domingo, 15 de febrero de 2015

Omega Doom (Albert Pyun)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Omega Doom
  • Director: Albert Pyun
  • Reparto: Rutger Hauer, Shannon Whirry, Norbert Weisser, Tina Cote, Anna Katarina, Jill Pierce, Simon Poland, Cynthia Ireland, Jahi J.J. Zuri y Earl White
  • Género: Coñazo futurista / "Pyunadas"
  • Duración: 85 minutejos
  • País: Imperio Galáctico (en colaboración con la colonia neocapitalista de Eslovaquia)
  • Año: 1996
A mediados de los 90 y principios de la década de los 2000, las películas de temática apocalíptica protagonizadas por héroes hormonados ya estaban pasadas de moda. Era la época de los musicales como “Moulin Rouge” o de las comedias románticas tipo “Algo pasa con Mary” o “El diario de Bridget Jones”. En ese mercado, el cine de acción de tradición ochentera ya no tenía razón de ser, y algunos de los representantes más notables del género tuvieron que reinventarse o morir. Los más mediáticos como Stallone o Swarzenegger, consiguieron aguantar el tirón y continuaron sacando un par de películas al año (si bien es cierto que la calidad de las mismas dejaba mucho que desear), pero tipos como Van Damme o Dolph Lundgren tuvieron que hacer las maletas y marcharse de Estados Unidos. El negocio estaba ahora en Europa del Este, donde la caída del comunismo, al más puro estilo “Spinal Tap”, había abierto las puertas a las producciones estadounidenses y los seguidores del género de acción eran legión.

"Mi padre, Kim Jong Il, era un cinéfilo como la copa de un pino".

Así las cosas, no puede resultarnos extraño que la mayoría de las últimas películas de Van Damme sean coproducciones checas o húngaras (aunque, gracias a la enorme capacidad del actor belga para reírse de sí mismo, ahora cualquiera puede tenerle en su propia peli), en cuyos títulos de créditos apellidos como “Miroslav”, “Vladimir” o “Sinjezana” son la tónica habitual. Pero quizá quien mejor se adaptó a esta situación fue Albert Pyun quien, tras el colapso de la CANNON a principios de los 90 y al no encontrar a nadie con dos dedos de frente que le contratase, hizo la ruta de los Balcanes y acabó dirigiendo “El Capitán América” junto a una productora yugoslava. El resultado lo conocemos todos: la película fue una basura de proporciones bíblicas y el país terminó inmerso en una guerra civil con limpieza étnica incluida. Después de esto, Pyun no sabía dónde meterse.

Guionizada  y orgullosamente dirigida por...

Pero he aquí que nuestro inefable director consiguió sobrevivirse a sí mismo y continuó produciendo películas durante los siguientes diez años (y lo que queda...). Y uno de los mondongos que dirigió fue “Omega Doom”, un chorradón apocalíptico con toques de Western y hecha con más desgana que la reforma educativa de Wert.

Efectivamente: se está encendiendo el cigarrillo con una llama que le sale del pulgar.

Os cuento de qué va la cosa: resulta que en el futuro las máquinas se han rebelado por cuadragésima tercera vez contra los humanos, dejando el planeta hecho unos zorros y con menos capacidad de recuperación que España después de una legislatura socialista (decididamente, tengo que dejar de ver 13 TV). En mitad de los combates, un robot recibe un disparo en su disco duro y, por la puta cara, decide abrazar el pacifismo y recorrer el mundo solucionando los problemas de la gente. Omega Doom, el androide que lucha por el amor y la justicia cual Sailor Moon oligofrénica, acaba de nacer. ¡Y pobres de aquellos que se crucen en su camino! Tras mucho caminar, sus aventuras le llevarán hasta los suburbios de California (aunque perfectamente podría tratarse de Albacete), donde dos bandas de robots, los DROIDS y las ROMS, libran una silenciosa lucha a muerte solo comparable a las primarias del PSOE madrileño.

“¡Esta es una manifestación no autorizada!”.

Como si de un Yojimbo cibernético se tratase, Doom se las ingeniará para acabar con ambas bandas y devolver la paz al... ¿mundo? Lo siento, pero el concepto es tan absurdo que me entran ganas de llorar. Es como si los problemas del planeta se solucionasen si dejasen a Charles Bronson suelto por El Sobradillo o el barrio de Ofra. Por otro lado, no entiendo cómo hay una guerra entre diferentes facciones de robots cuando el principal objetivo de las máquinas es precisamente exterminar a la Humanidad. ¿No se supone que deberían unir fuerzas? Supongo que una explicación no habría venido mal, pero está claro que al señor Pyun se la pela todo (después de todo, es el director de “Cyborg”, maldita sea).

"Transformers", mucho más de lo que tus ojos ven...

En la guerra urbana entre ROMS y DROIDS, también hay sitio para la diplomacia. El papel de mediadora lo hace una “drone de servicio” de nombre anónimo (en los créditos figura simplemente como “Bartender”) que regenta un bar de dos estrellas en el barrio y EN EL QUE SOLO SE CONSUME AGUA (!). Porque en el salvaje mundo del futuro, los viles guerreros de la carretera han comprendido las ventajas de la vida sana y los peligros que encierra la cirrosis. Dios, ¿pero por qué veo estas cosas?

