domingo, 31 de marzo de 2013

Phantasma (Don Coscarelli)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Phantasma
  • Director: Don Coscarelli
  • Intérpretes: Angus Scrimm y... ya está. El resto del reparto palidece al lado de este hombre, auténtico Rey de reyes
  • Duración: 90 gloriosos minutos
  • País: Suburbios del Imperio Galáctico
  • Género: Terror andaluz
  • Año: 1979
  • Valoración: Incalculable
Hablar de Phantasma es hablar de mi primera incursión en el mundo del cine cutre y de mis primeros años en la universidad. Corría el año 2007 y yo era un estudiante de segundo de carrera que no tenía ni la más remota idea de la vida... Y continué sin tenerla aún después de haber visto esta película.

No nos engañemos. Phantasma es tan mala como la mayoría de los esperpentos que he tenido la ¿suerte? de ir comentando por aquí. Pero tiene ese punto nostálgico que la distingue del resto de sus compañeras de infortunio y que la sitúa a años luz de las demás. Es una cutrada de campeonato que no se sabe ni a dónde va, pero se la quiere del mismo modo que se quiere al primer amor. Es absurda, sí, pero en ningún momento toma al espectador por un retrasado mental, algo que sí hacen otras pelis del género. Es más, llega a resultar hasta entrañable. Y todo eso se lo debemos a uno de sus protagonistas, Angus Scrimm, el villano de la trama, una especie de híbrido de más de dos metros entre Bárcenas y el nota de Kung Fu. De hecho, ya puestos a sacar parecidos, este tío es la versión diabólica del Fary en toda su extensión.

La maldad absoluta existe y tiene rostro gitano.

Sí, Angus Scrimm es el hermano gemelo malvado del Fary. Y es tan jodidamente carismático que él solito se encarga de sacar a flote la película, independientemente de que su guión tenga más lagunas que el programa electoral del PP o que el resto de los personajes sean más planos que los pechos de una feminista de segunda ola. Y sí, le adoramos tanto que no tendríamos ningún inconveniente en convertirle en nuestro dios supremo, cargo que hasta hace poco desempeñaba el viejo resacoso de Empeños a lo bestia.

"¿Cómo que Farruquito es el encargado de abrir la gira? A mí no me telonea ni Dios, ¿estamos?"

El caso es que este personaje es el responsable del tinglado sobre el que se sustenta todo la historia. Os cuento: resulta que el fulano dirige una funeraria en la que pasan cosas sólo comparables a lo que sucede en la mente de Cristina Cifuentes cuando dice que STOP Desahucios tiene vínculos con ETA y Saddam Hussein. El tío utiliza su negocio como tapadera para robar los cadáveres, reducirlos al tamaño de una moneda de dos céntimos y enviarlos por paquetería azul a su planeta... O eso deducimos según las explicaciones del trío protagonista, compuesto por un niño medio subnormal (doblado por Pepe Carabías, para más señas), el hermano no reconocido de Harrison Ford y un vendedor de helados con unas pintas de pederasta de mírame y no me toques. Y sí, ya sé que os he jodido la peli, pero creedme cuando os digo que no os perdéis nada. Después de todo, cuánto antes se sepan estas cosas, mejor.


El crío, obsesionado con la muerte de sus padres, se dedica a espiar a su hermano hasta cuando va al baño, pues teme que éste se marche a comprar tabaco y no regrese hasta que no dejen entrar a Gran Hermano a alguien con titulación universitaria. El chaval sigue a su hermano hasta el cementerio, donde ha ido para asistir al sepelio de un colega suyo que (¡oh, sorpresa!) ha sido asesinado por el Fary diabólico al comienzo de la película. Por cierto, no se pierdan las habilidades de camuflaje del maloso, quien se vale de la apariencia de una rubia buenorra para atraer a los jóvenes incautos a sus dominios y, antes de tirárselos, darles matarile.

"¡Bésame, moreno! Si ves que tengo algo duro ahí debajo, es el cargador del móvil."

El crío, cuyo nombre obviaremos porque no tengo ni idea de cómo se llama, comienza a olerse la tostada cuando irrumpe con su motocicleta (¿tan joven y ya lo dejan conducir?) en mitad de una zona abandonada del cementerio y nota que alguien se dedica corretear entre las tumbas, evitando así dejarse ver. Estas sombras (que dan bastante grima, todo hay que decirlo) son en realidad los cuerpos de los muertos resucitados por el Fary, los cuales campan a sus anchas por los alrededores de la funeraria. La sensación de mal rollo se acentúa cuando vemos que los bichos son un calco de los jawas de Star Wars, esos repelentes enanos embozados que traficaban con chatarra y hablaban en una jerga tan incomprensible como los eufemismos de la Cospedal para referirse al despido de Bárcenas.

"¡CUCHINIIIII!"

El chaval se queda tan amoscado que decide volver al día siguiente a investigar, provocando la ira del Fary y sus monstruitos. Los jawas malignos tienen la misma mala leche de su creador, por lo que van a la casa del crío a joderle un rato. Pero el niño, que además de idiota es masoquista, regresa de nuevo a la funeraria para demostrarle a su hermano que no está mintiendo y que todo cuanto se cuece allí dentro es verdad. Es a partir de este momento cuando la película se redime por completo y nos muestra la pasta de la que está hecha, puesto que asistimos a una serie de escenas tan deliciosas como delirantes y que van desde la subnormalidad más profunda hasta el colmo de lo sublime. Es el caso de la apoteósica muerte (con meada incluida) del jardinero del cementerio, la irrupción de la icónica esfera voladora que patrulla los pasillos del edificio y la persecución entre el niñato y el Fary con un perturbador hilo musical de fondo. Esta última, por cierto, pone el broche de oro a unos maravillosos diez minutos que terminan con la mutilación del Fary hitleriano, que pierde todos los dedos de su mano izquierda al tiempo que empieza a soltar una especie de líquido a mitad de camino entre una crema de calabacín y la clásica mostaza que te ponen en las hamburgueserías. Sencillamente acojonante.

Éstos de la Teletienda hacen lo que sea para vendernos un exprimidor de zumo.

El último grito en placeres culinarios: dedos en salsa mahonesa.

El niño se hace con uno de los dedos de su enemigo y sale por piernas del edificio mientras los jawas amenazan con darle caza. Al día siguiente le presenta la prueba a su hermano, que reacciona con la misma naturalidad de quien ve esas cosas todos los días. Pero el delirio no ha hecho más que comenzar ya que, en un inesperadísimo giro del guión, el dedo se transforma en una mosca gigante (!) que arremete contra nuestros héroes con furia visigoda. 

Dedos que se transforman en moscas gigantes. Umbrella ha llegado demasiado lejos.

En este punto la peli se convierte en un auténtico quiero y no puedo. Tras una serie de escenas sin ningún sentido, nuestros héroes consiguen infiltrarse en la funeraria y descubrir las auténticas intenciones del malo (que no de dejan de ser meras suposiciones, porque nunca nos queda claro cuál es su verdadero origen y para qué puñetas necesita un ejército de enanos). En esas, Reggie, el vendedor de helados pederasta, muere asesinado por el cantaor diabólico. Acto seguido, y en un maravilloso ejercicio de anticipación (vean Poltergeist y comprenderán porqué lo digo), la funeraria desaparece con la misma facilidad que una revista porno en la puerta de un colegio. 

Gracias a ellos, casi podemos verle levitar...

