lunes, 29 de septiembre de 2014

Las tropas de la muerte (Joe Schreiber)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Las tropas de la muerte (Death Troopers)
  • Autor: Joe Schreiber
  • Género: Terror
  • Plataforma / Editorial: Timun Mas
  • Número de páginas: 224
  • Precio: Ni lo sé ni me importa. Me lo descargué por la patilla en una de esas páginas de yonkis y toxicómanos que el Gobierno quiere cerrar, ¿vale? Pues eso...
Lo más fácil sería empezar diciendo que Lucas y compañía llevan forrándose a costa del fenómeno "Star Wars" desde hace más de treinta años, pero en Crítica Literaria nos gusta ir a contracorriente. ¿Que a Lucas el dinero le sale hasta por las orejas? No importa, a Pujol y a esa desgracia humana de Kiko Hernández también y ahí siguen, soltando excrementos por la boca como si les fuera la vida en ello. A diferencia de esos subespecímenes parasitarios, Lucas tuvo la decencia de hacer algo por la Humanidad (a ver, que levante la mano quien no se haya sentido tentado de comprar una figura de Darth Vader para ponerlo en la repisa de su salón). Otra cosa es que luego se le fuera el baifo con las tres secuelas de la trilogía original y esa basura humeante con la que Disney y el creador de “Perdidos” amenazan con lanzarnos a la cara durante los próximos años. Ya me veo a Goofy y al Humo Negro sodomizando al almirante Ackbar por todos los agujeros follables de su cuerpo. Y todo eso mientras los fans de “La Guerra de las Galaxias” asisten empalmados al espectáculo. Tiempo al tiempo.

Por otro lado, me sorprende como hoy ser friki parece molar más que el pan de molde. Tú antes decías que te gustaba “Star Wars” o que te pasabas el día jugando a videojuegos y te miraban como a un inadaptado social. Hoy no, hoy eres “cool”... Cosas de la moda, el movimiento “hipster” y esos tíos a los que se les llena la boca con el nombre de Chuck Norris sin ni siquiera haber visto una peli suya. El mundo es así, aunque todavía hay reductos en los que resisten los defensores más acérrimos del gafapastismo. Una vez conocí a un tío que me confesó que nunca había visto “La Guerra de las Galaxias”, pero que lo compensaba tras haberse pegado casi toda la filmografía de Woody Allen. El tipo era gilipollas, por supuesto.

Hecha la presentación de rigor, os hablaré un poquito de “Las tropas de la muerte”, novela escrita por un fulano con nombre judío y protagonizada por otros tantos personajes completamente prescindibles y tan olvidables como una colonoscopia. La cosa es muy sencilla: al autor de este engendro no se le ha ocurrido nada mejor que mezclar zombies con el universo “Star Wars”. Zombies y “La Guerra de las Galaxias”... Genial, el sueño húmedo de cualquier imbécil que ve "Big Bang" y ya piensa que puede beneficiarse a su vecina. Cómo hacemos para que los principios de la Fuerza (que nos rodea y nos penetra) sean compatibles con el Virus Z parece habérsela traído al pairo al señor Schreiber. Tampoco parece haberle importado mucho los problemas que puede tener un zombie a la hora de perforar la armadura de un soldado imperial. Si el capullo de Max Brooks fue capaz de demostrar que un tanque no puede hacer nada contra un caminante, qué no podrá hacer un muerto viviente contra un tío envasado al vacío y armado con un rifle láser (¡y que encima no hace falta ni recargar!). Qué se le va a hacer... estamos hablando de los mismos tíos que fueron derrotados por los ewoks en la luna de Endor.

El tema va de cómo una nave-prisión imperial (los de Hasbro ya están tardando en sacar un modelo en resina) se encuentra con un destructor imperial abandonado en mitad del espacio (lo sorprendente hubiera sido que se encontraran con una Estrella de Combate). Un grupo de desgraciados se sube al destructor y regresa portando una enfermedad que, al cabo de media hora, se carga al 90% del pasaje, salvo a dos odiosos críos, una oficial médico que trabaja para el Imperio (porque el Imperio mola mucho... y lo sabes) y dos viejos amigos que son los que le dan algo de color a este enorme montón de mierda: Han Solo y ese adorable felpudo con patas que es Chewbacca (ahora mismo no tengo el corrector wookie activado y puede que haya escrito mal su nombre, así que lo dejaremos estar). Ver a Han y a su compañero peludo luchando contra los muertes vivientes es el único aliciente que tiene esta novela. Vuelvo a repetir que no entiendo como un guardia imperial puede ser infectado por un zombie cuando va cubierto de pies a cabeza. Supongo que el señor Schreiber piensa que sus lectores son gilipollas.

El texto, pese a no resultar muy pesado, llega a cansar un poco. Y es que la idea del autor de meter a dos niños (huérfanos encima) como protagonistas hace que la novela se convierta en una chorrada. El lector únicamente está deseando ver en acción a Solo y cía (creo que sus intervenciones son lo mejor de toda la novela) pero los diálogos de ambos se reducen  a un par de coñas metidas con calzador para hacer que el universo creado por Lucas sea mínimamente reconocible (“¡Anda, salen Han Solo y su perro espacial!”). Eso sí, Han no viste su clásico chaleco negro estilo Spiegelman ni empuña su pistola de rayos, no... Aquí va con un traje de recluso tipo Guantánamo y armado (cuando le dejan) con un fusil de asalto imperial que se escacharra cada dos por tres (se ve que no fue fabricado por Kalashnikov). Todo lo demás sobra: los putos críos, el dilema existencial de la doctora que quiere demostrarle al mundo que no es una niñita de papá, el guardia machistorro que solo quiere medrar en el escalafón imperial... Todo.

Lo de los zombies que aprenden a disparar y a pilotar cazas TIE es una gilipollez del tamaño de un piano. Hacía tiempo que no leía una subnormalada tan grande. Y mira que llevo unas cuántas... Otro tanto sucede con los supervivientes que están refugiados en el hangar. Lo de recurrir al canibalismo es un chorradón mayúsculo. ¡Tenéis armas láser, maldita sea! ¿A qué viene eso de esconderse y comerse los unos a los otros? Eso me recuerda que Jesucristo puede ser considerado como el primer zombie de la historia. Y además real. Aunque a ver quién es el guapo que se lo dice al cretino de monseñor Pla.

En serio... ¿Cómo COJONES puede un zombie infectar a un guardia imperial? ¡Es que no lo entiendo, joder!

Novela bastante tontorrona, simple y prescindible. Si eres un fan de “La Guerra de las Galaxias” o de los zombies puede que le encuentres el punto. Los demás ni os acerquéis. Y como se trata de una mis primeras reseñas "flash" (ya sabéis, de esas que se escriben en una tarde) nada mejor que sacar la "quinqui-escala" para medir su grado de garrulismo cani. Porque si te gustan las novelas de zombies eres un cani... y lo sabes.

TABLA DE RESULTADOS:

1 Quinqui: Medianamente quinqui. Peligro de contaminación.
2 Quinquis: Altamente quinqui. Intoxicación asegurada. Llame a un cura.
3 Quinquis: Extremadamente quinqui. Visite al médico al notar los primeros síntomas del virus cani (verborrea confusa, creciente gusto por las camisetas ceñidas, mirada de cavernícola...).
4 Quinquis: Alarmantemente quinqui. Alarma general. Pánico. Reclúyase en una habitación cerrada y aleje el objeto responsable de la infección.
5 Quinquis: Peligrosamente quinqui. Garrulismo puro y duro. Tírese a la basura y desinfecte las partes que hayan entrado en contacto con el objeto (entre ellas, el cerebro).

Puntuación máxima. FATALITY!

jueves, 25 de septiembre de 2014

Tierra contaminada (Joseba Carrera)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Tierra contaminada
  • Autor: Joseba Carrera
  • Género: Novela / Ciencia Ficción
  • Plataforma: Bubok
  • Número de páginas: 164
  • Precio: Descarga gratuita (PDF) / 12,87 € (Papel)
Argumento

El Gobierno de Estados Unidos se deshace de sus residuos nucleares enviándolos a la estratosfera a bordo de naves espaciales. Pero algo sale terriblemente mal y parte de la carga cae a la Tierra contaminando grandes áreas de población. Luna y Owen, los protagonistas de esta historia, tendrán que embarcarse en una ardua investigación para desenmascarar al Gobierno y ponerlo en evidencia ante la opinión pública mundial. Disparatada y pésima novela de Joseba Cabrera autopublicada en Bubok.

Análisis

La novela es un despropósito. Así sin más. No hace falta leerse todo el libro para llegar a esta conclusión, puesto que basta con echarle un vistazo a los dos primeros capítulos para que ya nos hagamos una idea de por dónde van a ir los tiros. Ejemplos no nos faltan. El autor tan pronto nos está hablando de cuando Owen tiene trece años como de cuando tiene veinticinco (la descripción que Owen hace de su hermana desaparecida es hilarante). La estructura no tiene ninguna coherencia, empezando por el propio argumento. ¿Lanzamientos de barriles con material radiactivo a la atmósfera? ¿En serio? ¿POR QUÉ? ¿Y cómo es que tales lanzamientos -que son perfectamente visibles desde la Tierra- no son advertidos por nadie? (la propia tía de Owen ve uno desde su casa). Luego están los pequeños detalles, como el hecho de que la biblioteca del pueblo esté abierta las veinticuatro horas (“Tenía suerte, hoy al ser día de regalos, la biblioteca estaba abierta las veinticuatro horas”) y luego enterarnos de que va a cerrar (“Tosca se acercó para ver si necesitaba algo y me dijo que en poco más de media hora cerraría la biblioteca para estar con su familia”). ¡Y todo eso en la misma página! Más cosas: ¿Cómo es posible que todo el mundo conozca la base secreta en la que se ocultan los captores de Owen? ¿No se supone que es SECRETA? Sencillamente, no tiene sentido, del mismo modo que tampoco lo tiene la liberación de Luna. Solo sabemos que sus secuestradores la dejan ir y ya (algo que se repite dos veces más a lo largo de la trama). Por otro lado, los compañeros de su padre (el sheriff del pueblo) se toman la desaparición de la joven con una ligereza bastante inusual. ¡La hija de su jefe ha desaparecido, por Dios! ¿Por qué reaccionan como si estuvieran de botellón?

