miércoles, 13 de septiembre de 2017

G.I. Joe: La película (1987)

Si bien hoy en día es de buen tono poner de vuelta y media a Estados Unidos y su papel de "gendarme mundial", hubo una época en la que las bravuconadas de las producciones norteamericanas nos divertían, al tiempo que también nos hacían pensar que, por muy mal que fueran las cosas, alguien velaría por nuestra seguridad, pondría en su sitio a los "malos" y llevaría la paz y la libertad allí donde fuesen necesarias.

Haciendo a la Tierra de las Hamburguesas grande de nuevo.

Los 80 fueron quizá los años dorados de esta reducción al absurdo donde, en el colmo de la perversidad, Estados Unidos pasaba por ser un país pacifista y respetuoso con el Derecho Internacional (independientemente de que la Guerra de Vietnam hubiese acabado en 1975 y la Administración Reagan se dedicase a financiar dictaduras en América Latina). Para los niños de aquel entonces, palabras como "Paz", "Libertad" o "Justicia" eran conceptos absolutos que no admitían réplica y que siempre estaban en el discurso de los "buenos". Estos, como todos los héroes, eran incorruptibles y jamás de los jamases harían un mal uso de su poder. Hizo falta que Superman se convirtiese al comunismo ("Red Son") para que el kriptoniano hiciese de sus omnipotentes poderes una horrible distopía que incluía, como no podía ser menos, la dominación mundial. Lo más increíble de todo es que "Red Son" fue publicado en 2003, el mismo año que Estados Unidos invadía Iraq en un terrible ejercicio de irresponsabilidad y megalomanía. Y sin embargo, los malos seguían siendo los "rojos". La democracia y el liberalismo, las unidades de destino en lo universal de Estados Unidos, continuaban estando a salvo.

Y tampoco hace falta irse demasiado lejos en el tiempo... Ahí están "Los Vengadores" y sus rencillas internas. ¿O es que nadie se acuerda del Capitán América negándose a acatar las órdenes de la ONU para seguir yendo por libre y hacer lo que ÉL cree correcto y necesario? Porque no olvidemos que es un héroe. Y como todo buen héroe (y debo insistir en ello) es incorruptible y no siente sed de poder. Hemos cambiado muy poco desde las pelis de Rambo y las fanfarronadas de Chuck Norris.

Con la intención de destruir a Conan de una vez por todas, Wrath-Amon se vio obligado a pluriemplearse.

Muy bien. Una vez que he satisfecho al pequeño marxista que domina mi día a día, voy a pasar a enumerar las razones por las que esta peli mola más que el pan de molde. Porque sí, los G.I. Joe y su proselitismo yanki molaban un huevo. Hasta su logo llevaba incorporados los colores de la bandera de EE.UU. Debo reconocer que mis motivos obedecen más a la nostalgia que me inspiran estas figuras (me niego a emplear un término tan denigrante como el de "muñeco"... son "figuras de acción" y punto) que a la propia calidad de la cinta, cuestionable y tonta a niveles asesinables... pero endiabladamente divertida. ¿Os he dicho que hay un tío que agarra un misil con las manos y lo arroja contra un vehículo enemigo? Pues eso.

Típico entrenamiento de un ertzaina. La siguiente lección se titula "Cómo utilizar torpedos como mondadientes".

Porque los G.I. Joe fueron una parte muy importante de mi primera infancia (entre los 5 y 8 años, momento en que fueron desbancados por los dinosaurios), ofreciéndonos a mi hermano y a mí incontables horas de diversión. Nuestra colección no fue excesivamente abundante, pero sí contábamos con una pequeña flota de vehículos (entre los que se incluía el Cobra Wolf, del que fui flamante propietario; el Warthog, que traía consigo una figura del sargento Slaughter; un helicóptero Tomahawk; un lanzamisiles de COBRA, cuyos proyectiles llevaban minas incorporadas... un detalle que habría agradado a George Bush; y otros tantos más) y varios personajes (el Sargento Láser, Ranger Viper, Toxo Viper, Voltar, Raptor, Croc Master, Airtight , Stretcher, Tripwire... y así podría pasarme toda la tarde).

"Bueno, ¿qué? ¿Quién se apunta a ir esta noche a la orgía que organiza Barbie en su casa?".