Mientras tanto, El Harrison Ford de baratijo ha puesto a salvo a su hermano encerrándolo en su habitación. Lo que el espectador no sabe es que el crío se ha visto todos las temporadas de MacGyver, tardando sólo dos minutos en volar la cerradura con un cartucho de escopeta y un martillo. Pero la alegría le dura muy poco, puesto el Fary, en uno de los momentos más apoteósicos de la peli, le espera al otro de la puerta. No os preocupéis por el chaval, puesto que vuelve a escapar. Aqui las únicas víctimas serán nuestras neuronas, sometidas al peor de los tormentos cuando vemos que, en plena huida, al niño le empiezan a salir al paso desde muertos vivientes hasta lápidas recién robadas de un cementerio chino. Cualquier atisbo de lógica se va directamente a la mierda gracias a esta secuencia, confirmándonos lo que ya sabíamos: que el Don Coscarelli éste de las narices está para que lo encierren. Y a mí con él por atreverme a reseñar semejante engendro.

"¡Que se lleven aqueeeel toro del ríooooo! ¡Que se lleven aqueeeel toro del aguaaaaa!"

La aventura está a punto de terminar. El Fary se despeña por un agujero que el sobrino del director había colocado allí por aquello de hacer la broma y, ante la mirada alucinada del niño, comienzan a caerle encima una lluvia de piedras de gomaespuma que ríete tú del extraterrestre de Roswell. Es entonces cuando nos enteramos que el responsable de la avalancha era el hermano del niño, todo contento él por haber privado al mundo del flamenco de una de sus voces más insignes. ¡Jamás te olvidaremos, Fary diabólico!

Se produce un cambio de escena y vemos al crío abrazado al vendedor de helados... ¡Espera, espera, espera...! ¿Pero a éste no se lo habían cargado? No creo que esta película vaya a caer tan bajo para colarnos el cuento de que todo fue un sueño y... Vaya, hombre... Pues sí, gracias a Reggie nos enteramos que todo lo contado hasta ahora no ha sido más que un sueño del niñato y que su hermano, pese a haber salvado el día en el último momento, murió en un accidente de tráfico una semana antes. ¡Genial! Ochenta minutos de paridas varias sólo para descubrir que esta peli era una versión demoníaca de Los Serrano.

"¡Chiiiico! ¡¡Eres un fenómenooooo!! ¡Chiiiico!"

Pero claro, con un final tan soso estaba claro que la película decepcionaría a todos aquellos masoquistas que pagaron por verla. ¡No, señor, no...! Era necesario darle otro giro para satisfacer al público mayor de trece de años y dejar acojonado al personal. La película termina con el crío abriendo al puerta del armario de su habitación y encontrándose con el Fary maligno reflejado en un espejo que hay colgado en la pared. El criajo se da la vuelta para asegurarse de lo que ha visto; el Fary demoníaco suelta la que, con el tiempo, ha de convertirse en una de las citas más memorables de la cinematografía mundial; unas manos (presumiblemente de los jawas satánicos) salen de dentro del armario (¿una posible referencia homosexual?) y se llevan al niño a los infiernos, a su planeta o al interior del coño de Marta Sánchez, lo mismo da. Y ya está. Fin. Por cierto, ¿os he dicho ya que hicieron al menos tres secuelas de esta peli y que esta entrega está considerada como un título de culto entre los aficionados al género? Yo casi que mejor me voy a la cama...

CONCLUSIÓN:

Es una estupidez del tamaño de una catedral, pero es tan divertida que se salva de entrar en nuestra galería mensual de cutreces. En algunos momentos roza lo ridículo (precisamente ése es su punto fuerte) y quizá sea un poco lenta, pero merece la pena echarle un par de visionados (¡Ojo! He dicho un par, no que se convierta en vuestra peli de cabecera). Por otro lado, miedo, lo que se dice dar miedo, pues no... más bien es al revés, te ríes. Y tampoco facilita mucho las cosas el hecho de que esté protagonizada por el gemelo perverso del Fary. Ponédsela también a vuestros hijos. Total, ponen cosas muchísimo peores en la televisión. Decídmelo a mí, que este jueves me tragué Ghost Ship con cortes publicitarios y todo. Y menuda puta mierda de peli... Y eso por no hablar de las ingentes cantidades de cine religioso que me he comido estos días. No, gracias... ¡No, gracias...!

Que me aspen si no parece que está en el plató de “Lluvia de estrellas”...

jueves, 21 de marzo de 2013

Área 51 (Jason Connery)

FICHA TÉCNICA:
Hay una cosa a la que odio más que a Jorge Javier Vázquez, y es a la productora de bajo presupuesto que le suministra las películas a Syfy, ese canal que te viene dentro del pack de Digital Plus y por el que en seguida te preguntas en qué puñetas te has gastado los cuartos, ya que para ver canales chorras ya tienes la TDT... Horas y horas de repeticiones y basura televisiva por un tubo. Y además gratis, lo que no es poco.

Los fabricantes de las bragas color carne se disponen a dar su siguiente paso: ¡las mallas color carne!

Aunque claro, también estamos los que no nos llega la sal para el agua y conocemos el canal de oídas, dado que eso de instalarnos el Canal Plus en casa es algo que se escapa de nuestras posibilidades. Y es entonces cuando entra en escena el milagro de Internet, donde todo es gratis, las chicas son fáciles y no hay problemas a la hora de buscar aparcamiento. 


A los mercenarios de Syfy ya les hemos visto el pelo por aquí en un par de ocasiones (quizá la más sonada haya sido cuando comentamos el espantoso bodrio jurásico de Aztec Rex). Sabíamos que nos les temblaba la mano a la hora de lanzarnos su porquería a la cara, pero esta vez se han pasado a base de bien. De existir el Infierno, estoy seguro de que sería igual que ver Área 51... Bueno, no... Sería algo así como ver a Leticia Sabater haciendo un remake de Ana y los siete, pero esto será mejor que no lo digamos en voz alta, no vaya a haber algún guionista falto de ideas por aquí.

Un momento... ¿Dónde he visto yo esta cara antes?

¡Lo sabía! ¡Lo sabía!

Como ya habréis adivinado, la película es una basuraza sin ningún valor. Y entretener, lo que se dice entretener... pues no entretiene, la verdad. Al contrario, es tan aburrida y estúpida como el resto de sus compañeras de parrilla, reduciéndose todo a una sucesión de clichés, planos desenfocados, conversaciones tan trascendentes como vaciar la caja de la arena del gato y personajes con el mismo carisma que un sandwich de mortadela. Y sobre todo es aburrida... Aburridísima... Aburridísima al cubo... Un lavado de estómago tiene mucho más interés que esta basura. Y eso es lo que vais a necesitar después de verla. Luego también está la opción de que os emborrachéis, pero por aquello de que se acerca la Semana Santa casi mejor que lo dejemos estar... ¡Bah! ¡Qué coño! ¡Bebed hasta quedaros ciegos! Os va a hacer falta.

En realidad Franco no murió en 1975. Sólo volvió a su planeta.

A ver, os cuento. Resulta que el Gobierno de Estados Unidos ha decidido dejar entrar en el Área 51 (eso de "área" es un decir, porque más bien parece un puto garaje) a un selecto grupo de periodistas con la intención de enseñarles cómo es aquello. El grupito está formado por un presentador con el ego más grande que la chorra de un actor porno, su cámara afroamericana, un fotógrafo que tiene toda la pinta de haberse sacado el puesto en un curso del INEM y una periodista "superinfluyente" cuyas únicas credenciales son las de estar más buena que la leche con galletas y tener un blog en Internet. Sí, ahora si tienes un blog y te dejas la vida actualizándolo puedes recibir una invitación del Gobierno para que te deje entrar a husmear en sus archivos secretos. Yo mismo estuve en la sede del PP el otro día sacando fotocopias de los papeles de Bárcenas a todo trapo.

"Eso es como si mi agente me dijera: "Con esta película te tomarán en serio como actriz".