“Tengo Fonteide, Vitalea, Roque Nublo, Solan de Cabras... También la tengo con gas, pero esa es para auténticos tipos duros”.

El elenco de personajes de “Omega Doom” no tiene nada que envidiarle a los participantes de “Gran Hermano Vip” o a los cabezas de lista del PP valenciano para las próximas Elecciones Autonómicas. Entre otros aspirantes a actores, tenemos:

LAS “ROMS”

Si Neo de “Matrix” le hubiese pedido a Trinity montarse un trío, no hay duda de que habría acudido a estas tías para para proponérselo. A mitad de camino entre una dominatrix y una cantante de music-hall de los años 20, las ROMS son los mejores androides de su tiempo (casi tanto como los creados por el Doctor Gero en “Dragon Ball”). Aparte de poner la misma cara de mala leche que pondría un negro cuando le sacan una fotografía y repetir hasta la saciedad lo duras que son, no hacen absolutamente nada en toda la película. Al final una de ellas se volverá buena y repartirá regalos en la Cabalgata de Reyes del año que viene.

Tres tristes Trinitys comían trigo en un trigal.

LA CABEZA DE ROBIN WILLAMS

Conocido simplemente como “Cabeza”, este personaje es el contrapunto cómico a la enorme carga de tensión en la que viven los demás robots. Al igual que el Robin Williams original, es jodidamente irritante y se dedica a sobreactuar de la forma más lamentable que podáis imaginaros. La peli está hecha con tan poco dinero que todavía puede verse el precio del croma en el que obligaron al actor a hacer el ganso. El fulano se pasa la mayor parte de la trama buscando un cuerpo al que acoplarse. En el colmo del despropósito, se acabará quedando con la carcasa de la líder de las ROMS, aprendiendo así que dos tetas tiran más que dos carretas.

“Mira mamá... ¡Soy actor!”.

MARKO

También conocido como el hermano bastardo de Wesley Snipes, Marko es el miembro más duro de los DROIDS (y no, no busca a su madre...). Uno de sus principales hobbies es pasarse el día jugando al fútbol con la cabeza de “Cabeza” (¡Que continúe la parrillada de la risa!). Como todos los negros según Alfonso Merlos y Fow News, tiene un carácter bastante violento y con tendencias hacia la sociopatía. Espectacularmente doblado por Carlos Ysbert (lo siento, tío, pero sigues sin ser mi "Homie"), a Marko le debemos no solo la mejor escena de la peli, sino también los mejores diálogos. Y es que uno no puede resistirse a esas lentillas "azul eléctrico" que le endosaron al pobre actor que lo interpretó.

"GIVE ME MY MONEY, NIGGER!"

TITUS

Titus es simplemente Titus, no sé si me explico...

Nadie quiere al pobre Titus. Total, para lo que hace...

LA PRINCESA LEIA

La líder de los DROIDS (que no "Lideresa") es un robot razonable y práctico cuyas opiniones no le importan a nadie. El personaje (es tan rematadamente olvidable que hasta he olvidado cómo se llama) pasa sin pena ni gloria por la película. Se supone que al final tiene una especie de epifanía en la que ve a nuestro héroe desvanecerse entre la rojiza niebla atómica (supongo que Pyun quería que pensásemos que Doom era alguna especie de ángel o algo así). Lo más reseñable de este personaje son sus rulos. Viéndola, es imposible no acordarse de Carrie Fisher después de la noche del estreno de "El retorno del Jedi" (salvo que aquí la cocaína se la llevaron los guionistas de este engendro).

"¡Mierda! Otra vez me he dejado el sable de luz encendido".

Y nada, que la película viene a ser eso, un desglose de gilipolleces sin ninguna gracia. La acción es más lenta que un desfile de cojos y hay veces en que se hace bastante errática. Pyun tiene un estilo muy personal de hacer las cosas y eso se nota muchísimo. Lo más destacable quizá sea la interpretación de Rutger Hauer, quien ya venía de haber dado vida a un robot en "Blade Runner". Tanto Hauer como su personaje se salen por todos lados, aunque es una lástima que el guión no dé más de sí. De haber estado dirigida por otro tipo, la película habría molado mucho y se habría convertido en un referente de la Ciencia Ficción. ¿En qué otro sitio vais a encontrar a robots interpretando a Kurosawa? Pues eso.

PARA TERMINAR, QUE YA ES HORA...

Hay una escena que, con el tiempo, estoy seguro de que terminará convirtiéndose en un clásico del cine de derribo. No os mentiría si os dijera que su visionado ya de por sí justifica el del resto de la película. En un momento de la acción, Doom y Marko, el Blade de baratijo, están a punto de liarse a ostias. La cosa no tendría nada de especial de no ser por el diálogo (al más puro estilo “Duelo al alba”) que se marcan los dos personajes. Con una irresistible música noventera de fondo y los miembros de las dos bandas haciendo las veces de público, Doom y Marko mantienen las distancias e intercambian unas miradas dignas del mejor combate de lucha libre. La tensión se palpa en el ambiente hasta que los dos empiezan a hablar. En serio, he visto la escena como siete veces y todavía me sigo sobrecogiendo ante tamaña maravilla del arte secuencial. ¡Aprende, Woody Allen de los cojones!


