miércoles, 26 de abril de 2017

Falsos dioses: Las raíces de la Herejía (Graham McNeill)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Falsos dioses: Las raíces de la Herejía (de la colección "La Herejía de Horus")
  • Autor: Graham McNeill
  • Editorial: Timunmas
  • Número de páginas: 346
  • Año: 2006 (2016 para la edición española)
Una vez leído el segundo volumen de "La Herejía de Horus", llego a la conclusión de que ahí fuera se sigue haciendo ciencia ficción de la buena y que no es necesario recurrir a cualquier distopía juvenil chorra (léase "Los Juegos del Hambre") para resucitar el género. Esta vez no me andaré con desvaríos y pasaré directamente a comentar el libro. Solo diré que, casi veinte años después, he vuelto a ver "Beast Wars" y estoy alucinando con la inteligencia con la que sus guionistas trataban al público infantil. Quizá el hecho de que la serie fuera canadiense tuviera algo que ver (todos sabemos cómo se las gastaban los Power Rangers, esa mamarrachada sobre "el Poder de la Amistaaaad" que hacía que tus padres quisieran llevarte a Soria en coche y luego dejarte allí), pero lo digo totalmente en serio: salvo por el apartado gráfico, la serie ha envejecido bastante bien (todavía estoy por la primera temporada, no sé cómo andarán las cosas en las dos restantes) y era, en resumidas cuentas, todo lo que un chaval de 11 años podía pedir: tiros, acción y unos diálogos chispeantes. Sí, la franquicia era una excusa para vender muñecos, pero es sorprendente encontrarse con un producto de una calidad más que sobresaliente (a ello también contribuye el excelente doblaje que tuvo la serie en España, donde la práctica totalidad del equipo venía de trabajar en "Los Simpson"). Igual es que los años me están pasando factura, pero tuve la suerte de crecer en una época en la que buena parte de las series de dibujos todavía confiaban en la inteligencia de su público. Luego llegó Pokémon y se jodió todo.

Sí, seguramente antes de que termine el año me anime a redactar una entrada sobre "Beast Wars" y lo mucho que significó para mí. Puede que si no estuviese en paro y no sufriese una depresión crónica (¡Putos días! ¡Todos me parecen iguales!), "Beast Wars" y su puta madre me diesen exactamente lo mismo, pero no es así. Es una serie cojonuda y como tal debe ser recordada. Mi personaje favorito era Dinobot, un velociraptor que al principio era de los "malos" y que, tras liarse a tortas con Megatron (aka Esperanza Aguirre), se fue a PODEMOS y le disputó el liderazgo a Optimus Primal. Dinosaurios y "robotos" con ganas de marcha. Joder, cómo echo de menos ser niño, me cago en Dios...

Menos mal que no iba a andarme con desvaríos... Dicho esto, pasemos a hablar de "Falsos dioses". Ya os advierto que tampoco hay mucho que decir. La novela es bastante buena, pero no es algo excesivamente memorable. Todavía estoy esperando encontrarme en el universo 40K con algo que me impresione de la misma forma como en su momento lo hizo "Los muertos y los condenados". Esta novela, no me cansaré de repetirlo, es el apoteosis de la excelencia en el mundo Warhammer.

McNeill retoma el testigo donde lo dejó Abnett, con los Lobos Lunares (ahora llamados Hijos de Horus) prosiguiendo con la Gran Cruzada y un Señor de la Guerra cuya fe en el Emperador ha comenzado a tambalearse. Erebus, tras provocar la guerra entre el Imperio y los Interexianos, sigue jodiendo la marrana de tal forma que ha sembrado la discordia en el seno del Mournival. La ruptura de este cónclave tendrá en el futuro consecuencias terribles, enfrentando a Loken y Torgaddon, leales al Emperador, contra Aximand y Abbadon, cuya fidelidad a Horus es infinita. Y si en este punto os habéis perdido entre tanto nombre, no tenéis de qué preocuparos: pongamos que la Liga Rebelde de los Alopécicos terminará por declararle la guerra al Club Deportivo Melenudo en su empeño por conquistar la Galaxia. Sí, lo sé, es una manera bastante tonta de diferenciar a los personajes, pero ya os digo que en esta saga de libros salen hasta de debajo de las piedras. Y lo peor es que todos parecen que actúan y hablan igual. Aunque es hacer algo de trampa, los atributos físicos de cada personaje nos ayudan a situarnos mejor en la historia. Eso me recuerda mucho a cuando mi madre me llevó al cine a ver "Parque Jurásico" y, comentando la película de vuelta a casa, se refería a Hammond como "El Viejo" y a Malcolm como "El de las gafitas". Adoro a mi madre.