En realidad, la verdadera intención del Gobierno no es otra que acallar los rumores que existen sobre la base y su relación con el fenómeno OVNI (esto sí que es transparencia y no lo de la Casa Real)... Pero el que hizo la ley, hizo la trampa, dado que los reporteros sólo harán un pequeño tour por aquellas zonas de la base en las que, literalmente, no hay NADA que ver... Más concretamente el cuarto donde el conserje guarda las escobas y el confeti para las fiestas de cumpleaños de los hijos de Ana Mato. 

Si en mitad del Menú pulsas A y B al tiempo que mantienes presionados L y R, podrás utilizarla en el modo Multijugador.

Vale, hasta aquí todo bien. El problema viene cuando los mandos que dirigen la base se ponen a hablar entre ellos y a decirse "Sólo verán lo que nosotros queremos que vean", cargándose así cualquier posible giro del guión y corroborándonos lo que ya sabíamos: que el Área 51 es la residencia de verano de Michael Jackson y que está abarrotado de marcianos hasta los topes, valga la redundancia.


Éstos tienen la misma pinta de militares que yo de monaguillo.

Pero no todo será alegría y felicidad para nuestros intrépidos turistas, dado que uno de los bichos aprovechará la visita para escapar de su jaula y ponerlo todo patas arriba. Teoría del Caos pura y dura. Por cierto, ¿he dicho ya que el monstrenco puede cambiar de apariencia cuando le dé la gana? ¡Uuuohhhh! ¡Qué alarde de imaginación más grande, por Dios! Y si a estas alturas estáis pensando que lo hicieron así porque no tenían presupuesto para fabricarse un alien decente os equivocáis, porque en cuestión de marcianos esta peli va sobrada.... Otra cosa es que sean al carisma lo mismo que el papel higiénico a la mierda.

¡Guau! Seguro que a nadie se le habrá ocurrido rodar este plano hasta ahora. ¿Verdad, Ridley Scott?

Herederos de una larga tradición, los cromas se lanzan al rescate del cine cutre.

Total, que el bicho se escapa, libera a sus compañeros de cautiverio y entre todos provocan el pánico en la base. Es entonces cuando nos preguntamos qué fue de todos aquellos soldados que salían al comienzo de los créditos haciendo instrucción y con cara de estar a punto de morderte un ojo. Supongo que los habrán desmovilizado por aquello de los recortes en el presupuesto y el abismo fiscal. ¡Puto Obama! ¿Quién defenderá ahora el país de los marcianos, el fantasma de Chávez y los norcoreanos, eh? En fin, que los protagonistas tienen que salir de la base antes de que el protocolo de seguridad mande el lugar a tomar por saco. Y todo eso a lo largo de noventa larguísimos minutos y sin anestesia. 

"Misiles nucleares lanzados. Objetivos: La Habana, Teherán, Damasco y Pyongyang. ¡Que tenga un buen día, señor Presidente!"

Y ya está. Más o menos eso viene a ser todo. Todo lo relativo a la película es un completo horror, encontrándonos con un guión de mierda sustentando por unas actuaciones y unos efectos especiales igual de mierdosos. Todo es tan cliché que dan ganas de meter la cabeza dentro del horno. Y como tengo el día tonto y no me apetece regodearme en mi sufrimiento, paso a resumiros los momentos más lamentables de este infumable espantajo sideral. ¡Bienvenidos a nuestra sección "Momentos para la magia y el vómito"!

A RECORDAR:
  • El marciano que se parece a Franco, mide lo mismo que Franco, habla como Franco... Pero amigos: ¡no es Franco!
  • El momento en que el marcianejo color carne se emociona viendo la autopsia de su colega pellejudo. Sería realmente conmovedor si no fuera porque estamos viendo llorar a un bote de salsa boloñesa con forma humana.
  • Los insustanciales diálogos que se marca la pareja de soldados protagonista sobre los horrores de la guerra y el arte de ser famoso... Tan olvidables como sus enormes caretos de GILIPOLLAS.
  • El croma que aparece al principio de la peli. Toda una obra de ingeniería cinematográfica al servicio del cutrerío más supremo.
  • No os hagáis ilusiones: la rubia buenorra no se despelota ni una sola vez.
  • La trágica y esperpéntica muerte del fotógrafo que acompaña a la rubiales. El muy ególatra sufre delirios de grandeza y sueña con encontrar esa foto que le convierta en el nuevo Robert Capa. Ni que decir tiene que fracasó miserablemente.
  • Los emoticonos que salen en las pantallas de los ordenadores poco después de que los protagonistas hayan tenido acceso a información confidencial. ¡Joder! ¿Quién coño diseñó el programa de seguridad? ¿Pocoyó?
PARA OLVIDAR:
  • Todo lo demás. Esta película es una puta basura. Buenas noches a todos.
"¡Arriba España!"

jueves, 14 de marzo de 2013

Entrevista a David Millán

David Millán es mucho David Millán.

Es el autor de una de las sagas literarias más divertidas que nos hemos echado a la cara (Papa Noel de las Galaxias) así como de toda una larga lista de novelas que harían perder el juicio al mismísimo Punset. También es analista político de ocasión, bloguero de primerísima hora y padrino de Crítica Literaria Novel, lo que no es poco. Con todo, no hay duda de que sería uno de esos autores con los que nos iríamos encantados a tomar unas cañas. Conversamos con David Millán, el patriarca humorístico de la literatura amateur.

Crítica Literaria Novel (CLN): Seguramente ya te lo han preguntado cientos de veces (recuerdo haber visto algo al respecto en Cuando la blogocosa era joven, uno de tus primeros trabajos) pero la primera pregunta es obligatoria: ¿Cómo surge el personaje de Papá Noel? ¿Por qué representarlo como una bola amarilla atontada y bizca? ¿Y de dónde viene su particular dislexia?

David Millán (DV): Me alegro de que me hagas esta pregunta, entre otras cosas porque en estos momentos están celebrando la Navidad en Petrogrado o por ahí, a causa de algún embolado cronológico relacionado con el calendario juliano. Misterios de la religión cristiana.

Si no recuerdo mal, la idea me vino a la mente en la Navidad del año 2002. En aquella época, era un usuario bastante activo de los foros del portal literario grupobuho.com. Buscando la mejor manera de felicitar las fiestas a todo el mundo, decidí crear la cuenta de usuario "papanoel". Durante unos días me camuflé en esta nueva identidad, y me dediqué a escribir mensajes a troche y moche. Mi idea era que los demás usuarios creyeran que se encontraban ante un ser perturbado, pero a la vez inocente, alejado por completo de los estándares ISO relativos al Santa Claus tradicional. Así que procuré que su coeficiente intelectual no sobrepasara al de un niño de tres años, y que su aspecto externo rompiera todos los esquemas.

No obstante, eso no le ha impedido codearse con personajes de la talla del arzobispo de Canterbury y los caballeros de la Tabla Redonda, tal como cuento en algunas de mis novelas. Por si fuera poco, ha creado escuela hasta el punto de que cada vez hay más gente que escribe tan mal como él en las redes sociales. Y es que, tal como dijo hace un tiempo Gabriel García Márquez, "hay que jubilar la ortografía".

El primer volumen de la trilogía papanoelense.

CLN: Varios de tus libros han visto la luz de Lulu.com y en Bubok. Y uno de tus últimos relatos, Días de blogs y zombies, ha aparecido recientemente en Amazon. ¿Cómo ves el mundo de la autoedición? ¿Piensas que con la llegada de Amazon estas plataformas se encuentran al final de su vida útil?

DV: Tal como yo lo veo, el mundo de la autoedición está viviendo una especie de edad de oro. Nunca antes habíamos tenido tantas opciones para publicar nuestras obras, gracias en buena medida a la disminución de costes que supone la impresión bajo demanda y a la popularización del ebook. Ahora la tecnología nos permite poner a la venta nuestras obras en apenas unos minutos y a un coste cero, algo que hasta hace solo cuatro días parecía sacado de una novela de ciencia ficción.