DOOM: Deberías disculparte con “Cabeza”.
MARKO: ¿Dices que me disculpe? No, amigo. Voy a matarle. Pero antes te mataré a ti.


DOOM: (Con desprecio) Vaya, vaya... eres una máquina de matar.
MARKO: He matado a más de mil. No le temo a nada.


DOOM: (Imperturbable) Te va a doler...
MARKO: ¡Atrévete, gilipollas!

domingo, 8 de febrero de 2015

Tintín y el Lago de los Tiburones (Raymond Leblanc)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Tintín y el Lago de los Tiburones
  • Director: Raymond Leblanc
  • Reparto: Un montón de actores franco-belgas conocidos en su casa a la hora de comer
  • Género: Animación
  • Duración: 81 minutos
  • País: Francia
  • Año: 1972
Tiene narices que, después de haber despotricado contra Hergé en mi última entrada, le haya dedicado otra noche a su personaje. En esta ocasión no se trata de un cómic, sino de una de sus adaptaciones al cine. Tal y como pensaba, Hergé se vio obligado a introducir cambios en su criatura para que tuviera una mejor aceptación en el público. Ello no implicó que el autor fuera ajeno a la realidad que le tocó vivir y lo plasmara en sus libros, pero al menos la crítica política no era tan evidente y las aventuras de Tintín pasaron de moralizar a entretener. Lo sorprendente es que todavía haya autores que vean en “El País de los Soviets” un trabajo digno de elogio cuando trata el tema que trata (supongo que otro gallo habría cantado si las connotaciones del cómic, más que ideológicas, hubieran sido religiosas), pero cretinos hay en todos lados.

"La Blasa" en uno de sus papeles más recordados...

En esta ocasión Tintín viaja de nuevo a Syldavia para pasar las vacaciones junto al profesor Tornasol, que se ha construido un chalet justo enfrente de la República Popular de Borduria, en plena zona desmilitarizada. Como bien dice la Santa Wikipedia, la situación de ambos países es tan delicada como la de las dos Coreas, y basta una mínima chispa para que los ejércitos de uno y otro bando se líen a tortas. Rastapopoulos, viejo enemigo de Tintín y aprendiz de villano de James Bond, se las ingenia para montarse un refugio subacuático cerca de la mansión de Tornasol. Su objetivo: robar el prototipo de la impresora 3D del profesor (os juro que esto es verdad, no me lo estoy inventando) y utilizarla para reproducir copias de obras de arte y sustituirlas por las originales. Estafadores e imitadores de Bárcenas, tomad nota.

Ahora viene lo bueno: Rastapopoulos y su banda de ladrones (los “Tiburones”) se infiltran en la casa del profesor y secuestran a dos criajos amigos de Tintín. El plan del maloso es hacer un intercambio entre los niños y la fotocopiadora de Tornasol. Ante esta tesitura, Tintín y el Capitán Haddock se ven obligados a intervenir.


Aunque me joda reconocerlo, he de decir que la película no está nada mal. La primera media hora de metraje llega a recordarnos a una aventura de espías (tema que se trataría en la adaptación de "El asunto Tornasol") y los personajes no son, en absoluto, antipáticos. Tintín está sorprendemente bien (parte del mérito es del doblaje, qué le vamos a hacer) y el hecho de que Milú, al contrario que en los cómics, no diga ni papa hace que la película sea más llevadera. De hecho, me atrevería a decir que el éxito de la peli se debe a eso, a que ninguno de sus dos personajes principales tiene necesidad de interactuar el uno con el otro (para eso ya tenemos a Tintín y al Capitán).

El Capitán y su alcoholismo (Parte I).

Tornasol sigue yendo a su rollo y los malos, pese a ser idiotas, son bastante respetables. En cuanto a los críos syldavos, supongo que eran necesarios para que el héroe tuviera una motivación por la que luchar, porque salvo cantar y hacer gracietas, no hacen absolutamente nada. A ellos les debemos el único número musical de la peli (“Mi carro y mi caballo son los más bonitos del lugar”), una canción digna del mejor Joselito y que es tan innecesaria como irritante. En fin, no podemos juzgar a los guionistas por esto. Había que rellenar metraje como fuera... Como en “The Spirit”.

Y el profesor Tonarsol inventó la mantequilla sintética

El Capitán y su alcoholismo (Parte II).

La animación es MUY buena. Tampoco es que haya visto muchas películas de “Tintín”, pero se ve que aquí los dibujantes tuvieron carta blanca para hacer lo que quisieran. La verdad, no sé si esta historia está basada en uno de los cómics o no (recordemos que una de las mejores películas de Astérix, “Las doce pruebas”, era una aventura exclusiva para el cine), pero se ve que hay unas diferencias bastante grandes entre el estilo de Hergé (encorsetado a más no poder) y el de los animadores (mucho más vivo y fluido). A Hergé se le criticó mucho por apenas incluir mujeres en sus historias y la mayoría de ellas tenían la misma personalidad de un huevo frito (por no hablar de su físico estilo “Olivia”). Pues bien, aquí nos encontramos con unas mujeres que, sorprendentemente, parecen de verdad... Lástima que Tintín solo tenga ojos para su puñetero perro.

