jueves, 30 de junio de 2016

La monarquía de los Reyes Católicos (I)

Las últimas décadas del siglo XV abren un período de tres siglos que los historiadores denominan Edad Moderna. Se extiende desde los grandes descubrimientos geográficos hasta las revoluciones que transformaron el mundo a finales del siglo XVIII. En este tiempo se abandonaron progresivamente las formas de vida medievales y los valores tradicionales fueron sustituidos por otros nuevos, más cercanos a los nuestros.

En esta época convulsa y violenta se forjaron algunos de los grandes estados europeos. Entre ellos España, que desde las bases establecidas por los Reyes Católicos desarrolló un poderoso imperio de ultramar. El matrimonio de Fernando II, rey de Aragón, e Isabel I, reina de Castilla, fue el origen de una estructura monárquica de la que formaban parte los diferentes reinos peninsulares e insulares y también nuevos territorios, especialmente América.

I) LA UNIÓN DINÁSTICA: EL TERRITORIO DE LA MONARQUÍA Y SUS INSTITUCIONES

-Una unión dinástica y no una unificación política

Cuando Fernando de Aragón e Isabel de Castilla se casaron, en 1.469, debieron enfrentarse a graves dificultades. En primer lugar, la situación del reino castellano era caótica. Los derechos de Isabel eran impugnados por la hija del rey Enrique IV, Juana la Beltraneja, cuya legitimidad se discutía. El conflicto iba a dirimirse definitivamente por las armas y no fue hasta l.476 cuando los partidarios de Isabel se impusieron a los de su sobrina Juana en la batalla de Toro.  

Por su parte, la situación de Fernando tampoco era buena. No era aún rey de Aragón y en Cataluña una guerra civil enfrentaba a los partidarios de Juan II –padre de Fernando-con la diputación y los notables del reino. Hasta l.479, año en el que murió Juan II, Fernando no alcanzó el trono. A estos problemas hay que añadir que Fernando e Isabel eran primos y para formalizar el matrimonio se requería una bula papal que lo autorizara. No lo tenían y Fernando decidió falsificarlo para poder celebrar la boda.

Unos años después, la situación había cambiado. En 1.479 las dos guerras civiles habían llegado a su fin y ambos monarcas se disponían a organizar sus respectivos reinos. Las leyes y la trayectoria histórica de Castilla y Aragón probablemente hacían difícil pensar en un proceso institucional de unificación política, y por ello no se planteó otra cosa que una unión dinástica, es decir, unos mismos soberanos se disponían a gobernar dos reinos, utilizando para cada uno sus Cortes, su administración y sus leyes.

Los dos reinos mantuvieron sus propias características: tenían leyes propias, sistemas fiscales y tributarios diferentes, lenguas distintas, sistemas monetarios y de pesas y medidas también diversos e intereses  no siempre iguales. Buena prueba de todo ello es que había aduanas entre ambos reinos y que los súbditos castellanos eran considerados extranjeros en la Corona de Aragón y viceversa.

-La unidad territorial: éxitos y fracasos

En los inicios de su reinado, los Reyes Católicos trazaron sus objetivos. El primero fue conseguir la unidad territorial peninsular; para ello necesitaban planificar la incorporación de Portugal, Granada y Navarra.

El extenso reino musulmán de Granada fue objeto de una guerra larga (1.483-1.492) que culminó con la toma de la capital en 1.492. Previamente se habían firmado unos acuerdos (Capitulaciones de Santa Fe) en los que el monarca se comprometía a respetar la fe islámica, autorizar el uso de la lengua árabe y permitir las vestimentas tradicionales. Asimismo, los delitos serían juzgados según sus leyes y por sus propios jueces.

La incorporación de Portugal se confió a la política matrimonial, casando al primogénito Juan con una princesa portuguesa. Al morir el príncipe, el objetivo no se alcanzó.

La incorporación de Navarra a la monarquía chocaba con los intereses de Francia, que se convirtió en la valedora de la independencia del pequeño reino fronterizo. Se llevó a cabo una hábil política que mezclaba las negociaciones diplomáticas con las demostraciones de fuerza. En 1.512 Francia era expulsada de Milán por los tercios españoles, y a la vez Navarra pasaba a formar parte de la monarquía hispánica, manteniendo su propio ordenamiento jurídico, instituciones y costumbres.

