domingo, 29 de diciembre de 2013

78º Edición de Microrrelatos Bubok

La semana pasada se fallaba la 78º edición del Concurso Quincenal de Microrrelatos Bubok. Finalmente, la clasificación quedó tal como sigue: 
  1. (RAITANN) Delante del supermercado: 24 puntos
  2. (LASACRA) Rareza clínica: 18 puntos (penalizada con tres puntos por no votar)
  3. (JPIQUERAS) La ruleta: 14 puntos
  4. (INCONGRUENTE) Agonía: 12 puntos
  5. (ZARA_X) Non a diabol: 11 puntos
  6. (ESCALENO) Maldición: 10 puntos
  7. (ELCUBO) ¡Mía!: 9 puntos
  8. (DANIEL HR) En la barra del bar: 8 puntos
  9. (MIGUELMIG) El convento: 8 puntos
  10. (FINALYPRINCIPIO) Si la Justicia no es justa...: 0 puntos (penalizado con tres puntos por no votar)
Como podéis ver, no he salido muy bien parado en esta edición, dado que he quedado tercero por la cola (y para más escarnio, empatado a puntos con el penúltimo). La verdad es que ha sido un batacazo de los gordos, pero teniendo en cuenta que venía de quedar segundo en la edición número 76 y que en la 77 me presenté a última hora... ¡Qué carajo! ¡Lo importante es participar, joder! O eso dicen los perdedores...

De momento, el concurso se toma un merecido descanso hasta después del 6 de enero, fecha en la que volveremos a liarla parda. ¡Os esperamos en los Foros de Bubok! Edición número 79... ¡Allá vamos!

Pero antes, desgranemos un poco lo que nos hemos encontrado en esta edición. Recordad que podéis leer los micros presentados a concurso aquí. Y si queréis participar en la próxima edición, aseguraros de leer las bases antes, no seáis vagos.

MALDICIÓN (1): ¡Ay de aquellos que escriban "Hay" (de haber) en lugar de "Ay" (de exclamación), pues tendrán pocas oportunidades de ganar! El micro es interesante por su brevedad y por la contundencia de su mensaje: si eres el único que tienes idea propias, serán engullidas por el pensamiento despersonalizado de la mayoría... Pero el despiste entre "Hay" y "Ay" me obligaba a penalizarlo. Y lo siento de veras, porque era un buen micro. Evitemos que el corrector del Word se encargue de todo el trabajo, please.

EL CONVENTO: Un joven parado acude al convento regentado por su tía para pedirle trabajo. La monja no está dispuesta a que su sobrino pase necesidades y decide ayudarle. Después de todo, para algo están la familia y la caridad cristiana. La redacción es correcta, pero el micro no me dice nada. Lamentablemente, no tiene ningún punto electrizante o digno de quedar en el recuerdo. No hay sorpresa. Más que un micro, es una estampa. No tuvo opción a entrar en la zona de puntos.

NON A DIABOL: Un hechicero que trata de encontrar la fórmula para resucitar a los muertos. El problema es que es incapaz de dar con el encantamiento adecuado y los cuerpos se le descomponen a mitad de proceso. Le ocurre lo mismo que a "El Convento". Tiene una redacción correcta y libre de faltas, pero no tiene ningún rasgo destacable que le haga sobresalir. Con todo, se le agradece el tono amable y simpaticón.

AGONÍA (4): Relato tramposo. Sólo al final del micro sabemos qué es lo que el enfermo murmuró entre dientes. Este recurso me provoca sentimientos encontrados. Por un lado creo que, para que el truco saliera redondo, era necesario modificar la frase de inicio o añadirle algo que nos indicara por dónde van a ir los tiros. Por otro lado, soy consciente de que la sensación de sorpresa es mayor tal y como está. La historia es amarga y brutal. Hay sorpresa y todo un contexto detrás. Muy bien.

DELANTE DEL SUPERMERCADO (3): Relato "oportunista" que nos habla de la otra cara de la Navidad: los que tienen versus los que no tienen, ricos y pobres, afortunados y desgraciados... El tema sobre el que se sustenta la historia no es nada del otro jueves, pero está tan bien tratado que puntuarlo era una obligación. Me encanta la acidez y el humor negro del que hacen gala los protagonistas. También tiene un aire de fábula que es irresistible. No me extrañaría nada que terminase ganando esta edición. Muy bien.

SI LA JUSTICIA NO ES JUSTA...: ¿"noche buena"? Será Nochebuena, ¿no? La redacción del texto es mejorable. Faltan algunos acentos y algunas mayúsculas allí donde hay minúsculas. Cumple su papel como micro (de hecho, también tiene aires de fábula), pero considero (y ésta es solo mi opinión) que el tema podría estar mejor tratado. No tuvo opciones a entrar en la zona de puntos.

LA RULETA (5): El sino del jugador que se convierte en ludópata. Este relato es fantástico. El que se cree afortunado y apuesta todo lo que tien puede quedarse sin nada. Es genial. Quizá el desenlace es un poco brusco y necesitaría algo más de glamour, pero sigue siendo un buen micro.

¡MÍA!: Lo siento mucho, pero no he pillado la idea. Entiendo que el capitán se hunde con barco (la parte relativa al naufragio está muy bien descrita), pero no he entendido el núcleo central de la historia. Tengo la sensación de que algo se me escapa. El texto es demasiado denso y me provoca más dudas que certezas. No tuvo opciones a entrar en la zona de puntos.

RAREZA CLÍNICA (2): El Ratóncito Pérez sufre Síndrome de Diógenes. Tras una primera lectura (y si el lector anda medio espeso), el texto puede llegar a ser confuso, pero releyéndolo detenidamente descubrimos que estamos ante una pequeña maravilla. La frase del comienzo está excelentemente insertada y en absoluto llega a resultar forzada. Tiene además, un puntito de deliciosa mala leche. De no haber tenido ese pequeño error ortotipográfico ("una caso grave" en lugar de "un caso grave") se habría colado en la parte alta de mi medallero particular.

El Emperador bizantino (y IX)


Todo este proceso iba acompañado de los rugidos y gruñidos emitidos por los leones y otras bestias fabricadas en madera que ocupaban la estancia. Como bien dice nuestro historiador, la ceremonia estaba destinada a ablandar el ánimo del emisario, cuando no a impresionarle.

Autómatas bizantinos. Estos ingenios mecánicos demuestran el grado de refinamiento e innovación que alcanzó la cultura bizantina. FUENTE: Arte, Historia y Geografía.

Otra muestra del poder imperial eran las procesiones. El emperador, vestido con sus mejores galas y custodiado por su guardia pretoriana, salía del palacio junto con todo su séquito en dirección a la Gran Iglesia (léase Santa Sofía). Junto al cortejo iban las antiguas insignias imperiales romanas, acompañadas por el estandarte de la cruz de oro de Constantino. Una vez llegados a la Iglesia, el mandatario bizantino acudía a la misa y al final de ésta, repartía pequeñas cantidades de oro entre el clero y los mendigos asistentes a la ceremonia. El regreso al palacio tenía lugar en idénticas circunstancias. Cuando el último miembro de la comitiva real entraba en el palacio, en uno de los salones más elegantes del recinto, tenía lugar un banquete similar a los que se celebraban en la antigua Roma.

