viernes, 30 de septiembre de 2016

El Código de Hamurabi (y 3)

En el campo civil el código supone la consagración definitiva de la importancia que han alcanzado en la vida económica del país las tendencias a la privatización, y por consiguiente de la necesidad de regular las formas y competencias de los distintos tipos de aparcería, trabajo aislado, alquiler, participación financiera...

El código no introduce nada nuevo, y se limita a reseñar los usos y costumbres, normalizando las tarifas que se aplicaban habitualmente, pero dándoles un aval regio que tendría su valor para los litigantes y jueces.

Al igual que una tabla de precios erigida en un mercado no pretende imponer precios oficiales ni registrar simplemente los precios determinados por el mercado, sino recordar cuáles son los precios justos, la estela del código pretende ser un punto de referencia para todos.

La estela se dirigía al ciudadano oprimido y al rey futuro, pero no a los jueces, que seguirían dictando sentencias basándose en las costumbres locales.

No es seguro, que tales penas se ejecutasen de modo sistemático; en realidad, el aparato administrativo no debió de ser nunca lo suficientemente efectivo como para garantizar el cumplimiento de las leyes o la ejecución de los castigos. El Palacio estaba más interesado en el valor simbólico y ejemplarizante de la legislación que en la persecución efectiva del pequeño malhechor. La efectividad del derecho consuetudinario fue más una cuestión de la presión social y de la justicia interna familiar o clánica que de alguaciles y verdugos.

Lo más normal era que muchas penas, podían evitarse recurriendo a arreglos y recompensas de tipo económico. Hammurabi proclama el principio de la competencia penal del Estado mediante la máxima de haber establecido su Código para administrar justicia a sus súbditos. La impartición del castigo pasaba de este modo a la plena jurisdicción estatal, con tribunales al efecto. El Estado aspiraba a imponer una pena concreta a un malhechor y a utilizar la norma como elemento de intimidación o de disuasión.

Todavía existía en el Código el derecho que asistía al individuo de castigar por su cuenta al ofensor, es lo que se llama la Ley del Talión y que sólo era aplicable a la clase superior.

Las penas, tanto económicas como las corporales, variaban según la categoría social de la persona contra quien hubiese cometido un delito. El castigo fijado por el Estado, consistía fundamentalmente en 5 penas : pena de muerte, castigos corporales, composición económica, multas y expulsión del individuo de la comunidad.

Con Hammurabi la justicia funcionó con un sistema de doble administración jurídica, centrada en tribunales eclesiásticos sin poder ejecutivo y en tribunales locales.

jueves, 29 de septiembre de 2016

El Código de Hamurabi (2)

Las leyes de Hammurabi contienen preceptos especiales para los pastores: el contrato con los pastores, en el que se fijaba también el salario, debe ser hecho por una duración de un año. Las responsabilidades de los pastores estaban fijadas legalmente. Si dejaba que pereciera el ganado por su propia desidia, estaba obligado a devolver cabeza por cabeza. El pastor tenía que preocuparse del normal crecimiento del ganado y tenía que tener cuidado de que el rebaño que le había sido confiado no resultase afectado por una epidemia. Por el robo o malversación de una res, debía pagar diez veces el valor de ésta. El pastor era responsable de la pérdida de la res, si no podía atestiguar bajo juramento que se había tratado de una intervención de fuerza mayor o de un desgraciado e inevitable suceso imprevisto, por ejemplo el ataque de un león. Está también previsto un acuerdo entre el pastor y el propietario de las tierras donde pastaba el ganado. El pastor era responsable de los perjuicios que pudieran derivarse de que el ganado pastase en un terreno son tener permiso para ello. En el código figura también un precepto en el que existe un eco de la anterior ordenación de las primitivas comunidades. 

Hay dos teorías sobre la aplicación de las leyes del Código de Hammurabi : la de que las leyes hammurabianas tuvieron su real aplicación e incluso sobrevivieron a su época y la que sustenta que jamás traspasaron la barrera de lo teórico.

No sabemos si el Código tuvo vigencia en toda Mesopotamia, pero se cree que así sería en las principales ciudades del Imperio; pero es muy poco probable que el Código hubiese llegado a sustituir en todas partes al Derecho local.

Los canales jurídicos reales transcurrían por otros derroteros; la justicia se aplicaba en diversas instancias, una de las cuales, sería el mismo ámbito familiar o clánico. Las leyes realmente aplicadas eran consuetudinarias, los cabeza de familia y los jueces de barrio se las sabían bien y no tenían necesidad de consultar estelas o tablillas.

Así que la conclusión a la que se llega es que el Código sólo buscaba atemorizar a la población para conseguir una inhibición psíquica ante los actos delictivos.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

El Código de Hamurabi (1)

Se trata de una compilación de leyes y edictos auspiciada por Hamurabi, rey de Babilonia, que constituye el primer código conocido de la Historia. Una copia del mismo, esculpida en un bloque de piedra negra de dos metros de alto, fue encontrada por un equipo de arqueólogos franceses en Susa, Irak, en el invierno de 1901-1902. El bloque, roto en tres pedazos, ha sido restaurado y se encuentra hoy en el Museo del Louvre de París.

El origen divino del Derecho escrito se representa en la piedra por un bajo relieve en el que el rey aparece recibiendo el código del dios Sol, Shamash (o Samas), divinidad asociada en la tradición local con la idea de justicia. El Código está compuesto por columnas horizontales en escritura cuneiforme: 16 columnas en el anverso y 28 en el reverso. El texto comienza con un prólogo que explica los cultos religiosos de Babilonia y Asiria. Más que un código en el estricto sentido, parece que los 28 parágrafos de que consta el Código de Hamurabi componen una serie de enmiendas al Derecho común de Babilonia: Comienza con una guía de procedimientos legales, imposición de penas por acusaciones injustificadas, falso testimonio y errores judiciales. A continuación se recogen disposiciones sobre el derecho de propiedad, préstamos, depósitos, deudas, propiedad doméstica y derechos familiares. Los artículos sobre daños personales indican que ya en aquellos tiempos existían penas por práctica médica incorrecta, así como por daños causados por negligencia en actividades diversas. Asimismo, en el código se fijan los precios de diferentes tipos de servicios en no pocas ramas del comercio.

El Código de Hamurabi no contiene normas jurídicas acerca de temas religiosos. Las bases del Derecho penal derivan del principio, común entre los pueblos semitas, del “ojo por ojo”. La protección del Código se ofrece a todas las clases sociales babilónicas: el Derecho protege a débiles y menesterosos, mujeres, niños o esclavos contra la injusticia de ricos y poderosos.

La mayor parte de los preceptos protegen a los propietarios de tierras o regulan los casos en los que sus intereses chocan con los de otras personas de igual posición social. A cambio, el arrendatario quedaba protegido para aquellos casos en los que no obtuviera el rendimiento acordado, sin que pudiera imputársele la culpa, por ejemplo debido a catástrofes naturales. En estos casos estaba autorizado a exigir del dueño de la tierra que se prolongase por otro año el contrato de arrendamiento. Sólo después de transcurrido este año se dividía el producto obtenido según las cuotas fijadas. Pero si el arrendatario había hecho efectivo el precio de arriendo antes de que sucediese la catástrofe, no podía reclamar una devolución no ningún tipo de indemnización. Una de estas catástrofes libraba también del pago al acreedor de los préstamos de cereal hechos o de los intereses de los mismos en el mismo año de la catástrofe.

martes, 27 de septiembre de 2016

El Período Dinástico Arcaico de Mesopotamia

Se denomina período Dinástico Arcaico o período protodinástico de Mesopotamia a la etapa de la historia de Mesopotamia comprendida entre 2900 a. C. y 2334 a. C. Basándose en hallazgos arqueológicos, se ha podido dividir cronológicamente en varios subperíodos:

Protodinástico I (2900-2775 a. C.), que cubre desde el final del período primitivo de Yemdet Nasr hasta la aparición de tablillas de barro arcaicas en Ur. Protodinástico II (2775-2600 a. C.), cuando se inicia el amurallamiento de las ciudades sumerias. La Lista Real Sumeria menciona que en Kish gobiernan Mebaragesi y Aka. En la zona septentrional de Sumeria y la región del Diyala, se detecta una amplia colonización semita proveniente de más al norte. Protodinástico IIIa (2600-2500 a. C.), que se inicia con Mesilim, lugal de Kish y los archivos de Shurupak y de Abu Salabij. Protodinástico IIIb (2500-2334 a. C.), período mejor conocido por textos hallados en Girsu y Ebla. Comienzo de la dinastía de Ur-Nanshe en Lagash, época de las tumbas reales de Ur y concluye con la unificación de la región por Sargón de Akkad.

A principios de este período se produjeron importantes cambios en el paisaje de la Baja Mesopotamia; los cursos fluviales se concentraron, reduciéndose el número de pequeños ríos y aumentando el caudal de los mayores.3 Se han observado capas de limo en diferentes excavaciones en los registros correspondientes al 2900 a. C. aproximadamente,4 lo que podría indicar que, o bien se alternaron inundaciones de importancia en diferentes regiones, o bien se produjo un único evento catastrófico que inundó completamente la región.