Las mismas motivaciones de los personajes varían de una línea a otra. En el Capítulo V, Rudy y Luna están empeñados en sacarle información al general Escailer (anda que tiene narices el nombre...). Pues bien, todavía no hemos terminado de leer la frase “Es preciso dar con el general para que nos explique lo que está pasando” cuando se encuentran con el susodicho frente a frente, momento que el autor describe con un confuso “[Entonces] apareció una de las personas [con la] que no querían encontrarse en ningún momento”. ¡Pero sí hace un segundo estaban haciendo planes para verse con él! Me temo que el autor utilizó determinadas expresiones únicamente por su sonoridad, como el niño que suelta una muletilla o repite lo que ha oído en la televisión solo para que le hagan algo de caso. Sería preciso que lo expresado por el autor coincidiera con las intenciones de sus personajes. Vamos, digo yo...

Ojo a este diálogo:

LUNA: (…) Yo no tenía ni idea de cómo gobernar un pueblo. Y por si no fuera suficiente, al cabo de dos días llegaron los militares.
LUNA: ¿Alguno se llamaba Escailer?
AURA: Escailer... Pues no tengo ni idea.

Muy bien, quedamos en que Aura no sabe quién es Escailer. El problema es que un par de líneas de diálogos después nos encontramos con esto:

AURA: Pasó bastante rato hasta que apareció una persona que se sentó frente a mí, me dijo que se llamaba Escailer y que todo lo hacía por el bien del país.

No voy a insistir más en este aspecto. Para buen entendedor...

Lo de “comprar” los pasajes para la nave que abandonará la Tierra es impagable, así como el repentino cambio de carácter de Escailer (que tan pronto se autoproclama teniente como general). Es como si la novela la hubiera escrito un niño, en serio. Véase el siguiente ejemplo:

“Cuando llegamos a la habitación, era como una mansión, mi padre me dijo que era parecida a una habitación de lujo, y mientras me daba una ducha mi padre se fue de la habitación para poder ver como reuniría a todos los habitantes del pueblo, por cierto, el pueblo se llama… bueno antes se llamaba… la verdad es que el ultimo alcalde le quitó el nombre y lo dejó, pueblo sin nombre, y así está hasta la fecha".

El pueblo no tiene nombre y ya está. El alcalde se levantó un día y decidió quitárselo. No quiero ni pensar en la de problemas que tendrán lo que viven allí cuando tengan que sacar un certificado de empadronamiento para poder viajar. 

Luego están los saltos de la primera a la tercera persona con la misma facilidad de quien se cambia de camisa. Si bien en un primer momento la historia está contada desde el punto de vista de Owen, el autor no se corta en darle ese papel a Luna cuando el primero no está en escena. Pero lo peor es cuando Luna habla en primera persona y luego es el narrador el que se hace cargo de la acción. Para que os hagáis una idea la cosa es más o menos así: “Pepe se levantó de la cama y me dirigí al baño. Luego fui a la cocina donde desayunó tostadas con miel”. El resultado no es que sea confuso, sino que resulta ilegible. Y ya no hablemos de la ortografía: “haber” por “a ver”, “izo” por “hizo”, “abriera” por “hubiera” “aremos” por “haremos” y neologismos como “hacercarse” o “habisar”. Tremendo.

Ya desde el principio nos queda claro que la cosa no tiene ninguna razón de ser. La trama bordea lo infantil y lo absurdo (por no decir otra cosa), incluyendo una escena de violación con menos fondo que una piscina hinchable, soldados que han hecho la “mili” en el garaje de su casa y barriles radiactivos que explotan en el aire y derriban helicópteros. Y así durante 164 páginas. Lo peor es que la curiosidad empuja al lector a terminarse el libro únicamente para saber con qué nueva burrada le sorprenderá el autor. Honestamente, yo no pude pasar de la página 80. No podía aspirar a tanto.

CONCLUSIÓN:

Novela carente del más mínimo sentido y cuyo argumento se acerca sospechosamente al de esas producciones de baja estofa que Cuatro suele echar los domingos por la tarde. A ratos recuerda a "2012" y otras veces a la redacción de un infante. No se salva absolutamente nada: ni el argumento, ni la estructura, ni la ortografía... Nada de nada. “Tierra contaminada” es carne de autoedición. Es preciso que, antes de subir un trabajo de estas características a la red, contemos con una segunda opinión o un “lector cero” que nos indique cuáles son nuestras carencias y en qué aspectos debemos mejorar. Entiendo que sea muy difícil encajar las críticas o encontrar a alguien a quien le toque la papeleta de “maestro”, pero es algo básico cuando queremos hacer llegar nuestro trabajo al público y no tenemos las suficientes tablas.

Dependiendo de la intención final del autor, el argumento debe ser reescrito a conciencia y, a ser posible, con la ayuda de alguien que nos oriente y nos diga en qué podemos mejorar. Ya puestos a que nos llamen la atención, mejor que sea la gente de casa. Ojo con la ortografía, por favor. Escribir un libro con la misma alegría de quien se va a plantar boniatos no suele dar muy buenos resultados. Es preciso familiarizarnos con al gramática, las normas de puntuación y la sintaxis. Y eso se consigue leyendo mucho. La práctica vendrá después. Por lo demás, es recomendable que antes de escribir una novela de Ciencia Ficción el autor se documente un poco antes y que, sobre todo, esté familiarizado con el género. Las cosas no ocurren por arte de magia, sino que tienen una razón. 

Las descripciones y la profundidad no existen en “Tierra contaminada”. Hasta el propio título carece de lógica. Evidentemente, no podemos juzgar una novela amateur con los mismos parámetros que una profesional, pero he de insistir en que si escribimos lo hacemos para poder llegar a un lector, y que hemos de pensar en su reacción antes de subir nuestro trabajo a la Web. La autoedición es maravillosa y ha democratizado el sector editorial, pero conviene que el producto final sea mínimamente legible.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Resultados de la 92ª Edición del Concurso de Microrrelatos Bubok

En el Foro de Bubok acabamos de cerrar la 92ª Edición del Concurso de Micros. Es el primer certamen de la temporada y los usuarios han querido que yo sea el ganador. Podéis ver la moviola y todo lo acontecido en el concurso haciendo "clic" aquí.

Por lo demás, esta noche se ha abierto el plazo para concurrir a la 93ª Edición. Si estáis interesados en participar, basta con que le echéis un vistazo a las bases. Estaremos encantados de recibiros. Os recuerdo que las bases son meramente orientativas y que, si os apetece participar, basta con que os deis a presentar aquí. ¡Os esperamos!

Y allá van mis comentarios a los micros de esta quincena. Podéis leeros en su hilo correspondiente o bien haciendo "clic" aquí. ¡Que los disfrutéis!

LA PROFECÍA DE ÁTROPOS: Igual soy un ignorante de marca mayor o no presté atención ese día en clase, pero no tengo ninguna referencia sobre Átropos y una supuesta conjura palaciega contra tal o cual emperador. Todo esto me lleva a pensar que el tema es una invención del autor. Al ser incapaz de saber si se trata de un hecho real o ficticio, el micro pierde algo de encanto. El tema escogido ("Ya os dije que solo hacía falta algo de paciencia") tampoco me termina de convencer. Tal vez hubiera quedado más molón ubicar la historia en un contexto más familiar, como la II Guerra Mundial, donde Atropos sería un oficial nazi renegado y Hitler ese emperador al que todos quieren quitar de en medio. Referencias no nos faltan.

EL ADIÓS: Micro que juega a engañar al lector. Por un momento, uno se queda en plan "¿Se está planteando cortar con ella mientras juegan al ajedrez?" para después comprender que no, que se trata de un jugador con experiencia que se aburre con un rival que en principio prometía... pero que ha resultado ser uno más. La principal pega del texto es que necesita más de una lectura para saborearlo bien, lo que le hace perder puntos. Con todo, me he dado cuenta de que he sido bastante injusto al puntuarlo. Se merecía una mayor calificación.

EL TREN DE LA VIDA: Impresionante. Creo que este relato es el más firme candidato a llevarse el primer premio en esta edición. Es un micro perfecto. Claro, conciso y con un irresistible aire melancólico. Me ha encantado. Ha sido leerlo y acordarme de "El Gato Celestial". ¡Genial!

LA VIDA: ¡Ja, ja, ja! ¡Miguel, este micro tiene que ser tuyo a la fuerza! El micro va más allá de la imagen frívola y despilfarradora que se tiene de este deporte, centrándose más en su cara amable. Después de todo, ¿quién no ha disfrutado junto a sus amigos viendo un buen partido? En un momento en el que surgen tantos salvapatrias que dicen que el fútbol es el opio del pueblo (lo que no quita que los jugadores cobren un pastizal), se agradece encontrarse con cosas así. Bien.

EL PRECIO DE LA VOLUNTAD: Primera lectura: Creo que hay un error conceptual en este micro. Un "Ni ni" es aquel que no estudia ni trabaja. Vale, hasta aquí todo bien. Yo estudio, ¿eso me convierte en un "Ni ni"? No, me convierte en alguien que estudia. Por consiguiente, los protagonistas de este micro no pueden ser tachados de "Ninis", puesto que han hecho las maletas y se han marchado a trabajar al extranjero (es decir, no son "Ninis"). Si, tal como se apunta en la última parte del relato, son los "dueños del mundo" y están "convencidos de sí mismos", no pueden considerarse "Ninis". No sé si me explico. Segunda lectura: Vale, el secreto del micro está en la frase "La falta de ganas por los estudios". Al no tener ni estudios ni trabajo, los chicos deciden abandonar España. Ahora sí, aunque quizá me sobre la frase final. La idea del texto no está nada mal y es un toque de atención ante la que está cayendo, pero le falta algo de gancho. Por lo demás, es un micro bastante correcto.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Muñeca viviente (Marbella Lizette Martinez Fernandez)


“Mi hermana mayor tenía un novio (...) mientras que yo no tenía ni siquiera un perro para que me lamiera… las manos, claro”. 

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Muñeca viviente
  • Autor: Marbella Lizette Martinez Fernandez (?)
  • Género: Novela corta / erótica
  • Plataforma / Editorial: -
  • Precio: Lectura gratuita
  • Número de páginas: 46
  • Valoración de Crítica Literaria Novel: -
UNA NOCHE DE SEXO A MEDIO GAS

¡Qué grande es el porno! Algunas cuestiones sobre el erotismo y tal...