Asalto turco a las murallas de Constantinopla. Bizancio caería en 1453, pero su herencia fue recogida por Rusia y las antiguas provincias de su Imperio, como Grecia. FUENTE: El otoño de la Historia.

El emperador bizantino fue la cabeza dirigente de su Imperio durante los casi mil años que éste sobrevivió a su homólogo de Occidente. Su papel fue determinante en cuestiones de tipo militar, económico y social. Con la caída de Constantinopla y la desaparición de la autoridad imperial bizantina, no sólo terminará una etapa de la historia europea, si no también un modo de entender la política y las relaciones del Estado con sus súbditos.

BIBLIOGRAFÍA:
  • ASDRACHA, C., DUCELLIER, A., MANTRAN, R., PATLAGEAN, E. 2001: Historia de Bizancio. Editorial Crítica. Barcelona.
  • BLADE, R. 2003: “Las ocho campañas”. Revista Historia y Vida. Nº 418, pp. 44-61.
  • BOCOS, F. 2002: “Los últimos días de Constantinopla”. Revista Historia y Vida. Nº 416, pp. 80-89.
  • FACI LACASTA, J. 1996: Introducción al mundo bizantino. Editorial Síntesis. Madrid. 
  • GARCÍA DE CORTÁZAR, J. Ángel., SESMA MUÑOZ, José Ángel. 1999: Historia de la Edad Media. Una síntesis interpretativa. Alianza Editorial, Madrid. 
  • OSTROGORSKY, G. 1984: Historia del estado bizantino. Editorial Akal. Madrid. 
  • VVAA. 2001: Enciclopedia Santillana: Datos, hechos y nombres imprescindibles. Grupo Santillana de Editores. Madrid. 
  • VVAA. 1996: Geografía e Historia I (El mundo: grandes paisajes/Europa hasta el año mil). Grupo Santillana de Editores. Madrid. 
Índice total de entradas:

El Emperador bizantino (VIII)


Lejos de ser personajes carentes de influencia política, las emperatrices bizantinas ostentaban de grado de augustas (augoústai). Muchas de ellas podían reclamar su título cuando sus maridos se convertían en emperadores mientras que otras eligieron adoptar este cargo ya pasados algunos años. El caso es que ellas también se rodearon de la pompa y los privilegios de los que disfrutaban sus compañeros. Teodora aparecía junto a Justiniano en el reverso de las monedas bizantinas y su rostro puede verse en los mosaicos de la iglesia de Ravena. El nombre de las emperatrices se pronunciaba junto al de sus esposos cuando se firmaba un documento oficial. En el encabezado de tales escritos, se auguraban buenos propósitos y larga vida para la pareja imperial.

Monedas con la efigie de la Emperatriz Irene. Su iniciativa de casarse con Carlomagno para reunificar la Cristiandad se saldó con un fracaso. FUENTE: Wikimedia Commons.

Y pasamos a la proyección del poder. De todos es conocida la iconografía de la que se rodeaban los grandes dignatarios medievales, y los emperadores bizantinos no eran una excepción. En tiempos de Justiniano, el prestigio del Imperio dominaba todo el Mediterráneo. El comercio era cada vez más próspero y las finanzas así lo demostraban. 

Hablar del esplendor de Bizancio es hablar de Santa Sofía. FUENTE: Todo Colección.

La construcción de iglesias y templos fue una demostración a los enemigos de Bizancio del poder de su civilización. No es de de extrañar que tanto Justiniano como sus sucesores se dedicaran a embellecer Constantinopla. Más de veinte iglesias jalonaban el horizonte de la ciudad. Entre ellas destacaba Santa Sofía, templo cuya construcción fue iniciada por orden de Justiniano en nombre de “la Sabiduría Divina”.

Santa Sofía en la actualidad. En sus extremos pueden verse los alminares que se construyeron tras la conquista otomana. FUENTE: Wikimedia Commons.

Dentro de palacio, los emisarios extranjeros que pedían reunirse con el emperador asistían a un espectáculo extraordinario. Los sirvientes del Basileo tenían la obligación de postrarse ante él tres veces. McCormick nos describe cómo se llevaban a cabo estas audiencias, pero hay textos, como la crónica de Antapodosis [1], que recogen de primera mano el prodigioso ceremonial del que era partícipe el recién llegado. Los emperadores bizantinos (ya lo dice McCormick) eran fervientes entusiastas de ingenios mecánicos y otros aparatos que nada tenían que envidiar a los avances tecnológicos del Renacimiento. El trono del emperador, con el fin de impresionar a los visitantes, era extremadamente grande. Una vez que el emisario se postraba ante él, un mecanismo oculto en el trono hacia que éste se elevara del suelo, de modo que casi llegase hasta la altura del techo. 
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sábado, 28 de diciembre de 2013

El Emperador bizantino (VII)


Y es que la vida íntima de algunos emperadores daba mucho que hablar. Algunos mandatarios no vacilaban a la hora de abandonar a sus esposas y reunirse con sus amantes en el interior de la propia residencia imperial. Sería recomendable hacer un inciso en esta cuestión, pues los escarceos amorosos afectaban de igual manera a hombres que a mujeres. McCormick pone como ejemplo a la joven viuda de Romano II, la cual, a la muerte de su marido, contrajo matrimonio con uno de los generales más importantes del Imperio y que gobernaría bajo el nombre de Nicéforo II. La ausencia de éste de la morada imperial permitió que su esposa se enamorara de otro hombre, Juan Tsimisces. La emperatriz y su pretendediente lograron asesinar a Nicéforo, pero no consiguieron sofocar la indignación de la iglesia. Finalmente, la emperatriz tuvo que abandonar el palacio.

Miniatura de Nicéforo II. Su mujer, Teófano Anastaso, le abandonó para casarse con su sobrino, Juan Tsimisces. FUENTE: Geocities.

Pero sería erróneo e injusto recordar a ciertas emperatrices bizantinas únicamente por su categoría de consorte o por su condición de adúlteras. Hubo emperatrices que tuvieron un carácter enérgico y decidido cuando la moral de sus maridos flaqueaba. Este fue el caso de Teodora, esposa de Justiniano, cuya vida siempre fue objeto de polémica. El ya citado historiador Procopio la tachaba de prostituta y de ejercer actividades propias de una “mujer del espectáculo”. La enemistad que profesó Procopio hacia el matrimonio Justiniano-Teodora llegó hasta el paroxismo cuando el cronista afirmó que marido y mujer mantenían frecuentes discusiones sobre temas religiosos. Sin embargo, el poder de decisión de la soberana quedó demostrado cuando se produjo una conspiración en el Hipódromo liderada por las facciones que corrían en la arena (los Azules y los Verdes) y cuya finalidad era derribar a Justiniano. Belisario consiguió sofocar la insurrección y Justiniano, temiendo que el ejército también se hubiera unido a sus enemigos, estuvo a punto de huir. Sin embargo, el apoyo de Teodora le hizo cambiar de parecer.

La Emperatriz Teodora. Su matrimonio con Justiniano hizo de ambos los personajes más importantes e influyentes de su tiempo. FUENTE: Wikimedia Commons.