La concentración de los caudales fluviales propició el crecimiento de las ciudades situadas a las orillas de los grandes ríos en detrimento de las zonas agrestes. Este movimiento demográfico se vivió especialmente en la Baja Mesopotamia, si bien también tuvo representantes más al norte. La aparición de numerosas ciudades rivales llevó al fin de la hegemonía de Uruk, que había dominado la región durante los siglos anteriores, en lo que de hecho se denomina el período de Uruk. No se conoce mucho de la historia durante estos primeros siglos debido a la escasez de registros escritos, si bien, tomando como referencia los textos posteriores, se supone que estuvo marcada por las distintas alianzas y facciones de ciudades posiblemente enfrentadas entre sí. De hecho, es en este período cuando las ciudades se rodean de murallas. A finales del período los registros escritos reaparecen y demuestran haber sufrido una gran transformación desde los pertenecientes al período de Uruk. En estos nuevos textos se vislumbra la situación bélica que vivía la región. La más antigua de estas inscripciones (2600 a. C.) se ha hallado en un vaso de alabastro y sólo contiene el nombre de un lugal (rey) de Kish, Mebaragesi. Es el primer documento donde aparece la palabra lugal para referirse a un gobernante. Otras inscripciones mencionan a Uhub, considerado hijo de Mebaragesi y el Agga de la lista Real Sumeria y a los reyes de Ur, Meskalamdug y Mesanepada.

En Shuruppak se han encontrado unas tablillas que hablan de forma poco clara sobre la llegada de un contingente, posiblemente militar y aliado, para una tarea que no se especifica pero que bien podría tratarse de la defensa de la ciudad ante un previsible ataque. De hecho, tiempo después la ciudad fue incendiada; si bien ningún otro documento atestigua que Sharrupak se viese envuelta en conflicto alguno.

Sin embargo, es en el último siglo del período cuando las inscripciones se convierten en verdaderos textos conmemorativos que narran con detalle las victorias y logros de sus protagonistas. Uno de los más importantes de los que se tiene noticia es la llamada estela de los buitres, en la cual se narra una disputa entre las ciudades de Lagash y Umma. El conflicto habría sido tratado inicialmente de forma diplomática, con el arbitraje del rey de Kish, Mesilim. Al parecer esto no fue suficiente y unas generaciones después Akurgal, nuevo rey de Lagash, reanudó la guerra contra Umma. La guerra duró hasta el reinado de su hijo, Eannatum (hacia el 2500 a. C.) quien no sólo logró la victoria sobre Umma, sino que se impuso en toda la región de Sumeria, venciendo también a Mari en Asiria y al reino de Elam (actual Irán). Tras esto, Lagash mantuvo la hegemonía hasta el reinado del sobrino de Eannatum, Entemena quien tuvo que enfrentarse de nuevo contra Umma. Pese a que Lagash resultó victoriosa de nuevo, perdió la posición hegemónica sobre al resto de la región.

Hacia el siglo XXIV a. C. llegó al trono de Umma un nuevo rey, Lugalzagesi, quien comenzó la conquista de las ciudades vecinas enfrentándose a Urukagina de Lagash. Urukagina se había hecho famoso por sus reformas, que habían disminuido los privilegios de la monarquía y el clero y rebajado los impuestos al pueblo. Lugalzagesi venció a Urukagina y, tras conquistar también Ur, Uruk y Kish, se impuso en toda Sumeria. Finalmente mandó una expedición hacia el Mediterráneo siguiendo el cauce del Éufrates río arriba. No llegó a completar su imperio debido a la repentina aparición de un nuevo conquistador: Sargón de Acad.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Uruk, la primera urbanización

A principios del s. XX se produjeron importantes descubrimientos sobre los orígenes de Mesopotamia, los cuales revelaron que en el IV milenio a.C. existió el país de Sumer, importante civilización con unas instituciones y una economía altamente desarrolladas. Los primeros hombres llegaron a Mesopotamia hace unos 100.000 años (durante la interglaciación Riss-Würm), llevando una forma de vida nómada típica del hombre prehistórico. En la primera mitad del V milenio aparecen las primeras ciudades (Jarmo, Hassuna, Halaf), desarrollando paralelamente la sensibilidad artística con ejemplos de cerámica decorada. Este periodo (en el que destacan ciudades como Eridu, Ur y Uruk) llegó a su apogeo a finales del V milenio (El Obeid), y, cinco siglos más tarde, aparecieron en el sur de Mesopotamia los sumerios, los primeros pobladores de la zona. El periodo en el que se establecieron es llamado “Época de Uruk”, y en los ocho siglos que duró la primera civilización de Uruk, apareció la primera escritura, que con el tiempo se convirtió en cuneiforme. Al final de este periodo de Uruk empieza la verdadera historia de Sumer, con la llamada “Época Protodinástica”.

Uruk fue el centro de irradiación del fenómeno del urbanismo, conocido en la baja Mesopotamia y en la región de Acad. Su cultura se extendió a otras zonas próximas del curso medio y superior del Éufrates e incluso a Anatolia Sudoriental, Irán sudoccidental y Siria. La revolución urbana trajo consigo la aparición del Estado y una determinada estratificación económica y social, así como el uso de la escritura. Con ella se asiste a una separación entre la producción primaria de alimentos y a las técnicas especializadas. Las aldeas, encargadas de la producción de alimentos, no tardaron en quedar subordinadas a los grandes centros urbanos. Aparecen ahora las grandes organizaciones de los templos y los palacios, que diferenciarán substancialmente la ciudad de las aldeas. Los excedentes se acumulaban en los almacenes de los palacios, y en estos se realizaban también tareas artesanales mediante la escritura y los archivos. Templos y palacios disponían de edificios donde vivían los empleados dedicados a ellos. El personal especializado trabajaba para el estado; vivía de él directamente o recibía tierras para cultivar. Eran auténticos siervos y formaban una élite social, política y económica. Los trabajadores del palacio eran muy variados, como se desprende de las listas de profesiones conocidas. Los objetos se producían en serie, formándose una jerarquía entre maestros artesanos, obreros y aprendices. El pago del trabajo dependía de la capacidad del obrero y del puesto que desempeñaba, lo que llevo a una verdadera estratificación laboral. 

El centro de irradiación de la llamada “Revolución Urbana” fue la ciudad de Uruk, bien conocida gracias a las excavaciones. Era el más importante de los centros urbanos sumerios, como lo indican su superficie, templos y edificios administrativos. Contaba con un gigantesco santuario en uno de los recintos sagrados en el que más tarde se construiría el Zigurat. Controlaba el territorio circundante, lo que demuestra que era una verdadera capital, en detrimento de aldeas próximas a ella, que desaparecieron. Otros centros urbanos de menor importancia estaban sometidos también a Uruk. Estos se caracterizaban por ofrecer idéntica estructura en los templos, así los de Eridú o Tell Oiugair. Se trata de pequeños enclaves comerciales de Uruk en territorio indígena, o de centros autóctonos con una organización urbana procedente de la de Uruk. Al primer grupo pertenecen Godin Tepe, en los montes Zagros y Hassek Hüyük, en el alto Éufrates. Esta época se caracterizo por una gran riqueza, como lo prueban las excavaciones efectuadas en Nippur, ciudad que también formaba parte de la cultura de Uruk, al igual que los centros de Susa y Habuba Kebira. Susa tiene templos, muralla y un urbanismo procedente de Uruk. Otros centros importantes, en torno a 2900 a.C., fueron Ninive y Tell Brak, en la región de Jabur. 

La existencia de estas colonias de Uruk obedece a razones comerciales y concretamente, a la necesidad de obtener metales, piedras duras y maderas. En ellas vivían gentes procedentes de Uruk y es posible que contasen con una cierta organización política. El periodo de máximo esplendor de estas ciudades se fecha en Eanna IV. La crisis de la cultura de Uruk no parece que obedeciera a una crisis de la metrópoli, sino a un rechazo de ella por parte de las culturas indígenas. Los grupos humanos se van trasladando a los oasis del interior de la península de Omán, donde se han encontrado necrópolis que contienen cadáveres enterrados en la postura “sol poniente de verano” y “sol naciente de invierno”. Tras secarse el manantial que abastecía a estos grupos humanos, se marchan. Se han encontrado en Yebel Hafit 70 túmulos (pero hay alrededor de 200), en los que había cerámica propia de Mesopotamia (Jemdet Nasr), con lo que había importaciones. Esta cerámica también se ha encontrado en Hili y en Yebel Buhais y los enterramientos con cerámica de Yebel Hafit (antes mencionados) son indicadores de que hubo contacto de grupos mesopotámicos del período de Uruk Tardío con grupos del Golfo Pérsico, creando una cerámica autóctona.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Fuentes y disciplinas auxiliares para el estudio de la Antigüedad

La mayoría de las fuentes escritas que tenemos para Oriente próximo son de carácter administrativo. Algunas narraciones literarias tenían un carácter oral, por lo que se han  perdido. Aun con todo, algunos autores consiguieron transcribirlas y conservarlas. No hay, por otro lado, un registro narrativo de las hazañas mitológicas egipcias. Entre las fuentes externas sobre Mesopotamia y Egipto que se conservaron, destaca en Antiguo Testamento. Muchas obras de autores clásicos como Estrabón y Heródoto recogieron el mundo persa y helenístico. Muchos de estos autores mostraron su extrañeza ante las costumbres de los pueblos locales (diferencias de patrones culturales). Así, los autores sirios y bizantinos de la épica medieval recogieron muchas referencias de la actualidad.  Para el estudio de la Antigüedad nos ayudan disciplinas como la filología, la papirología y el estudio de los nombres (onomástica, topografía...).  Entre las más destacadas sobresalen:

La papirología es la disciplina que se encarga del estudio de los papiros (Fuente).