He de empezar diciendo que no tengo nada en contra del género erótico y mucho menos contra su público. Eso sí, no ayuda el hecho de que una buena parte de sus seguidores sean mujeres, las cuales parecen disfrutar al ver cómo sus homónimas de la ficción son vejadas, maltratadas y sometidas a los caprichos del macho de turno. Curiosamente, tanto las autoras de género erótico como su público objetivo alzan su voz contra la industria del cine porno, a la que tachan de sexista y de no satisfacer las demandas del público femenino (ya ves tú, como si hubiese alguna diferencia  de género entre comérselas de frente o de lado). Llama la atención que, frente al “simplismo” que encierra el “porno para hombres”, haya surgido en los últimos años una nueva industria del sexo dedicada exclusivamente a la mujer (parodiada, de forma execrable además, en la asquerosamente machista “Sexo en Nueva York”) y cuya principal característica es la de ofrecer a las mujeres un punto de vista diferente con el que disfrutar de su sexualidad. 

El problema es que todas estas producciones (cine y literatura, se entiende) no presentan ninguna novedad con respecto a las realizadas por sus compañeros masculinos. El hecho de que suene un piano de fondo en una escena en la que están sodomizando a una actriz no convierte a esa película en algo hecho por y para mujeres (¿es que los hombres no escuchamos música clásica?) del mismo modo que tampoco lo hace esa otra escena en la que el hombre invierte más tiempo en los preliminares que en meterla en caliente (¿acaso ambos sexos no disfrutan mucho más si el tiempo de la relación es mayor?). Y sí, escribir una novela en la que a la protagonista le gusta que se lo echen en la boca mientras descansa entre cojines púrpuras de terciopelo fino no convierte a su autora en un hito del feminismo libertario. Otra cosa es que a ella le guste.

Es cierto que hombres y mujeres tienen una percepción diferente de la sexualidad, pero se debe más al papel marginal que tradicionalmente ha ocupado la mujer en las relaciones de género. Con la llegada de la emancipación femenina y el auge de los movimientos que reivindicaban la igualdad “chechual”, era lógico que las mujeres quisieran “redescubrir” aquello que durante tanto tiempo se les negó. La libertad social es proporcional a la que rige la esfera privada. El sexo ya no era cosa de uno, sino de dos. Y como tal tenía que ser vivido. Por consiguiente, encerrar a las mujeres en guetos cinematográficos o artísticos es un error garrafal, dado que estamos cometiendo el mismo error de siempre salvo con la novedad de que ahora le estamos otorgando a la mujer una pequeña parcela para hacer sus experimentos. Un claro ejemplo lo encontramos en la disciplina histórica: a mediados del siglo pasado, hubo grupos feministas que reivindicaban su derecho a crear su propia Historia frente a otras teóricas que defendían la necesidad de introducir los estudios femeninos en la historiografía (tradicionalmente masculina) y propiciar la creación de una Historia Total que aglutinara a los dos sexos, porque “cuando estamos haciendo Historia de las Mujeres, también estamos haciendo Historia de los Hombres”. Si en lugar de crear etiquetas nos dedicáramos a buscar un camino en el que hombres y mujeres pudieran confluir, las cosas serían muy diferentes. Pero claro, queda muy guay decir aquello de “Yo hago cine porno para mujeres” y quedarse tan ancho. Después de todo, hay que pensar en el público hipster.

Retomo la cuestión con la que empezaba esta entrada: ¿Por qué las mujeres son las principales consumidoras de literatura erótica cuando en tales novelas la mujer siempre es la que se lleva la peor parte (y a la famosa de “Cincuenta sombras...” me remito)? ¿Qué pasaría si las proezas que se cuentan en este tipo de novelas (y que incluyen, en ocasiones, el maltrato mental y físico de sus heroínas) estuvieran escritas por un hombre y no por una mujer? ¿Por qué los hombres ven cine porno y las mujeres leen literatura erótica? Y ya que estamos, ¿por qué lo llaman “literatura erótica” cuando es porno puro y duro? Las respuestas serían de lo más variadas, pero me temo que empezarían con el clásico “es que el cerebro de (introduzca aquí su sexo) está configurado de tal forma que...” y así sucesivamente. De ser así, mal empezamos.

Sobre la obra.

Las librerías (o, más apropiadamente, la sección de libros de las grandes superficies) están experimentando un “boom” en lo que a literatura erótica se refiere. Es raro no ir al “Carrefour” del polígono y encontrarse con un amplio repertorio de libros que cuentan una y otra vez la misma historia (zutanita de tal conoce a fulanito y terminan follando como locos), sospechosamente muy similar a la novela matriz, la que originó todo el fenómeno (en este caso, la espermatorreada y ultraconocida “Cincuenta sombras...”). Ya pasó en su momento con los zombies (moda que aun perdura gracias a los incondicionales de “Guerra Mundial Z”) o los vampiros (¿quién no se acuerda de “Crepúsculo”?). Hubo un conato similar cuando a alguien se le ocurrió resucitar los cuentos infantiles clásicos (había que aprovechar que estaban libres de Derechos de Autor) dotándolos de cierta pátina moderna en la que el sexo y la acción no podían faltar (“Alicia en el País de las Maravillas”, “Hansel y Gretel: cazadores de brujas”, “Maléfica” o las chorrocientas versiones de Blancanieves). La mayoría de estas producciones tuvieron un éxito moderado en taquilla (de todas ellas, quizá “Maléfica” es la que mejor ha llevado el tirón) y la cosa (¡Gracias a Dios!) no fue más lejos. Nótese, por otro lado, como una vez que la moda pierde intensidad nadie más vuelve a acordarse de estas películas, las cuales terminan envejeciendo pronto y mal. Y si eso pasa con el cine, qué no ocurrirá con las novelas en las que están inspiradas: cientos de autores de tercera categoría se ven obligados a reciclarse una vez que su momento ha pasado. Ni qué decir tiene que en la mayoría de los casos no se vuelve a hablar de ellos, aun cuando su calidad como autores es medianamente buena (¿alguien se acuerda, por cierto, del señor John Boyne?).

La literatura novel no es ajena a estos hechos. A mi correo suelen llegar varias sugerencias de lectura por parte de Amazon en las que me informan de cómo el autor de ese pequeño pueblo olvidado de Albacete ha querido mostrar al mundo su visión del Apocalipsis Zombie, esperanzado de haber dado con la clave que revitalizará el género. Ello nos lleva a hablar de las miserias y virtudes de la autoedición, donde la calidad se mezcla con la mediocridad y los tópicos conviven alegremente con los argumentos más geniales que uno pueda imaginarse. Sin embargo, no debemos llevarnos a engaño. Los que nos dedicamos a esto somos conscientes de que no nos va a leer ni nuestra madre... o al menos sabemos hasta dónde podemos llegar. Yo mismo soy consciente de mis limitaciones: si mis entradas fueran tan buenas, tened por seguro que no estaría redactándolas en un blog tan cutre como este. La democratización de la cultura que ha traído Internet no ha sido entendida por todos, de forma que no es raro que me encuentre con novelas mal redactadas, reseñas caracterizadas por su minimalismo y autores que patalean apasionadamente cuando alguien osa pisotear su trabajo (y de estos me conozco unos cuantos).

Salvo en contadas excepciones, lo amateur es sinónimo de mediocre (del mismo modo que el que critica lo mediocre sin ser consciente de su mediocridad es un imbécil elitista). Se pueden tener prejuicios contra un determinado género, pero esto es una realidad cada vez más extendida. A ti te puede gustar el cine de aventuras, pero reconocerás que “Parque Jurásico” es mucho mejor película que “Tiranosaurio Azteca” o “El ataque de los pterodáctilos con gripe aviar” (no es coña, esta última peli existe). Y con el género erótico, porno o cómo puñetas queramos llamarlo pasa exactamente lo mismo: “Asiáticas adictas al poder negro” le da mil vueltas a la peli porno de Poli Díaz, por mucha maciza pelirroja que haya por ahí dando tumbos. Se puede discutir o no la influencia de la primera en el pensamiento occidental, pero la calidad del producto es indiscutible.

En fin, que se nos hace tarde: “Muñeca viviente” es un pésimo producto, escrito con mucho amor y todo lo que tú quieras, pero es una muy mala novela. No se salva nada: ni los personajes, ni la redacción, ni el argumento. Nada. Cero. Es tan mala que no pude evitar resoplar de cansancio al acabar de leer cada párrafo. Es tan rematadamente mala que su lectura me llevo más de tres días. Es, en definitiva, tan atroz que ni siquiera llegué a terminarla. Lo siento mucho por el autor. No dudo de sus ganas de escribir ni de sus buenas intenciones, pero el resultado final es ilegible. Si he podido llegar a las siguientes conclusiones ha sido gracias a la lectura del primer tercio de la historia (y dadas las circunstancias, mucho me parece). Una posterior lectura en diagonal (la única forma humana de poderse leer esto sin arrojar el ordenador por la ventana) terminó por hacerme una idea de a lo que me enfrentaba.

El argumento es bastante sencillo: Guerita (¿un eufemismo de “Guarrita”?), una chica bien y de extraordinaria belleza, termina siendo el objeto de deseo de su jardinero, Don Bernardo, un hombre mucho mayor que ella y desprovisto de cualquier atractivo. Los encuentros entre ambos se suceden hasta que ella hace un sorprendente descubrimiento: el jardinero guarda en su habitación una muñeca de látex (¡) cuyo parecido con la muchacha es extraordinario. Ahora viene lo bueno. Llevada por la curiosidad, la chica sorprende al maduro jardinero montándoselo con la muñeca, lo que despierta un irrefrenable deseo sexual en la joven... hasta el punto de urdir todo un plan para ocupar el puesto de su hermana de plástico y disfrutar de las caricias del viejo. Todo lo demás queda a la imaginación del lector.

No tengo nada en contra del argumento. Es más, bien llevado, hasta podría recordar a una película de autor tipo “Canino”. El problema es el formato de la obra. Al menos los dos tercios de la novela están dedicadas a narrar la experiencia sexual de Guerita con su protector. Del mismo modo que nadie ve una película porno hasta el final, es muy difícil que alguien tenga las agallas de leerse más de treinta páginas en las que se describe lo mismo una y otra vez (justamente por eso el formato más adecuado para el género erótico es el relato breve). Todo tiene su límite y cuando notas que la cosa no va a ninguna parte y que todo se reduce a una monótona experiencia anal, el cansancio no tarda en aparecer *guiño... guiño... codazo... guiño*. ¿De verdad era necesario juntarlo todo en una aburrida escena de cama? ¿Por qué no hacer que tales encuentros sexuales se alargaran en el tiempo y, entre medias, contar el tránsito de la adolescencia a la edad adulta de la protagonista? ¿Acaso no habría sido más emotivo ver a un anciano don Bernardo tendiéndole la mano a su antigua amante en su lecho de muerte? Pero no, el autor tuvo que conformarse con lo superficial e ir por el camino fácil: “El jardinero tenía una verga tan dura como llanta de carro”... ¡Ay, sí! ¡Ay, qué rico!”. Fin de la historia.