No menos importancia tuvo la emperatriz Irene, protectora del culto a las imágenes  y artífice de la propuesta de contraer matrimonio con Carlomagno para reunificar el Ecumene Cristiano. Muchas emperatrices no se limitaban a vivir en palacio, si no que participaban en la vida comercial que había tras sus muros (como sucedió con la esposa del emperador Teófilo). Otras decidieron que su vida se centraría en la corte, contemplando de forma impasible como la corona imperial pasaba de un emperador a otro. Los ejemplos son de lo más variados. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

El Emperador bizantino (VI)


De igual manera, sería necesario resaltar la importancia política de ciertas regiones del Imperio. La provincia de Anatolia fue la encargada durante mucho tiempo de proporcionar emperadores a Constantinopla. Así, estaríamos hablando de un marco geográfico-político que entrará en decadencia conforme los turcos vayan privando al Imperio de sus territorios.

Estatua de Constantino XI, el último emperador de Bizancio. La mayoría de los cronistas sitúan sus últimas horas de vida combatiendo a los turcos en las murallas de Constantinopla. FUENTE: Wikimedia Commons.

Cada emperador tenía una manera muy personal de ejercer su cargo. Algunos emperadores prefirieron encerrarse en su palacio y dedicarse, con apoyo de su burocracia, a promulgar decretos jurídicos y administrativos. Este fue el caso de Justiniano, autor del famoso código que lleva su nombre. De él nos cuentan las crónicas que apenas dormía, aunque si hemos de hacer caso a los que nos dice el historiador Procopio, el motivo de su insomnio se debía más a la naturaleza diabólica del emperador que a su pasión por el trabajo. Otros emperadores decidieron emular a sus antepasados griegos y ponerse a la cabeza de sus tropas (Heraclio, Manuel I o el omnipresente Constantino XI), lanzándose a hacer la guerra a sus enemigos. Algunos mandatarios se dedicaron a la literatura mientras que otros, en contrapartida, optaron por llevar una vida más festiva y licenciosa. 

Constantino XI en un grabado griego del siglo XIX. Los nacionalistas griegos le representaron como el defensor de la fe ortodoxa y la nación griega frente al Islam. FUENTE: Wikimedia Commons.

McCormick no duda en explicarnos cómo pasaban los emperadores su tiempo libre. Magnífica reflexión la que hace este historiador sobre la llegada a Bizancio de los torneos y justas entre caballeros que tanto furor causaban en Occidente. El Medievo y la Antigüedad se daban cita en el Hipódromo de Constantinopla. A las carreras de cuadrigas y las batallas entre gladiadores (en las que participó el emperador Miguel III) se añadían nuevas actividades de cuño occidental, mientras que en los jardines de palacio se practicaba la caza y la cetrería. 

jueves, 26 de diciembre de 2013

El Emperador bizantino (V)


En lo que respecta al ejercicio del poder, los emperadores habían heredado de Roma algunos rasgos de la tetrarquía. El emperador, con la ayuda del ejército y el senado, elegía a su sucesor, quien muy pronto adoptaría el cargo de coemperador. Es célebre el caso de Justiniano, que fue elegido por su tío, Justino I, para aconsejarle en todo cuanto tuviera que ver con asuntos de Estado. Si bien el senado colaboraba en su nombramiento, lo cierto es que este órgano tenía muy poco poder. De hecho, hasta el siglo VII, el ejército será el encargado de proporcionar al trono la mayoría de sus emperadores. 

Los Tetrarcas, escultura romana del Bajo Imperio. El Emperador contaba con un "coemperador" que le ayudaba a gobernar el Imperio. FUENTE: Wikimedia Commons.

Con el transcurso de los siglos, y conforme el Imperio se vaya helenizando, el poder militar acabará siendo socavado por la aristocracia. La asociación al poder del coemperador irá cayendo poco a poco en el olvido. En palabras de McCormick, “la sucesión hereditaria creció en importancia a lo largo de las siete últimas dinastías bizantinas” (…) Los círculos burocráticos y palaciegos ganarán la batalla al ejército”. La prueba de ello la encontramos en el periodo que va desde el gobierno de Heraclio hasta la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204.

Teodosio I, uno de los primeros emperadores del Imperio de Oriente, cuando todavía no era conocido como Bizantino. Bizancio llegó a ser gobernado por una decena de dinastías. FUENTE: Wikimedia Commons.

Aunque parezca contradictorio, el triunfo de la aristocracia bizantina y su modelo electivo propiciará usurpaciones al trono imperial. De los 109 emperadores que tuvo Bizancio, más de la mitad murieron en prisión, mutilados o de muerte violenta. El sistema promovido por la aristocracia servirá de ayuda a futuras intrigas y conjuras palaciegas, de manera que la usurpación llegó a ser un procedimiento casi normal de ocupar el trono. 

martes, 24 de diciembre de 2013

La leyenda de Jay-Troi. El inmortal (Daniel Menéndez Cuervo)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: La leyenda de Jay-Troi. El inmortal
  • Autor: Daniel Menéndez Cuervo
  • Editorial: Amazon
  • Género: Novela / Fantasía épica
  • Precio: Epub disponible en Amazon (2,68 euros)
  • Número de páginas: 828 páginas aprox.
  • Valoración de Crítica Literaria Novel: 6,5
Ajenos a las guerras que se están librando a lo largo y ancho de las Tierras Conocidas, los sagras tratan de sobrevivir a la espera de ver un nuevo día. Su pueblo se encuentra al borde de la desaparición y nadie parece dispuesto a reunificar y liderar las diferentes tribus que malviven en las montañas. Lo que ninguno de estos pobres salvajes sabe es que, en el seno de una de sus más insignes familias, nacerá un hombre que conducirá a todas las naciones de las Tierras Conocidas hacia una nueva Edad de Oro... Aquel al que, con un terror supersticioso, llaman "El Inmortal". 

La vida de un inmortal da para mucho: heroicos combates, amores apasionados, fabulosos enemigos... Ingredientes que no faltarán en la vida de alguien tan singular como Jay-Troi, la reencarnación de aquel al que esperan aquellos que han perdido toda esperanza.