Respecto a las plataformas que citas, mi sensación es que las tres pueden ser complementarias, y que todas pueden tener mucha vida útil por delante.

Por cierto, de las tres que has mencionado debo confesar que siento una cierta debilidad hacia Bubok. Creo que es, con diferencia, la editorial española que más esfuerzos ha hecho por adaptarse a los tiempos que vivimos. Si se mantienen en esta línea les auguro un gran futuro.

CLN: En todo caso, ¿sigues a la búsqueda de una "editorial de las de verdad" o ya has tirado la toalla?

DV: La verdad es que apenas lo he intentado. Hace cosa de cuatro años, me puse en contacto con un editor. El hombre parecía bastante amable, así que le hice llegar por correo postal un ejemplar de Papá Noel de las Galaxias. Desde entonces no he recibido noticias suyas. Sé que el libro llegó a su destino, pero ¿qué opinión se habrá formado acerca del susodicho? ¿Pensará, con muy buen juicio por su parte, que estoy como una auténtica regadera? Creo que esto siempre será un misterio para mí.

Mi último intento ha sido en recientes fechas. Envié dos de mis relatos a una nueva editorial, fundada por una persona a la que admiro mucho. En este caso, me consta que son gente seria, y que recibiré una respuesta en su debido momento. No sé si esta será positiva o negativa, pero con que hayan pasado un buen rato revisando mis originales puedo darme con un canto en los dientes.

Surrealismo puro. Portada de Los anarcoqueses del Kilimanjaro.

CLN: Si hay algo por lo que se distinguen todas tus novelas es por un sentido del humor extravagante y surrealista. ¿Te has planteado explorar otros géneros?

DV: En realidad, me apetece explorar todo los géneros: ciencia ficción, fantasía, novela negra, histórica, romántica, erótica... El problema es que, a la que voy por el segundo o tercer párrafo, me han venido a la mente tantas paridas absurdas relacionadas con la historia que estoy escribiendo, que no puedo resistir la tentación de ponerlas. O sea que sí: me apetece escribir sobre todo lo divino y humano, pero soy incapaz de dejar el humor al margen. De todas formas tampoco pasa nada: en primer lugar porque soy feliz así, y en segundo lugar porque tanto el librerías como en bibliotecas el humor ocupa un lugar marginal, y hay que arrimar el hombro para que esto deje de ser así.

CLN: ¿Cómo surge la idea de escribir sobre un lugar como "Atlantidavid"?

DV: La idea (si es que acaso podemos llamarla así) me llegó por casualidad. Una mañana me encontraba en la FNAC, en la sección de libros en edición de bolsillo. Movido por la curiosidad, me puse a hojear una novela de las que se han publicado en los últimos años sobre la extinta Atlántida, y su presunto redescubrimiento. En aquel momento, pensé: ¿cómo es posible que la existencia de un continente entero haya pasado inadvertida durante tantos siglos a todo el mundo? ¿Es que acaso nos hemos vuelto todos gilipollas? Entonces se me ocurrió que podría publicar mi propia visión sobre el asunto. A partir de ahí, la gestación de las Crónicas de Atlantidavid era inevitable. Por lo demás, me lo pasé tan bien escribiendo dicha obra y dando a luz un nuevo continente, que tengo intención de alumbrar veinte o treinta novelas más ambientadas en esa magnífica tierra de promisión. Si Dios tiene a bien darme vida y salud, claro está.

CLN: Una pregunta típica: ¿Cuáles son tus autores preferidos? ¿Hay algo de ellos en tus historias?

DV: Si hablamos de ficción, casi siempre leo libros ambientados en épocas y tiempos míticos, o fantásticos. Me gustan los grandes clásicos, como La Odisea y la Biblia, y también obras contemporáneas. Entre mis autores favoritos está Stephen King, Mario Levrero, Manuel de Pedrolo, Isaac Asimov, Eduardo Mendoza... De todas maneras, creo que el autor que más me ha influido ha sido Francisco Ibáñez, el padre de Mortadelo y Filemón. Y es que cuando escribo tengo la sensación de mis novelas y relatos son tebeos encubiertos.

CLN: Hablando de La Biblia, recuerdo que en una de mis críticas comenté que "de tu visión desintegradora no se salva ni Cristo". Y no era hablar por hablar, dado que en tus novelas sueles reflejar con ironía tanto a la religión como a la propia Iglesia. ¿Te ves vendiendo tus libros en el Cielo?

DV: Bueno, tú que eres un hombre devoto y has leído las Sagradas Escrituras, sabes que Dios tiene a veces días malos, como cualquier hijo de vecino. Un día se le cruzaron los cables, y decidió exterminar a la humanidad entera mediante un diluvio. En otra ocasión, provocó una explosión termonuclear que devastó las ciudades de Sodoma y Gomorra, debido a la vida alegre de sus habitantes. De las calamidades que nos esperan según el libro del Apocalipsis mejor correr un tupido velo. Pero vamos, esto es algo normal, todos nosotros alguna vez nos hemos levantado con el pie izquierdo y hecho barbaridades. El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra. Lo importante es que Dios tiene un sentido del humor envidiable la mayor parte del tiempo, y lo mismo cabe decir de los querubes, arcángeles y serafines. O sea que sí, confío en que algún día mis libros estén a la venta en la sección de cultura de El Corte Inglés celestial.

Como analista político, David Millán no está muy conforme con el referéndum independentista de Artur Mas: "(...) El Molt Honorable (es un decir) será una mala persona, pero no es tonto y sabe que estos temas distraen un huevo al personal."

CLN: Sacerdotes que se lo montan con sus feligresas, profetas a los que se les va la olla y deciden construir su propia catedral, sosias de Darth Vader que escuchan la COPE... ¿Ya has pensado lo qué harás la próxima vez que el Papa visite España?

DV: Pues no te sabría decir lo que haré, ya que todavía sigo con la resaca de la JMJ 2011. Ahora bien, lo suyo sería que se pasara antes por Atlantidavid, el único continente que todavía no ha visitado. Allí le esperaré con los brazos abiertos, junto con David Alkyxx, Paco Pepper de la Serna, Felipito el Apóstata, Nancy (la sirena travesti), el profesor Semeva Labola y demás bandarras.

CLN: Aparte de ser novelista amateur, también colaboras en Periodista Digital. ¿Cómo es que acabaste allí?

DV: En el año 2006 los blogs todavía estaban de moda (muy pronto se verían desplazados por las redes sociales en lo que a llevarse el gato al agua se refiere). Un amigo que por aquel entonces trabajaba en Periodista Digital me propuso abrir un blog con ellos, y no me lo pensé dos veces. Les estoy muy agradecido, ya que en este tiempo he podido escribir libremente sobre lo divino y lo mundano, sin ningún tipo de censura. Ahora hace casi dos años que no lo actualizo, en parte porque los hechos de la actualidad española y catalana me producen arcadas. No me apetece nada poner en negro sobre blanco mis sentimientos más profundos hacia los padres de nuestra patria, ya que su inmensa mayoría me parecen una panda de mamones. Prefiero centrarme en escribir mis novelas.

CLN: Como columnista en Periodista Digital, has escrito varios artículos de actualidad política. ¿Hablamos un poco de política o mejor lo dejamos estar?

DV: Lo que quieras, pero con lo rojo que tú eres y con lo de derechas que soy yo al igual acabamos mal (risas).

CLN: Como catalán, ¿cómo ve David Millán la apuesta por el referéndum independentista de 2014?