La epigrafía funeraria: Junto las fuentes escritas, también podemos estudiar la Historia Antigua de la Humanidad a partir de las fuentes derivadas de excavaciones arqueológicas. La arqueología permite obtener nuevas fuentes de investigación, como la epigrafía, la glíptica, la numismática, la paleografía… En general, los textos epigráficos (es decir, las inscripciones funerarias) son textos breves y repetitivos, por lo que hay que encontrar grandes cantidades para poder obtener una buena información, para contrastarla y compararla con otros hallazgos, y así poder determinar unas características comunes. En el caso de los epígrafes mortuorios, lo más usual es que se pueda extraer tres tipos de datos: quien murió, cuando murió, y a veces, quién era su familia. En el caso de los cargos públicos romanos, lo más normal es que también se indique que cargo o cargos públicos tuvo en vida.

Ejemplos de sellos mesopotámicos (Fuente).

La glíptica: Es el estudio de los sellos y las improntas que dejan los sellos. Pueden ser de dos tipos: cuando a la superficie se rebaja lo que está escrito se conoce como in tablio, mientras que si lo que se pone en relieve es el texto o dibujo, se llama cameo. Los sellos antiguos varían su estética, por lo que se puede saber a qué generación pertenece un sello a partir de su morfología.

La numismática: Es una ciencia auxiliar de la Historia que tiene gran importancia para el mundo clásico, mientras que en el próximo Oriente no es tan importante, ya que su economía funcionaba siguiendo un patrón de cálculo en el que no existía la moneda tal y como la conocemos actualmente, pero tampoco existía el trueque. Las monedas en Próximo Oriente se inventan solo a finales de la historia antigua en la ciudad de Lidio. Eran metales que tenían una cara con una autoridad refrendada, y el número de metal que llevaban.

La paleografía: Otra de las ciencias auxiliares de la historia antigua es la paleografía, es decir, el estudio de cómo se escribían las letras. Las letras cambian su forma de escribirlas dependiendo de la época. En Egipto se podía saber que dinastía gobernaba a partir de la forma de escribir. Se conservan más escritos paleográficos de Oriente Próximo y Egipto que del mundo clásico debido a las características paleo climáticas y geológicas del suelo.

sábado, 24 de septiembre de 2016

La destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor

El texto a comentar corresponde a un fragmento de II Reyes (también conocido como el Libro Segundo de los Reyes), uno de los 45 libros que componen el Antiguo Testamento. El título del mismo no es casual, ya que tanto este como el Libro Primero de Reyes (I Reyes) narran los hechos más relevantes del reinado de Salomón, hijo del rey David y el último monarca del Reino de Israel antes de que este se fragmentase. La periodicidad del libro abarca desde la muerte de Salomón hasta la destrucción de Jerusalén por parte de las tropas de Nabucodonosor, lo cual provocó la deportación de la población judía a Babilonia, siendo este el eje sobre el que gira nuestro documento.

Salomón visto por Pedro Berruguete (Fuente).

Si bien las evidencias arqueológicas que nos permiten conocer la historia de Israel no son tan numerosas como las de otras civilizaciones que se desarrollaron en la zona, los hallazgos sí han permitido a los expertos cotejar las evidencias materiales con las escritas. No obstante, la confianza excesiva en estas últimas ha supuesto varios problemas a la hora de reconstruir la historia del país desde un punto de vista crítico, encontrándonos en una situación en la que la fe religiosa se enfrenta al rigor histórico.

Otro de los problemas a los que se enfrentan los historiadores es que los textos bíblicos fueron escritos mucho tiempo antes de los hechos que narran, lo que nos obliga a someterlos a un cuidadoso análisis crítico, puesto que existe la posibilidad de encontrarnos con irregularidades, una información imprecisa o, directamente, intereses promovidos por el poder (no sería la primera vez que la historia se reconstruye para establecer un paralelismo entre los héroes antiguos y el monarca, encontrando así una justificación en el gobierno de este último) [1]. Teniendo en cuenta esta situación, habría que preguntarse qué fiabilidad podría darnos este documento.

Imagen idealizada de Nabucodonosor (Fuente).

Bajo el reinado de David, Israel había alcanzado un gran poder. La unificación de Palestina en un solo Estado supuso que sus monarcas fueran quienes establecieran su poder sobre las demás provincias [1], convirtiéndose así en el núcleo de la nueva configuración política de la región. El poder del reino se vio reflejado en la ambiciosa política de infraestructuras liderada por ambos reyes. Un claro ejemplo de ello lo encontraremos en la construcción del Templo de Jerusalén, construido bajo el reinado de Salomón en su política de obras públicas. Tal y como veremos en el texto, la turbulenta historia de Jerusalén hará que esta construcción tenga un carácter mítico.

Tras la muerte de Salomón, la unidad del reino comenzó a resquebrajarse, rompiéndose por completo cuando Roboam ascendió al trono. Palestina quedaría fragmentada en la propio Israel, el reino de Judá y las regiones de Edom y Moab, así como las zonas controladas por los filisteos y los amonitas.


Judá (en cuyas fronteras se encontraba Jerusalén) trató de mantener el legado mítico de David y Salomón, si bien Israel continuó siendo el reino más extenso. Como estado sucesor del Reino, Israel pretendió imponer su hegemonia a las demás regiones, provocando constantes focos de tensión entre ellas y profundizando en su división. Esta coyuntura fue la que se encontraron los asirios y, posteriormente, los babilonios, cuando invadieron y sometieron Palestina.

El siglo VIII fue clave para la supervivencia de los pueblos de la región. Los monarcas de las antiguas provincias del Reino comenzaron a ver con preocupación cómo los soldados asirios [2] hacían incursiones en sus fronteras. Esta situación desembocó en una guerra abierta cuando Israel se negó a pagar un tributo a Asiria por el cual el Imperio pondría fin a estas escaramuzas. Tras la pérdidas de sus fronteras exteriores, en pocos años casi todo el país estaría bajo control asirio. Las diferentes regiones, en lugar de unirse contra el invasor, adoptaron diferentes tácticas, que fueron desde el colaboracionismo hasta la resistencia a ultranza. En cualquier caso, las luchas internas existentes antes de la llegada de los asirios hicieron imposible una alianza contra el enemigo, habiendo casos en los que llegaron a felicitarse por la destrucción de la provincia vecina.

La división de Israel (Fuente).

En cualquier caso, las políticas empleadas por los reinos permitieron la subsistencia de unos u otros. Tal y como afirma Liverani, Judá pudo mantener cierta autonomía gracias a su política de sumisión. No ocurrió lo mismo con la ciudad de Samaria, que fue destruida. Los pueblos del sur pudieron resistir los embates asirios gracias a su proximidad con Egipto y Jerusalén pudo soportar un asedio en 701, aunque sufrió importantes destrozos.

Es cierto que Palestina ya había sufrido la presión de otros estados (como Egipto), pero la intervención de Asiria supuso una catástrofe para su economía, abandonándose una buena parte de los campos de cultivo y las infraestructuras de irrigación. A eso se le debe sumar el descenso de su población, que sufrió la pena del destierro y sentó las bases de lo que sería la invasión de Nabucodonosor. En contraposición a los campesinos, la población urbana fue desterrada. Las ciudades palestinas entraron en un período de decadencia política y se convirtieron en núcleos de poder asirios.

Soldado asirio lanzándose al asalto (Fuente).

Por otra parte, se consideraba que la invasión asiria era un castigo a Palestina por haber abandonado el culto ceremonial a Yahvé y haber traicionado el legado de Dadid y Salomón. Durante la ocupación asiria, se reivindicó el culto y la actividad religiosa, pues se esperaba que la fe ayudara a Israel a hacer frente a sus enemigos. Tanto Ezequías en Judá como Josias en Israel trataron de reorganizar el Estado en torno a la religión. Ezequías no solo reforzaró el culto, sino que además defendió Jerusalén de Senaquerib. Josías pretendió incluso reconstruir el reino de David, llegando a reconquistar algunos territorios arrebatados por Asiria, pero la amenaza de Egipto en el sur y la aparición de los babilonios frustraron sus intenciones.

Las fuentes babilonias consideran a Nabucodonosor como un monarca justo cuyas campañas fueron incruentas. A diferencia de los asirios, los babilonios trataron de construir una imagen amable de sus conquistas. En la realidad, los babilonios practicaron una política bastante cruenta en las regiones que ocupadas y las revueltas fueron duramente reprimidas. Tanto Tiro como Jerusalén sufrieron duros asedios (es curioso señalar cómo ambas provincias aprovecharon el vacío de poder dejado por los asirios para obtener un alto grado de autonomía).

Sedecías, el último rey de Judá (Fuente).

Tal y como reza el texto, Nabucodonosor convirtió Jerusalén en un estado vasallo (586 a. C.), destruyéndolo algunos años después (597 a. C.). Después de pasar tres años como feudatario de Nabucodonosor, Joaquím se rebeló contra él. Tras su muerte, su hijo Joaquín prosiguió la lucha contra el rey babilonio, quien finalmente decidió intervenir. Joaquín terminaría por ser depuesto y sustituido por su tío Sedecías, quien posteriormente también sería expulsado del trono y asesinado. Durante el asedio que sufrió la ciudad, Sedecías y su corte escaparon, pero fueron apresados por los soldados babilonios y trasladados a Riblá. Sus hijos morirían ejecutados por orden de Nabucodonosor. Por su parte, Sedecías sería torturado y llevado a Babilonia como prisionero. En su avance, las tropas de Nabucodonosor no solo derribaron las murallas y destruyeron el Templo (teniendo en cuenta la importancia política e ideológica del Templo, no resulta nada extraño ver cómo el cronista enumera las riquezas que había en su interior), sino que deportó a Babilonia a la élite que gobernaba la ciudad, así como a buena parte de la población (Liverani calcula que unas 3.000 personas fueron deportadas en la incursión de 797, mientras que en la de 586 el número sería de 1.500). Aun con todo, y pese a que en el texto (así como en la historiografía tradicional) aparece como un monarca cruel, lo cierto es que deportó a menos personas que los asirios [3].