LO MEJOR:
  • Una historia digna de la mejor fantasía épica. "La leyenda de Jay-Troi" reúne todos los ingredientes de la mejor literatura de aventuras, todo muy en la línea de "El Señor de los Anillos" y "Juego de Tronos" (por citar las más famosas): majestuosos reinos rebosantes de vida, batallas desesperadas, nobles causas que defender, enormes ejércitos en movimiento... Daniel ha hecho los deberes y nos trae lo mejor del género. Quizá el conjunto nos resulte demasiado familiar y al momento nos invada cierta sensación de déjà vu, hasta el punto de pensar que la novela no tiene una personalidad propia (los aportes que hace Daniel al universo fantástico no son muy novedosos)... Pero sí es cierto que la lectura se hace muy disfrutable y divertida.
  • Personajes carismáticos, dignos del mejor Harold Foster. Es verdad que en ocasiones bordean el tópico (el héroe que trata de superarse a cualquier precio, el príncipe creído y desdeñoso, la princesa que no se conforma con ser rescatada...) pero quizá era necesario.
  • Estética muy bien cuidada. Pese a que la novela le cuesta arrancar, el Libro I transmite una intensidad sólo comparable a la película "Excalibur", mostrándonos el esplendor y la posterior caída del héroe. La caída en desgracia de Jay-Troi nos recuerda irremediablemente a "Tristán e Isolda". Sencillamente épico.
  • La portada es una pasada. No suelo centrarme en este tipo de aspectos a la hora de comentar un libro, pero aquí tengo que hacer una excepción. La portada transmite tal sensación de fuerza que hace que nos sintamos obligados a seguir adelante con la lectura. El trabajo del ilustrador es impresionante.
  • Para los que nos dedicamos a la Historia, resulta interesante trazar un paralelismo entre los sucesos narrados por Daniel y la propia realidad. Es imposible no comparar a los rianos con los hunos o los mongoles, mientras que los sucesos relacionados con la caída de Iliath perfectamente podrían ajustarse con los asedios que sufrieron Roma y Constantinopla a lo largo de los siglos. El propio Tolkien se inspiraría en la obra de Steven Runciman, "La caída de Constantinopla", para crear episodios tan míticos como el ataque de Sauron a Gondor. Daniel no ha querido ser menos y nos regala una serie de escenas que nos dejan un agradable regusto a Historia. Es imposible no acordarse de Vercingétorix cuando vemos a Jay-Troi penetrando en Iliath para parlamentar con los jefes rianos y rendirse ante ellos. Muy bien.
A MEJORAR:
  • Ente los aspectos a mejorar, cabe destacar que los últimos capítulos del libro (los relacionados con la batalla final contra los rianos) dan la sensación de estar escritos con desgana, como si el autor se hubiera cansado de su historia y quisiera ponerle punto y final cuanto antes. Estos pasajes son extrañamente cortos (lo que resulta llamativo si tenemos en cuenta que representan el clímax de la novela), oscilan de un lado para otro dando extraños bandazos (si no, no se explica la incomprensible huida de Jay-Troi la noche anterior a la batalla) y parecen haber sido escritos a todo correr, de tal forma que parece que Deleben es el auténtico héroe de la novela y no Jay-Troi. Es razonable que un personaje tan trascendente tenga su importancia en la historia y deba quedar en el recuerdo (de ahí la colina que lleva su nombre), pero... ¿Por qué no acabar contando con pelos y señales el posterior retorno de Jay-Troi a Iliath y terminar ahí el relato? Acabar la historia en pleno campo de batalla no sólo le resta glamour a la historia, sino que 1) rompe con el tono barroco característico de la novela y 2) semejante corte resulta demasiado apurado y brusco, dándole al conjunto un aire precipitado, obviando el destino de personajes como ese pequeño huérfano del que se encariña Marpei. Por otro lado, si Jay-Troi está casi herido de muerte... ¿cómo es posible que después el anciano que cuenta la historia no profundice más sobre la gravedad de sus heridas?
  • El personaje de Marpei sirve para darle a la historia un toque ameno y divertido. Es el rostro amable de la novela y casi podríamos decir que es la versión forzuda de Gimli de "El Señor de los Anillos". El problema es que está demasiado caricaturizado. Para que un personaje así resulte carismático no es necesario ponerle en la boca la misma coletilla una y otra vez. Es verdad que funcionó con los forzudos cómicos de las aventuras de Mora y Ambrós (Taurus, Goliath y Mac Meck) pero aquí el resultado bordea el estereotipo más descarado. A fuerza de tanto usar el mismo recurso, el personaje se acaba desgastando, de manera que todavía no hemos acabado con el primer tercio de novela cuando ya nos hemos cansado de él.
  • La fórmula "mas" (sustitutiva del "pero") llega a resultar un tanto cargante. Entiendo que dicha expresión le dé un toque especial al texto, pero su uso resulta exageradamente innecesario.
  • Existencia de algunas contradicciones en la trama que, si bien no tienen ninguna repercusión importante, si afean un poco el resultado final. Al comienzo de la novela se nos da a entender que Jay-Troi es una figura que se mueve entre la leyenda y la realidad. Si verdaderamente fue coronado rey de Iliath (quedando, por consiguiente, registro de su reinado) su existencia no puede ser puesta en tela de juicio, dado que han quedado vestigios de su paso por el mundo (la propia Batalla de Aglaya, por ejemplo). Es como si ahora dijéramos que Fernando VII o Carlos I son personajes legendarios. Tal vez ese carácter legendario descanse en su pretendida inmortalidad (es un acierto que Daniel nunca nos aclare ese misterio), pero si volvemos la vista al principio queda un poco raro.
  • Hay partes que quizá hubiesen merecido explicarse mejor, como el paso de Jay-Troi por la Garganta de Adín. Sabemos que sortea el peligro sin ningún temor, pero hubiera sido conveniente que el autor nos contara qué se escondía detrás de aquel enigmático -y terrorífico- lugar.
CONCLUSIÓN:

Interesante novela de fantasía épica que, si bien no tendrá un lugar en nuestros corazones, nada impide que no nos enamoremos de ella. Es cierto que tiene varios puntos a mejorar (sería preciso retocar los capítulos finales) y que, en ocasiones, tanto la historia como los personajes bordean el tópico que solemos encontrarnos en este tipo de novelas, pero su tono épico gustará a todos los amantes del género. No estamos ante una novela que marcará época, pero sí ante un trabajo ameno y muy bien elaborado, todo un homenaje a Tokien y a R. R. Martin. Recomendable.

domingo, 22 de diciembre de 2013

El Emperador bizantino (IV)


Todo el palacio era una plataforma sobre la cual el emperador se erigía soberano. Las suntuosas salas de banquetes, las inmensas terrazas por las que se dejaba ver el mar, las grandes bodegas en las que se almacenaba el fuerte vino griego, el palco con vistas al Hipódromo... Frente a estas construcciones dedicadas al ocio, se encontraban otras de carácter más práctico, como las oficinas de la administración, las reservas del tesoro imperial, las habitaciones en las que se daba audiencia a los emisarios extranjeros… Sería descabellado negar las tesis de  McCormick cuando afirma que el palacio era “una ciudad dentro de otra ciudad”.

El Hipódromo según un grabado del siglo XVI. El deterioro de las construcciones de la época bizantina continuó durante el dominio otomano de la ciudad. FUENTE: Wikipedia.

En el palacio no sólo vivía la familia del emperador, si no también toda su corte. McCormick nos habla de la presencia de los guardias pretorianos que velaban por la seguridad del emperador y su familia; burócratas y administradores responsables de las más distintas funciones de gobierno; funcionarios eunucos encargados del aseo y los cuidados de la residencia; artesanos, bodegueros, artistas… Todos ellos formaban parte del engranaje que movía la vida del emperador. 

Narsés en una miniatura medieval. Este eunuco fue uno de los grandes generales de Justiniano I. FUENTE: Wikipedia.

Convendría destacar el papel que tuvieron los eunucos dentro del ámbito de palacio. McCormick nos describe a unos criados obedientes que llevaban a cabo las más diversas actividades, tales como la enseñanza de algunos emperadores cuando éstos todavía eran niños, la instrucción de las princesas extranjeras que aspiraban a ser emperatrices… Si un funcionario imperial quería ser recibido por el emperador, antes tenía que consultar a sus sirvientes eunucos. Su importancia como chambelanes les llevaría incluso a ser oficiales del ejército.

viernes, 20 de diciembre de 2013

El Emperador bizantino (III)


Aunque ostentara el poder político y eclesiástico, el emperador también era el comandante en jefe del ejército. El emperador guerrero era el protector de la Cristiandad frente a los enemigos animistas y herejes que poblaban las fronteras del Imperio (árabes, persas, godos, eslavos…) De las tesis de McCormick, puede deducirse que un emperador victorioso en la guerra lo es también en su propio reino, mientras que un emperador débil en el campo de batalla no tenía otra alternativa que dejar el trono. Así logra dar explicación a las continuas intrigas palaciegas y usurpaciones que tanto caracterizaron a Bizancio durante su existencia, pero de eso ya hablaremos más adelante.