Conforme fui creciendo, los vehículos fueron los primeros en desaparecer y las pocas figuras que quedaron (ya os he dicho que ni de coña voy a utilizar la palabra "muñeco") o bien no resistieron el embiste de mis dinosaurios (todavía recuerdo la tarde en la que recreé el trailer de "El Mundo Perdido" y cómo a partir de él desarrollé una historia mucho mejor que la de la película original) o bien quedaron olvidados en una caja de zapatos que mi hermano todavía conserva en la cómoda de su cuarto. No hace mucho mi madre me dijo que se había desecho de unos pocos que estaban despiezados... Porque precisamente ese era uno de los grandes problemas que tenían los G.I. Joe: el elástico que unía el torso con las piernas se desgastaba con el tiempo y la figura terminaba como si le hubiese caído encima un misil de verdad. En ese sentido, eran más endebles que los muñecos (¡MIERDA!) de otras franquicias, como los de "La Guerra de las Galaxias" o "Parque Jurásico" (ambas producidas por Kenner hasta su absorción por Hasbro y de una calidad sobresaliente). Curiosamente, todavía conservo en buen estado varias de las armas que traían las figuras. Es más, hace muchos años, rodando uno de los muebles de mi habitación, encontré el rifle de asalto de Beach Head (véase más abajo). Lo que se dice un auténtico ejercicio de arqueología y Memoria Histórica.

Nathan Explosion poco antes de abandonar su primera banda para fundar Dethklok.

Supongo que ya os habréis dado cuenta de que esta entrada es para hablar más de mis juguetes favoritos que de la película en la que están basados. Pero ya os digo que hay cosas muy llamativas de este mondongo que merecen nuestra atención, entre las que destacan:

1. LOS CRÉDITOS DE INICIO

Los créditos de inicio tienen lugar en la Estatua de la Libertad mientras vemos a la peña de COBRA y a los G.I. Joe zurrándose con ganas. Los neoyorquinos están celebrando lo que parece ser el 4 de Julio cuando una amenaza se cierne sobre la noche. El tema de la serie es remezclado con una letra que nos dice lo malo que es el Comandante Cobra y termina recordándonos que, por muy mal que vayan las cosas, el comando G.I. Joe siempre estará ahí... así te hayan quedado cinco para siempre o se te haya caído la pizza al suelo.


Aunque la batalla es encarnizada y hay explosiones por doquier (la nave de los malos revienta y todo), nadie muere. En toda la saga, lo más parecido que podíamos ver a una muerte eran las explosiones de los Bat Android Trooper, los soldados robóticos de COBRA a los que se les fundían los plomos cada dos por tres cuando se les disparaba. Con eso nos bastaba y sobraba. La imaginación hacía el resto.

2. UN EJÉRCITO MULTICULTURAL

El comando G.I. Joe, aunque lucha bajo el paraguas de Estados Unidos, está compuesto por un conglomerado multicultural que haría las delicias de Benetton y Los Fruittis. Esto era algo que se veía en la serie y que volvería a repetirse en la película.

Los ángeles existen y tienen el rostro de Ana Morgade.

Mucho antes de que los petardos de la incorrección política cargasen contra la igualdad de género o la discriminación positiva, los dibujos de los 80 ya nos enseñaban auténticos valores de convivencia: en esta peli en concreto hay una chica que practica artes marciales y tumba al temible Beach Head, el instructor más despiadado del otro lado de Alabama; un negrazo que nos enseña que, incluso estando ciego, uno puede salvar el mundo de una raza de reptilianos mutantes; y los clásicos rostros femeninos de la serie que, lejos de ser objetos de adorno, también saben cómo repartir estopa y destacar en lo suyo (hasta COBRA se adelantó a organizaciones hermanas como VOX o Ciudadanos y situó en su organigrama a un mujeres tan importantes como la Baronesa).

3. LOS ORÍGENES DEL COMANDANTE COBRA

Sí, se nos muestran los orígenes del Comandante Cobra. No sé si esta película forma parte del canon oficial o no (hay poquísimas referencias de ella en español, razón por la que me he animado a dedicarle una entrada), pero este personaje se sale por todos lados y siempre fue mi favorito, por lo que cualquier dato sobre él siempre es bienvenido. En la película nos lo presentan como un prometedor científico intraterrestre cuyo rostro quedó desfigurado después de sufrir un accidente en su laboratorio. Como castigo a su incompetencia, y por si no fuera poco tener como jefe al cantamañanas de Serpentor, Golobulus, el todopoderoso líder de Cobra-La, termina por convertirle en un mutante sin conciencia (igual que un votante del PP, vaya).

"Así que esto es lo que pasa cuando mezclas Mentos y Coca Cola... ¡Joder, cómo escuece!".

Honestamente, la idea de que sea un científico de una raza humanoide antediluviana no termina de convencerme (tampoco lo hace que en su juventud fuera un vendedor de coches usados), pero me da igual. Más allá de su marcado acento (sin el doblaje latino esta serie no sería lo mismo) y sus rabietas con el gilipollas de Serpentor, el Comandante Cobra es un personaje muy bien definido y con un trágico pasado a sus espaldas. Con Cobra pasamos de la risa al llanto en pocos segundos. Y eso es algo que muy pocos villanos pueden hacer.