Deportación de la población judía (Fuente).

En su destierro, la élite judía tratará de mantener la pureza de su lengua, costumbres y religión y siempre verá en Palestina (y en especial Jerusalén) su tierra. Se verán a sí mismos como el grupo legítimo que ha sobrevivido a la destrucción del reino, despreciando a aquellos que no fueron deportados y sentando así las bases de su poder tras el edicto del rey persa Ciro, quien les otorgaría la libertad cincuenta años después de su destierro, en el 537 a. C. 

BIBLIOGRAFÍA
  • LIVERANI, Mario, El antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía. Crítica, Barcelona, 1995, 795 páginas
  • LIVERANI, MarioMás allá de la Biblia, Crítica, Barcelona, 2005, 532 páginas.
______________________________
1. LIVERANI, 1995, pp. 516-517.
2. LIVERANI, 1995, p. 520.
3. LIVERANI, 1995, p. 529.
4. LIVERANI, 1995, p. 530.

viernes, 23 de septiembre de 2016

El tratado egipcio-hitita

*El documento original (convenientemente analizado) puede consultarse aquí.

Nos encontramos ante una fuente escrita, cuyo autor, un alto funcionario egipcio, recogió las palabras de Ramsés II en relación a un tratado de paz firmado con Hattusil, monarca del Imperio Hitita.

Estatua de Ramsés II en el Templo de Luxor (Wikimedia Commons).

El texto fue escrito durante la última etapa de la historia del Antiguo Egipto, el Imperio Nuevo (1600-1100 a. C), en el que destacaron los faraones Tutmosis III y Ramsés II. Estos dos monarcas extendieron el Imperio Egipcio hasta Palestina y Siria, pero es la figura de Ramsés II la que ha cobrado un mayor protagonismo de cara a la Historia.

Fronteras del Imperio Nuevo (Fuente).

Ramsés II perteneció a la XIX dinastía. Reinó de 1304 a 1327 a.C.  Sucedió a su padre Seti I (al cual se hace referencia varias veces en el texto) y guerreó contra los hitititas para arrebatarles Siria, pero tras una larga guerra optó por pactar con Hattusil para repartirse el territorio. Fue un gran constructor. Embelleció los templos de Karnak y Luxor en Tebas y ordenó construir los de Abu Simbel en Nubia. En lo que respecta al medio geográfico, la vida del Antiguo Egipto se había desarrollado en la estrecha zona cultivable que se extiende a uno y otro lado del río Nilo y que se encuentra limitada por los desiertos Arábigo y Libio. Al sur, estaba limitado por el País de Kusch (Nubia y Etiopía), con el que mantenía fuertes relaciones. Al Este y Oeste, los desiertos constituían una frontera y una protección. Al Norte, se encontraba el mar Mediterráneo y una pequeña frontera con tierras asiáticas, por la que recibía inmigraciones de pueblos nómadas y que era a su vez una zona de posible expansión.

Hattusil junto a sus soldados (Fuente).

La política desarrollada por los monarcas del Imperio Nuevo se basaba en el expansionismo y en la conquista de nuevas tierras. El Imperio Nuevo fue la época de mayor esplendor del Antiguo Egipto. Las fronteras de su Imperio abarcaban parte del Desierto de Libia e iban más allá de la Segunda Catarata. Tuvo como tributarios a los príncipes de Fenicia, Arabia y Etiopía. En este período, Palestina y Siria cayeron bajo influencia  egipcia, pero la política militar del estado hitita originó un conflicto que no terminó hasta que ambos estados decidieron repartirse el territorio sirio, tal y como comentábamos anteriormente. El estado hitita constituyó un imperio en Asia Menor. Los hititas eran una aristocracia militar que sometió a los restantes pueblos de Anatolia. Durante el reinado de Mursil I, lograron penetrar hasta el norte de Siria. Ya en el Imperio Nuevo, conquistaron el reino mitanni y combatieron contra las fuerzas de Ramsés II. El Imperio Hitita desapareció debido a la acción de los pueblos del mar. El tratado de paz que firmaron con Egipto y alrededor del cual gira este comentario fue de escasa duración.

Ramsés combatiendo a las tropas hititas (Wikimedia Commons).

Durante esta época, transcurrió la historia de Moisés, que posteriormente sería narrada en el éxodo Bíblico. Su gesta de desarrolló en el Egipto del siglo XIII. 

En los primeros párrafos del texto se hace referencia a los responsables de los dos estados (Ramsés y Hattusil) y la hermandad y buenas relaciones existentes entre ellos. También son partícipes de este tratado sus antepasados y los dioses.

Monarca egipcio con prisioneros hititas (Fuente).

En el terreno militar, ambos pueblos se comprometen a respetar sus fronteras y a prestarse ayuda mutua en caso de una amenaza, ya sea interna (si los nobles del país de Hatti cometen un agravio contra su monarca (…) el rey del país de Egipto tomará venganza sobre ellos) o externa (si un enemigo extranjero viene contra el país de Egipto (…) Hattusilis, rey del país de Hatti (…) acabará con mis enemigos).

Soldados hititas y egipcios combatiendo. (Fuente).

También se hace mención al tratamiento que deben recibir los súbditos de cada reino. En este caso, los criminales evadidos que han llegado hasta uno de los dos reinos, serán devueltos a su país de origen para ser juzgados. Al igual que en los casos anteriores, este procedimiento debe de llevarse a cabo por las dos partes. El término criminales no se hace patente en el texto pero es el único nombre que pueden recibir aquéllos que huyen de la autoridad del estado. No obstante, también puede hacer referencia a aquellos individuos que se adentran por error en las fronteras de uno de los dos países.

El tratado egipcio-hitita fue una respuesta de Ramsés II ante la imposibilidad de derrotar al Imperio Hitita en la lucha por el control de Siria. El tratado tiene ciertas similitudes con otros que se firmaron posteriormente. En el siglo XX encontramos una gran variedad de ejemplos, como es el caso de los países que combatieron en las dos Guerras Mundiales. En ambas circunstancias, los estados partícipes se asistirían mutuamente en caso de cualquier amenaza. La única diferencia reside en que los acuerdos contemporáneos reflejaban su apoyo únicamente ante una  agresión externa. Aun así, la similitud es innegable. 

Bibliografía:
  • José L. Asián PeñaManual de Historia Universal, Barcelona, 1951, Editorial Bosch, 598 páginas.
  • Varios autoresEnciclopedia Santillana. Datos, hechos y nombres imprescindibles, Madrid, 2001, Grupo Santillana de Ediciones, 1.734 páginas.
  • Varios autoresGeografía e Historia, Madrid, 1996, Grupo Santillana de Ediciones, 240 páginas.
  • Víctor Alonso TroncosoLa conquista de la civilización, Muy Especial, nº 58, 98 páginas.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Arqueología y género: mujer y producción en la Edad del Bronce Europea (y 8)

Arqueología funeraria e identidad femenina.

Aparte de la cantidad y cualidad de los objetos que componen los ajuares, hay otras formas de identificar la actividad femenina y es mediante el estudio de los restos óseos, la forma y la orientación de los restos, el número de personas enterradas,  el estado de salud y otros marcadores que denotarían el esfuerzo físico que las mujeres habrían realizado a lo largo de su vida. Hablamos de mujeres distintas con experiencias distintas que se ven reflejadas en sus cuerpos. Los descubrimientos que se han llevado a cabo en el Cerro de la Encina son una buena prueba de ello [1]. Muchos de los restos hallados en diferentes yacimientos europeos poseen las garantías de conservación y la aplicación de una metodología arqueológica que nos permiten el acceso a la información que precisamos.

Esto se ve claramente en el exhaustivo análisis de los restos óseos en donde se aprecian, entre otras cosas, el deterioro físico y los problemas relacionados con la salud.

Los análisis paleoantropológicos realizados a mujeres y hombres dan una información precisa en lo que se refiere a las distintas actividades que pudieron realizar. Los restos pueden indicar unas condiciones físicas coincidentes para ambos sexos causadas, por ejemplo, por la situación de los poblados en terrenos escarpados; y otras muy diferentes en lo que se refiere a la práctica de una economía mixta en la que, probablemente, las mujeres realizan una actividad física intensa con los miembros superiores, pero no con los inferiores. Trabajos como el transporte, la molienda o la preparación de alimento coincidirían con esos patrones de lesiones, en los que el mayor esfuerzo físico se realiza con la parte superior del cuerpo.

Pero además de esas diferencias con los individuos masculinos, las mujeres también presentan condiciones físicas dispares entre sí, esto se ve evidenciado primeramente con el ajuar con el que se han hallado a algunas de las mujeres, siendo este el perteneciente al de una clase social superior al de las otras mujeres, viéndose también en el análisis de sus restos, que salvo una excepción, muestra una vida acomodada, al no verse evidencias de la realización de trabajos que requirieran mucho esfuerzo.