Plano de Santa Sofía, una de las maravillas arquitectónicas de Bizancio. FUENTE: Monografías.
Si hemos de hacer referencia a las estructuras del poder, obligatoriamente tenemos que hablar del palacio imperial, “el gran escenario sobre el que se representaba la simbología del poder”. Pero la morada imperial no era solamente un edificio, sino toda la ciudad. Constantinopla, fundada por Constantino I, era considerada la Nueva Roma. Emplazada en el estrecho del Bósforo, en un principio, tanto su plano como sus construcciones trataron de seguir el modelo de la antigua capital de Occidente. Constantemente embellecida por sus gobernantes, su situación estratégica le permitió disfrutar de los beneficios del comercio, pues la ciudad controlaba las rutas comerciales entre Asia y Europa.

Una ciudad dentro de otra ciudad: El Palacio Imperial Bizantino en tiempos de Justiniano. FUENTE: Historiam Tuam Sapere Aude.
McCormick nos relata la imagen que tenían los bizantinos de su ciudad, capital del mundo entonces conocido. Las Iglesias, ricamente decoradas, abundaban por doquier. Los arcos bajo los que desfilaban los emperadores victoriosos en la guerra eran los testigos silenciosos de sus hazañas. Los puertos de Constantinopla eran los más importantes del Mediterráneo, pues en el Mármara y el Cuerno de Oro podían encontrarse todo tipo de productos y mercancías procedentes de Europa y Asia. En los foros, al igual que en Grecia y Roma, podía contemplarse un complejo entramado de edificios destinados a diferentes funciones públicas: bibliotecas, fuentes monumentales, mercados… Y en el centro de la ciudad se encontraba el palacio, la sede del gobierno desde la cual tanto el emperador como su burocracia tenían la misión de gobernar el Imperio.

jueves, 19 de diciembre de 2013

El Emperador bizantino (II)


Esta creencia estaba muy arraigada entre los gobernantes de los pueblos que surgieron tras la caída del Imperio romano de Occidente. Los reyes bárbaros  veían en los antiguos emperadores un modelo digno de ser imitado. Si bien el rey Clodoveo dio a los más altos dignatarios de su corte títulos romanos como los de canciller y conde, no desdeñó presentarse frecuentemente en público vistiendo su correspondiente manto en púrpura.

Clodoveo I: el rey bárbaro que quiso ser César. Fuente: Biografías y Vidas.
Esto nos lleva a otra cuestión mucho más importante: la legitimidad imperial. El emperador bizantino era el único gobernante que podía considerarse heredero de Roma. Es cierto que podían existir otros reyes, pero éstos no eran más que vasallos de Constantinopla. Carlomagno ostentaba el título de emperador de los francos, pero el basileús lo era de toda la Cristiandad, del mismo modo que lo fueron sus antecesores en Occidente.

Justiniano I, el representante de la Cristiandad. Fuente: Wikipedia.
La excepción a esta norma la representaban los emperadores Sasánidas, aún considerados bárbaros. Coroes y sus sucesores, aunque enemigos acérrimos de Bizancio, tuvieron con los monarcas de este Imperio un trato preferente, casi de “igual a igual”, y ello puede verse en la correspondencia mantenida por ambos reinos durante los mandatos de Justiniano y Coroes II.

Persas y romanos combatiendo. Pese a las hostilidades que enfrentaron a ambos ejércitos, sus líderes siempre se trataron con consideración. Fuente: ArqueHistoria.

Pero volvamos a la cuestión de los símbolos, a simple vista insignificante. En la ceremonia de coronación del emperador, el púrpura también estaba presente. El gobernante bizantino era coronado en la Iglesia de Santa Sofía por el Patriarca de Constantinopla. Esto significaba la unión de los poderes político y religioso. El emperador llevaba la corona imperial, su manto y unos botines de color púrpura. La antigua idea imperial romana estará presente hasta los últimos días del Imperio. Constantino IX, último defensor de Constantinopla, se desprenderá de sus insignias imperiales, (entre ellas el manto) y combatirá como un simple soldado en las murallas de la ciudad. La cuestión de los símbolos del poder bizantino no debe tomarse a la ligera, y así nos lo demuestra McCormick en sus páginas.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El Emperador bizantino (I)


- Trabajo elaborado a partir del artículo "El Emperador", de Michael McCormick (“El hombre bizantino”, Ed. Alianza Editorial, Madrid, 1994, pág. 290) -

Portada de "El hombre bizantino", donde Cavallo y otros historiadores (entre ellos McCormick) nos acercan a la sociedad bizantina. FUENTE: Alianza Editorial.

La figura del emperador bizantino siempre ha sido considerada la clave para entender la pervivencia de Bizancio hasta casi mil años después de la desaparición del Imperio Romano de Occidente. Dueño de un poder absoluto, aún cuando sus dominios comenzaban a desmoronarse por el avance otomano, el historiador Michael McCormick se propone acercarnos a la figura de este personaje a través de una serie de apartados relativos a su poder: 1) los símbolos, 2) las estructuras, 3) su ejercicio y 4) su proyección. En cada uno de ellos irá desgranando la importancia que tuvo el emperador en la vida política y social bizantina, partiendo desde cuestiones tan nimias como su vestuario e imagen, pasando por el enorme significado político que tuvo la fundación Constantinopla, el papel de las emperatrices en el gobierno, hasta llegar a materias verdaderamente trascendentales, como fue el caso del traspaso del poder de unos emperadores a otros, el surgimiento de las dinastías imperiales, etc.

Localización de Constantinopla durante el periodo bizantino. A la izquierda del plano se distinguen las murallas de Constantino I. FUENTE: El ocaso de Bizancio.

Ya desde la introducción, McCormick traza un paralelismo entre el Sol y el emperador. Hay en esta comparación un doble significado, pues si bien el astro solar reinaba en el cielo y en el mundo natural, el emperador lo hacía en la tierra. La cita de ambas entidades no es anecdótica, y más aún si tenemos en cuenta la imagen que tenían sus súbditos del basileús, pues para ellos, el emperador era la representación de Dios en la tierra, “el hombre de Dios gobernando al mundo”.

Constantinopla durante la Edad Media. FUENTE: Rutas del Románico y Arte Medieval.