4. MERCHANDISING A PORRILLO

La serie era un derroche de merchandising, vale, pero... ¿Y qué? ¿Acaso no éramos felices con la mierda que nos vendía? Con semejantes antecedentes, está claro que la película no iba a ser menos. A los G.I. Joe y COBRA de toda la vida se ha sumado en esta ocasión la perversa Cobra-La, una siniestra raza de humanoides que dominaba el mundo antes de la aparición de la Humanidad y que, tras el comienzo de las glaciaciones, tuvo que retirarse al interior de la Tierra a la espera de tiempos mejores (¡Chúpate esa, Lovecraft!).

"Enhorabuena. Se ha licenciado en la universidad más cara y, por tanto, la mejor que existe".

Para la franquicia, aquello implicaba seguir sacando más y más juguetes que representaran a los nuevos personajes. Y a fe mía que lo hicieron. Mi hermano y yo seguimos recibiendo figuras de la serie hasta los Reyes de 1993, lo que explica el éxito de unos personajes que habían comenzado su andadura diez años antes. Decir también que en la peli sale el famoso Conquest X-30, uno de mis juguetes favoritos de siempre (yo lo llamaba el "Avión-Tiburón"). Verlo volar y disparar sus misiles es, aún a mis 31 años, una maravilla. En mi fuero interno, siempre fantaseé con que me regalasen uno de los chismes voladores de COBRA, pero no pudo ser. La vida puede ser muy perra.

5. HAY "COSAS" QUE MUEREN

Como ya comenté, si bien la serie seguía los patrones del "Equipo A" donde, por muchas explosiones que hubiera, nadie sufría el más mínimo rasguño, aquí hay gente que muere, ya sea despeñándose por un barranco (algo que ocurre con Pythona y  Nemesis Enforcer, los lugartenientes de Golobulus) o bien a golpe de láser... Evidentemente, las víctimas de los disparos no son otra cosa que insectos y gusanos gigantes a las órdenes del maloso. No es mucho y casi no se ve sangre, pero peor es nada.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Ya habréis notado que apenas hago hincapié en la trama de película, pero es que tampoco hay demasiado que contar. Me atrevería a decir que es un capítulo bastante largo de la serie original, salvo que aquí se saltan los relamidos consejos que, a modo de servicio público, los protagonistas daban a los niños al final de cada episodio ("Si os invitan a participar en una violación grupal, recordad llevar siempre encima protección, niños"). Valores como la responsabilidad y la confianza en uno mismo (representados por el joven Teniente Falcon, un incompetente soldado de los Joe que busca su lugar en el equipo) están presentes a lo largo de toda la aventura, pero en ningún momento llegan a ser un estorbo para su desarrollo. Es más, yo hasta diría que ayudan a enriquecer la trama principal. Algo de moralina en mitad de un tiroteo nunca viene mal, aunque os aseguro que lo último a lo que prestaba atención cuando veía la serie era al discursito del capitán Duke sobre la importancia de lavarse las manos.

Serpentor emocionado ante la perspectiva de echar un polvo.

Ignoro si la película tuvo una continuidad en las series de la franquicia que aparecieron después de su estreno, dado que termina con el Comandante Cobra convertido en una serpiente mutante y con Golobulus escapando en el último momento. Que yo recuerde, en la serie de 1989 no se hizo referencia a estos hechos... O puede que sí, no lo sé. Teniendo en cuenta que la franquicia también continuó en los cómics, es bastante probable que encontremos algunas referencias a la peli ahí (según he leído, hay una relación entre Cobra-La y la historia de los Transformers... la madre que me parió). De todas formas, no sería raro que en posteriores entregas se hiciera borrón y cuenta nueva. Una prueba de ello la encontramos en la espantosa "G.I. Joe Extreme" estrenada en 1995, la cual se pasaba la historia de COBRA por los mismísimos cojones de Destro.

Y poco más. Lo cierto es que, para bien o para mal, G.I. Joe marcó un antes y un después tanto en el entretenimiento como en la comercialización de juguetes. Me atrevería a decir que su influencia llevó incluso a la creación de otras sagas igual de emblemáticas, como fue el caso de "Command and Conquer", donde el control del mundo era disputado por una fuerza multinacional, la GDI (Global Defense Iniciative) y un grupo terrorista cuya estética recordaba enormemente a la de COBRA (la Hermandad del NOD). ¿Casualidad? No lo sé, pero lo cierto es que tanto la historia como la parafernalia que la rodeaba era sospechosamente parecida a la de los muñequitos de Hasbro. Aunque solo sea por eso, G.I. Joe ya se ha ganado un lugar en nuestros corazones. Y sí, de haber podido elegir, me habría alistado en COBRA sin dudarlo.

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