¡Por fin! ¡Una tía en un cómic de Hergé! ¡Y está buena!

El problema viene en los veinte últimos minutos de película. Debo reconocer que, tras un buen arranque, la cosa pierde fuelle a marchas forzadas. No sé si fue por las horas que eran o porque lo que se me estaba contando era un coñazo bíblico, pero tuve que rebobinar la película para atrás un par de veces debido a que me estaba quedando frito en el sofá. Lo de la huida en el submarino de Rastapopoulos y las gracietas que se monta con su ayudante dan un poquito de vergüenza ajena (por Dios, ¿en serio piensan que los críos son tan tontos para verle la gracia a esto?). Si a eso le sumamos que buena parte de los recursos cómicos de la película se basan en el humor físico (golpes, tropiezos, caídas...) el experimento no termina de remontar. Entiendo que una película infantil no puede mirarse desde la óptica de un adulto (que suele valorar mucho más los diálogos que la acción), pero dudo mucho que un niño encuentre divertido algo así.

"¿Es el enemigo? Que se ponga..."

Hay también una escena un poco chorra en el que el submarino de Rastapopoulos queda varado en la frontera de Borduria y uno de sus guardias fronterizos llama por teléfono a su primo para preguntarle a cuánto está el kilo de chatarra. Seguramente era una coña de los guionistas para criticar lo endeble que era la economía de los países socialistas, aunque teniendo en cuenta las similitudes que tienen los trajes típicos de Borduria con los de Rumanía, no me extrañaría nada que la cosa tuviera que ver con los gitanos y el tráfico de cobre, un detalle que seguramente habría agradado a monsieur Hergé. ¿Eh? ¿Eh? *guiño, guiño, codazo, guiño*

El Capitán y su alcoholismo (Parte III).

CONCLUSIÓN:

La película esta hecha con muchísimo cariño y eso se nota. Desde luego, no tiene nada que ver con el insoportable Tintín de “El asunto Tornasol” (que también tengo por aquí guardada) ni con el adoctrinante “Tintín en el País de los Soviets”. El argumento recuerda agradablemente a los trabajos de Edgar Pierre Jacobs, amigo de Hergé y autor de las extraordinarias aventuras de “Blake y Mortimer”. Como ya he dicho, el hecho de que el personaje no lleve él solo el peso de la acción quizá contribuya a que no nos fijemos tanto en él. Tanto la trama como los personajes secundarios son magníficos, lo que me ha llevado a plantearme seriamente la lectura de la obra de Hergé en papel. Eso sí, ni de coña pienso cambiar de opinión sobre el autor y la serie de televisión. Esas serán vuestras normas, pero no las mías. Os jodéis.

"Qué emocionante capítulo de Médico de Familia".

sábado, 7 de febrero de 2015

Tintín en el País de los Soviets (Hergé)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Tintín en el País de los Soviets
  • Autor: Hergé
  • Género: Cómic / Panfleto político facha
  • Editorial: Editorial Juventud
  • Precio: Si sois tan gilipollas para pagar por él, no sé cómo todavía estáis leyendo este blog
  • Número de páginas: 140
A muchos se les cayeron las bragas al suelo cuando, hace un par de años, se estrenó la última película de Tintín en 3D. Si mal no recuerdo, creo que Spielberg estaba detrás del proyecto, y aunque en Estados Unidos la recaudación no fue para tirar cohetes, sí es cierto que en Europa tuvo un gran éxito de taquilla. A mí, personalmente, el personaje siempre me cayó rematadamente mal. Hay quien dice que las películas de dibujos animados son auténticos clásicos, pero a mí siempre me parecieron un coñazo insufrible. Con nueve años recuerdo que me pusieron una en el colegio e hice de todo menos prestarle atención. Si a un niño de esa edad no le gustan los dibujos animados que ve, entonces es que algo va jodidamente mal. Mis compañeros, en cambio, casi se mearon de la emoción. Los hubo que hasta se tomaron la peli en serio y hacían como que se identificaban con el personaje, riéndose de situaciones que no tenían ni puta gracia o bien sobreactuando como subnormales cuando el gilipollas del protagonista estaba en peligro (“¡Cuidado, Tintín! ¡Los malos están detrás!”). Tampoco ayudaba la voz aflautada y ostiable del actor que doblaba Tintín (¡Dios, cada vez que me acuerdo de ella me dan ganas de ponerme a desollar gatitos!) y una banda sonora que, si bien pretendía ser misteriosa y épica, era tan irritante como unas jodidas hemorroides (¡Sí, ESTA banda sonora!).

Dios, cómo te odio...