Sería muy arriesgado pensar que McCormick compara al emperador con el Sol únicamente por sus principios divinos. Y es que un hombre que era considerado “igual que los apóstoles” debía rodearse de una aureola de poder solamente similar a la de Cristo. Empecemos por su vestuario. Fijémonos en la capa púrpura con motivos dorados que McCormick asimila poéticamente con el Sol. El emperador bizantino heredó el color púrpura de los antiguos mandatarios romanos. El púrpura, en palabras de nuestro historiador, “lograba que todos los ojos se dirigieran inmediatamente (…) a la figura central”, la suya propia. Había, por lo tanto, un renovado empeño en llamar la atención de los presentes y del pueblo en general. Con el manto púrpura, el emperador se convertía en un ser privilegiado, pues nadie excepto él podía llevarlo. 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Las mujeres en el mundo nazi -y 15-


5. Apéndice: La Batalla de Berlín. Las violaciones en masa del Ejército Rojo.

Se estima que durante su ofensiva hacia Berlín, medio millón de mujeres fueron violadas por los soldados del ejército soviético. Estas violaciones eran consideradas como un gesto de represalia por las atrocidades perpetradas por los alemanes durante la invasión de la Unión Soviética en 1941 (deportaciones de poblaciones entreras, actos de guerra, pillaje...). Gracias a la desclasificación de los archivos del ejército ruso, muchos historiadores han podido acceder a ellos y documentar estas agresiones. Por otro lado, lo que antes era un tema tabú en Alemania está comenzando a cobrar fuerza gracias al trabajo de historiadores como Antony Beevor. Hasta hace poco, muchas de las supervivientes se negaban a hablar de ello por vergüenza.

Imagen 1: Una berlinesa entrenándose en el manejo del panzerfaust.

Con Berlín, la caída; 1945 (Crítica, 2002), Beevor se convierte en uno de los primeros investigadores en tratar de cerca este tema. El historiador británico ha trabajado con testimonios de primera mano, tanto del ejército ruso como de mujeres que sobrevivieron a la caída de la capital. Entre otros datos, Beevor apunta que una sola mujer fue violada hasta setenta veces. Si bien es cierto que estos hechos no habían sido estudiados hasta fechas tan recientes, sí eran conocidos tanto para los soldados que tomaron parte en la contienda como por los propios alemanes. Cuando Raymond Cartier escribió su monumental Historia sobre la II Guerra Mundial a mediados de los años 60, señaló que, tras la conquista de la capital, las berlinesas “quedaron sometidas al ultraje del vencedor”. También es cierto que durante mucho tiempo estas violaciones fueron consideradas como un mal menor, poniéndolas a la misma altura que los bombardeos sobre Dresde, Colonia e incluso sobre Hiroshima y Nagasaki: fueron considerados como las consecuencias lógicas de la lucha contra el Eje. Y es así como tenían que ser vistos en el futuro. Pese a todo, en el contexto de la Guerra Fría, los dos bloques no dejaron de lanzarse acusaciones sobre los excesos que unos y otros habían cometido durante la guerra.

Imagen 2: Francotiradoras soviéticas. Pese a que la fotografía corresponde a la campaña de Prusia Oriental, muchas de ellas participaron activamente en la caída de Berlín.

Uno de los testimonios más fiables con los que trabaja Beevor es con las notas de prensa que el escrito Vasili Grossman redactó para el Estrella Roja, el periódico del Ejército Rojo. Considerado como el Tolstoi contemporáneo, Grossman escribió la epopeya que llevó a los soldados soviéticos desde Stalingrado a Berlín (encontramos algunos ejemplos de ellos en Vida y destino, Por una causa justa o Todo fluye, publicadas en España por Galaxia Gutenberg). Pese a que el escritor fue un idealista por encima de todo (en sus obras demuestra una admiración incondicional hacia el Ejército Rojo y sus generales), no dudó en escribir todo cuanto veía (especialmente emotivas son sus descripciones de las víctimas de las violaciones), denunciando los excesos de los soldados a sus superiores. Pese a que Beevor prefiere centrarse más en las agresiones, se sabe que al menos 4.000 oficiales soviéticos fueron juzgados en la URSS por maltratar a la población civil. El primer gobernador militar de Berlín, el coronel Berzarin, condenaba enérgicamente estos abusos.

Imagen 3: Vasili Grossman en Berlín.

Lamentablemente, las mujeres alemanas no fueron las únicas víctimas de los soldados soviéticos, puesto que sus propias compañeras llegaron a sufrir estos maltratos.  Beevor nos cuenta como el mariscal Rokossovski (Héroe de la Unión Soviética y posterior Ministro de Defensa polaco), mientras viajaba por una carretera secundaria de Berlín para preparar el asalto definitivo, observó como uno de sus soldados agredía físicamente a una de las oficiales rusas encargadas de dirigir el tráfico. Según el relato de Beevor, el mariscal no pudo contenerse y saltó del coche en marcha para evitar la violación. Por otro lado, las mujeres rusas que fueron deportadas a Alemania durante la invasión de 1941 también sufrieron el maltrato de sus compatriotas, puesto que se creía que habían colaborado con el enemigo.

Imagen 4: Rokossovski (extremo derecha) en compañía de los generales Montgomery y Zhukov. Su actuación impidió la violación de una mujer por uno de sus soldados.

Quizá el testimonio más duro y sobrecogedor lo encontremos en el libro Una mujer en Berlín, texto que recoge las impresiones de una berlinesa durante los últimos días de la capital nazi. Para evitar ser violada por los soldados soviéticos, la protagonista de la historia se confió a un oficial soviético que la salvó de ser agredida por sus compañeros. Si bien este testimonio fue considerado durante mucho tiempo como una fuente anónima, recientemente (y gracias a las investigaciones de Beevor) se ha descubierto que la autora de este diario era la periodista y propagandista nazi Marta Hillers. El libro se publicó por primera vez en Alemania durante los años 50, aunque no tuvo demasiado éxito. Poco después de la muerte de su autora, se lanzó una reedición que tuvo un gran éxito de público, siendo llevada al cine el año 2008 por el director alemán Max Färberbock.

BIBLIOGRAFÍA:
  • ANDERSON, B.S. y ZINSSER, J.P., Historia de las mujeres: una historia propia. Volumen II, Crítica, Barcelona, 1991.
  • BEEVOR, A., Berlín, la caída: 1945, Crítica, Barcelona, 2002.
  • BEEVOR, A., VINOGRADOVA, L., Un escritor en guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo (1941-1945), Crítica, Barcelona, 2006.
  • CARTIER, R., La II Segunda Guerra Mundial (Tomos I y II), Paris Match, en colaboración con Planeta, Barcelona, 1981.
  • DUBY, G. y PERROT, M. (Ed.), Historia de las mujeres. Volumen V, Taurus, Madrid, 1990.
  • GARCÍA ÁLVAREZ, M., Guardianas nazis, el lado femenino del mal, Grupo Edaf, Madrid, 2012.
ÍNDICE DE IMÁGENES:
ÍNDICE DE ENTRADAS DE LAS MUJERES EN EL MUNDO NAZI:

domingo, 15 de diciembre de 2013

Las mujeres en el mundo nazi -14-


4. Las mujeres y el Holocausto.
Nunca ha quedado claro cuál fue el verdadero papel de las mujeres en el Holocausto. Si bien algunos autores han señalado que su participación sólo fue testimonial*, otros apuntan que estuvieron relacionadas con el 75% de los crímenes de los que se les acusan**. Lo que es innegable es que hubo mujeres en los campos de exterminio, que dichos campos tuvieron un personal eminentemente femenino (como los de Ravensbrück o Lichtenburg) y que varias de esas guardianas fueron reconocidas por los supervivientes como perpetradoras del Holocausto.