Luego están los detalles que hacen que la historia sea intragable (por favor, absteneos de hacer comentarios de doble sentido, que nos conocemos...). Por ejemplo: ¿desde cuando los sirvientes son tan afectuosos con sus amos? ¿Acaso esta actitud tan cariñosa no va contra los convencionalismos sociales? ¿Dónde se ha visto que un criado confraternice con su dueño? Vale, puedo entender que la protagonista es casi una niña cuando suceden los hechos y que los criados la quieran como a una hija, pero... ¿no es un poco raro que sus padres no le digan aquello de “No intimes con el servicio”? Otra cosa: un criado que no tiene donde caerse muerto tiene una muñeca de esas tan realistas que hacen en Japón y que cuesta un pastizal... ¿Cómo es que alguien tan humilde como don Bernardo tiene acceso a ello? Lo siento, pero no me vale la excusa del artesano que hace maniquíes para tiendas de moda. Este tipo de muñecas digo yo que se fabrican en lugares especializados para ello, ¿no? Es más, para tal labor cuentan con una maquinaria y el instrumental necesarios. Un artesano trabaja madera, metal u otros elementos dúctiles pero el plástico necesita de un determinado tratamiento químico previo, algo que no está al alcance de cualquiera. Se agradece que la autora posteriormente trate de justificarlo, pero la explicación es tan tonta y endeble que se cae por su propio peso.

El comportamiento y las motivaciones de los personajes también merecen su correspondiente explicación. La novela es toda una oda al sexo anal (una práctica que rechazan muchas mujeres y hombres). Se hace así porque la protagonista quiere llegar intacta al matrimonio (¿a estas alturas de siglo y todavía estamos con esas?). Es decir, si te follan por delante, ya eres indigna socialmente y a los ojos de Dios, pero no sucede lo mismo si te comes una chorra de cuatro metros o te sodomiza un caballo... Vamos a ver, no seamos ingenuos. La cosa no consiste en “Si no me lo hacen por la vagina continuaré siendo pura”. No, no, no... El meollo del asunto es apartar los pensamientos impuros de la mente hasta después del matrimonio. Y eso incluye vestirse como una puta, practicar felaciones, darle al manubrio, hacer el trenecito, etc. ¡Joder! ¿Por qué os creéis entonces que la vida de los católicos es tan aburrida? A la protagonista, por otro lado, no hay quien la entienda: tan pronto es una niña ingenua como una viciosa experta en técnicas de seducción.

El estilo del autor, por otra parte, es bastante pobre. Comparar el pene de un hombre con el de un burro está bien (joder... no me puedo creer que haya escrito esto), pero se pueden inventar más símiles. Entiendo el juego de palabras entre “Bernasno” y “asno”, pero es que esta última palabra se repite hasta cinco veces en cada párrafo. Tampoco pretendo que el autor escriba con el diccionario de sinónimos a un lado de la mesa, pero todo tiene un límite. Por otro lado, Guerita no hace más que soñar en cómo su protector va a hacerla suya. Las declaraciones de Bernardo en estas fantasías es de todo menos natural. Es como si, en lugar de tener a la muchacha delante, le estuviera escribiendo una carta. Parece un puto robot, en serio. ¿Y a qué viene eso de usar las mayúsculas para caracterizar los diálogos del personaje? ¿Es que el autor no sabe lo que son los guiones?

Pero el principal fallo de la novela es la puntuación. Sin una puntuación adecuada, no vamos a ninguna parte. Ya desde el primer párrafo se advierten comas allí donde van puntos. Es preciso recordar que las comas no hacen el papel de puntos y que su uso depende de la entonación que le vayamos a dar al texto. Al mismo tiempo, hay frases demasiado largas en donde las comas SÍ son necesarias. Esta misma irregularidad se repite durante todo el texto. Semejantes erratas desde la primera página dan muy mala imagen y desaniman al lector a seguir adelante. Saber escribir incluye también saber puntuar. Copio y pego el primer párrafo conforme aparece en la narración:

“Actualmente tengo 17 años, pero recuerdo cuando tenía 14 y vivía con mis familiares en una hermosa hacienda a las orillas de la ciudad, era un bonito lugar donde teníamos toda la comodidad posible, en ese ambiente campestre yo pasaba largos ratos paseando por el hermoso paisaje natural, y contaba con el cuidado y la atención de los sirvientes de la casa, entre los que había un jardinero que decoraba nuestros patios, era un hombre de baja estatura, maduro, como de cincuenta y tantos años, de fiera y dominante mirada, robusto, casi obeso, calvo, y prieto como llanta de carro, se llamaba Don Bernardo, aunque todos allí le decían Bernasno, en un principio pensé que eso se debía a las toscas y feas facciones del clásico lugareño de esa región. Sabía por los chismes de las cocineras que en alguna etapa de su vida había trabajado como guardia interno de un reclusorio para mujeres, aunque en realidad era una correccional para las menores de edad, que fue donde conoció a la que fue su esposa por un tiempo, pero que habiendo enviudado muy joven no se volvió a casar, y decepcionado y amargado, vivía solo junto a uno de los graneros que había acondicionado como habitación”. 

Ahora vamos a puntuarlo correctamente, obviando las correcciones de estilo:

“Actualmente tengo 17 años, pero recuerdo cuando tenía 14 y vivía con mis familiares en una hermosa hacienda a las orillas de la ciudad [PUNTO]. era un bonito lugar donde teníamos toda la comodidad posible [PUNTO]. en ese ambiente campestre yo pasaba largos ratos paseando por el hermoso paisaje natural [SOBRA COMA]  y contaba con el cuidado y la atención de los sirvientes de la casa, entre los que había un jardinero que decoraba nuestros patios [PUNTO]. Era un hombre de baja estatura, maduro, como de cincuenta y tantos años, de fiera y dominante mirada, robusto, casi obeso, calvo, y prieto como llanta de carro [PUNTO]. Se llamaba Don Bernardo, aunque todos allí le decían [“]Bernasno[”] [PUNTO]. En un principio pensé que eso se debía a las toscas y feas facciones del clásico lugareño de esa región. Sabía por los chismes de las cocineras que en alguna etapa de su vida había trabajado como guardia interno de un reclusorio para mujeres, aunque en realidad era una correccional para las menores de edad, que fue donde conoció a la que fue su esposa por un tiempo [PUNTO Y COMA]; pero que habiendo enviudado muy joven no se volvió a casar y [COMA], decepcionado y amargado [COMA], vivía solo junto a uno de los graneros que había acondicionado como habitación”. 

La cosa sigue en el segundo párrafo. Agárrense que vienen curvas:

“Con el tiempo, yo noté que él me miraba mucho cuando estaba de espalda, bueno eso es algo a lo que yo estaba ya acostumbrada con los hombres, pues desde esa edad tenía bien desarrollados los atributos femeninos que ellos tanto admiran, muchos me decían que era por la natación y por mi afición a pasear en bicicleta, tal vez por eso fui la líder de las porristas animadoras del equipo deportivo de mi escuela, en fin… yo acostumbraba platicar con él cuando se encontraba haciendo el trabajo de arreglos florales, y siempre que platicábamos me llamaba cariñosamente: “guerita”, su voz tenía un tono grave y varonil, creo que eso era lo que me agradaba al platicar con él, pero un día, espontáneamente cortó una bellísima flor y me la dio, yo la tomé de inmediato y también espontáneamente y casi sin pensar le correspondí con una sonrisa y me aproximé para darle un beso en la mejilla, el cual falló cuando él giro su cara y nuestras bocas se encontraron en forma por demás accidental… juro que fue accidental, luego los dos nos apenamos y aparentamos que nada había sucedido”.

He aquí el texto debidamente puntuado:

“Con el tiempo, yo noté que él me miraba mucho cuando estaba de espalda [PUNTOS SUSPENSIVOS]... Bueno [COMA], eso es algo a lo que yo estaba ya acostumbrada con los hombres, pues desde esa edad tenía bien desarrollados los atributos femeninos que ellos tanto admiran [PUNTO]. Muchos me decían que era por la natación y por mi afición a pasear en bicicleta [PUNTO]. Tal vez por eso fui la líder de las porristas animadoras del equipo deportivo de mi escuela, en fin… [Y]o acostumbraba [a] platicar con él cuando se encontraba haciendo el trabajo de arreglos florales, y siempre que platicábamos me llamaba cariñosamente “[G]uerita” [PUNTO]. Su voz tenía un tono grave y varonil, creo que eso era lo que me agradaba al platicar con él, pero un día, espontáneamente cortó una bellísima flor y me la dio [PUNTO]. Yo la tomé de inmediato y también espontáneamente y [COMA], casi sin pensar [COMA], le correspondí con una sonrisa y me aproximé para darle un beso en la mejilla, el cual falló cuando él giro su cara y nuestras bocas se encontraron en forma por demás accidental… [J]uro que fue accidental [PUNTO]. Luego los dos nos apenamos y aparentamos que nada había sucedido”.

Y así durante el resto de la novela. Evidentemente, esto no augura nada bueno. Ni siquiera para el lector menos exigente.

CONCLUSIÓN:

El final de la novela es de traca, dado que el autor nos ofrece algunas escenas que prefirió eliminar de la trama (“Como en toda película, hay escenas y personajes no incluidos por razones de espacio, edición o concordancia con el resto de la trama. Y nuestra historia no es la excepción. A continuación: el desarrollo tras bambalinas de la obra y sus escenas inéditas”). ¿Película? ¿Escenas inéditas? ¿Pero esto no era una novela? En serio, no lo entiendo. Si al menos se hubieran tomado la molestia de explicarme que la historia tuvo tanto éxito que terminaron por llevarla al cine.. En fin, a estas alturas, de nada sirve hacer uso del sentido común. El director, por cierto, se llama Steven... Steven Spielberg, por supuesto... Spielberg haciendo porno y trabajando con Ron Jeremy mientras departe con su asistente en jerga mexicana... La madre que me parió...

Se supone que esta parte tendría que ser la más divertida de la historia, pero no lo es. Al contrario, es terriblemente confusa. Si bien al comienzo de la narración se nos dice que la trama está basada en hechos reales, al final resulta que no es así (¡) y que todo es una fantasía del autor inspirada a partir de un amor imposible. ¡Guau! No quiero ni pensar en lo que habría degenerado el movimiento romántico de haber seguido Goethe y Alejandro Dumas el ejemplo de nuestro amigo, con éxitos tales como “El doctor Fausto y su polla de fauno”, “La dama de las mamellas” y la célebre “Una para todos, todos para una”, el clásico que todo buen amante de las orgías debe tener en su biblioteca. ¡Uhm! ¡Qué rico, papi...! 