DV: Me parece una simple cortina de humo de Artur Mas para entretener a la gente. El hombre está haciendo unos recortes brutales que afectan a las personas más humildes, especialmente en sanidad y educación, mientras destina muchos millones de euros a mantener en pie el pesebre nacionalista. Para que te hagas una idea, en Cataluña tenemos siete canales autonómicos, que todavía no se sabe muy bien para qué sirven (aparte de para enchufar gente, claro está). Por si fuera poco, los casos de corrupción afloran como setas. El Molt Honorable (es un decir) será una mala persona, pero no es tonto y sabe que estos temas distraen un huevo al personal, de ahí que se haya subido a ese carro.

En cuanto al referéndum en sí mismo no le veo mucho recorrido, ya que los diferentes partidos están muy divididos y andan todo el día a la greña (son un poco como el Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular de La vida de Brian). Pero vamos, el futuro está abierto y a lo mejor la cosa prospera. El día menos pensado al igual tengo que sacarme el pasaporte para viajar a Cuenca.

Alfredo Urdaci con cara de no haber roto un plato. Gracias a su célebre entrevista, conocimos al David Millán más serio.

CLN: No sé si esto lo llegué a soñar, era una coña tuya o cuando lo vi era el Día de los Inocentes, pero... ¿De verdad llegaste a entrevistar a Alfredo Urdaci?

DV: Pues sí, le entrevisté hace un tiempo. Fue un sueño hecho realidad, ya que Alfredo Urdaci es uno de los grandes mitos del periodismo español. Y a pesar de la leyenda negra asociada a su persona, lo cierto es que me atendió en todo momento con una gran amabilidad. Si alguien quiere leerla, en archive.org hay una copia de la susodicha.

CLN: No es cuestión de hacer de esto "una entrevista dentro de otra entrevista", pero tanto la persona como el personaje dan para mucho. ¿Cómo afrontaste el reto de entrevistar a alguien así? 

DV: Dada mi inexperiencia en estas lides me dejé llevar por la improvisación. En aquella época su blog estaba de actualidad, y era inevitable que la primera pregunta fuera por esos derroteros. A partir de ahí, la conversación fluyó con naturalidad. En realidad hacer una entrevista no es difícil, al menos para mí. Lo complicado es estar en el lugar del entrevistado, y enfrentarse a preguntas comprometidas como las que me haces (risas).

CLN: De los últimos escándalos de corrupción casi mejor ni hablamos, ¿verdad?

DV: Los que tenemos una cierta edad conocemos bien el tema, gracias a que en su día leímos el álbum Corrupción de mogollón, de Mortadelo y Filemón. Tiene veinte años del ala, pero está de plena actualidad. Vale la pena volverle a echar un vistazo. Y es que este país siempre ha estado gobernado por una panda de chorizos y saqueadores de la peor calaña. Da igual que fueran Austrias o Borbones, monárquicos o republicanos, socialistas o populares, nacionalistas o no nacionalistas, tirios o troyanos: de lo que se ha tratado siempre es de utilizar la ideología como pretexto para saquear las arcas del estado. Esta gente maneja de forma descontrolada cantidades de dinero público enormes, sin rendir cuentas ante nadie de sus latrocinios y de su pésima gestión. Solo hay que ver que casi todas las administraciones públicas de España son deficitarias, mientras que ellos están forrados. Así, claro está, el país nunca levantará cabeza.

Caricatura de Francisco Ibáñez, por el que nuestro autor siente una profunda devoción.

CLN: Volviendo a la literatura... ¿Qué ha sido lo último que te has leído?

DV: Ahora estoy releyendo los últimos tomos de la saga de La torre oscura, de Stephen King. Son libros que en su momento leí con demasiada prisa. Tenía tantas ganas de llegar a la torre de marras de una vez por todas, que cuando un nuevo volumen caía en mis menos lo devoraba sin reparar demasiado en los detalles que enriquecen la historia. Ahora estoy volviendo a esos relatos de una forma mucho más pausada, sin ninguna prisa por llegar al final, refocilándome en cada detalle.

CLN: ¿Para cuando tu próximo libro? ¿Estará dedicado a Ratzinger?

DV: Pues mira, precisamente ayer terminé el primer borrador de mi último libro. Es la historia de un joven mago que, por motivos que no vienen al caso, se traslada a vivir a Atlantidavid y termina por enfrentarse al Conde Friki, al Chupacabras, a la madrastra de Blancanieves y al resto de la chusma del mundo de la noche. En cuanto a la segunda pregunta, prefiero dedicarle el libro a Benedicto IX, un pontífice que también dejó la silla de Pedro, aunque en este caso para irse de picos pardos con su prima.

CLN: Completa la frase: "Los libros de David Millán te gustarán si..."

sábado, 9 de marzo de 2013

La vida iba en serio (Jorge Javier Vázquez)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: La vida iba en serio (¡No me digas!)
  • Autor: Jorge Javier Vázquez (el tío del Tomate)
  • Género: Drama Social
  • Número de páginas: 120 según el PDF pirata que me descargué gratuitamente en una web. Claro que el texto estaba más comprimido que las neuronas del director de la nueva película de Zipi y Zape
  • Editorial: Planeta
  • Precio: Eh... No pensarían que iba a pagar por leerme esto, ¿verdad?
  • Valoración de Crítica Literaria Novel: FFUUU
El libro de Jorge Javier... el puto libro de Jorge Javier... La madre que me parió... No, no se asusten. En realidad la cosa no es tan grave como parece pero, aún así, sigue siendo una gran desgracia. Mi única preocupación es publicar esta reseña y quedar como el clásico gafapasta que sólo ve los Documentales de La 2 y el puñetero Saber y ganar, porque claro... La televisión es una mala influencia y los videojuegos provocan cáncer. Ya ven, como si ver concursos de preguntas y respuestas te hiciera parecer más listo. En fin... ¿Para qué engañarnos? Soy un asiduo de la telemierda. Me encanta la telemierda. I love telemierda. Y eso lo demuestro cuando le hago pasar a mi novia el mal trago de ver nuestra peli cutre mensual (una costumbre que, si Dios no lo remedia, terminará por convertirse en todo un referente de las noches de los viernes).

Y el caso es que todo esto viene al reto que los amigos del Gabinete del Doctor Somier lanzaron a sus lectores poco después de realizar la correspondiente reseña del libro. Si ellos pudieron leerlo, ¿por qué yo no? Después de todo, tengo un blog de literatura en el que también hablo de cine casposo. ¡Es la unión perfecta, joder! El libro de nuestro querido Jorge Javier representa el sueño de todos los amantes de lo raro. Es el equivalente bloguero de esos tíos que salen en Xplora metiéndose en sitios superchungos y comprando la primera cosa "rumbrenta" que les salga al paso. ¡Coleccionar basura es tan genial!

Bueno, pues habrá que meterse en harina digo yo... Ahora en serio, ¿de verdad es tan penoso como promete? Pues no, llega a resultar entretenido y todo... Pero ya está. No pasa de ahí. Tan pronto como se lee, se olvida... Todo muy en la línea de Jorge Javier, porque vamos a ver, ¿alguien se acuerda de que hablaron anoche en Sálvame? ¡Y no vale decir "Pues poner por los suelos a Lidia Lozano", porque eso ya lo hacen siempre!