-La consolidación del poder real

El segundo objetivo de los monarcas era establecer el control efectivo sobre la totalidad de sus súbditos y ampliar en la medida de lo posible su poder. En esto se asemejaron a otros reyes de su tiempo, como Enrique VIII de Inglaterra y Luis XI en Francia. Como ellos, trataron de ampliar los recursos militares y económicos del reino y de controlar las instituciones.

Sus actuaciones fueron diferentes en cada reino. En la Corona de Aragón siguieron vigentes todas las instituciones medievales y sólo se modificó el régimen municipal. Se cambió el método de elección de los cargos públicos y se implantó el sistema denominado insaculatorio, es decir, el sorteo. Ello implicaba dejar el proceso a merced del azar, pero a cambio se impedían las luchas políticas  y se evitaba que la oligarquía monopolizara los cargos y controlara la vida municipal.

En Castilla el control sobre los ayuntamientos se logró generalizando a todo el territorio el cargo de corregidor, que tenía funciones administrativas y judiciales y no dependía de la ciudad en la que ejercía su cargo, sino de los reyes que lo nombraban.

-Las reformas institucionales de Fernando e Isabel

Las mayores reformas institucionales tuvieron lugar en la Corona de Castilla. En 1.476, establecieron la Santa Hermandad, una milicia popular que actuaba como verdadera policía para perseguir, juzgar y ejecutar a malhechores. Sus miembros estaban a sueldo de los municipios y su misión era garantizar el orden en las amplias zonas rurales del país.
Otra de las medidas fue controlar las poderosas órdenes militares, como la de Santiago, Calatrava y Alcántara. Sus miembros disponían de más de un millón de vasallos y acumulaban un inmenso poder económico y territorial. Al colocarlas bajo su control la Corona evitaba tener un Estado dentro del Estado, y lograba además las sustanciosas rentas de las órdenes, que proporcionaron sustanciosos ingresos a la Corona. Los nombramientos de caballeros y otras prebendas fueron usados para atraer a los nobles y premiar su colaboración.

También reformaron el poderoso Consejo real o Consejo de Castilla, que actuaba como tribunal supremo, asesorando en materia de altos cargos y en la concesión de mercedes. Hasta entonces había estado en manos de magnates castellanos, pero ahora los reyes nombraron hombres nuevos para los puestos clave y controlaron la institución.

Al introducir métodos de gestión más eficaces y ágiles se logró una mayor recaudación de los impuestos: se pasó de menos de un millón de reales a comienzos del reinado a veinticinco millones a finales del mismo.

miércoles, 29 de junio de 2016

Breve Historia militar de España durante los siglos XVII y XVIII

Tras la unificación de los Reinos de Castilla y Aragón, España inicia un período de gran desarrollo. Y con el descubrimiento de América comienza a construir el mayor imperio colonial conocido. Bajo el reinado de Carlos I, de la dinastía de los Austrias, España alcanza su máximo esplendor. A su poderío militar se une la pujanza comercial que proporcionan las riquezas del Nuevo Mundo. Holanda e Inglaterra se significaron en la lucha contra los españoles. Los piratas ingleses encontraron en los navíos españoles una garantía de buenos botines. De hecho, el pirata Francis Drake fue nombrado vicealmirante de la Marina británica por sus éxitos en la lucha contra embarcaciones españolas. La rivalidad entre ambos países fue en aumento y alcanzó su punto álgido cuando la flota militar inglesa y la Armada Invencible española se vieron frente a frente.

Felipe IV y Luis XIV en el Tratado de los Pirineos.

De nuevo, la Armada española fracasó en Holanda. Al término de la Guerra de Sucesión española con la firma del Tratado de Utrecht, España perdió sus territorios en Italia y Bélgica y cedió Gibraltar a la Corona inglesa. El otrora poderoso Imperio español sólo pudo retener una pequeña parte de sus dominios. 