Y el caso es que esto me confunde todavía más, dado que juraría que la persona que me envió el manuscrito era una mujer (a estas alturas de agosto, no tengo Internet a mano, así que hasta septiembre seguiré con la duda). Con todo, es interesante que la novela sea exactamente eso, el resultado de unas calabazas muy mal digeridas. De ser así, corroboraría mi hipótesis de que el autor es una persona bastante joven. Había que humillar a la causante de tal sufrimiento y así fue, pero no deja de ser una técnica de desahogo bastante tosca. Los hay que se ponen a escribir rimas como Bécquer o se atizan un tiro como Larra. Y es que amar sin ser amado es el peor de los tormentos. Después de todo, ¿con qué cara se queda la paloma cuando el sapo le dice que la quiere? Pues eso.
  • Podéis haceros con el libro aquí.

Maus (Art Spiegelman)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Maus
  • Autor: Art Spiegelman
  • Género: Novela gráfica / cómic
  • Editorial: Reservoir Books
  • Número de páginas: 296
  • Precio: 21 euros
  • Valoración de Crítica Literaria: 8,5
Después de mucho tiempo (me atrevería incluso a hablar de años) por fin he podido ponerle las zarpas encima a “Maus”, la obra cumbre del autor Art Spiegelman sobre el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. La cosa ha sido totalmente fortuita, dado que no hace mucho me enteré de que la biblioteca de mi facultad tenía un ejemplar en sus fondos. Si os pensabais que me lo había comprado estáis muy equivocados, porque “Maus” (y esto lo sé por los precios que he ido mirando por ahí) cuesta la friolera de 21 euracos, algo que un recién licenciado universitario como yo (¡sí, cabrones! ¡Ya he acabado la carrera! ¡Os jodéis!) sigue sin poderse permitir.

Ya sea en mayor o en menor grado, todo el mundo ha oído hablar del argumento de “Maus”. En todo caso, los más bisoños (e ignorantes, porque hay que ser así de imbécil para conocer al autor únicamente por esta referencia) tal vez conozcan a Art Spiegelman por aparecer, junto a otros “autores malditos”, en un capítulo de “Los Simpsons” en el que el Dependiente de Tebeos descubre que han abierto una nueva tienda de cómics al lado de la suya. El orondo vendedor se acerca al lugar y termina por arramblar con todo. Es precisamente en ese momento cuando un musculoso Spiegelman (con su careta de ratón incluida) y los suyos entran en escena y, al ritmo de la canción de Popeye (!) deciden darle una lección. Es muy posible que me equivoque de capítulo, dado que las nuevas temporadas de “Los Simpsons” son tan olvidables como un gatillazo o una limpieza de estómago, pero cuesta creer que Spiegelman se haya prestado a colaborar en un producto tan mediocre y que, precisamente, representa lo opuesto a la concepción que el autor tiene del arte (porque no nos engañemos, de unos años a esta parte, “Los Simpsons” son a la cultura y al entretenimiento lo que Belén Esteban a un diccionario... absolutamente nada).

“Maus” nos cuenta las vicisitudes que sufrió Art Spiegelman para que su padre, el roñoso y tacaño Vladek Spiegelman, le contara la historia de su paso por el campo de concentración de Auschwitz (llamado en la novela “Mauschwitz” por aquello de que los nazis aquí están interpretados por felinos). Es decir, el relato no va únicamente de los horribles padecimientos que sufrió Vladek en el campo, sino de la difícil relación que padre e hijo mantuvieron a lo largo de los años, incluyendo el suicidio de Anna Spiegelman, madre del autor y también superviviente de Auschwitz; el estigma de Art por haber perdido a un hermano que nunca conoció y al que sus padres tenían como un hijo modélico; la propia naturaleza atormentada del autor, en continuo tratamiento psiquiátrico durante más de veinte años; y, sobre todo, el carácter huraño y difícil de Vladek, el cual le lleva a discutir con cualquier persona que no piense como él (atentos a la reacción que tiene el personaje cuando, de camino a su casa, su nuera hace subir al coche a un negro que hacía auto-stop).

Así las cosas, lo más llamativo no es la brutal biografía del protagonista (que también), sino sus intentos por volver a empezar su vida de cero. Cabe destacar que la mayoría de este tipo de historias suele terminar con la liberación del personaje de su cautiverio, un “Happy End” que en muchas ocasiones no se corresponde con la realidad. No hay duda de que haber sobrevivido al conflicto es todo un logro, pero volver a incorporarse a la vida de la posguerra es emocionalmente mucho más complicado. Y ya no hablamos solo de los horrores que los supervivientes vivieron en los campos de exterminio (muchos de ellos sufrieron secuelas físicas y mentales de por vida), sino también de la pérdida de sus seres queridos, sus propiedades, sus planes de futuro... Su mundo, en definitiva.

Por otro lado, el principal atractivo de la historia (aparte de la crudeza que encierra) es el hecho, por todos conocido, de que los protagonistas aparecen representados como animales. Así, mientras los judíos están interpretados por ratones (no se pierdan el contraste que el autor hace entre los protagonistas y las ratas que corretean a sus anchas en un granero donde estos se ocultan), los alemanes hacen el papel de gatos, los estadounidenses son perros, los polacos son cerdos, los suecos son alces, los franceses son ranas, los ingleses son lubinas (!)... Y creo que con esto paso revista a todos los componentes del zoo. Se echa de menos, eso sí, el papel de los soviéticos en la guerra. De todas formas, lo de menos es el animal que representa a cada país (en una escena, vemos como un azorado Art trata de responderle a un periodista que le ha preguntado qué animal hubiera elegido para hacer referencia a los judíos israelíes. La respuesta, por cierto, es “puercoespines”).

Uno de los apartados más interesantes del cómic es que la culpa del Holocausto no recae exclusivamente en los alemanes, sino también en determinados sectores de la población polaca, ultracatólica, conservadora y muy caracterizada por su antisemitismo, hasta el punto de que algunos de sus integrantes eran más nazis que los propios nazis (algo muy habitual en las poblaciones ocupadas). Por otro lado, sería conveniente analizar el papel que desempeñaron los “kapos” en los campos de concentración, dado que estos “prisioneros con privilegios” (ya fueran polacos o judíos) fueron aún más despiadados que sus captores (Vladek llega a librarse de la muerte en varias ocasiones gracias a la amistad que traba con uno de ellos). No obstante, que los revisionistas (que aunque parezca mentira, los hay) no alcen las campanas al vuelo: le pese a quien le pese, el Holocausto fue ideado y ejecutado por los alemanes. Y ahí están los testimonios, los campos y los procesos de Nuremberg.

Una cosa que me ha molestado especialmente es que el autor se haya negado a adaptar su obra al cine, con todas las posibilidades que esto encierra. Puedo entender que la industria cinematográfica está mercantilizada a tope, pero este tipo de actitudes no ayudan a mejorar la imagen de este mundillo (es inevitable no acordarse del creador de “Watchmen” y de sus continuas diatribas contra el género de los superhéroes y el mundo del cómic en general). No olvidemos que el cine es una expresión artística más y que, con sus aciertos y errores, contribuye a nuestro esparcimiento y enriquecimiento cultural. Si la versión cinematográfica de “Persépolis” tuvo éxito, ¿por qué no iba a tenerlo “Maus”? De todas formas, el parecer de Spiegelman sobre esta cuestión es compartido por otros autores, entre ellos Guy Delisle, autor de la deliciosa y surrealista “Pyongyang”.

¿Pegas? Muy poquitas, la verdad. Pese a que el vocabulario de Vladek en ocasiones entorpece un poco la lectura (el personaje tiende a equivocarse en los tiempos verbales, recurso del que el autor se vale para remarcar su condición de extranjero), esta se hace bastante llevadera. Lo único es que el final es demasiado precipitado. Aunque el reencuentro entre Vladek y Anna resulta muy emotivo, los sentimientos del primero durante el tiempo que ignora el paradero de su esposa están muy poco esbozados, como si, por puro cansancio, el autor se hubiese decidido a poner el punto y final a su historia de una vez. Eso sí, el hecho de que en las últimas viñetas Vladek se dirija a Art por el nombre de su primer hijo (Richieu) ya nos hace pensar que el viejo superviviente de Auschwitz no estaba para muchas charlas. Y no podemos culparle por ello pues, pese a todas sus desgracias, había terminado por ganarle la partida a la vida.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Testimonios del Último Día (Rubén Chapela)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Testimonios del último día
  • Autor: Rubén Chapela
  • Género: Novela / terror / aventuras
  • Plataforma: Amazon
  • Precio: 1,70 versión Kindle
  • Número de páginas: 351 versión Kindle
  • Valoración de Crítica Literaria Novel: 6,5
SINOPSIS:

Un virus zombie se expande por el mundo poniendo fin a la Civilización. Los diezmados supervivientes se ven obligados a sobrevivir como buenamente pueden, ignorantes de que todos los horrores derivados de la pandemia han sido calculados al milímetro por una siniestra multinacional. Colección de historias breves escritas por el autor novel Rubén Chapela que incluye la novela corta “Peregrinos de la oscuridad”, eje central de la narración.

ANÁLISIS:

Otra de zombies... Maldita sea... estoy hasta las narices de tanto zombie... ¿Es que no hay otro puñetero tema sobre el que escribir? Y no quiero ni pensar en lo que estarán maquinando algunos autores con respecto a la propagación del ébola (en el momento en el que escribo estas líneas -comienzos del mes de agosto-, la cosa no ha ido a mayores en Occidente, lo que no quita que la situación en África sea bastante dramática).

Contra todo pronóstico, “Testimonios del último día” sorprende por su crudeza y oscuridad, convirtiéndola en una novela entretenida y muy adictiva. A la trama principal se le unen una serie de historias que, si bien no están a la altura del argumento central (de hecho, no tienen nada en común), sí es cierto que llegan a sobresalir y a servirnos como reposo ante la enorme tensión que hemos ido acumulado desde que empezamos a leer. Debo reconocer que, en un primer momento, consideré que muchos de estos relatos estaban completamente de más y que podrían desanimar al lector de cara a seguir con la lectura. Debido al carácter independiente de unas y otras, conviene que las analicemos por separado. Vamos a ello.

Peregrinos de la oscuridad...