Si hemos de enfocar el libro como una novela, no hay duda de que el tío es un ególatra de padre y muy señor mío, porque hay que tener la cara más dura que el cemento para ponerle al protagonista de tu historia tu propio nombre y, encima, hacer una versión novelada de los momentos más destacados de tu vida, como cuando, ya casi al final del libro, lo fichan en Antena 3 para que colabore en las tertulias que entonces se marcaban Rosa Villacastín y la petarda de la Quintana (sí, ya sé que os he soltado un spoiler así de gordo, pero me la suda). O cuando vemos cómo el tío se queja amargamente de lo mal que lo trataban en la redacción de la Super Pop... Sólo para darnos cuenta de que el tío DE VERDAD trabajó para Super Pop (o eso dice la nota biográfica que aparece al final del libro, porque no tengo intención de meterme en la Wikipedia para averiguarlo)... ¡Sí, Jorge Javier fue columnista en la Super Pop! ¡Qué pasada, tías! Conclusión: hay que ser muy cutre para escribir una novela basada en tu vida y en la que ni siquiera te molestes en cambiar el nombre de los personajes. Es como si El Quijote estuviera protagonizado por Cervantes o como si Stan Lee fuera el protagonista de sus tebeos. ¿Stan Lee paséandose por las fachadas de Nueva York como si fuera Spiderman? ¡Una mierda al lado de Jorge Javier de farra por los antros más sórdidos de Madrid!

Y luego está la otra opción, la de tomarnos el libro como una autobiografía de nuestro presentador preferido. En este último caso, la cosa ya tendría matices mucho más serios, dado que nos veríamos al auténtico Jorge Javier acojonado ante la perspectiva de haber pillado el SIDA o bien hecho un guiñapo por la muerte de su padre. Es cierto que le odiamos, pero nunca nos atreveríamos a bromear con semejantes desgracias... Aunque claro, si uno piensa en su detestable chulería y en la cantidad de burradas que suelta, casi le desearíamos esto y muchísimo más (porque hay que dejar claro que este tío es lo puto peor)... Pero no, no llegaremos a tanto. Dejemos a un lado lo personal, please. De todos modos, y viendo que el fulano se ha dedicado a pasear la novela por media Telecinco con afirmaciones del tipo "No me he inventado nada", nos queda claro que se trata de una autobiografía. Ahora bien, lo malo de las biografías es que uno debe de leerlas con cuidado, no vaya a ser que nos metan una trola tras otra y que nos coma la cabeza el Consejo del Huevo. En su biografía, Hitler se presentaba como un tipo honesto y al que daban ganas de llevarse a casa... Y ya sabemos lo que hizo después.

"Sacadme el lado bueno, chicos. Que se vea que soy culto".


"Cabrones..."

Jorge Javier sabe que ahora mismo es uno de los tíos más odiados de España (los otros son Rajoy y el yerno del Rey). Por eso ha escrito este libro, para colarnos la historia de que tuvo unos orígenes humildes (¡No te lo crees ni tú!) y que, en el colegio, era el último al que escogían para jugar al Conejo de la Suerte. Vamos, un clarísimo ejemplo del clásico "Soy un hijo de puta porque el mundo me ha hecho así". Y como sucede con todos los grandes bastardos de la Historia Universal (véase al señor Burns y su biografía ¿Habrá algún día un arco iris?), el fulano aprovecha para reinventarse como persona, mostrándonos a un hombre sensible, tímido e incapaz de cometer la mayor maldad... Un patito feo que termina por convertirse en un hermoso cisne (¡Oigh!)... Y al que casi dan ganas de soltar en un coto de caza para volarle la cabeza de un escopetazo. Razones no le faltan.

Otra cosa que no soporto es el hecho de que el tío, con todo su potencial y cultura (él mismo se lamenta de que sus artículos en la Super Pop son bastantes frívolos, por lo que procura darles un carácter más literario) sueñe con trabajar en el mundo del corazón, como si esa fuera la última meta de cualquier estudiante de Filología. ¿Que puedes ser un escritor de éxito y convertirte en el referente de toda una generación? ¡Eso está pasado de moda, hombre! Ahora lo que mola es rebuscar en el cubo de basura de la Presley a ver qué tipo de tampones usa. Eso sí, viendo como está el panorama literario actual (con Pío Moa, César Vidal y Juan Manuel de Prada soltando su mierda fascistoide sin ton ni son), casi mejor que nos fiche el Pronto o la Diez Minutos. Pero a lo que vamos: que no me creo que alguien quiera terminar ahí pudiendo estar en El País o en un medio de comunicación medianamente serio. Sería como ver a Larra o Bécquer dedicándose a la crónica social, lo más bajo a lo que puede aspirar cualquiera que se dedique a esto.

Y eso por no hablar de la pedantería del tío. ¿Quién ha dicho que un redactor de Pronto no ha leído a Neruda o Terenci Moix?  "¡Oh, qué culto y leído soy! Pero aún así me dedico a escribir en una revista para retrasados mentales". Si tienes una cultura tan amplia como la de Jorge Javier y, sin embargo, haces lo que él hace, es que te pagan un pastizal por cada chorrada que escribes, fijo, Eso, o es que directamente eres gilipollas. De verdad, casi dan ganas que el prota de El whisky del muerto aparezca por ahí metiendo fregonas por el culo a diestro y siniestro. Por Dios, ¿dónde está Pedro Avilés cuando se le necesita?

Cansadas de abrocharse la bata cuando van a decir algo importante, las señoras ahora han optado por leerse el libro de Jorge Javier. 

La descripción que Jorge Javier hace del Madrid de principios de los 90 roza lo absurdo. Madrid es la meca de lo gay, la farándula y el despiporre mientras que Barcelona era... una casa de monjas en la que nadie rompía un plato. Yo no sé ustedes, pero basta echarle un vistazo a las novelas de la saga de Flanagan para echar por tierra esa visión tan encorsetada y rígida que Vázquez tiene de la capital catalana. Luego el tío se contradice y dice que allí también se consumía droga y había bares en los que la gente se metía mano. Pero bueno, ¿en qué quedamos? La misma contradicción nos la encontramos cuando el fulano presume de ser un muerto de hambre y se va de viaje a Jordania, Londres, Cádiz o Roma con misma facilidad que yo a comprar yogures al Hiperdino. ¡Joder, así hasta yo!

Nos dejamos en el tintero los cambios narrativos que se producen a lo largo de la historia, en los que tan pronto hablan el propio Jorge Javier como su padre, teniendo como resultado un cacao sin precedentes; la ausencia de personajes tan decisivos como las hermanas del protagonista, a las que el tío se quita de encima diciendo que "apenas le prestaron atención cuando era pequeño" (yo a eso lo llamo ahorrarse el esfuerzo de describir a dos personajes fundamentales... o, directamente, pasarse por el forro de los cojones la inteligencia del lector); la desaparición de personajes tan importantes como Joan, que pierde terreno en favor de Daniel y al que no volveremos a ver el pelo; o el empeño del autor en mostrarnos que tiene una lengua muy sucia y que no le importa que nos escandalicemos cuando echa un polvo con el "maricón de turno"... Y sí, eso está bien cuando eres un mojigato del Opus Dei (¡Anda! ¡Con lo poquito que a él le faltó para ingresar en la Orden!) o un santurrón que escucha la COPE y va a misa todos los domingos, pero no cuando te has leído más de una docena de novelas de Stephen King o has visto las veinte temporadas de South Park. Igual el tío se esperaba que lo criticaran por lo sórdido de su lenguaje, pero es que lo que cuenta es lo más normal del mundo cuando te mueves en un entorno de intolerantes y reprimidos. Que no cuela, Jorgito, que no...

CONCLUSIÓN:

Podríamos decir que Jorge Javier es una mente brillante al servicio de la basura... ¡pero es que no lo es, joder! Que sí, que el tío es muy culto y todo eso, pero la novela está plagada de agujeros argumentales del tamaño de un estadio de fútbol. Y luego las putas contradicciones: "Mis padres no me dejaban vivir tranquilo en mi casa, pero como vivo en Madrid, les echo de menos", "Vengo de un barrio obrero en el que no hay trabajo, pero me gusta lanzarme a la aventura y correr el peligro de perder mi empleo", "No tengo dinero para vivir, pero salgo de marcha todas las noches y me voy de viaje a Jordania"... ¡Decídete de una vez, coño!