Luego está la leyenda negra que rodea al autor, Hergé, un filofascista ultracatólico y simpatizante del nazismo que comenzó su carrera trabajando en el semanario conservador “Le Vingtième Siècle”, cuyo director era un reconocido admirador de Léon Degrelle, el líder de los fascistas belgas. Cuando los alemanes ocuparon Bélgica, Hergé continuó trabajando, si bien es cierto que, en lugar de adoptar una actitud beligerante contra el nazismo (tal y como hicieron Disney o la Warner), optó por obviar el problema y seguir dibujando como si tal cosa. Nadie puede culpar al dibujante belga por evadirse de la realidad, pero es que ni durante los años que siguieron al conflicto se le oyó el más mínimo reproche contra los nazis. Ni siquiera en sus cómics, tan aplaudidos por su marcado realismo y por adaptar a un lenguaje infantil el mundo de las relaciones internacionales, hay referencias a la guerra o a los desmanes de Hitler. El asunto se vuelve más turbio cuando vemos como, ya en plena Guerra Fría, Hergé caricaturiza a la Unión Soviética y a su dictador, Josef Stalin, en una de las aventuras de Tintín en un país imaginario llamado Borduria, donde el culto al dirigente es algo cotidiano (el escudo que figura en la bandera del país son los grandes bigotes de su presidente) y los extranjeros no pueden recorrer su capital sin dos escoltas del servicio secreto. ¿Por qué los soviéticos pasan por el ojo crítico del dibujante y los nazis prácticamente se van de rositas?

"Como vuelvas a hacerte caca en la alfombra, te meto la mesa del comedor por el culo, grandísimo hijo de puta".

Pero el marcado anticomunismo de Hergé se observa en la primera aventura de su personaje estrella, “Tintín en el País de los Soviets”, publicado por entregas a partir de 1929 en la versión infantil del “Le Vingtìeme...” y en el que critica la sociedad soviética. Mientras que varios intelectuales de la época veían en la Revolución Rusa un ejemplo a seguir, a los sectores más conservadores de Europa les entró el acojone total ante el avance del comunismo. Recordemos las revoluciones que habían estallado en Alemania y Hungría tras la I Guerra Mundial y cómo la burguesía y la aristocracia de estos países favorecieron el ascenso de partidos de extrema derecha para frenar a los "sociatas". En España conocimos muy de cerca esta situación, puesto que la Guerra Civil de 1936 tuvo como pretexto “expulsar a los comunistas del poder y restaurar el orden”.

Tintín haciendo amigos por el mundo.

Lo que vemos en “Tintín en el País de los Soviets” es un deleznable intento de adoctrinamiento que recuerda enormemente a los contenidos de la Enciclopedia Álvarez. El mensaje no tenía otra finalidad que alertar a Occidente del peligro del comunismo y lo que le podría caer encima a la población en el caso de que una hipotética revolución socialista tuviese éxito en la “Europa civilizada”: falta de libertades, pobreza, miseria... Vamos, lo mismo que están haciendo 13 TV, Eduardo Inda y La Razón ante la velocidad que está cogiendo Podemos.

España poco después del triunfo de Podemos.

En honor a la verdad, hay que decir que este cómic muy poco tiene que ver con las aventuras posteriores del personaje (si exceptuamos las pinceladas de racismo y etnocentrismo que encontraremos en “Tintín en el Congo”). En "Tintín en el País de los Soviets" no hay una línea cronológica de acontecimientos, sino una sucesión de gags bastante simplones en los que el humor físico y la evidente falta de inteligencia de los rusos son el plato principal. En algunas partes, los gestos de Tontín (¡Festival del Humor!) llegan a recordar a los de Chaplin, pero todo se queda en eso, en un parecido. En las pelis de Chaplin al menos había un trasfondo de patetismo que hacía que inmediatamente nos sintiéramos identificados con el personaje. En Tintín, en cambio, tenemos a un gilipollas impoluto al que todo le sale bien y que, encima, todavía se atreve a lanzarnos sus sermones anticomunistas a la cara.

Monedero y Errejón pasando el rato.

En la mayoría de los gags, Tintín siempre encuentra la manera de salir airoso de cualquier problema (después de todo, es el héroe), ya sea encontrando un paquete de sal en mitad de una ventisca de nieve (por aquello de que la sal ayuda a disolver los carámbanos de hielo) o bien un traje de buzo (con cuchillo incluido) en el interior de una mazmorra con vistas a un lago. Y eso sin contar la forma en la que sobrevive a los accidentes, porque Tintín siempre cae de pie, independientemente de que lo atropelle un tren o tenga un accidente de tráfico. Sí, ya sé que pedirle algo de realismo a un monigote es una estupidez, pero uno no puede evitar pensar en lo mal que lo pasaban Mortadelo y compañía cuando se despeñaban por un barranco o les explotaba un petardazo en la cara. Supongo que son dos tipos diferentes de humor, qué le vamos a hacer...

¿A qué estás esperando? ¡Mátale de una puta vez!

Comparado con otros álbumes, la trama es inexistente, recordando más a un panfleto propagandístico que a otra cosa. Así, mientras los bolcheviques torturan, fusilan y saquean, Tintín, en una actitud claramente adoctrinadora (¡Chúpate esa, Padre Objetor!) se encarga de recordar al lector que el “Paraíso Social” prometido por los soviets no existe. ¡Y pobres de aquellos que todavía crean en él! En cuanto al apartado artístico, no tengo ni idea de cómo estarán estructurados los demás cómics de la serie, pero sí es cierto que aquí apenas hay seis viñetas por página y que los fondos son bastantes básicos, aspectos que Hergé seguramente puliría en las sucesivas aventuras del reportero.

Final alternativo del cómic.