Imagen 1: El personal femenino de Auschwitz posa con un oficial.

Entre celadoras, ayudantes y guardias el personal femenino de estos campos oscilaba entre 3.000 y 3.500 trabajadoras. Si bien Ravensbrück fue uno de los campos en donde el personal femenino fue superior al de los hombres, su presencia en los campos adyacentes a Auschtwitz y Madjanek fue una triste realidad. La mayoría de estas mujeres eran de orígenes humildes y tenían una escasa formación intelectual (Irma Grese era hija de un lechero y había dejado los estudios a los quince años; Johanna Langefeld era hija de un cerrajero; los padres de Ilse Koch eran unos modestos agricultores...). Debido a estas circunstancias, muchas de ellas se habían alistado en las S.S. con el fin de ascender socialmente y contribuir al esfuerzo de guerra sin exponerse demasiado a los peligros de la retaguardia. Mónica G. Álvarez sostiene que su pobre formación cultural las hizo fácilmente manipulables por sus superiores, motivo por el cual se dejaron llevar por la vorágine del Holocausto.

Imagen 2: El personal de Auschwitz divirtiéndose. La alegría de la foto contrasta con lo que de verdad ocurría en el campo.

La formación de estas mujeres giraba alrededor de la instrucción física, la formación del política (en el que los logros del nacionalsocialismo ocupaban una buena parte del temario), técnicas para prevenir sabotajes y boicots en la producción y una guía sobre el tratamiento y castigo de los prisioneros. Muchos de los testimonios de las supervivientes nos hacen pensar que sus técnicas de tortura no tenían nada que envidiar a las de sus compañeros.“[...] Raras veces tenían reacciones humanas. Como mujeres, conocían nuestras debilidades, sabían herir donde más nos dolía y no permitían que se les engañara, como a los hombres, o se les comprara con una sonrisa o una buena cara”***.

Imagen 3: Un momento de distensión.

Pese a que las cuestiones relacionadas con el Holocausto siempre han despertado mucho interés, este aspecto nunca ha sido estudiado en profundidad, quedando relegado al papel de una simple y escabrosa anécdota en las obras de carácter general. Hacer un repaso de las actividades que estas mujeres llevaban a cabo  sería caer en el morbo y el sensacionalismo, algo que como historiadores no nos podemos permitir. Sin embargo, es imposible no sentirnos obligados a conocer más de cerca a estas guardianas y el macabro papel que desempeñaron. A María Mandel, una de las responsables de Auschwitz, se le atribuye la ejecución de medio millón de personas (una buena parte de ellas, mujeres). Mandel fue quizá una de las guardianas que más poder acumularon, puesto que fue nombrada jefa de campo de Auschwitz, un puesto de muchísima responsabilidad. Desde su posición se encargó de la administración de los campos adyacentes y de la selección de las prisioneras que irían a las cámaras de gas, a las que torturaba poco antes de enviar a la muerte. Tampoco podemos obviar el caso de Irma Grese, una de sus subordinadas más eficientes (y las más joven de todas las guardianas que tomaron parte en el Holocausto). Al igual que Mandel, Grese también se especializó en el asesinato en masa y demostró un sadismo impensable en un ser humano. Tanto ella como su mentora fueron sentenciadas a muerte al término de la guerra.

Imagen 4: Ilse Koch tras su detención en 1945.

Ilse Koch fue una de las guardianas que se libró de la pena capital, aunque no pudo eludir la Justicia, siendo condenada a cadena perpetua en 1945. Seis años después fue indultada por las autoridades norteamericanas del Sector Occidental, pero regresó a la cárcel pocos meses después a instancias del Tribunal de Justicia de la Alemania Federal. Se sabe que nunca se arrepintió de sus crímenes (algunos supervivientes señalan que se especializó en curtir las pieles tatuadas de los sentenciados a muerte, con los que elaboraba objetos de decoración para su casa) y que jamás abjuró del nazismo. Condenada a cadena perpetua, se suicidó en la prisión de Aichach en 1967.

Imagen 5: Irma Grese en compañía de Josef Kramer, comandante de los campos de Auschwitz-Birkenau y Bergen-Belsen.

No todas las guardianas se mostraron crueles con los prisioneros. Johana Langefeld, vigilante en los campos de Ravensbrück, Auschwitz y Lichtenburg, mantuvo una relación cercana con algunos internos (tal vez debido a sus antecedentes como enfermera en el reformatorio para desempleados de Brauweiler). De hecho, esa actitud tan cercana fue la causa de su arresto y posterior cese por parte del Ministerio del Interior.

Imagen 6: Irma Grese (a la derecha, señalada con un punto) en el proceso que la condenaría a morir en la horca.

Al igual que había ocurrido con sus compañeros masculinos, la gran mayoría de estas mujeres se declararon no culpables cuando, poco después de terminada la guerra, fueron juzgadas por los tribunales de desnazificación. Herta Bothe, una de las pocas guardianas que logró burlar la cárcel (de hecho, todavía sigue con vida), llegó a afirmar que el error no fue suyo,“sino del campo”.
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* GABRIELA VÁZQUEZ, M, Las mujeres y el nacionalsocialismo, Fundación Memoria del Holocausto, número 23, pp. 50-52. La Fundación Auge ha puesto a disposición de sus lectores una versión electrónica de Internet.
** Véase las diferentes entrevistas que se le han hecho a la periodista e investigadora Mónica G. Álvarez con motivo de la publicación de su libro Guardianas nazis: el lado femenino del mal (Editorial Edaf, 2012). Podemos ver algunas de ellas en las ediciones electrónicas de La Vanguardia [FERRO, L, 02/01/13] y elEconomista.es [AGENCIA EFE, 07/12/12].
*** En GABRIELA VÁZQUEZ, M, Las mujeres y el nacionalsocialismo [epígrafe correspondiente a Las guardianas de los campos de concentración].

Índice de imágenes:
  1. Imagen 1: Gunther Prien Militaria.
  2. Imagen 2: Gunther Prien Militaria.
  3. Imagen 3: Gunther Prien Militaria.
  4. Imagen 4: Wikipedia.
  5. Imagen 5: Holocaust Education & Archive Research Team.
  6. Imagen 6: Un poco de aquí, un poco de allí.
Índice de entradas:

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El último deseo del cangrejo (Roberto García Cela)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: El último deseo del cangrejo
  • Autor: Roberto García Cela
  • Editorial: Amazon
  • Género: Novela / Drama
  • Precio: ePUB disponible en Amazon (0,89 euros)
  • Número de páginas: 326 páginas aprox.
  • Valoración de Crítica Literaria Novel: 8,5
MERECIÓ LA PENA...

Desahuciado por un cáncer que amenaza con consumirle, Mateo abandona a su familia y se refugia en la soledad de lo que será una dolorosa terapia de recuperación. El éxito del tratamiento no está, ni de lejos, asegurado, y es consciente de que la muerte le alcanzará tarde o temprano. Pese a las terribles consecuencias de la quimioterapia, Mateo decide seguir adelante. Lo que no sabe es que toda la percepción que había tenido hasta entonces de su enfermedad está a punto de cambiar. Y todo gracias a Toni y Julio. dos estrafalarios pacientes que, al igual que él, también tienen las horas contadas. Imagina que tu vida tiene fecha de caducidad... ¿Serías capaz de hacer todo aquello que nunca te has atrevido a hacer?