La guerra de Sucesión Española: Principales batallas

La batalla de Hochstedt: 13 de agosto de 1704

Ejércitos de la coalición que forman Francia y Baviera avanzan a través de Italia y Alemania con el objetivo de asediar Viena. Sin embargo, sus enemigos cobran ventaja gracias a la brillantez táctica desplegada por el duque de Marlborough al frente de las tropas inglesas y holandesas en el Danubio. En Ausburgo, las fuerzas franco-bávaras tratan de reforzar sus posiciones, pero son atacadas por sorpresa y, poco después, se rinden ante el empuje conjunto de las huestes de Marlborough (que atacan por el centro y por el flanco izquierdo) y de las tropas del ejército imperial lideradas por Eugenio de Saboya (que avanzan por el flanco derecho).

Batalla de Malplaquet: 11 de septiembre de 1709

Malplaquet es la última gran batalla de la Guerra de Sucesión española. Francia ha perdido la ciudad de Lille y Luis XIV, cansado de tantas guerras, está dispuesto a renunciar a sus aspiraciones de sentar a su nieto en el trono de España. Sin embargo, finalmente decide continuar la lucha. En Malplaquet, las tropas francesas conducidas por el mariscal Villars, se enfrentan a 110.000 unidades de los ejércitos inglés y austriaco. El combate finaliza con 32.000 bajas en el bando aliado y 12.000 en el francés. Las fuerzas francesas se reagrupan a un kilómetro y medio del campo de batalla. Aunque no han podido evitar la caída de la fortaleza de Mons, han conseguido una importante victoria.

martes, 28 de junio de 2016

Los flujos actuales de inmigración ilegal en España (y II)

Hacia 1975 los países europeos dejan de reclutar emigrantes. Luego, una serie de factores hicieron que España se convirtiese en un país de inmigración. La permeabilidad de sus fronteras, el flujo turístico y su desarrollo económico, desde que se incorpora a la UE con la firma del Tratado de Adhesión en 1985, la convierte en destino de inmigrantes muchos de los cuales proceden de países próximos de economía pobre y que, en algunos casos, viven en situaciones de inestabilidad política o han padecido guerras recientes.

El aumento continuo de inmigrantes (y por tanto de inmigrantes ilegales) a España tiene como causas:

a) El endurecimiento de las políticas de inmigración europeas y de los Estados Unidos de América del Norte que desvían las corrientes de emigración a países periféricos.

b) La situación económica desfavorable de los países originarios de los inmigrantes.

c) Además, la inestabilidad política y de conflictos bélicos en muchos de ellos.

d) Y, sobre todo, el desarrollo económico que se ha producido en España en las últimas décadas.

Este desarrollo, que lleva aparejada una progresiva cualificación de la mano de obra, se traduce en el rechazo de los trabajos que no exigen preparación y que desempeñan los inmigrantes que buscan un empleo y un nivel de vida más dignos que los que pueden obtener en su país de origen. Llegados a España sin papeles, sin contrato de trabajo, sin medios económicos, los emigrantes ilegales viven bajo la constante amenaza de ser expulsados. A pesar de todo ello, el número de inmigrantes ilegales aumenta a la vez que sus condiciones de vida empeoran.

Distinguimos al menos tres rutas por las cuales los inmigrantes ilegales entran a la UE:

a) La ruta que tiene por destino Alemania por la que se desplazan inmigrantes que se va engrosando con inmigrantes que proceden de los países formados después de la desintegración de la URSS en 1991 (Ucrania, Moldavia, Rusia...), de algunas ex repúblicas socialistas (Rumania, Bulgaria...), que figuran entre los países candidatos de la ampliación de la UE y de la antigua Yugoslavia (Bosnia).

b) La ruta que atravesando Italia se dirige a Francia y Alemania en la que participan albaneses, turcos y kurdos.

c) La tercera ruta interesa a la España peninsular y a Canarias y procede de Marruecos y de los países subsaharianos, en especial de los países del litoral atlántico africano (desde Mauritania y Senegal hasta Nigeria).