Aunque es bastante difícil conocer el sexo de los individuos infantiles, a través de los restos osteológicos podemos intentar aproximarnos a los ciclos de vida con relación al género en individuos infantiles a través de los serie de cambios graduales en los ajuares funerarios. La identidad de los infantiles se define a través del uso de objetos ornamentales que aparecen en los ajuares de las tumbas ya que sus identidades cambian a la vez que los individuos infantiles progresan en sus vidas. El estatus diferencial entre estos niños se marca a través del uso de ciertos metales como la plata y especialmente el oro en los objetos ornamentales. Como ya vimos en su momento, las diferencias de género no parecen ser especialmente significativas en los primeros años de vida y la profusión de elementos ornamentales sugiere una clasificación más ligada a la edad que al género, una tendencia que empieza probablemente a cambiar como los ciclos reproductivos de mujeres y hombres cambien y el tipo de trabajo que cada individuo desarrolle. El hecho más significativo es la progresiva introducción de útiles metálicos a medida que la edad se incrementa por la adquisición de dagas, cuchillos y punzones por los infantiles de edad más avanzada.

El mundo religioso y el pensamiento simbólico.

El ámbito religioso quizá es uno de los pocos aspectos de la esfera pública donde la mujer pudo desarrollarse. Ya fuera ejerciendo como sacerdotisas o bien elevadas a los altares como divinidades, la información de la que disponemos al respecto es muy abundante, sobre todo en los mundos minoico y micénico, donde encontramos una símbología religiosa con fuertes connotaciones femeninas. Es el caso de las representaciones de  hiedras y lirios, los cuales aparecen enmarcados dentro de un rito de fertilidad. En los Fresco de Thera, ubicado en la isla de Santorini, vemos a un grupo de doncellas recogiendo flores para llevarlas a un altar mientras otras mujeres las guían (Kristiansen y Larsson, pp. 171-173). No obstante, resulta llamativo ver cómo de un total de 370 individuos solo diez tengan rasgos típicamente femeninos. Aunque no podamos fiarnos de la información las representaciones, tenemos constancia de que en el minoico/micénico las sacerdotisas de los templos jugaron un papel muy importante. Hasta nosotros han llegado algunas tablillas que nos informan del traslado de jóvenes sirvientas a un templo, casi siempre coincidiendo con una fecha a una consagración a un dios.

Dickinson (2000) llega a plantearse si las figurillas que aparecen en el registro arqueológico son juguetes, desechando al momento esta teoría al explicarnos el contexto en el que se descubren, puesto que ni hay restos óseos de niños ni las figuras cumplen un cometido pedagógico. En todo momento hemos de ser conscientes de que estamos hablando de objetos con un marcado carácter simbólico y mágico. También se ha planteado que algunas de ellas representaban a un miembro de la familia que las poseía, si bien “esto no explica que se hayan encontrado varias en una misma tumba”. (Dickinson, 2000, p. 208).

Las figuras más grandes suelen medir entre 70 cm y 1,35 m. Estas esculturas suelen representar a mujeres elegantemente vestidas con trajes ceremoniales a la manera minoica y llevar adornos de guirnaldas o collares. Se piensa que podrían haber adornado los palacios que se levantaron por toda la geografía cretense.

Por otro lado, En el mundo egeo, estas estatuillas no se fabricaban únicamente para ser parte del ajuar que conformarían las tumbas (pese a que algunas de ellas cumplen de sobra esta función). Se piensa incluso que toda la población contaría con una, aunque de un material de menor de calidad que las que poseían las élites de poder (tal y como ocurre con la famosa Diosa de las serpientes, que está fabricada en loza).

En cuanto a los diferentes tipos de estauillas, cabe destacar las llamadas Plastiras, las cuales poseían rasgos masculinos y femeninos, así como las FBC (acrónimo de Figurillas con Brazos Cruzados), donde vemos a personajes femeninos adornados con joyas y, en ocasiones, con claros síntomas de embarazo. Este último modelo se opone a las del tipo “cazador-guerrero”, representado siempre por un hombre. Como podemos observar, nos encontramos ante una situación muy similar a la que vimos cuando analizamos la importancia de los ajuares en las distinciones de género: mientras que las armas son propiedad del hombre, la mujer queda relegada al ámbito doméstico.

En el mundo micénico también encontramos con objetos similares. La pose más característica es la ver a una mujer a pie y con los brazos realizando diferentes tipos de posturas, si bien hay casos en los que llegan a sostener niños (Dickinson, p. 214) o bien mantienen las manos en alto, como las diosas minoicas. Independientemente de su forma, sabemos que algunas son claramente imágenes de culto, como la Dama de Filakopi.

Lógicamente, el culto a la fertilidad está relacionado con la mujer. El hecho de encontrarnos con estatuillas  femeninas viajando a bordo de carros equipados con ruedas gemelas  (Kristiansen y Larsson, pp. 171-173) ya nos hace pensar en una suerte de culto solar que traspasó las fronteras y se instaló en Centroeuropa, convirtiendo a la figura de la mujer en un objeto de culto y veneración. Ello nos lleva a recordar de nuevo el papel de la maternidad en estas sociedades, pues si bien no era una actividad eminentemente productiva, sí servía, en cambio para asegurar la continuidad de esas poblaciones.
CONCLUSIONES:

Consideramos que buena parte de la bibliografía consultada integra a la mujer en los estudios históricos, objetivo que compartimos, pues este razonamiento obedece a la intención de reunir a los géneros masculino y femenino dentro de una sola área de estudio, pero sin que cada uno de ellos pierda su identidad. Es preciso recordar que cuando estamos haciendo historia de las mujeres, también estamos haciendo historia de los hombres. O  parafraseando a Natalie Zemon Davis: “Es preciso estudiar igual a las mujeres que a los hombres”. Creemos que para realizar un estudio coherente y útil de la Historia es necesario contar con la visión de ambos géneros, algo que los estudios femeninos aplicados tanto a la Prehistoria como a la arqueología están consiguiendo. Queda claro que la historiografía de género planteará muchos retos en el futuro. Entre otras cosas, se insta a los historiadores a no reproducir en nuestra sociedad actual sus conclusiones en torno a los estudios del pasado. Dicho de otro modo: lo que fue válido para el pasado, no puede serlo para el presente.

Por otro lado, en algunas ocasiones hemos tenido la sensación de que, lejos de ser las protagonistas directas de la Historia, las mujeres se nos aparecen en algunos textos como sujetos pasivos, lo cual es comprensible debido a los años que llevan en la segunda línea de la Historia. Pese a todo, creemos que hemos sido capaces de localizarlas y hacerlas visibles, al menos en lo que a la esfera privada se refiere.

Observamos también que hay algunas lagunas importantes en los temas a tratar por la historiografía de género. Tal es la situación de los estudios simbólicos y religiosos, en donde, pese a ocupar un papel predominante, apenas hemos encontrado referencias más allá de las que nos ofrecían los manuales de consulta de Dickinson o Kristiansen. Sabemos que las estatuillas funerarias ocupaban un lugar importante en la cosmología de estos pueblos, pero pensamos que hubiera sido oportuno profundizar en el papel que sacerdotisas y sirvientas desempeñaban en el interior de los palacios micénicos. Hemos encontrado también muy poco datos relativos a las uniones matrimoniales, a excepción de una breve referencia en la obra de Kristiansen y Larsson sobre los sistemas de parentesco (un tema recurrente en la antropología de género). Es posible que en el futuro algunos historiadores opten por esa vía a la hora de desarrollar sus investigaciones, si es que no lo han hecho ya. Por otro lado, encontramos también poca documentación relativa a la alimentación. Sabemos que las mujeres eran las encargadas de organizar la mesa, pero creemos que habría sido interesante profundizar mucho más en las tareas de recolección de alimentos, si bien es cierto que, con toda probabilidad, era una actividad de la que se encargaban los varones.

BIBLIOGRAFÍA:
  • ARANDA-JIMÉNEZ, G.; S. MONTÓN-SUBIRÍAS; M. SÁNCHEZ-ROMERO; ALARCÓN E. 2009: “Death and everyday life”. Journal of Social Archaeology, 9 (2), pp. 139-162.
  • ARESTI, N. 2006: “La categoría de género en la obra de Joan Scott”. En Cristina Borderías (Ed.), Joan Scott y las políticas de la historia, Icaria-AEIHM, pp. 223-232. Madrid.
  • CÁMARA SERRANO, J. L.; CONTRERAS CORTÉS, F.; PÉREZ BAREAS, C.; LIZCANO PRESTEL, R. 1996: “Enterramientos y diferenciación social II. La problemática de la Edad del Bronce en el Alto Gualdaquivir”. Trabajos de Prehistoria, pp. 91-108.
  • CASTRO MARTÍNEZ, P. V.; ESCORIZA MATEU, T. 2005: “Trabajo y sociedad en Arqueología. Producciones y relaciones versus orígenes y desigualdades”, pp. 1-20.
  • CASTRO, P.V.; T. ESCORIZA; M. I. FREGEIRO MORADOR ; J. OLTRA PUIGDOMENECH; M. OTERO VIDAL; Mª E. SANAHUJA YLL 2006: Contra la Falsificación del Pasado Prehistórico. Buscando la realidad de las mujeres y los hombres detrás de los estereotipos. Universidad Autónoma de Barcelona. Barcelona.
  • CRUZ BERROCAL, M.. 2009: “Feminismo, teoría y práctica de una arqueología científica”. Trabajos de Prehistoria, 66-2, pp. 25-43.
  • DICKINSON, O. 2000: “La Edad del Bronce Egea”, Akal, Madrid.
  • KRISTIANSEN, K. Y LARSSON, T. B. 2006: “La emergencia de la sociedad de Bronce”, Bellaterra Arqueología, Barcelona.
  • SÁNCHEZ LIRANZO, O: 2000: “Algunas reflexiones para la prehistoria de la arqueología: las mujeres en la construcción de la historia”. SPAL, 9, pp. 495-505.
  • SÁNCHEZ ROMERO, M. 2006: “Actividades de mantenimiento en la Edad del Bronce del sur peninsular. El cuidado y la socialización de los individuos infantiles”, pp 185-194.
  • SÁNCHEZ ROMERO, M. 2009: “Cuerpos de mujeres: la construcción de la identidad y su manifestación durante la Edad del Bronce”. Arenal: Revista de historia de las mujeres,
  • SÁNCHEZ ROMERO, M. 2010: “Eso no se toca”, Complutum, Infancia y cultura material en arqueología, pp. 9-13, Madrid.
  • SÁNCHEZ ROMERO, M. 2011: “Commensality Rituals: Feedings Identities in Prehistory”. En, G. ARANDA JIMÉNEZ; S. MONTÓN-SUBÍAS; M. SÁNCHEZ ROMERO 2011: Guess Who’s Coming to Dinner. Feasting Rituals in the Prehistoric Societies of Europe and the Near East. Oxbow Books. Oxford, pp. 8-29.
_____________________________________
1. Véase SÁNCHEZ ROMERO, M. 2009: “Cuerpos de mujeres: la construcción de la identidad y su manifestación durante la Edad del Bronce”. Arenal: Revista de historia de las mujeres, pp. 5-29.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Arqueología y género: mujer y producción en la Edad del Bronce Europea (7)

La alimentación.