"¡Yeah! ¡Soy líder de ventas!"

Hablamos de una novela del montón, tan normalita como cualquier otra, y cuyo único atractivo es estar escrita por quien todos sabemos. Da igual que sea ficción o una jodida biografía. Es un coñazo monumental solo comparable a los libros de Coto MatamorosAramís fuster y (¡Dios no lo quiera!) Ana Obregón. Pero lo que más me cabrea, lo que más me jode es el grado de victimismo del fulano: "Soy gay, nadie me entiende y mi pluma (ja, ja, ja... ¿lo pilláis?) haría enrojecer de rabia a cualquier abuela". ¡Que sí, hombre, que sí...! Lástima que Boris Izaguirre sea MUCHO mejor novelista que él... Jorge Javier es el típico caso de un anoparlante. Encontrar tantas referencias sexuales en una novela como ésta ya nos da una idea de por dónde van a ir los tiros. Y créanme, es el súmmum de lo penoso. Ya digo, su pasión por el sexo sería encomiable sino fuera porque lo concibe como una guarrada. Sus ganas de escandalizar y crear polémica nos las conocemos al dedillo. Pero bueno, ya que le han dado un Premio Ondas, que le den también el Nadal o el Planeta... Ya puestos a subnormalizarnos, hagámoslo bien... De perdidos al río, ¿no? Pues eso.

viernes, 1 de marzo de 2013

Sueño (Joseba Carrera)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Sueño
  • Autor: Joseba Carrera
  • Género: Novela
  • Precio: Papel (8,34 euros) / PDF (gratuito)
  • Número de páginas: 63
  • Valoración de Crítica literaria: -
Decidido a abandonar España por culpa de una desgracia familiar, Joseph se embarca en un viaje hacia Estados Unidos para cumplir su gran sueño de trabajar en la NASA. Sin embargo, el avión que le lleva a América termina estrellándose en alta mar, pereciendo en el siniestro más de la mitad del pasaje. El accidente sólo será un contratiempo más en la aventura transoceánica de Joseph, pues como todo héroe, conseguirá llegar a su destino... sólo para darse cuenta de que la vida está llena de pruebas que hay que superar.

La trama

Vayamos por partes. La obra tiene muchísimos aspectos a mejorar, pero por un ejercicio de coherencia, empezaremos por comentar el argumento. Veamos, no es que la trama tenga algunos puntos oscuros que nos dificulten la lectura, sino que todo en ella está mal. Al principio, la cosa nos recuerda un poco a "Perdidos" por aquello del accidente de avión, pero tras el rescate de los supervivientes y su posterior encierro forzoso en un hotel (!) nos encontramos con una historia completamente diferente, con unos protagonistas que huyen sin que el lector pueda comprender el motivo y unos diálogos que bordean lo incomprensible. ¿Qué interés puede tener el Gobierno en mantener encerrados y bajo llave a las víctimas de un accidente aéreo? No lo sabemos, y aunque confiamos en que se nos dé una respuesta a lo largo de la aventura, ésta no aparece por ningún lado. Da la impresión de que el autor se cansó de la trama del avión y optó por trasladar la acción a otro ambiente en el que se sintiera más cómodo.

Acto seguido nos encontramos con Joseph y sus amigos (la enigmática Turi, la ingenua Sara y el... bueno, llamémosle simplemente Robert) dirigiéndose a Florida. Las autoridades les pisan los talones y vigilan sus movimientos (sin que en en ningún momento, repito, sepamos la razón). Sara y Robert se enamoran sin que apenas hayan tenido tiempo de estar a solas y desaparecen de nuestra historia por arte de magia. La trama da un nuevo giro y nos encontramos con Joseph tratando de mediar en la disputa de un matrimonio que amenaza con hacerse añicos, pues Luck, el cabeza de familia, ha descuidado sus obligaciones como marido y padre en favor de su trabajo como científico. Gracias a Joseph, la familia se reconcilia y todos viven felices para siempre. Bienvenidos a la subtrama número dos.

Joseph vuelve a España y es entonces cuando descubrimos los verdaderos motivos de su huida: resulta que después de regresar borracho a su casa tras una noche de juerga, provocó el accidente que dejó a su hermano Orión en silla de ruedas (!). Parece que cuando Joseph salió del ascensor empujó "sin querer" a Orión por el hueco de las escaleras (o eso deduzco, porque todo lo relativo a esta parte es muy confuso). El sentimiento de culpa fue tan grande que Joseph hizo las maletas y se marchó a las Américas dispuesto a convertirse en astronauta. Vamos, lo más normal del mundo.

Joseph y su familia hacen las paces pero los problemas vuelven a surgir cuando Turi se presenta en su casa con todo un equipo de guardaespaldas (!). En teoría, Turi está dispuesta a vengarse de Joseph porque éste no tuvo ninguna consideración con ella en Florida... lo cual tendría sentido si el personaje hubiese hecho de verdad algo importante (aparte de dárselas de diva y hablar como el Oráculo de "Matrix"). En algún momento se da a entender que Turi está enamorada de Joseph y "quiere estar con él para siempre". Y como no es cuestión de complicar más las cosas, la tía secuestra a la familia del prota y convierte el bloque de apartamentos en el que viven en un búnker. Subtrama número tres, ¡allá vamos!

Después de una secuencia de acción terriblemente confusa, Turi deja fuera de combate a Joseph y lo lleva a una zona desértica situada a las afueras de Pamplona. Joseph recupera la conciencia y descubre que se encuentra en una cabaña perdida en mitad del desierto navarro (!). Pero nuestro héroe se las ingenia para volar la casa por los aires con Turi dentro y salir de allí a escape. Lamentablemente, Joseph ha sido víctima de un terrible engaño, pues es capturado por un tal César, un compañero suyo de trabajo cuyo único papel en toda esta historia fue la de aconsejar a Joseph que se marchara a Estados Unidos. Es entonces cuando descubrimos que César es el líder de una organización secreta y que Turi era su mejor agente (espera... entonces, ¿no era verdad que estaba enamorada de Joseph o cómo se come eso?). Ignoramos qué tiene de especial Joseph para que César lo quiera trabajando para él, pero a estas alturas esto es lo de menos. En esta parte de la historia se introducen ciertos elementos de ciencia ficción que, si los comparamos con lo que nos hemos ido encontrando a lo largo de la aventura, no pegan ni con cola (como es el caso de un extraño cenicero de ocho patas que dispara rayos aturdidores; o el cacharro ese que suelta chorros de luz y tan pronto le da por ponerse a teletransportar gente como por desintegrarla). La cosa se vuelve tan caótica que hasta el autor pierde el tino. Véase el siguiente ejemplo:

JOSEPH: ¡No me interesan tus historias! Sólo quiero saber qué narices hago aquí y dónde está mi familia.
CÉSAR: ¿Tu familia? Pues no tengo ni idea. Seguramente estén buscándote ahora mismo. Recuerda que llevas más de tres meses encerrado y claro... fuera han pasado muchas cosas.
JOSEPH: Siete meses -pensé para mí.

¡Espera, espera, espera...! ¿Qué? O sea... ¿Cómo? ¿Son siete o tres meses los que Joseph se ha pasado encerrado? En fin, me temo que nunca lo sabremos. Al final pasa lo que tiene que pasar. Joseph se ve obligado a trabajar para César, quien le hace entrega de un sobre en el que figura el nombre de la persona a quien tiene que matar; le dejan solo en su celda y, en lo que parece ser un homenaje a la peli "Han llegado", nuestro héroe es devorado por un trasto que lanza destellos de luz y ya está. Fin ¡Alto! ¡Un segundo! ¿Fin? No, no... La historia termina con un enigmático "Continuará" que a cualquiera le pondría los pelos como escarpias, porque no seré yo quien se siente a ver cómo continúa la historia de marras...