LO MEJOR:
  • Estupenda combinación de drama y comedia. La novela está excelentemente compensada, de manera que el lector tan pronto ríe (el secuestro y posterior entierro del delfín es impagable) como llora (todo el universo que rodea a Mateo está repleto de tristeza y pesadumbre, como tiene que serlo el de alguien que sabe que va a morir). Teniendo en cuenta el tema que se trata en la novela, uno esperaría encontrarse con pasajes excesivamente sensibleros o místicos a mansalva, pero Roberto ha sabido darle un toque mucho más duro y humano a su historia, mucho más realista en definitiva. Y eso puede verse en cómo interactúa el protagonista con su entorno. Nuestro héroe es brutal y rebosa amargura por los cuatro costados, pero también sabe reconocer cuándo ha cometido un error. El personaje está construido de manera sólida, alejándose así del héroe perfecto y sacrificado, casi de cartón-piedra, que solemos encontrarnos en este tipo de historias. En el siguiente punto hablaremos un poco más sobre esto.
  • Personajes muy bien trabajados y desarrollados. Es verdad que en ocasiones bordean el tópico (el friki tímido y apocado, el optimista alegre e incurable que acaba enfrentándose con la realidad, el escéptico que termina apreciando la vida por encima de todo...) pero su evolución es tan natural que en ningún momento llega a parecernos forzada. Ojo a los secundarios, especialmente a Silvia, que pasa de ser la clásica esposa distante y “tocacojones” a ser un personaje humano y de gran relevancia en la trama. Roberto podría haber hecho de ella un personaje típico y simplón, pero sabía que eso sería restarle credibilidad a su historia. En lugar de eso, optó por mostrarnos cómo los enfermos se apoyan en sus seres queridos para salir adelante (lección de la que Mateo tomará nota). Por otro lado, es verdad que el personaje de Toni en algunos momentos llega a resultar confuso (¿cómo es posible que, queriendo tanto a su mujer, termine yéndose de picos pardos y le sea infiel?), pero el tío es tan carismático que se lo perdonamos. Mención especial a Julio, un tío que cree a pies juntillas en el estallido de una futura guerra cibernértica y con todo un tormentoso pasado (e incierto futuro) detrás.
  • La novela rompe muchos tabús referidos al cáncer. Solemos ver a los enfermos como personas frágiles, sensibles y vulnerables, incapaces de romper un plato. ¡Já! Roberto nos muestra que pueden ser tan cabronazos e hijos de puta como todo hijo de vecino. Y ésta es quizá una de las cosas que más me han gustado la novela: su capacidad para hacernos comprender que, pese a su terrible enfermedad, los “cangrejos” son tan humanos como cualquiera. Todo ese rollo sensiblero de “Compréndele, tiene cáncer”, se hunde bajo su propio peso. Porque lo primero que quiere un enfermo no es ser tratado como tal, sino como la persona que en realidad es. Claro que tienen limitaciones... Claro que deben renunciar a muchas cosas... Claro que lo pasan mal... Pero tienen los mismos deseos que podría tener yo mismo. Y eso lo vemos cuando Julio desea irse de putas o cuando Toni se mete un disparo de cocaína para ponerse a tono. Por otro lado, Roberto también esboza ligeramente los prejuicios a los que un enfermo de cáncer tiene que hacer frente. Basta con echarle un vistazo a la reacción que tiene la madre de la niña con la que Mateo se encuentra la misma tarde que planean su aventura en el zoo.
  • Diálogos chispeantes y llenos de vida (teniendo en cuenta que a los protagonistas les quedan dos telediarios, este símil no es casual). Los personajes tienen tiempo para todo. Incluso para hacer gala de un delicioso humor negro. El rapto y posterior entierro de Aletitas es comedia en estado puro. Sencillamente genial. Todo esto contrasta con la solemnidad de la última parte.
  • La jerga médica, aunque farragosa, resulta necesaria para que comprendamos el sufrimiento de Mateo. Está claro que Roberto se ha documentado bien... O eso pensaba mientras leía la novela porque, al final de la misma, descubrimos que el autor tuvo la desgracia de padecer cáncer. Roberto nos deja claro que su novela en ningún momento es autobiográfica, pero sí es cierto que rescató algunas de sus experiencias mientras la redactaba. Eso no sólo le llevo a aprenderse de memoria todos los medicamentos que tenía que tomar y las diferentes terapias por los que pasó, sino a recordar las consecuencias del tratamiento. “El último deseo del cangrejo” no es una novela de terror, pero provoca tanta desazón y miedo como la mejor obra del género.
  • Texto limpio e impecable. Se aprecian algunos errores de puntuación (después de los símbolos de interrogación y exclamación nunca se puntúa) pero no es nada que no tenga arreglo. Ni rastro de faltas de ortografía. Da gusto encontrarse con cosas así.
A MEJORAR:
  • Sin lugar a dudas, el personaje de Dani es el mayor lastre que sufre la novela. Tras un primer tercio de lectura para recordar, la cosa se va torciendo hasta límites alarmantes. Si tan sólo fuera por este personaje, podría pasar... Pero es que su presencia contamina todo lo que toca, dándole a la historia un aire similar a la deleznable e insufrible “Pulseras rojas”. Llama la atención el tacto con el que Mateo le deja hacer. Es cierto que en varios momentos Mateo nos confiesa su antipatía por el joven (hasta el punto de desearle la muerte), pero no deja de resultar llamativa la deferencia con la que después le trata (y todo eso después de que lo haya llamado cobarde y cornudo). Ya digo, llama la atención si tenemos en cuenta la reacción de Mateo al comienzo de la novela, cuando Toni le nombra a sus hijos y él se pone hecho una furia (“Toni presintió que el cariz de la discusión podía llevarnos a un final indeseable y cortó de súbito”). Por lo tanto, no entiendo la condescendencia con la que se trata a Dani. Y menos aún esa repentina amabilidad con un personaje tan puñetero como desagradable. Aunque puedo aceptar que todo forma parte de ese viaje de autodescubrimiento en el que Mateo se embarca para comprender hasta qué punto le ha cambiado la enfermedad...
  • Hay algunas partes que merecerían ser explicadas mejor y no dejarlas a la imaginación del que lee. Es el caso del “sorprendente” parecido que guardan Rafael y ese presentador de televisión anónimo del que nunca se nos dice nada. Otro tanto ocurre con el desdoblamiento de personalidad que sufre Julio en determinados momentos y que después terminan diluyéndose, aunque deduzco que es un recurso del que se vale Roberto para mostrarnos cómo el carácter de alguien tan apocado puede cambiar en según qué circunstancias.
CONCLUSIÓN:

Entrañable novela con dosis de humor negro y drama que nos cuenta el día a día de un enfermo de cáncer que ha perdido las ganas de vivir. Tiene algunas cosas mejorables (la irrupción de Dani hace que la novela pierda un poco el ritmo) pero es uno de los mejores textos que hemos reseñado este año. Aunque se aleja del tono ñoño y sentimental de este tipo de trabajos, sabe cómo emplearlo en determinados momentos, encontrándonos con un libro deliciosamente escrito y en que el no sobra casi nada. Lo dicho, de lo mejor.