Erebus, al más puro estilo de Alberto Granados, consigue engañar a Horus para que se dirija a un mundo imperial llamado Davin (ahora mismo no recuerdo si la acción tiene lugar en una luna, pero lo mismo da), pues todo parece indicar que las fuerzas que en su momento se encargaron de su pacificación han renegado del Emperador. Horus no puede consentir esto y se dispone a intervenir... Con tal mala suerte que, justo en mitad de la batalla contra el poseído comandante de la guarnición, es herido por este con el espadón que Erebus le había robado a los interexianos. No hay tiempo que perder: Horus se encuentra en el umbral de la muerte y la única manera de salvarlo es someterlo a las artes de La Logia de la Serpiente. Todos los subordinados de Horus aceptan menos Loken y Torgaddon, los cuales caerán en desgracia una vez que el Primarca regrese de entre los muertos.

Pero no acaba aquí la cosa, puesto que Horus se encuentra en el Limbo con su colega Sejanus (muerto en la novela anterior durante el asalto a Sesenta y Tres Diecinueve) y este le convence que todo cuando le han contado del Emperador es una mentira tan gorda como la inocencia de Ignacio González. Al final Horus descubrirá que Sejanus no es otro que Erebus, que ha terminado revelando sus intenciones y engañando a todos una vez más. Tras mostrarle el futuro (el cual, si uno más o menos controla el tema, verá que no se trata de una alucinación, sino de una auténtica profecía) y el pasado (donde el propio Horus, en un primoroso Deus ex Machina, es el responsable de que las cápsulas que contenían los cuerpos de los Primarcas -más los de aquellos que desaparecieron de los registros- salgan volando del "laboretorio" y se pierdan en el vacío cósmico), Horus acaba convencido de que tiene que darle matarile al Emperador y ocupar su lugar. Y tras declararle la guerra a otra facción de humanos que pasaba por allí, se reúne con sus más allegados y les expone sus planes para usurpar el trono. Se allana así el camino para los dramáticos acontecimientos de Istvaan III que, presumiblemente, serán contados en el siguiente volumen.

Por ahí también se cuentan las peripecias que sufren los rememoradores protagonistas de la anterior entrega. ¡Y lo mal que lo pasan los pobrecicos...! Euphrati Keeler se convierte al Culto Imperial tras enfrentarse a la Disformidad en Sesenta y Tres Diecinueve y acomete su primer milagro; Karkasy, tras recibir la paliza de su vida en "El Señor de la Guerra", aparece de nuevo para acabar siendo asesinado por un agente de Horus; Sindermann, como buen iterador, sigue apalancado entre sus libros... Y no, ni Mariñas ni María Patiño salen en esta novela, aunque no puedo evitar pensar que Petronella Vivar es una especie de Ana Rosa Quintana pasada de vueltas que obliga Maxím Huerta (aquí Maggard) a acostarse con él.

Como su anterior entrega, "Falsos dioses" cumple con lo que promete y mola bastante. Los actos no aparecen tan bien definidos como en "El Señor de la Guerra", pero siguen habiendo tiros a golpe de bólter y muertos... muchos muertos... Ya sean de esos que reviven gracias a los poderes del Caos o bien de los que dejan los Marines en la pista de aterrizaje del "Espíritu Vengativo" tras regresar con el Primarca moribundo a la nave. Una pena que precisamente esta subtrama se termine desdibujando y solucionándose por sí sola. Y me jode bastante, porque la cosa prometía. Igual es que el autor tenía demasiados frentes abiertos y no sabia cómo darle fin a la movida. Se podía haber sacado bastante de ahí. Pero bueno, mejor eso a que fuera premeditado. Eso sí, si os vais a leer el libro, aseguraos de seguir el orden de los títulos que conforman la saga. De lo contrario, no os enteraréis de nada. Sé que es una obviedad, pero no seria la primera vez que cojo cualquier chorrada al azar y salgo escaldado. Los personajes y la acción cumplen (si bien los primeros vuelven a ser un centenar y eso siempre confunde al lector) y nunca está de más ver a un dios caer de su pedestal.

Y poco más. Una vez más, nos encontramos con una novela de fácil lectura y de un género totalmente infravalorado, pero el rollo es lo suficientemente atractivo como para terminárselo en apenas un par de días (la última mitad del libro me lo comí en una madrugada). Recomendadísimo independientemente de que el mundo Warhammer te la coma de lado o te mojes encima pensando en la próxima figura que vas a comprarte. No todo el mundo puede decir eso. ¡Ea! Ahí os quedáis.

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