“Peregrinos de la oscuridad” es el plato fuerte del recopilatorio. La trama nos pone en la piel de un variopinto grupo de supervivientes comandados por Cristina, una niña bien de Barcelona que, tras el fin del mundo, se ha visto obligada a renunciar a su antiguo yo para adaptarse al Nuevo Orden de los No-Muertos. Nuestro grupo de héroes tendrá que recorrer un largo camino por buena parte de la geografía catalana para dar con una hipotética vacuna contra el virus. Sin embargo, lo que ninguno de ellos sospecha es que todos y cada uno de sus movimientos ya han sido previstos con anterioridad.

La trama, aunque creíble y emocionante, adolece de algunos puntos flacos que terminan lastrándola de forma evidente. Uno de ellos son los habituales tópicos que rodean a este tipo de historias. Para muestra, un botón; tenemos como protagonista a un personaje superficial que, tras el fin del mundo, ha sabido madurar y valorar las cosas importantes de la vida. Sorprende, eso sí, que sea mujer, dado que este tipo de roles suelen estar interpretados por hombres. El enfoque, en cualquier caso, es interesante.

Pero es que esto no acaba aquí. Otro ejemplo: ¿por qué los personajes de Mamá y Papá comen carne humana pudiendo pescar a manos llenas en el Mediterráneo? ¿Nos han salido sibaritas o qué? Es más, ¿por qué estos tíos se hacen llamar “Mamá” y “Papá”? ¿Estamos en Barcelona o en el sur de Estados Unidos? Curiosamente, su aparición en escena es una de las más recordadas de toda la novela (el símil con los caníbales de “La carretera” es más que evidente), pero la forma en la que abandonan la historia (y hablo de Papá) llega a resultar confusa, como si el autor no hubiera sabido darle un final a esos personajes (una venganza por parte del cabeza de familia habría supuesto añadir más subtramas a un argumento ya de por sí bastante complejo). Me gusta cómo está configurada la narración y la estética, pero habría que revisar ciertos aspectos de su desarrollo.

Por otro lado, sorprende la facilidad con la que ese “grupo de niños perdidos” (una mezcla imposible entre la pandilla de Peter Pan y aquel chaval que salía en “Mad Max 2” armado con un boomerang) llega a constituirse. ¿De verdad es tan fácil separar a una niña pequeña de sus padres? No sé yo... Siguiendo con esta cuestión, ¿en serio era necesario darle al grupo esa imagen tan teatral y grotesca (y hablo tanto del lenguaje que utilizan como de los disfraces de carnaval que llevan las “brujas”...)? Y luego el plan de los líderes de la corporación... ¿Tan difícil era entablar negociaciones secretas con tal o cual país para que hicieran una criba entre los sectores menos aptos para la supervivencia? Ya que todo formaba parte de un plan de la ONU, qué menos que procurar arreglar el destrozo de la mejor manera posible. Y seguimos: ¿cómo es posible que la empresa farmacéutica más importante del mundo tenga unos protocolos de seguridad tan primitivos y hasta carezca de cámaras de seguridad? Es incomprensible. Por detalles como estos, una buena historia puede volverse poco consistente y terminar hundiéndose.

En cuanto al apartado formal, el autor hace un extraño uso de los nexos de unión: "Hace unos meses, un cura en un pequeño pueblo cerca de Alicante nos acogió" cuando debería decir "Hace unos meses, un cura de un pequeño pueblo, cerca de Alicante, nos acogió". La primera fórmula, pese a ser correcta, puede sonar un poco extraña debido a su carácter coloquial. Ojo también a la puntuación. en varias partes de la novela las comas están muy mal distribuidas, lo que dificulta bastante la lectura. Cuidado también con las redundancias (“ilusión ficticia”, “ambos juntos”...). Otra cosa: ¿de verdad es imprescindible poner citas de personajes famosos al comienzo de cada capítulo? Es pomposo e innecesario, y rara vez aportan algo a la trama. Estéticamente quedan bien, pero su uso abusivo puede darle al conjunto un aire barroco que no necesita en absoluto. Para terminar con este apartado, cabe destacar el uso indebido que el autor hace del gerundio en favor del Pretérito Imperfecto: “[...] y el joven Tom lo ayudó, Marina corriendo hacia los acogedores brazos del Abuelo”, cuando debería decir “[...] Mientras Marina corría hacia los acogedores brazos del Abuelo”. Al igual que en el caso de los nexos, el empleo del gerundio no llega a resultar del todo incorrecto, pero se trata de un tipo de fórmula incompatible con el género literario que nos ocupa. Recordemos que esto es novela, no poesía.

Entre los apartados más llamativos, cabe destacar la espléndida ambientación que Rubén realiza del entorno, la intensidad de una buena parte de los pasajes de la novela y la propia naturaleza del texto: aunque el género haya sido manoseado a más no poder, una historia de zombies sigue siendo una historia de zombies, lo que nos asegura horas de diversión.

… Y otros testimonios del Último Día.

Como decía al comienzo, es cierto que los demás textos que acompañan a la novela pueden suponer un corte bastante brusco en la lectura, pues una vez que nos hemos habituado a las andanzas de Cristina y compañía estamos ansiosos por saber más. Insertar microhistorias en mitad del argumento principal no queda muy bien, pero he de reconocer que algunas de ellas destacan por su fuerza y brutalidad, al tiempo que nos sirven para ubicarnos un poco más en el texto y comprender el alcance y la naturaleza de la pandemia. 

Sin lugar a dudas, mi historia favorita es “Hasta que la muerte nos separe”, un relato terriblemente emotivo y demoledor protagonizado por una pareja de recién casados que, el mismo día de su boda, es testigo de la destrucción del mundo. Todo en este relato está tan bien ejecutado que su lectura ya justifica la del resto del volumen. Observen cómo esa niña bañada en sangre corre hacia los invitados que despiden a la pareja en la puerta de la iglesia. No pierdan detalle de la alocada carrera (al más puro estilo “REC”) que los zombies protagonizan al otro lado del rellano, cuando Lorena y Ricardo consiguen refugiarse en la casa de su vecina... Estos detalles son absolutamente extraordinarios y hacen que, prácticamente, vivamos la historia en primera persona. Tanto su desarrollo como su final son de lo mejor que he leído en cuanto a literatura novel se refiere.

Ahora bien, tal y como había ocurrido con “Peregrinos de la oscuridad”, hay determinados aspectos que oscurecen la narración. Y son tan evidentes que el lector no puede evitar extrañarse Ojo que vienen spoilers. En primer lugar, los protagonistas se casan el mismo día en que se desata la pandemia... ¿y sus padres no asisten a la boda? (la propia Lorena reconoce que sus padres están en Toledo, mientras que Ricardo afirma que los suyos “están en el pueblo”). Por otro lado, si la enfermedad se transmite mediante las mordeduras de los infectados, ¿lo hará también por el contacto sexual? La pregunta no es gratuita, dado que la pareja protagonista hace el amor el mismo día que Ricardo es mordido por un zombie (Ricardo debía de haber sido consciente de ello si de verdad quería que su mujer sobreviviese). He de insistir en que, por cosas como esta un buen trabajo puede arruinarse con facilidad. Mucho cuidado con esto.

Con respecto a los demás relatos, la mayoría no están a la altura de la trama principal. Fallan en credibilidad, ejecución y soltura, aparte de que las historias que cuentan son tan forzadas que llegan a decepcionar al lector. “Cuatro paredes” todavía conserva esa dureza y sensibilidad que tanto había caracterizado a “Hasta que la muerte nos separe” pero, con todo, sigue siendo un relato flojo. Es verdad que la narración resulta conmovedora (la elección de la protagonista es más que acertada) pero... ¿Pensamientos filosóficos profundos en una niña de diez años? ¿En serio? El absurdo total llega con “Presunto asesinato”, donde la policía trata de resolver un crimen cometido por un infectado (!) con todas las trabas burocráticas que ello conlleva. Esta historia sería interesante de no ser por su marcado surrealismo. ¿El fin del mundo está a punto de producirse y a la policía no se le ocurre nada mejor que investigar un caso de asesinato perpetrado por un zombie? ¡Pero si durante los días previos a la infección estos ataques, por lógica, deberían ser algo habitual! Lo siento, pero no lo compro. Y eso por no hablar de lo rebuscado del asesinato y su posterior investigación (el careo entre el zombie y los sospechosos resulta absurdo, pero mucho más lo es el hecho de que sus abogados ni siquiera les hayan informado antes del singular interrogatorio. ¿Qué clase de abogados trabajan así?). Ojo también a las erratas y a la incoherencia de algunas descripciones: “La señora Eva Ruiz era una mujer que aún preservaba ese encanto inherente a la juventud”. ¡¿Cómo no va a tenerlo si tiene treinta y dos años?! Si todavía me dices que tiene cuarenta largos... La cosa no se detiene aquí, dado que si Eva Ruiz tiene treinta y dos años... ¿Cómo es posible que tenga un hijo de diecinueve? ¿Cuándo lo tuvo? ¿A los doce? Lo siento, pero no me salen las cuentas. Creo que el autor se lió con la edad que debía tener cada personaje. Es muy probable que, en un primer momento, pensara atribuirle a Eva el clásico rol de una joven cazafortunas (de ahí la edad del personaje); pero cuando vio las posibilidades que tenía la historia decidió complicarla un poco más añadiendo nuevos datos (un hijo mayor de edad, la irrupción de BioCorp en escena, entre otros).

El alegato que se hace en “Querido Mundo” es tan irritante y pretencioso que recuerda mucho a “Rebelión 20.06.19”. De nuevo la vida es algo superfluo que no merece la pena vivirse, de nuevo no merece la pena tener ideas propias y luchar por ellas... Y qué malos son el conocimiento, la ciencia y la religión... Moralina barata y de la buena: la ignorancia es una bendición y el conocimiento conduce a la infelicidad. ¿Desde cuándo se ha convertido esto en un libro de autoayuda? Entiendo que no es fácil enfrentarse con ánimo al fin de mundo, pero tanto lo manido del lenguaje como la autocompasión me dan de cara. Y eso por no hablar de la falta de elementos coherentes que tiene el propio género, capaz de vulnerar las leyes de la naturaleza cuando se le antoja. Atentos al dato: “Cuándo ya no quede ninguno de nosotros, esas criaturas que están pisando la faz de la tierra serán (…) la forma de vida dominante”. ¡ERROR! Un cadáver en descomposición no aguanta tanto tiempo sin pudrirse. Esta lógica debería ser tenida en cuenta por todos aquellos que defienden el género zombie a capa y espada.

