de su muerte. A los pies de esa interminable playa, y bajo un cielo gris y encapotado, yace el cuerpo de Ernesto incapaz ya de preguntar a su amigo qué será de él. Tampoco es que le importara mucho. Era el dolor lo que le daba miedo... El dolor y la angustia de cerrar los ojos y no encontrar a Luisa. En realidad el libro no tiene final. Unos pueden pensar que se durmió y no encontró nada salvo el descanso; otros, que vio a Luisa al otro extremo de la playa y corrió a su encuentro; los habrá que piensen que abrió los ojos y dijo que todo había sido una broma (¿acaso la vida no lo es?)... Es el lector el que tiene la última palabra. ¿Y yo qué quieren que les diga? Me gusta pensar que, cuando Ernesto cerró los ojos, Luisa le susurró al oído: "Te echaba de menos... ¡Ya pensaba que no ibas a llegar nunca!".