La comida es el centro de la vida social. Quien controla los suministros de los alimentos obtiene poder, ya que es un bien vital para la supervivencia. Existe una gran variedad de significados de la vida social relacionados con la comida (como tabús o miedos), el avance en la tecnología alimenticia y también con las memorias y acontecimientos del pasado. El consumo de alimentos esta consistentemente siendo utilizado para generar poder, autoridad y construir relaciones sociales en el que se transmiten conocimientos tecnológicos, ideológicos y sociales.

El alimento es un elemento básico de cada cultura, crea una identidad cultural y prácticamente forma parte de columna vertebral de una cultura. En definitiva, todo lo que conlleva la preparación también forma parte de dicha identidad cultural. Es muy importante señalar la importancia de los hábitos a la hora de recoger, manipular, cocinar y, posteriormente, consumir los alimentos recogidos y su socialización al consumirlo. Esta actividad en la mayoría de las sociedades etnográficas son realizadas por mujeres quienes también suelen cocinarlos y servirlos. En muchos casos las mujeres están relacionadas con la cocina, encontrándonos en los yacimientos utensilios para cocinar, moler, etc. También las mujeres (ayudadas en algunos casos por los niños) se relacionan con la recogida de moluscos y recursos marinos. Inevitablemente, estas actividades forman parte de las llamadas actividades domésticas o de mantenimiento y ya hemos visto cómo han sido devaluadas en las investigaciones de las sociedades prehistóricas, obviando su contribución al desarrollo tecnológico y  social.

Asimismo, vemos cómo en la forma de consumir la comida se pueden observar diferencias entre los géneros masculino y femenino en diferentes aspectos, como por ejemplo quien sirve a quien, el tipo de vajilla que utilizan ambos géneros, el  tipo de comida que consumen o si lo consumen todos juntos o por separado. Todo lo relacionado con la alimentación suele estar muy apegado al rol que ocupa la mujer en una sociedad, por lo que se considera una de las áreas más importantes para su estudio, sobre a la hora de relacionar con la producción de la comida. No obstante, sería un error afirmar que únicamente podemos conocer a las mujeres limitándonos únicamente a esta actividad, pues también poseen un bagaje cultural propio.

2.4. La mujer en la Edad del Bronce Europea: el mundo funerario.

Sobre el ajuar y la identidad femenina.

Durante la Edad del Bronce, los ritos funerarios experimentaron un cambio sustancial. Los enterramientos colectivos poco a poco se fueron abandonando en detrimento de los individuales (en algunos casos, se enterraban únicamente a dos personas en un lugar). Las tumbas, poseían ajuares muy importantes, los cuales iban desde los collares cardiformes (característicos de Europa de Este), estatuillas (a las que nos referiremos en mayor profundidad cuando hablemos del mundo simbólico), objetos de ámbar (muy importantes en Europa del Norte) y enseres como espadas, cuchillos, etc. Sabemos que durante la primera etapa de la Edad del Bronce, por ejemplo, el ajuar con el que se enterraba a hombre y mujeres difería notablemente (mientras los primeros llevaban armas, las segundas lucían sus joyas, alfileres o brazaletes de plata). Y no fue hasta más adelante cuando ambos géneros empezaron a lucir joyas para demostrar su status social (hay frescos en los que los hombres aparecen luciendo collares, brazaletes y pendientes). Otro ejemplo similar lo encontramos en los Cárpatos, donde algunas de las tumbas más ricas pertenecían a la élite, encontrándonos recursos tan valiosos como el oro, el ámbar y vestidos decorados con elementos metálicos. En cualquier caso, los ajuares funerarios varían en gran número, variedad y calidad y tales variaciones han sido interpretadas en términos de acceso diferencial a la riqueza en una sociedad fuertemente estratificada.

La joyas están presentes sobre todo en el ámbito funerario. El mundo minoico  no es una excepción, si bien hay yacimientos en donde no se han encontrado estas piezas, bien porque nunca estuvieron ahí o bien porque la información que tenemos de la época de los Segundos Palacios es muy escasa (Dickinson, 2000), lo cual tal vez pueda deberse a la erupción del volcán Santorini, cuyo estallido motivó la decadencia de la civilización minoica. 

Otro de los útiles que encontramos en este tipo de yacimientos son los de tipo metálico (principalmente en cobre) como cuchillos, dagas y hachas. Acerca de la nomenclatura y utilidad de estos útiles afilados que se han denominado tradicionalmente cuchillos cuando aparecen en tumbas femeninas y dagas cuando aparecen en las masculinas existe una interesante literatura (Sánchez Romero, 2009).

Como ya comentamos a comienzos del Epígrafe 2 , este tipo de enterramientos nos permiten conocer más de cerca la posición que el difunto ocupaba en la sociedad cuando aun estaba con vida. Así, del mismo modo que algunos autores han querido ver en los objetos encontrados en las tumbas infantiles elementos que servirían de aprendizaje para la vida adulta (véase apartado anterior), encontrarnos en un ajuar femenino únicamente y exclusivamente herramientas como punzones ya nos hace plantearnos a qué actividad dedicaba su tiempo esa mujer (Aranda, Montón-Subías, Sánzchez Romero, Alarçon, 2009).

Estas actividades cotidianas o domesticas englobarían el cuidado y la preparación de la comida, la manufactura de las vestimentas, la higiene, la medicina, la socialización de los niños y el acondicionamiento del espacio doméstico. Además están relacionadas con la tecnología, el modelo social de producción y distribución.

En algunas culturas (como es el caso de la de El Argar) los punzones son el único elemento metálico relacionado con un único sexo (la mujer) y aparece durante todo el periodo en el que se desarrolló esta cultura. En todo caso, hay una diferencia evidente entre las tumbas masculinas (provistas de un número mayor de objetos) y las femeninas. Como anécdota, es muy llamativo ver cómo, en según qué casos, el objeto con el que se enterraba a la mujer era más grande de lo normal, lo que dificultaría su uso y lo convertiría en una herramienta inservible. En determinados yacimientos argáricos se han encontrado punzones de plata de un tamaño superior a los originales, lo que nos lleva a pensar que tal vez ese punzón se elaboró para un fin puramente ceremonial. En este caso, algunos autores piensan que tal vez lo que se pretendía era darle sepultura a la mujer con un objeto simbólico que sirviera para presentar aquella labor en la que destacó en vida.

martes, 20 de septiembre de 2016

Arqueología y género: mujer y producción en la Edad del Bronce Europea (6)

2.2. La mujer en la Edad del Bronce Europea: la economía doméstica

La cuestión de la maternidad: una aproximación desde el punto de vista arqueológico.

Tal y como ha ocurrido con los estudios femeninos, la figura del niño ha pasado completamente desapercibida hasta fechas muy recientes, algo inexplicable si tenemos en cuenta que su presencia en el registro arqueológico es una constante y arroja muchísima luz sobre cómo se constituían las sociedades en el pasado. Los estudios relativos al mundo infantil tienen sus orígenes en los años 70, coincidiendo con la aparición de los primeros trabajos de género. La publicación de trabajos monográficos y la realización de congresos que abordan esta cuestión se han multiplicado en los últimos cuarenta años, gracias a trabajos como los de la investigadora Margarita Sánchez Romero.

El principal motivo por el que el cuidado de los niños no se ha estudiado desde un punto de vista histórico se debe al segundo plano que ha ocupado la mujer en nuestra disciplina (después de todo, eran ellas las que realizaban esta labor) y a que los protagonistas del estudio carecían de interés para la investigación (destaca el concepto que tiene la sociedad occidental de la infancia, el hecho de que los niños no sean entes productores propiamente dichos y la dificultad que supone investigar sus restos). Romero considera que el concepto de edad, al igual que el de género, está "socialmente construido" y que, por lo tanto, sus miembros desempeñarían un importante papel en la comunidad. Los niños son un reflejo del mundo de los adultos y una pieza clave en las relaciones sociales. En ese sentido la historiografía tradicional ha obviado el peso de ambos colectivos en la investigación, de ahí que muchos teóricos del género hablen de la invisibilidad.