En lo que respecta a “Caperucita Roja” y “Por favor”, ambas historias son bastante correctas, pero no nos cuentan nada nuevo. En el caso de “Caperucita Roja”, este no es más que un apéndice de la historia principal (tratar de resumirlo significaría dejar buena parte de la trama al descubierto, así que nos ahorraremos comentarlo). “Por favor”, en cambio, es una retrato sobre cómo el instinto de supervivencia anula cualquier otro sentimiento (recomendaría este texto a todos aquellos que, en sus fantasías, piensan que sobrevivir a los zombies se reduce únicamente a reducirlos con una escopeta). Se trata de otro relato con tintes cinematográficos, dado que la reacción del protagonista cuando abandona a sus amigos recuerda mucho a la de uno de los personajes de “28 semanas después”. Sobrevivir es lo primero. La culpa vendrá después.

CONCLUSIÓN:

Encarar la lectura de “Testimonios del último día” supone un reto complicado para alguien que considera el “género zombie” como algo que ya ha sido explotado hasta la saciedad. No obstante, eso no impide que los autores puedan seguir cultivándolo hasta dar con algo novedoso o que sea capaz de electrizar al lector. Rubén casi lo consigue en su novela, pero los clichés y los tópicos son tan frecuentes que en seguida arruinan la diversión. ¿Es una mala novela de zombies? No ¿Ofrece algo diferente a lo ya visto anteriormente? Muy poco. Quizá lo más importante (y desde aquí felicito a Rubén por ello) es el enorme esfuerzo que ha hecho el autor para explicarnos de una forma medianamente realista cómo mañana los zombies pueden acabar dominando el mundo, algo sobre lo que otros autores suelen pasar de puntillas (cuando no lo ignoran directamente).

En cuanto al apartado formal, sería recomendable que el autor hiciese una segunda lectura del texto para eliminar aquellas incoherencias y erratas existentes en la trama (como el caso de la edad de Eva Ruiz o la total ausencia de cámaras de seguridad en esos laboratorios ultrasecretos, por ejemplo). Lo de las citas al comienzo de cada capítulo sería algo también a revisar, dado que en la mayoría de los casos no aportan nada a la historia. Sé que citar a Goethe puede quedar muy bien, pero cuando empiezas encontrarte tantas referencias la cosa se vuelve algo cansina. ¡Ojo! Esto no supone un impedimento a la hora de disfrutar de la lectura, pero sí lo recomiendo de cara a enviar el manuscrito a una editorial de las de verdad. Amazon está bien para experimentar, pero lo serio viene después.

Por lo demás, creo que los amantes del género disfrutarán perfectamente de la novela, puesto que reúne todos y cada uno de los elementos de una historia de estas características: el protagonista que se hace a sí mismo, el personaje duro y distante que al final acaba conociendo la paz, el clásico “buenazo” que no logrará terminar el viaje, una ardua misión que cumplir... Y, sobre todo, montones y montones de zombies que no les pondrán las cosas fáciles. Ahí es nada.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Dolly Dearest (Maria Lease)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Dolly Dearest (aka “Jugando a matar”)
  • Director: Maria Lease
  • Reparto: Denise Crosby, Sam Bottons, Chris Demetral, Candy Hutson, Lupe Ontirveros, Will Gotay, Alma Martínez, Enrique Renaldo y Rip Torn
  • Género: Terror chusco / monigotes con problemas mentales
  • Año: 1991 (es decir, seis años después de que ese Gran Tesoro para el mundo que es el autor de este blog hiciese su aparición sobre la Tierra)
  • Duración: 90 minutejos
  • Valoración: Cagalera / diarrea / chorretilla / paja mental
¡He vuelto, guarras! Y lo hago por todo lo grande, comentando uno de esos ñordos cinematográficos que nadie en su sano juicio tendría las pelotas de ver. Y todo eso después de haberme prometido a mí mismo hace unos meses no volver a reseñar nunca más ninguna mierda de estas. Una de dos: o soy un puto masoquista o es que tengo los huevos muy gordos... Sí, mis cojones son tan grandes que tienen su propio campo gravitacional. ¿Dime de qué presumes y te diré de qué careces? ¡Y una mierda! ¡Me la suda vuestra opinión! ¿Y sabéis por qué? Porque soy un cabrón con los huevos MUY gordos.

Como insultar a mis dos únicos lectores (uno de ellos seguramente sea mi madre... o lo sería si supiera manejar un ordenador) no es una buena manera de empezar la temporada, casi que mejor nos metemos en harina. Hoy toca hablar de “Dolly Dearest” (“Jugando a matar” en España o “La muñeca asesina” en el resto del mundo civilizado), cutrefilm de comienzos de los 90 (la época de la basura por antonomasia) que nada tiene que envidiarle a esas execrables producciones basadas en hechos reales que Antena 3, para deleite de marujas, menopaúsicas y gays reprimidos, lleva programando para las tardes de los fines de semana desde que los dinosaurios dominaban la Tierra. Luego están 13 TV y su programación veraniega, cuyo solo visionado ya de por sí produce cáncer y gripe sobaquera.

Las películas de muñecos sociópatas se hicieron muy populares a raíz del estreno de “Chucky”... “Chuky”... “Cuqui”... ¡A la mierda...! Me estoy refiriendo, como ya habréis podido adivinar, a las películas de “El muñeco diabólico”, saga protagonizada por un Nenuco pasado de vueltas. El principal atractivo del argumento era mostrar cómo algo tan inocente como un juguete podría transformarse en la pesadilla de cualquier niño (si bien es cierto que las víctimas preferidas del muñecajo solían ser adultos). Si no me equivoco, la serie contó con cuatro títulos, incluyendo una última parte en la que el bicho de marras se echaba novia. La película era tan violenta y SUBNORMAL como sus predecesoras, pero no tuvo el éxito esperado en taquilla y la franquicia cayó en el olvido. Es de esperar que en los próximos años alguien tenga los santos cojones de hacerle un remake (si no lo ha hecho ya), puesto que todos sabemos que los guionistas de Hollywood tienen el cerebro consumido de tanta paja y ya no dan más de sí. La peli se estrenará en 3-D y seguramente ya habrá legiones de subnormales haciendo cola para verla... Porque si el público pide MIERDA, hay que darle MIERDA DE PRIMERA CALIDAD. Y basta.

Ana Botella preparándose un café.

Como todo en esta vida, basta con que algo tenga éxito para que enseguida le empiecen a salir imitaciones. Le paso a Javier Sardá con “Crónicas Marcianas” (véanse los intentos de Antena 3 por destruir el programa de Telecinco a base de “late nights”) y le ocurrió lo mismo a Hitler en Alemania (véanse a Rajoy, Cristina Cifuentes, José Ignacio Wert y esa desgracia humana que es el alcalde de Valladolid). Al Nenuco pelirrojo le tenía que salir competencia, por muy pequeñita que fuera. Y ahí es justamente donde entra “Dolly Dearest”, filme protagonizado por la prima bastarda de la Nancy y cuyo presupuesto oscilaría alrededor de las cuatro pesetas de entonces.

“¡Barbie, hija de puta! ¡Devuélveme a mi novio!”

La película empieza con un estúpido arqueólogo en una estúpida cripta donde realiza una estúpida investigación (todo en esta película es estúpido). El tío se encuentra a punto de realizar el descubrimiento del siglo (y de paso, seguir viviendo de las subvenciones del Estado) cuando toda la estructura de la cueva se viene abajo. El accidente es aprovechado por el espíritu que duerme dentro de la tumba para escapar y refugiarse en una chabola cercana que (¡Oh, sorpresa!) resulta ser una fábrica de muñecas abandonada. El bicho consigue apoderarse del cuerpo de una de las muñecas y esperar a que se presente la oportunidad para... eh... uhm... no sé... para hacer lo que se supone que hacen los diablos mexicanos cuando resucitan y se reencarnan en el cuerpo de una muñeca de tres duros.

El sable láser de Darth Vader violó a un tubo de luz fluorescente y nueve meses después nació esto.

A todo esto, uno no puede evitar preguntarse qué carajo pinta una fábrica de muñecas en mitad del desierto mexicano. En serio, no lo entiendo. Es como si ahora yo abriera un restaurante en lo alto del Everest y me extrañara porque no fuera nadie. Y eso por no hablar de los empleados, que tendrían que recorrer una distancia de cuarenta kilómetros todos los días para ir a trabajar.. Y encima a cincuenta grados a la sombra, porque allí tiene que hacer un calor de cojones. ¿Pero quién coño negocia en México los contratos laborales con el Gobierno? ¿Una cabra?

Aquí recibe José Ignacio Wert a sus visitas.

Fundido a negro y créditos de inicio. A continuación vemos a la clásica familia norteamericana a bordo de un avión y, como quien no quiere la cosa, nos explican quiénes son y por qué debe importarnos. Resulta que la familia ha abandonado California para irse a vivir a México, donde el papá ha hecho el negocio de su vida adquiriendo cierta fábrica de muñecas endemoniada... Lógicamente, ellos no saben que hay un mostrenco pululando por allí, pero las explicaciones en las que se deshace el fulano para hablar de su nuevo trabajo bordean el retraso mental. “La técnica con la que elaboran estas muñecas tiene cientos de años y es completamente artesanal” dice el muy imbécil. Pero, tío... ¡si son muñecas de barraca de feria, joder! ¿Tú las has mirado bien? ¿O es que además de ciego eres gilipollas?

“Tengo menos personalidad que un huevo frito”.

Evidentemente, no se nos cuenta nada de lo que ha motivado dicha decisión. Debemos pensar que el tío se levantó una mañana y le dijo a su mujer: “Liquida la hipoteca y vámonos a México. Acabo de encontrar mi auténtica vocación”. Si yo le dijera eso a mi novia fijo que me arrancaba la cabeza, pero no puede decirse que la esposa de este anormal tenga muchas luces. No sé si es cosa de la actriz o del personaje, pero la tía actúa como si le hubieran metido un palo untado de grasa por el culo. Por cierto, está doblada por la misma actriz que interpreta a Lois Griffin en “Padre de familia”. Está claro que por algo había que empezar.

“Cuando estoy sola hago guarradas por teléfono”.

Faltaría que hablásemos de los niños, pero hacerlo me pondría de una mala ostia impresionante. Tenemos a la clásica pareja de hermanos formada por una niña que echa de menos a sus amiguitas de California (hasta el punto de que ya les ha escrito dos putas cartas en el avión) y un chaval repelente al que dan ganas de cortarle las gónadas y metérselas por la laringe, porque menudo gilipollas... Basta con ver el libro que se encuentra leyendo cuando están a punto de aterrizar...

Sí, fijo que con eso follarás más.

“Por qué le pasan cosas malas a los chicos buenos”... ¡Bluargh! ¡DIOS! ¿Pero qué...? Joder... ¡Bah! Paso de seguir...