Por razones históricas y de proximidad, los marroquíes constituyen el grupo más importante de inmigrantes ilegales a España. Debe tenerse en cuenta que la renta per capita española es 14 veces la marroquí, diferencia mayor que la que separa a la de México de la de Estados Unidos. El número de marroquíes en España crece muy deprisa desde 1980 en que algunos países europeos endurecen sus políticas de inmigración. Estos inmigrantes se incorporan laboralmente a la construcción, la agricultura y los servicios (comercio, hostelería y servicio doméstico). Como el resto de los inmigrantes ilegales, tienden a establecerse donde se desarrollan trabajos agrícolas de temporada o en las periferias de grandes ciudades donde es más fácil encubrir la contratación de inmigrantes ilegales.

d) Otras rutas secundarias proceden de países lejanos de Asia o de América del Sur.

Las crisis económicas de los países latinoamericanos y el proceso de crecimiento de la economía española desde la década de 1980 han sido también factores de atracción de inmigrantes de los países de Sudamérica. Madrid y Barcelona son los focos de atracción más potentes para estos inmigrantes. Como en otros países llegan también a España asiáticos.

La inmigración actual a Europa es resultado de un creciente desequilibrio económico y demográfico entre un mundo subdesarrollado con una baja natalidad y los países subdesarrollados cuya población sigue creciendo. Esa inmigración es síntoma del desarrollo económico de los países europeos, incluida España, que de país productor de emigrantes ha pasado a ser país receptor de ciudadanos a los que la pobreza y la injusticia expulsan de sus naciones.

Los flujos actuales de inmigración ilegal en España (I)

España fue hasta el último tercio del siglo XX un país de emigración. Los españoles emigraron de forma continuada a América, en especial a Cuba y Venezuela, en los siglos XIX y XX. Al norte de África en algunos períodos.

La corriente migratoria hacia América comienza con el descubrimiento y la conquista del continente y se continúa a lo largo de todo el período colonial. La independencia de las colonias en el siglo XIX no interrumpió esta corriente que se prolongó hasta la segunda mitad del siglo XX. Fue un movimiento migratorio intenso y continuado en el que participaron miles y miles de personas de todas las regiones españolas que buscaron en América mejorar sus condiciones de vida. Para unos fue una emigración temporal pero para otros muchos acabó siendo una emigración definitiva. De ahí que los descendientes de emigrantes españoles en las repúblicas suramericanas sean hoy muy numerosos.

Solo después de la Guerra Civil (1936-1939), en que la dictadura franquista estableció rígidos controles a las salidas del país, el número de emigrantes legales disminuyó considerablemente. Esos obtáculos dieron lugar a una notable emigración clandestina que se sumó a la corriente de exiliados políticos que se produjo tras la derrota del ejército que defendió la legalidad de la Segunda República frente a los sublevados.

A partir de 1960 la corriente emigratoria americana pierde importancia y es sustituida por la corriente emigratoria hacia los países industriales europeos. A diferencia de la americana esta emigración es, en general, una emigración temporal y no familiar. En su aparición y desarrollo hay que tener en cuenta tanto la necesidad de aumentar la población activa en los países receptores como el cambio de orientación de la política económica española a partir del Plan de Estabilización de 1959.

Los efectos demográficos de la I Guerra Mundial y de la II Guerra Mundial se manifestaron en una notable reducción de la población activa que debía incorporarse al mercado laboral en la década de 1960. Países como Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica... debieron reclutar mano de obra inmigrada de Turquía, Grecia, Portugal, España...

Coincidiendo con ello se produce en España un cambio de política económica. A un régimen económico autárquico sigue uno de liberalización de la economía que tiene por consecuencia:

1. Un proceso de urbanización que da origen a una generalizada desplobación en extensas áreas rurales por emigración a los polos industriales. En la década de 1960 a 1970 cambiaron de municipio de residencia unos once millones de españoles.

2. El desarrollo del turismo como fuente de ingresos de divisas que, con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los sectores básicos de la economía española.

3. La eliminación de las restricciones a emigrar entendiendo que los emigrantes españoles a Europa reducen las tensiones en el mercado de trabajo nacional y son una fuente de ingresos a través de las remesas de divisas.