Con respecto a los recursos cómicos, estos no tienen ninguna gracia. Ya no solo por el odioso humor blanco que destilan (“Oh, Tintín está riñendo a Milú porque este no quiere subirse al coche. ¡Qué gracioso!”), sino también porque el personaje protagonista cae MUY MAL. Sí, ya sé que lo he dicho antes pero, en serio, es odioso. Es como ver a un tío que te cae muy mal contando el mejor chiste del mundo. Sencillamente, no hace gracia. Se supone que Milú es el contrapunto de Tintín, siempre dispuesto a soltar alguna parida (la mayoría de las veces innecesaria) con la que hacer reír al lector, pero el perro de marras es igual de ostiable que su amo. De hecho, la parte más divertida de la trama es cuando unos agentes de la GPU le atan una piedra al cuello para tirarlo a un río. Y todo eso porque sí, porque los comunistas son muy malos y se comen a los niños crudos.

"¡Vamos, acaba con él!".

CONCLUSIÓN:

Joder, cómo odio a Tintín. Lo odio tanto como a Alfonso Merlos (no tiene nada de malo que te vayan las pollas, tío, hay mucha gente así que es feliz) o los monólogos del #%&@ de Rober Bodegas. Una cosa es reírse de algo por necesidad (Warner Brothers y los nazis no tuvieron una relación muy agradable... ¡pero es que estaban en guerra, joder!), pero aquí directamente se nos está adoctrinando cosa mala. Es cierto que Hergé tuvo que darle una vuelta de tuerca a las historias posteriores del personaje pero, aún así, cada uno de sus diálogos siguen dando asco. Desde luego, es una lectura más que recomendable si ves 13 TV y consideras que Intereconomía es un referente periodístico. De ser así, yo me plantearía seriamente una visita al psicólogo. Igual no es tarde y todavía hay salvación para ti, ¡perro derechista!

miércoles, 4 de febrero de 2015

Buscaré el océano (Carrie Ryan)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Buscaré el océano
  • Autora: Carrie Ryan
  • Género: Drama hipster / Esperpento zombie
  • Precio: Pagar por esto es como pagar para que te contagien la sarna
  • Editorial / Plataforma: Ramdon House Mondadori
  • Número de páginas: No hay suficiente cerveza en el mundo para hacer que esta basura sea lo suficientemente corta
ARGUMENTO:

En un mundo devastado por los zombies, el más ínfimo sueño sirve para mantener viva la llama de la esperanza... Joder, no puedo creerme que haya escrito semejante gilipollez... En fin, que la cosa va de muertos vivientes a prueba de balas, adolescentes que buscan un lugar en el mundo (hipsters, tomad nota) y una imbécil que mataría a su madre por pasar un día en la playa, que la cosa está muy mal y no están los tiempos para dejarse los cuartos sacando un bono para la piscina municipal.

ANÁLISIS:

Mary, la protagonista, es una perra egocéntrica. Tal cual. Toda la novela no es más que un cúmulo de escenas en las que la fulana se dedica a patalear y a presumir sobre lo independiente que es, al tiempo que el chichi se le hace Pepsi-Cola cuando ve a Travis, el maromo de quien está enamorada. Pero por si los zombies no fueran bastante, a la autora no se le ha ocurrido nada mejor que introducir un triángulo amoroso en la relación, pues Harris, el hermano de Travis, se dedica a darle al manubrio pensando en lo bonita que sería su vida con  Mary. Pero lo autora no se ha conformado solo con esto. No, no, no, no... Es que hay otra tía (de cuyo nombre ni me acuerdo y no me apetece abrir el Kindle ahora para averiguarlo) que está enamorada de Harris, es la mejor de Mary y ADEMÁS (flipad con esto, corazones) está prometida con Travis. Una cosa así solo podía haber sido escrita por una mujer, me cago en la puta (NOTA: Estoy de coña, pero aprovecharé para pedir perdón a todas las mujeres del mundo por si acaso), porque las mujeres estropean todo lo que tocan (NOTA: De nuevo pido perdón a todas las mujeres del mundo. ¡Que estoy de coña, joder!)... Menos el género zombie, que ya de por sí apestaba a culo por los cuatro costados y era imposible joderlo más.

En un momento dado de la novela, la cosa se desmadra y los zombies destruyen la asquerosa comuna de perroflautas (NOTA: Ni en broma pienso pedirle perdón a este colectivo) en la que viven los protagonistas. El cuarteto amazón es el único que sobrevive al desastre (ver más abajo) y emprende la marcha por lo que parece ser una de las fincas de la Duquesa de Alba, puesto que TODO el territorio está vallado por una cerca de concertinas que ríete tú de la valla de Melilla. ¿Que por qué? Ni puta idea. Se supone que esta ahí y ya está. Ni se nos explica quién la levantó ni pollas en vinagre. Todo está montado para que al final Mary consiga llegar hasta la orilla del mar, lugar del que su madre no hacía más que contarle bellas historias. Y todo eso lo hará (porque al final lo consigue, por supuesto. ¡Hala! Ya os he destripado la novela. Os jodéis) porque ella lo vale, sin importarle quien caiga por el camino, ya sea el cocainómano de su hermano Jed (la forma en la que la autora se deshace de este personaje roza el esperpento literario) o su cuñada Beth, a la que se ve que no traga desde la Nochebuena del 94. Pero claro, Mary tiene los ovarios muy bien puestos y le da igual poner en peligro a sus amigos, que para algo es una mujer libre e independiente, me cago en Dios.