Por otro lado, ya desde el primer momento sabemos que vamos a pasar un mal rato, pero no porque la película vaya a dar miedo o algo así, sino porque está hecha con el culo. Ojo al siguiente cartel:

La “arquiología” es una disciplina de la “Istoria”.

Cualquiera pensaría que se trata de un gazapo. ¿No dicen por ahí que en una escena de “El Señor de los Anillos”, mientras Frodo y Sam se pegan la pateada madre para ir hacia Mordor, se ve un camión de Coca Cola a lo lejos, entre las montañas? El problema es que este mismo error se repite más adelante, y además en letras bien gordas. Ante esta situación, uno puede pensar que se trata de una coña de la directora para mostrar al mundo hasta qué punto son de ignorantes los mexicanos o bien que los productores se gastaron el dinero del puto diccionario de español en cocaína. Ciertamente, no sé cuál de ambas opciones me preocupa más.

Luego también está el departamento de “Kímica”, que está en la tercera planta.

La idea de mostrar a los mexicanos como un pueblo ignorante, supersticioso y atrasado es una constante en toda la película. Los mexicanos son para los estadounidenses lo que los portugueses para los españoles: el vecino tonto al que le puedes robar la WIFI del ordenador, dejar preñada a su hermana y luego mearte en su felpudo. ¡Sí, amigos! México es así de sucio. Pero qué os voy a contar a vosotros... ¡Si en Alemania a los españoles nos ven igual!

“Mami, no me gusta nada este país. Hay negros por la calle y todo huele muy mal”.

Una prueba de ello la encontramos en la sirvienta mexicana que trabaja para la familia, la cual se pone a rezar como una loca cada dos por tres. La madre de la cría, convencida de que tal conducta puede ser una mala influencia para sus hijos (!), le prohíbe rezar mientras esté en la casa. Ello no tendría nada de malo de no ser por la forma en qué lo dice:

CONSUELA: Señora, Nos envuelve la maldad. Mis plegarias son para que se aleje el Maligno.
RUBIA MENOPÁUSICA: (Cabreada) En adelante te agradecería que hicieses tus... tus... tus plegarias en privado

¡SU MADRE! ¡Lo dice como si la religión católica fuera una secta llena de creencias extrañas y ritos esotéricos! ¡Jo, jo, jo, jo, jo...! ¡Cómo si se diferenciara mucho de la protestante! Para los yankis, el Dios católico debe ser una mezcla entre Manitú y una jirafa de dos cabezas. “Sí, sí... yo también creo en el mismo dios que usted, pero váyase a entonar sus cantos chamánicos donde mis hijos no puedan oírla, no les dé por adorar a la Virgen y sacrificar un gallo con el plenilunio”. Según este razonamiento, los gringos deben creerse que las bodas católicas son el equivalente a la Danza del Dum-Dum y que el Camino de Santiago tiene que estar sembrado de cabezas reducidas y miembros amputados.

“¡¡El año que viene me iré a Burgoooos!!”

En fin, que Papá Gringo se hace con el control de la fábrica. El tío, al ver que el edificio está hecho una mierda, se encara con el panchito que le hace de intérprete y le recrimina el deplorable estado de las instalaciones. El mexicano le suelta un “¡Oh, hemos procurado dejarlo todo tal y como lo tenía el último propietario”, a lo que el puto imperialista le responde lanzándole una mirada en plan “Si estuvieras en mi país te habría arrancado la chorra a mordiscos, hijo de puta subdesarrollado”. Pero no todo van a ser malas caras. La cría, al darse cuenta de que allí fabrican muñecas, se encapricha de una y elige “la más bonita de toda la fábrica” (¡pero sí son todas IGUALES, me cago en Dios!). El espectador, que no es gilipollas (o a lo mejor sí), adivina en el acto que dentro del machango va escondido el diablo fluorescente de las narices, el cual empieza a hacer de las suyas al día siguiente de llegar a la casa familiar.

“Perversiones de plástico”, próximamente en su videoclub. 

En esas, su hermano mayor ha descubierto el yacimiento “arquiólogico” que está al lado de la fábrica y ha decidido acercarse allí a golifear, pero se encuentra con un colega del investigador al que se le vino media caverna encima al principio de la peli. Este le dice que, como se lo vuelva a ver por allí, le descarga la escopeta en las orejas. Puro teatro, puesto que el tío está encantado de tener al lado a alguien que se interesa por su trabajo. Supongo que su vida sexual es muy aburrida. Gracias a él sabemos que la tumba es obra de una misteriosa tribu de indios mexicanos (no van a ser de Albacete, claro...) que, según las leyendas locales e Íker Jiménez, rendían culto a un niño con cabeza de cabra. ¡Santos argumentos, Batman!


La relación que la cría tiene con su muñeca roza el bollerismo más extremo, puesto que no se separa de ella ni para ir a cagar. La influencia del bicho le afecta de tal forma que se pone hecha un basilisco cuando la asistenta llama a un cura para bendecir la casa. En respuesta a ese ataque contra el marxismo y la moral atea, aquella noche el demonio cómo se llame se carga a la vieja arrojándola a la cisterna y electrocutándola (¡Vaya! Para llevar la tira de años encerrado, el demonio de los cojones sabe perfectamente qué es una bombilla y por qué no hay que meter los dedos mojados en un enchufe). Como era de esperar, nadie llora la muerte de la pobre desgraciada, pero la menopaúsica cabeza de familia empieza a olerse la tostada cosa mala.

“¡Caramba! ¡Qué cosa tan interesante es el goatse!”

Entretanto, en la fábrica empiezan a suceder cosas más extrañas que un político del PP dimitiendo, puesto que los poderes del diablo panchito se han extendido a las demás muñecas que hay allí guardadas. El espectador asiste con desgana a una sucesión de “terroríficos” gags en los que vemos a la muñecas correteando por el taller o moviendo la cabeza a espaldas del desgraciado de turno, en plan “¡Sí! Aunque no puedas verme, estoy aquí detrás conspirando contra ti.”. Semejante sarta de soplapolleces no solo no consiguen dar miedo, sino que nos obligan a pensar en el pastizal que se habrá gastado el productor de esta basura para contratar a actores enanos.

“Ahora que se han ido todos, podré hacerme un dedo tranquila”.

Pero “Dolly Dearest” se toma tan en serio a sí misma que en lugar de lástima, inspira vergüenza ajena. El “ejército” de muñecas diabólicas comienza a liarla parda en el recinto y se carga al vigilante de seguridad, interpretado ni más ni menos que por... ¡LOULOGIO!

Loulogio se apunta hasta a un bombardeo.

Y el alma de Loulogio ascendió al Cielo...

Mientras tanto, en casa de los “Gringosploster” las cosas van de mal en peor. La muñeca no solo le ha sorbido el seso a la niña, sino que además amenaza con destruir la unidad familiar como si de un círculo de Podemos se tratase. Mamá Yanki le dice a su hija que hay otras cosas en la vida aparte de su adorada muñeca (pillar la sarna, por ejemplo), pero la puta cría sigue erre que erre. La tía intenta por todos los medios quitarle el juguete, pero la criaja de mierda le va con el cuento a su padre diciéndole que “Mamá actúa de forma extraña últimamente, se ve que hace tiempo que no la tocas”. Mamá Yanki recibe una dura reprimenda por parte de su machista y retrasado marido acerca de lo sano que es cuidar de los niños y dedicarse a hacer bizcochos de canela, puesto que él es un hombre muy ocupado y no puede perder el tiempo en chorradas. En vista de que nadie la cree, la rubia de los ovarios resecos decide tomar cartas en el asunto.

La implantación de la LOMCE acabó con la inocencia de muchos niños.

El hedor a mierda es tan grande que el pastel termina por descubrirse. Tras haber hecho una exhaustiva investigación de cinco minutos, nuestra menopaúsica heroína llega esa tarde a su casa dispuesta a volarle la cabeza a la muñeca. Pero ya es demasiado tarde. El demonio ha terminado por someter a la niña y obligarla a matar. Hay un tira y afloja de cinco larguísimos minutos en los que la muñeca acaba siendo acribillada a balazos. El demonio ha muerto. ¡Viva! Ahora solo falta ir a la fábrica para destruir a las muñecas restantes y devolver así la paz a Namek.

Pero en la fábrica de la señorita Pepis las muñecas, lideradas por Cristina Cifuentes, han dado un golpe de Estado y se han hecho con el control de todos los ministerios menos el de Agricultura. Los bichos amenazan con matar tanto a Papá Gringo como al “harqueólogo”, el cual se siente responsable de haber liberado a la bestia (“Hay cosas con las que el hombre no debe jugar”). Ambos hombres deciden unir fuerzas y solucionar el problema de raíz. ¿Y cómo solucionan los americanos los problemas? Efectivamente: a golpe de dinamita.


La escena final es tan confusa que parece haber sido dirigida por un toxicómano recién salido del “Proyecto Hombre”. Papá Retrasado y el “arkeólojo” colocan cargas de dinamita dentro de la fábrica al tiempo que Cospedal y sus amigas corretean de aquí para allá apagando las mechas... Parece que tanto a uno como a otro les da igual que el techo de la fábrica se les venga encima, puesto que encienden el cartucho y luego lo arrojan al otro extremo de la habitación, como quien arroja un petardo en una verbena. La escena es tan SUBNORMAL que dan ganas de ponerse a beber lejía. Al final las muñecas no logran apagar a tiempo la mecha de uno de los potocientos cartuchos que estos descerebrados han dejado por ahí tirados y el edificio entero vuela por los aires. La familia al completo consigue reunirse en los alrededores de la fábrica mientras una cámara hace zoom al interior del complejo. Y cuando el espectador cree que la muñeca va a salir de entre las llamas dispuesta a jurar venganza, hay un fundido a negro y se acaba la película. Fíjense si el producto eran tan CUTRE que ni siquiera nos dieron la opción de pensar en una hipotética secuela. Supongo que con una ya era suficiente. Y gracias.

Ana Botella portando un cuchillo jamonero.

CONCLUSIÓN:

Paso de hacer valoraciones finales. Es tarde y estoy muy cansado. En lugar de eso, le dejaremos el último turno de palabra a este actor porno que pasaba por aquí. Aparte de dedicarse con ahínco a lo suyo, Arnold “Bolas Negras” es licenciado en Historia Cristiana por la Universidad Colombiana de la Iglesia de los Últimos Días y es autor de la tesis doctoral “Mi chorra y yo”, tutorizada por Rouco Varela y Alfonso Merlos. ¿Qué te ha parecido la peli, Arnold?


Pues eso. Buenas noches a todos.