El estudio del mundo infantil debe equiparse con el de los adultos. Lejos de ser visto como un colectivo que debe estudiarse por separado, los individuos infantiles nos permiten comprender la configuración social de una comunidad y las relaciones que se entablan entre sus miembros. El papel que desempeñan los niños a nivel social es muy importante, dado el aprendizaje y las enseñanzas que reciben por parte de los adultos y el tiempo que estos invierten en su cuidado. Esta actitud que podemos considerar pasiva debe complementarse con la importancia que tienen los individuos infantiles en la sociedad, sobre todo a la hora de elaborar hipótesis relacionadas con la subsistencia y la organización social. En definitiva, comprender el papel del niño nos ayudará a entender mejor el funcionamiento de la comunidad.

Tal y como habíamos visto cuando hablamos de los planteamientos de la arqueología feminista en el primer apartado, a la hora de estudiar el mundo del niño, encontramos dos metodologías bien diferenciadas: la propuesta por la escuela europea, ligada a los estudios históricos; y los planteamientos de la escuela norteamericana, más relacionada con la antropología. Las diferencias entre ambas obedecen a las particularidades que los estudios prehistóricos tienen en los dos continentes: si bien en Europa la Historia y sus ramificaciones pertenecen al campo de las Ciencias Sociales, en Norteamérica nos encontramos con una disciplina con una fuerte carga científica (conviene recordar que la Nueva Arqueología surge precisamente para cuestionar las limitaciones de los estudios realizados en Europa).

Si queremos analizar un enterramiento hemos de tener en cuenta estamos hablando de individuos que no completaron su tránsito hacia la edad adulta y es así como deben ser tratados. En el estudio de la muerte de los infantes, entran en juego cuestiones relacionadas con la salud y la enfermedad, así como con la alimentación, actividades que, como ya hemos visto, están asociadas a la mujer. Es por eso por lo que hemos decidido incluirlo en nuestro trabajo.

A través del juego, los niños reproducen el mundo de los adultos. Mediante esta actividad, podemos averiguar qué rol y responsabilidades desempeñarán los futuros adultos. El juguete muchas veces es una pequeña herramienta de trabajo que indica qué actividad realizará el niño. Varios de estos objetos han aparecido en diferentes enterramientos.

Las representaciones gráficas también nos son útiles si queremos explicar el lugar que ocupaba el niño, ya sea cuando estos son los protagonistas de esas mismas representaciones o bien si han contribuido a ellas. En cualquier caso, ambas reflejan la importancia que este colectivo tenía socialmente.

Conviene recordar que no debemos detenernos únicamente en realizar un listado de objetos infantiles encontrados en un yacimiento, sino que es preciso explicar la función que desempeñaron en la socialización de los niños, así como las estrategias que las sociedades antiguas idearon para su cuidado y educación. Es decir, lejos de limitarnos de enumerar y catalogar los artefactos, debemos saber interpretarlos, actividad que realizan en la actualidad los museos. En base a esto, hay dificultades a la hora de interpretar los objetos hallados en el registro arqueológico. Así, distinguimos entre problemas metodológicos y problemas derivados de la conservación de los restos óseos (Sánchez, 2006):

Problemas metodológicos:
  • La propia historiografía ha pasado por alto su importancia.
  • Los objetos encontrados no han sido recogidos correctamente o bien se encuentran muy deteriorados.
  • Los hallazgos han recibido una interpretación errónea y se les atribuye una explicación ajena a la cuestión social, que es la que nos interesa en última instancia.
Problemas derivados del estado de los restos óseos:
  • En ocasiones, su fragilidad no permite su conservación, factor al que se le une la ritualización a la que son sometidos o la propia naturaleza del terreno.
Todos estos problemas dificultan mucho tanto el reconocimiento de los restos como su reconstrucción. En cualquier caso, tantos unos como otros nos dan una idea aproximada del lugar que ocupaban los niños en las sociedades prehistóricas. No obstante, hemos de estar abiertos a nuevas interpretaciones.

Para nuestro trabajo, hemos utilizado como referencia los estudios efectuados en los enterramientos argáricos del sur de la Península Ibérica. La abundante documentación existente y el hecho de que sea una de las culturas más estudiadas del Bronce español ha facilitado mucho nuestra tarea. Los yacimientos del Cerro de la Encina (Monachil, Granada), Motilla del Azuer (Daimel, Ciudad Real) o La Bastida de la Totana (Totana, Murcia) son una buena muestra de ello.

En muchos de estos lugar hay una amplia presencia de tumbas infantiles, las cuales podemos dividir dependiendo de la edad de sus ocupantes: 1) neonatos, 2) niños de 0 a 3 años (una fase crítica que coincide con el fin de la lactancia), 3) niños de 3 a 7 años y 4) individuos de 7 a 15 años. Sabemos que los objetos que mejor definen a los niños durante este período son los brazaletes, las cuentas de collar y los aretes. El estudio de estos ajuares nos lleva a afirmar que las distinciones de género no tienen lugar, al menos, durante los primeros años de vida del niño. Conforme este se vaya desarrollando, las diferencias entre un sexo y otro serán cada vez más palpables.

Es muy llamativo ver cómo en algunos de estos yacimientos se han encontrado herramientas desechadas por los adultos y que han sido reutilizadas por los niños para sus juegos, así como juguetes propiamente dichos y piezas manufacturadas realizadas por los propios pequeños como producto de su aprendizaje (collares, vasijas...). No obstante, su catalogación no siempre es fácil, debido a que pueden confundirse con objetos destinados para otros usos (una herramienta pequeña puede tener un uso específico y su dueño no tiene que ser necesariamente un infante). A veces la asociación resulta muy complicada, pero sabemos que determinados objetos formaban parte del ajuar con el que los niños eran inhumados. Además, la tosquedad con la que algunos de estos restos están realizados nos llevan a pensar en quiénes eran realmente sus dueños y en el arduo trabajo de aprendizaje que tuvieron que realizar.

La presencia de juguetes nos lleva reafirmar lo que comentábamos anteriormente: jugar implica aprender y, por lo tanto, socializar e interactuar con otros miembros de la comunidad. El juguete reproduce el mundo de los adultos, y su valor depende del estatus social y el género al que pertenezca el infante. Para muchos investigadores, transmiten un mensaje cultural. El juguete implica imitar el mundo adulto y aprender.

En cuanto al papel de la mujer en este campo, debemos remitirnos a lo que comentábamos en la Introducción: hay determinadas actividades que, si bien tienen un enorme valor social, no pueden ser consideradas productivas, aunque sí contribuyen al mantenimiento y desarrollo de la sociedad. Tal es el caso de la maternidad. La investigadora Sánchez Romero (2006) lo define muy bien cuando afirma que “Hay trabajos que no tienen por qué dejar necesariamente huella en la persona que las está realizando y sí que las dejan en la persona sobre las que se realizan, por ejemplo, las actividades relacionadas con el cuidado y la alimentación" […]. Hemos de tener en cuenta que la realización de las prácticas de cuidado y alimentación supone no sólo una ingente cantidad de trabajo en la mayoría de las ocasiones no reconocido". 190). Es decir, esta actividad en sí misma no es productiva pero sí tiene una importancia vital para el desarrollo de la comunidad y la cohesión social, de ahí que Sánchez (2006) vuelva a afirmar que "las relaciones que se establecen entre individuos adultos y los infantiles son especialmente críticas para la supervivencia de las sociedades" (p. 190), pues el patrón de dependencia que se establece entre niños y madres es evidente. Lógicamente, a mayor dependencia e indefensión, más atenciones y cuidados deben recibir los hijos para que así puedan salir adelante.

Esta última cuestión no debemos tomarla a la ligera. Cuando analizamos los restos óseos y observamos determinadas roturas, vemos cómo en aquellos individuos que consiguieron llegar a la edad adulta hay evidencias de recuperación, lo que nos lleva a pensar que el grupo cuidó de él; en cambio, aquellos individuos que murieron jóvenes presentan un notable deterioro de su organismo, lo que nos lleva a suponer que, de alguna forma, fue abandonado por la comunidad o bien no hubo un tratamiento previo para salvar su vida. Es de suponer que los niños eran propicios a sufrir accidentes. Varios restos encontrados en el Cerro de la Encina o Motilla del Azuer nos indican señales de traumatismos. El entorno en el que se movían (territorios escarpados en su mayoría) propiciaban este tipo de contracturas. Por otro lado, el destete y el cambio de alimentación puede provocar enfermedades o efectos nocivos sobre el organismo del niño (algo a lo que también se le suma la insalubridad del entorno), cuyo sistema inmunitario todavía no está desarrollado del todo.

La maternidad, en todo caso, una construcción cultural. Pese a que las mujeres dan a luz, el destino del niño una vez finalizado el embarazo puede resultar incierto. Tal y como sucede en la actualidad, la maternidad se desarrolla de una manera distinta dependiendo del lugar y  cada cultura la vive de diferente manera. Pese a todo, tenemos evidencias de que los enterramientos infantiles están vinculados a prácticas maternales. Lamentablemente, en el registro arqueológico no encontramos referencias al mundo de los sentimientos y los afectos, una cuestión que nunca ha sido objeto de estudio por parte de los historiadores.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Arqueología y género: mujer y producción en la Edad del Bronce Europea (5)

2. LA MUJER EN LA EDAD DEL BRONCE EUROPEA

Una vez terminado el bloque relativo a la historiografía de género y aclarados los motivos de la invisibilidad femenina y su desigualdad con respecto al hombre, pasaremos a analizar el papel de la mujer durante la Edad del Bronce y sus relaciones con una sociedad productiva y altamente especializada. Cabría preguntarse dónde están las mujeres en este período, y las hemos encontrado realizando tareas propias de la maternidad, la alimentación y el mundo religioso. No faltarán en nuestro análisis algunas cuestiones relacionadas con las prácticas funerarias, en donde el papel de la mujer gana en visibilidad debido, entre otras cosas, a las transformación que experimentaron los rituales de enterramiento durante este período. El hecho de que el cuerpo del fallecido (independientemente de que fuera hombre o mujer) fuese enterrado con aquellos objetos que le caracterizaron en vida ya nos dice del papel desempeñado por la mujer en estas sociedades.