Apartado formal

Si el argumento es una incoherencia tras otra, el apartado formal es para echarle de comer aparte. La misma introducción sobra y está mal escrita. Entre otras cosas, en la primera frase faltan los signos de interrogación. Hay un mal uso de los nexos de unión y de las comas, así como un innecesario exceso de conjunciones, lo que nos da como resultado varias frases mal construidas. El mal uso de las comas hace incompresibles algunas partes, de modo que el lector tiene que presuponer lo que el autor está diciendo. Por si fuera poco, se hace un uso incorrecto de los tiempos verbales (se utiliza el subjuntivo en partes en las que carece de sentido). Asimismo, faltan preposiciones y acentos, y los errores ortotipográficos con casi una constante en la narración. Al principio da la impresión de que se tratan de hechos aislados, pero no... Aún no hemos acabado de leer el primer capítulo cuando ya nos damos cuenta de que la novela se nos va a deshacer en las manos. Y eso que no hemos hecho más que empezar.

También nos encontramos con cacofonías que fácilmente podrían evitarse ("voz" y altavoz" por ejemplo), así como con palabras que se repiten constantemente (en un párrafo de tres líneas, la palabra "avión" se repite al menos tres veces) lo que le da al texto un carácter pobre. La falta de vocabulario es más que evidente y el texto está repleto (y he de hacer hincapié otra vez en ello) de faltas de ortografía que claman al cielo ("izo" en vez de "hizo",  "ablando" por "hablando", "abra" por "habrá", "valla" por "vaya" "véngala" por "bengala"...). Da la impresión de que el autor dejó que el corrector de Word hiciera todo el trabajo. Y eso por no hablar de palabras y expresiones que hacen que nos llevemos las manos a la cabeza, como "psicriata" en lugar de "psiquiatra" o "mar de nueves" en vez de "mar de nubes".

Pero lo más alucinante de todo es ver cómo pasamos de la primera a la tercera persona por la cara (de la página 7 en adelante) y viceversa, de modo que ya no sabemos ni dónde estamos. Por otro lado, se nos presenta si previo aviso a los personajes (como es el caso de Robert o Tomás). El autor nos habla de ellos como si ya los conociéramos de antes, cuando en realidad es la primera vez que los vemos entrar en acción. La expresión "¿quién es ese tío y por qué debe importarme?" nos acompañará practicamente a lo largo de toda la lectura, convirtiéndola en toda un suplicio.

Por otro lado, ya no sólo es que pasemos de la tercera a la primera persona, sino que además también se producen saltos muy bruscos entre una escena y otra. No hay pausas ni interludios que nos permitan saber en qué punto de la historia nos encontramos, lo que nos da la sensación de que la narración se mueve por "flashbacks" (un recurso fácil y que deja en evidencia las escasas cualidades narrativas del autor). Luego hay escenas que están muy mal contadas (como el caso de Turi y la balsa en la página 10) y que, lejos de ser episodios aislados, llegan a ser la tónica predominante de la novela. Y las faltas, siempre las faltas ("Valsa" por "balsa", "haber" por "a ver"...). Contarlas es una misión imposible, pero no me extrañaría nada que, entre expresiones mal construidas, la ausencia de acentos y las idas de olla del Word ("hacer que" por "acerqué", "¡Eres un carbón!" por "¡Eres un cabrón!") superasen el medio millar.

Valoración final y algunas propuestas de mejora

"Sueño" es una novela que no parece tener un propósito firme. Por saber, no sabemos ni dónde va. Desde el principio no tenemos claro su argumento y las faltas de ortografía tampoco es que nos ayuden mucho. Valorar el trabajo en estas condiciones es algo que está fuera de lugar. No obstante, y teniendo en cuenta que tengo por norma aceptar todas las peticiones de lectura que me llegan, me gustaría especificar de qué forma podría mejorarse el texto y animar así al autor a no desfallecer. Así que judíos, al lío:

En lo que respecta al argumento: introducir subtramas que sirvan de apoyo a la trama principal está muy bien, pero no creo que los diferentes hilos argumentales que nos encontramos en el texto merezcan ese nombre. Al contrario, son historias en sí mismas sin ninguna relación entre ellas y que carecen de interés para el lector. El argumento de "Sueño" es precisamente ése, un sueño sin pies ni cabeza en el que todo puede pasar y en el que nada tiene sentido. Si lo que se quiere contar era una historia de intriga, recomiendo reescribir la parte relativa al secuestro de la familia de Joseph y eliminar la parte de Luck y sus problemas matrimoniales. Asimismo, también sugiero al autor darle un giro mucho más adulto a los diálogos y, de paso, profundizar un poco más en las descripciones, algunas de las cuales casi bordean lo infantil (la parte en la que Tomás se adentra en la selva es una prueba de ello). De hacerse así, estoy seguro de que la novela ganará muchos puntos. ¡Ánimo y adelante!

En lo que respecta al apartado formal: No hay que dejar nunca que el corrector de Word haga el trabajo por nosotros. Jamás. Las faltas hay que corregirlas una a una y, en el caso de que se tengan dudas, acudir al diccionario. Todos cometemos faltas o nos comemos palabras, pero de ahí a cometer errores como los que cito más arriba va todo un mundo. Un texto con faltas de ortografía tan marcadas como éste da muy mala impresión y, sobre todo, muy mala imagen (lo que hará que nadie quiera volver a leer algo nuestro ni así que pasen doscientos años). Antes de subir un trabajo así a Internet (donde todo el mundo puede verlo y juzgarlo) es recomendable no sólo revisarlo una y mil veces, sino dárselo a alguien conocido para que lo lea y opine. Ya puestos a que nos escupan a la cara, mejor que la haga un familiar a un extraño, que luego pasa lo que pasa. Estoy seguro de que Joseba cuenta con varios amigos y familiares que pueden echarle una mano y orientarle al respecto. Eso por descontado.

Otro consejo: antes que lanzarse a escribir la primera idea que se nos ocurra es importante haber leído mucho. Como sabiamente decía don Pedro Avilés: "Sólo pueden presumir de comer con los dedos aquellos que saben utilizar los cubiertos" (aunque lo de comer con los dedos yo lo veo una guarrada, pero en fin...). La gramática, el uso correcto de los tiempos verbales y la ortografía no son patrimonio exclusivo de los profesores de Lengua, sino también de los que nos hacemos llamar escritores. Después de todo, no dejan de ser nuestras herramientas y debemos cuidarlas como tales. Ojo (¡mucho ojo!) a las faltas.

En lo que respecta a los cambios de la primera a la tercera persona, son perdonables si padeces un trastorno bipolar o eres Gollum, pero no si quieres ser escritor. Aparte de las faltas y el argumento, es uno de los problemas más gordos que le veo a la novela. Fíjense si es tan grave que da la impresión de que la historia está escrita a dos manos... Eso, o bien que el autor ha retomado la escritura del texto después de varios meses  (o años diría yo) sin tocarla. Nadie suele cometer este tipo de errores, pero como de todo hay en la viña del Señor, nunca está de más una relectura previa para ver en qué punto de la acción nos quedamos. Y oye, que si la primera persona nos gusta más que la tercera, lo cambiamos y listos... Pero nunca (¡nunca, nunca, nunca...!) combinemos ambas. Tengamos un mínimo de coherencia y respeto por el lector, por favor.

Espero que estos consejos ayuden a Joseba a mejorar como autor y que pronto podamos volver a leer algo suyo en óptimas condiciones. Estamos seguros de que así será.