Vayan por delante algunas anotaciones:
  • Capítulo I: "Algunas veces tengo miedo de acercarme a los límites del Bosque y mirar al otro lado de la alambrada. Temo verlo allí con los demás: la ropa hecha harapos, la piel decrépita, ese horrible gemido suplicante [...]": Como en "The Walking Dead", el fin del mundo vuelve a depender de una verja de dos metros de alto que separa a vivos y muertos. Decididamente, los autores que cultivan el género zombie deben pesar que sus lectores son gilipollas.
  • Parece que la plaga tiene lugar en el futuro (solo así se explica que la protagonista diga que la infección se produjo en tiempos de su tatarabuela). Esto nos lleva a pensar que han pasado más de cien años desde la pandemia. ¿Alguien puede explicarme entonces cómo es que los muertos no se han descompuesto todavía?
  • Que den a los infectados (como es el caso de la madre de Mary) la oportunidad de convertirse en muertos vivientes me parece una chorrada monumental. ¿No se supone que están luchando contra eso? ¿No se dan cuenta de que, con estas medidas, el número de zombies aumentará y los ataques serán más numerosos?
  • "La enfermedad que diezmó a mi generación"... Pero vamos a ver, ¿no se supone que la pandemia había tenido lugar hace ya una porrada de años? ¿Por qué la protagonista habla entonces de historias olvidadas por el tiempo y que pasaban de "tatarabuela en tatarabuela"? Me temo que la autora es tan BURRA que desconoce el auténtico valor de las palabras.
  • ¿No es un poco absurdo promover el celibato en un mundo que está prácticamente despoblado? Hablo del rollito innecesario y estúpido que se traen los fundamentalistas cristianos de la Hermandad. Supongo que los hijos de #%$@ de 13 TV se frotarían las manos en un mundo así.
  • "Ellos se empeñaron a fondo en construir verjas; unas verjas infinitamente largas. Ya no sabemos si esas alambradas estaban pensadas para mantener fuera a los condenados o dentro a los vivos [...]. Poco a poco, mis antepasados limpiaron a golpe de hacha algunas parcelas del Bosque y las proclamaron suyas, empujando la línea de la alambrada hacia fuera para ampliarla hasta que no hubo más material con el que levantar la verja": De nuevo, la verja se convierte en la salvadora de la humanidad. Poco importa que un puñado de infectados haga presión sobre ella y se la lleve por delante. La verja es el invento que más repercusión ha tenido en la Historia de la Humanidad desde el Glorioso Pan con Chorizo.
  • Se nos dice que no pasa nada por el hecho de que las vacas y las ovejas se adentren en el bosque. Vale, ¿por qué los zombies no atacan a los animales? ¿Es que no han salido sibaritas o qué? Es más, ¿por qué los zombies no se atacan entre ellos?
  • Esta peña lee la Biblia pero no tiene ni puta idea de cómo era el mundo antes de la pandemia. ¿Qué patochada es esta? ¿Una puta comuna amish postapocalíptica?
  • "Su pelo sigue oliendo a rayos de sol" (Capítulo VI): BLUARGH!!
  • La protagonista es un zorrón con un complejo de heroína rosa que te cagas: "Estoy enamorada de Travis", "¡Oh, cómo odio a Harris por no haber pedido mi mano y haberme empujado a meterme a monja". No me puedo creer que me esté leyendo esta mierda.
  • "El tiempo se escurre ante mis ojos como agua sobre una piedra". ¡Ooohhh! ¡Qué profuuuuundoooo...!
  • En serio, esta novela es una PUTA BASURA. En un momento del Capítulo XIV (todavía me pregunto cómo he podido aguantar tanto), los zombies (perdón, los Condenados) irrumpen en el pueblo. A Mary, nuestra menopáusica adolescente, le debe de pesar el culo o algo, porque reacciona ante el ataque con una pachorra digna de un político valenciano. "Argos (se refiere al cachorro que su prometido, novio, hermano, follamigo o lo que cojones sea le regaló la noche anterior) continúa junto a mí y me muerde la falda para que me quede quieta", y al final me tropiezo y me caigo de rodillas, "Argos se enrosca entre mis piernas, pues no conoce un refugio mejor, y me tropiezo". ¡POR EL AMOR DE MIERDA! ¡COGE AL PERRO EN BRAZOS DE UNA PUTA VEZ!
  • Esta tía es una puta bipolar. Si lo que la autora pretendía era que nos cagásemos en el personaje, enhorabuena, porque vaya fulana más ostiable... "Me pregunto si las Hermanas y los Guardianes (...) habrán encontrado una escapatoria para salir del pueblo y habrán vuelto a empezar. Si se habrán marchado dejando que todos los demás muramos". ¡GRANDÍSIMA CÍNICA HIJA DE PUTA! ¡PERO SÍ TÚ ERAS LA PRIMERA QUE QUERÍAS ABANDONAR EL P*** PUEBLO PARA EL VER P*** MAR! (Capítulo XVI: "Al final tomo una decisión: les daré el margen de la noche para ver si los aldeanos controlan la invasión. Pero después, recorreré este camino. Sola, si hace falta").
  • "-¡No me hables del amor! -rujo-. ¡Ni se te ocurra volver a decirme lo que sé y lo que no so sé sobre el amor!". ¡MIL BOMBAS! ¡ME CAGO EN DIOS!
  • "Esto parece interminable" (Capítulo XXI). Por una vez estoy de acuerdo contigo, cacho guarra.
  • "Algo me tira del pie. Me tambaleo hacia atrás y empiezo a dar patadas. El hacha se me resbala de las manos. Sin ese punto, pierdo el equilibro. Me caigo". ¡Vaya, qué novedad!
  • En serio, ¿qué clase de persona guarda recortes de periódicos que anuncian el fin del mundo junto a sus recuerdos familiares? (Capítulo XVII). Es como si yo hubiera guardado, junto a una foto de mi novia, la portada de "El País" el día que comenzó la crisis del ébola.
CONCLUSIÓN:

Joder, ¿qué puedo decir de esta "cosa"? Es, seguramente, uno de los peores libros que me he leído hasta la fecha. Ya no solo por la historia, sino por la actitud de su personaje principal. Cada reflexión que hace Mary es como una patada en la tráquea. Cuesta creer que una editorial como Mondadori se haya traído esto para España, aunque teniendo en cuenta el éxito que están teniendo cosas como "Juego de Mierdas", "Cincuenta chorras de Grey" o el propio tirón que está teniendo la literatura zombie, de nada me sorprende.

La "prota", como he dicho, es ostiable hasta decir basta (caso tanto como Eduardo Inda, que ya es decir). La tía, tan pronto es una pipiola que sueña con enamorarse como una puta nihilista a la que se la pela todo: está enamorada de Travis, pero cuando se queda a vivir con él en la mansión siente que su vida es una mierda; no le gusta Harris, pero le cabrea que no haya pedido su mano en la ceremonia esa de los cojones que organizan en su pueblo; quiere mucho a su mejor amiga, pero tan pronto desea verla muerta para quedarse con su marido; quiere reconciliarse con su hermano, pero no se corta un pelo en insultarle y en decirle que habría que descerrajarle un tiro a su esposa enferma. He acabado hasta los mismísimos de este personaje, hasta el punto de querer coger un avión a Yankilandia y estrellarlo sobre la casa de la autora. Como toda cochina escritora de éxito yanki, seguro que vive en un barrio residencial pijo donde la gente toca el timbre de la bicicleta y le echan la culpa de todo a los negros.

La novela es toda una oda a la egolatría y el individualismo más atroz, algo muy característico de la jodida mentalidad norteamericana. Mary hace lo que quiere y cuando quiere, sin importarle un pimiento los demás. Es peor que una puta Princesa Disney. Monta una escenita cuando los demás la tratan como el culo, pero a ella no se le mueve una tripa a la hora de tratar a sus compañeros al sogazo. Poco importa quien muera, ella quiere ver el mar y punto. Da igual que la playa esté infestada de piratas a lo “Mad Max” (!) o que los zombies pululen por allí en un 600 (al menos aquí los bichos no surgen de las olas, como en “Guerra Mundial Z”). Si la niña quiere ver el mar, pues ve el mar y punto.

Luego también están lo enormemente gilipollas que es el argumento. Si los pueblos que están dentro de la alambrada están comunicados mediante senderos, ¿cómo es que no tienen contacto entre sí? Es más, ¿no sería lo más lógico teniendo en cuenta la amenaza a la que se enfrentan? Sencillamente, creo que el sistema político que tiene montado la Hermandad es un chorradón mayúsculo (¿se protegen contra qué?). Otra cosa: ¿cómo es que la zombie del chaleco rojo puede correr? ¿Por qué no se nos explica el motivo? También sigo sin entender por qué los Guardianes del pueblo dejan baúles con armas en mitad de los caminos cuando ni siquiera tienen permitido salir de su campamento. Simplemente se limitan a estar, sin ninguna razón. La autora se limita a escribir lo primero que se le ocurra, sin importarle si tiene lógica o no. Y lo de las casas en los árboles al estilo Ewok es tan ridículo que da vergüenza ajena.

JUEGO DE BEBER:
  • Beber un trago de cerveza cada vez que Mary se comporte en una zorra histérica: 1 punto.
  • Beber dos tragos de cerveza cada vez que Mary se plantee la existencia de Dios: 2 puntos.
  • Beberse una cerveza entera cada vez que la autora empiece un párrafo con la muletilla "Me pregunto" ("Me pregunto cómo sería el mundo antes del Regreso", "Me pregunto como será montármerlo con dos tíos a la vez", "Me pregunto cómo será que un zombie me eyacule en la cara"...): 5 puntos.
  • Beberse dos cervezas cada vez que la retardada mental de la protagonista tropiece con algo y se esmorre contra el suelo: 10 puntos
  • Beberse la puta caja de cervezas entera cada vez que empieces a dudar de tu inteligencia al leerte semejante mariconada: 20 puntos