2.1. Europa durante la Edad del Bronce: el marco geográfico. Cronología. Generalidades.

A finales del IV Milenio, se produjeron en toda Europa grandes transformaciones en la sociedad, la economía y los poblamientos que dieron lugar a las culturas de la Edad del Bronce. La cronología del Bronce Europeo se extiende desde desde el 2000 al 800 a.C.  Según el desarrollo tecnológico, los especialistas distinguen tres etapas diferentes: el Bronce Antiguo, cuya cronología comprende el 2000 y el 1500 a.C. y en la que las hachas, las espadas, las puntas de flecha y lanzas están fabricadas con bastante tosquedad; el Bronce Medio (entre el 1500 y el 1250 a.C.), en la que aparecen espadas largas, cuchillos de doble filo, hoces y joyas; y el Bronce Reciente, que va desde el 1250 hasta el 800 a.C. y cuya fase final influirá mucho en el desarrollo de la Edad del Hierro.

Tradicionalmente, distinguimos al menos cinco áreas de desarrollo: 1) el ámbito cretense, que incluye las culturas minoica y micénica; 2) Europa Sudoriental, que comprende las culturas de Aunjetitz, Hallstatt y Campos de Urnas; 3) Europa Central, representada por las culturas de  Adlerberg y los Túmulos; 4) Europa del Norte, en donde destacaron, aparte de algunas culturas locales, las de Schleswig-Holstein y Lausitz; y 5) Europa Occidental, donde se originaron las culturas de El Argar (Almería, España), Taulas y Navetas (Baleares, España), la cultura apenínica (Italia), Terramaras (Italia) y Nuragas (Cerdeña, Italia).

En el sur de Grecia y en las islas Cícladas se produjo un incremento de la población, como consecuencia de la domesticación del ganado y de la introducción de la vid y del olivo. Durante esta época se construyó el Palacio de Knosos, que junto a los tesoros del III milenio a. C. de Troya II prueban la existencia de una jerarquización social y de una organización regional centralizada, con élites que controlaban los servicios. Junto a estas élites trabajaban unos artesanos especializados. En las islas del Mediterráneo encontramos grandes construcciones que se alzan sobre quince metros de altura y cuya construcción está ligada al megalitismo.

Sabemos que el mundo nórdico experimentó un notable auge a partir del Bronce Medio gracias al aprovechamiento de recursos como el oro y la plata, al tiempo que los Balcanes iniciaron un desarrollo ligado a las influencias del Próximo Oriente. Asimismo, la Península Ibérica fue una de las regiones mas importantes de este periodo,  teniendo en la cultura de El Argar (uno de nuestros principales referentes a la hora de realizar este trabajo) a su mejor representante. 

Los testimonios que señalan contactos entre diferentes culturas tanto dentro como fuera del continente son muy numerosos, encontrándonos con redes comerciales que iban desde la Península Ibérica hasta el Cáucaso, así como las evidencias comerciales existentes entre Creta y Egipto. Es probable que hubiese un comercio con Anatolia. Se ha propuesto que existieron dos modelos diferentes, que explicarían los cambios indicados. El primero sería el llamado de subsistencia-redistribución, dependiente del cultivo de la vid y del olivo, que permitía una redistribución interna en los poblados, en manos del jefe. El segundo modelo fue el de especialización artesanal-riqueza, basado en la importancia del bronce de arsénico o de estaño, con el que se fabricaban armas que daban prestigio a los que las poseían y superioridad en el combate a quienes las usaban. La utilización del bronce, el oro y la plata desempeño un papel fundamental en la progresiva diferenciación social. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Arqueología y género: mujer y producción en la Edad del Bronce Europea (4)

1.4. El desarrollo de los estudios de género aplicados a la arqueología.

El feminismo es considerado como una ideología que impulsó un movimiento social con repercusiones tanto políticas como sociales, como lo fue le integración de la figura femenina en el mundo laboral, político, etc. Es, en otras palabras, una reflexión que da lugar a distintas prácticas. 

Podría decirse que el feminismo en la arqueología (el cual recibió también ciertas influencias del marxismo) alcanzó su máximo apogeo a través de la tradición norteamericana, siendo en todo momento dirigido hacia una arqueología crítica. Se toman las decisiones caso por caso. En la arqueología feminista norteamericana es de gran importancia el tema de la reivindicación del feminismo como estrategia científica y política. Por otro lado, la arqueología de tradición europea está más orientada al cuerpo, los ciclos vitales y la identidad, así como la reproducción y sus implicaciones sociales y en el trabajo. Esta última cuestión parece ser de especial interés en España. Cabe destacar que, como se explicará en futuras líneas, existe una distinción entre arqueología de género y arqueología feminista.

La arqueología del género es la que estudia las diferencias entre hombres y mujeres tanto biológica, ideológica como socialmente a lo largo de la historia en las distintas culturas. Se trata básicamente del estudio de los roles que juegan ambos géneros en la sociedad. Por su parte, la arqueología del género pretende recopilar la mayor cantidad de información posible sobre el pasado y añadir datos específicos de las mujeres para intentar “completar” esa información. Sin embargo, esta sensación no es más que una ilusión.

La arqueología del género no es un antecedente de la arqueología feminista, sino una derivación, siendo una versión reducida de la misma. La arqueología feminista se cuestiona el papel del investigador, tanto en la práctica arqueológica como en los datos y la información. Otro de sus objetivos es también lograr hacer visibles a las mujeres.

La arqueología feminista apareció en España casi al mismo tiempo que en Estados Unidos, teniendo especial relevancia, en parte por la gran participación en los seminarios, mesas redondas, asignaturas relacionadas con el género y encuentros. La arqueología española ha recibido influencias del marxismo, el estructuralismo y el psicoanálisis, pero también de la arqueología anglosajona. Sin embargo, aunque en la arqueología anglosajona se haya desarrollado notablemente las implicaciones epistemológicas de la práctica y la ciencia feministas, en España no ha alcanzado todavía un gran nivel de desarrollo.

En la arqueología feminista hay puntos de vista contradictorios, originados en parte por la división entre términos de feminismo de la diferencia y feminismo de la igualdad. Existe también un debate en lo referente a la posibilidad de un feminismo científico. El feminismo ha logrado que el concepto de “género” sea visto como una cuestión que hay que analizar haciendo hincapié en la naturaleza de la asignación cultural de los roles de género.

Los debates feministas en la arqueología se distinguen en tres corrientes bien diferenciadas. El “feminismo analítico” busca mujeres en el pasado dentro de los parámetros marcados por la ciencia; el “feminismo hermenéutico”, considera que la ciencia se ha constituido exclusivamente sobre la experiencia masculina y reclama un cambio en el que la ciencia acepte la experiencia femenina; y el “feminismo crítico” acusa la presencia de machismo en el mundo académico y pretende reequilibrar las relaciones de poder existentes, poniendo en evidencia las notorias desigualdades que soportan las mujeres en lo referente a su visibilidad y en cuestiones de financiación.

El feminismo ha demostrado que existe una implicación social inevitable en la arqueología, puesto que la ideología afecta a la formulación de hipótesis y a sus resultados. El desequilibrio entre ambos sexos en la arqueología podría encontrar su explicación a través del limitado acceso de las mujeres al mundo académico en anteriores generaciones o también de la falta de resolución del registro. 

La validez de la ciencia no es negada por el feminismo, sino que más bien su pretensión es la de cuestionarse el modo en que la ciencia produce ese conocimiento y la validez de este. Pero uno de los mayores problemas del feminismo son los esencialismos. No pueden aceptarse las hipótesis construidas sobre conceptos esencialistas que pretenden materializar a las mujeres arqueológicamente en tiempos pasados. Las hipótesis deberían ajustarse a la evidencia arqueológica.

La arqueología feminista cuenta con logros como una mayor documentación de las actividades de las mujeres en el pasado y un desarrollo importante de la investigación de restos humanos con el propósito de encontrar diferencias en la dieta y el trabajo en relación con el sexo y la edad de los individuos. No obstante, el feminismo cuenta también con la desventaja de que se encuentra marginado en foros propios en el ámbito académico. Por ello pasa desapercibido, es decir, no se muestra de forma explícita en algunas áreas.

También se debe añadir que la arqueología feminista, al igual que la marxista, es una arqueología social. En la base de la práctica feminista se encuentra la incógnita de la desigualdad según el sexo como producto histórico o si ha existido siempre. Esto está vinculado a la cuestión tratada por el marxismo sobre si la explotación, la jerarquía y la desigualdad son también producto histórico o si por el contrario viene implícita en la socialización humana. En la demostración de esta última cuestión, ambos movimientos intentan encontrar una legitimidad para sus reivindicaciones políticas.

La arqueología feminista ha influido sobre otras arqueologías, como la arqueología de la identidad, la arqueología de la unidad doméstica y las actividades de mantenimiento… Estas son más aceptadas por el resto de los arqueólogos debido a que su programa, relevancia y alcance son más restringidos que en el caso del feminismo.

La arqueología feminista tiene también una raíz común con la arqueología indigenista y la arqueología poscolonial. Cabe señalar que todas estas formas de arqueología cuentan con un activismo político que tiene como objetivo combatir la arqueología tradicional producida, como se dijo anteriormente, por hombres blancos occidentales de clase media-alta exclusivamente.