sábado, 9 de diciembre de 2017

Balance cinematográfico de 2017 (4)

No es necesario que empujen, hay sitio para todos...

NI FU NI FA

Donde lo aceptable y lo mediocre van de la mano desvaneciéndose de nuestra memoria como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir...

5. Shin Godzilla


Me consta que esta película tiene muchos admiradores. Y no nos engañemos: dado que la versión norteamericana de 2014 no agradó a todo el mundo y que la propia trayectoria cinematográfica del monstruo no es precisamente para tirar cohetes (vean si no la descacharrante -por temática y título- “Gorgo y Superman se citan en Tokio”), es lógico que muchos consideren a Shin Godzilla” como una de las mejores pelis del personaje. A su favor tiene el rediseño del monstruo, de un aspecto verdaderamente aterrador y malsano; un reinicio de la saga que obvia todos los títulos anteriores (algunos de ellos, repito, son carne de psiquiátrico); y un tono serio y cínico con la realidad japonesa del momento (la cadena de mando provoca continuos retrasos en la toma de decisiones, el estatus de Japón sigue siendo el de un país subordinado a Estados Unidos y el recuerdo de Fukushima no deja de planear a lo largo de todo el metraje). Con respecto a esta última cuestión, la película perfectamente podría haberse titulado “Godzilla contra la burocracia”.


Pese a que tiene muy buenas intenciones, el problema de la película se reduce a uno: es un COÑAZO inaguantable. Es lenta y aburrida a más no poder. Entiendo la sátira que se hace contra la clase política japonesa y que, para que la broma funcione correctamente, es necesario repetirla varias veces para que el espectador se contagie de ese agotamiento mental que afecta a los protagonistas. La cuestión es que la coña se alarga demasiado (son casi dos horas de metraje), de manera que, en lugar de conseguir la complicidad del espectador, hace que este resople de impaciencia y mire la barra del reproductor con la esperanza de que la tortura se acabe cuanto antes.

No es tan épico como parece. He visto vomitonas mucho más grandes que esta cuando salgo los fines de semana.

Los personajes humanos no es que sean antipáticos, es que dan ganas de que Godzilla aparezca y suelte sobre ellos su vómito radiactivo (ya os advierto que hay una escena así en la película). En ningún momento sentimos simpatía por ellos. Al contrario, van tan de sobrados que llegan a resultar detestables. E insisto: esta chorrada dura dos horas... dos horas que perfectamente podrían haberse quedado en ochenta minutos. Se agradece el tono serio del argumento, pero es una película que ni de coña volvería a ver, aunque debo admitir que el plano final, con esos híbridos humanos y reptilianos brotando de la carbonizada cola de Godzilla, ha hecho que espere con algo de impaciencia la secuela.

4. El retorno de Godzilla


Otra vez Godzilla. Rodada en 1984, “El retorno de Godzilla” pretendía ser una continuación oficial de “Japón bajo el terror del monstruo”, primer título de la franquicia. Al igual que habíamos visto con “Godzilla Shin”, la película se aleja de los bodrios que se lanzaron durante los años 60 y 70 para adquirir un tono mucho más solemne y serio. Utilizando la Guerra Fría como trasfondo y reflexionado sobre el papel que Japón debía ocupar en el mundo bipolar, la película nos advierte sobre los peligros de las armas nucleares y la necesidad de que todos los países coexistan en paz. Y es precisamente aquí donde está el problema: sin llegar a ser oscura, “El retorno de Godzilla” se toma demasiado en serio a sí misma... lo cual contrasta con algunas escenas en las que vemos a un remedo de Indiana Jones nipón haciendo el ganso por Tokio y aprovechando la desbandada de la población para comer de gorra en un restaurante. En serio, ¿a qué venía eso? ¿Se había escapado de "Humor Amarillo"?

El Rey de los Monstruos durmiendo la borrachera.

El cariño que le profeso a esta película es enorme, casi tanto como a un hijo subnormal. La banda sonora (que erróneamente había atribuido a “Meteoro”) me ha acompañado hasta hoy. Las maquetas son espectaculares y están dotadas de un gran realismo. Una película de monstruos gigantes no sería lo mismo si no hubiera una ciudad que destruir. Todo aquí esta cuidadosamente elaborado. ¡Y además sin necesidad de utilizar efectos hechos por ordenador y esas chorradas! La ilusión es tal que llegamos a pensar que esos rascacielos reducidos a escombros son de verdad. Lamentablemente, no sucede lo mismo con Godzilla, cuya mirada estrábica llega a recordarnos a Leticia Sabater en sus peores años, pese a que su diseño es bastante correcto y desprende cierto aire malévolo, que es lo que toca.

Leticia Sabater, ¿eres tú?

“El retorno de Godzilla” fue la primera película que vi. Creo recordar que en España se estrenó entre 1991 y 1992, allanando el camino a “Parque Jurásico” (pese al lejano parecido con sus parientes del Mesozoico, Godzilla seguía siendo un dinosaurio, algo que nos confirma uno de los protagonistas de la peli). Por esa misma época TVE también se había hecho con los derechos de “Ultraman”, haciendo que el género de kaijus se convirtiese al momento en uno de mis favoritos. Entre mis juguetes no faltaron monstruos de dos cabezas y otras imitaciones godzillianas procedentes del “Todo a 100” de la esquina, y en verano era raro que alguno no me acompañase a la piscina. A esto hay que añadir que, por aquel entonces, a mi hermano y a mí nos habían regalado una de esas ciudades plegables de TENTE en la que podíamos saciar nuestro apetito de destrucción (o al menos el mío). A estas construcciones se les podían añadir otras más pequeñas aumentando así el tamaño del mapa. A mí en concreto me regalaron un centro especial que traía su propio cohete. Mejor no os cuento las veces que lo utilicé como arma definitiva para acabar con los monstruos que querían asolar la urbe.

"¡Dejadme en paz, putos mosquitos!".

Con todos estos recuerdos, ¿cómo no me va a gustar esta película? Y sin embargo, reencontrarme con “El retorno de Godzilla” veinticinco años después no ha sido, ni de lejos, una experiencia satisfactoria. Es simpática y tiene su encanto, sí, pero poco más. Hoy puedo aseguraros que, pese a ser un título respetable, no es la mejor película de su clase y que, a ojos de un adulto, pierde bastante.

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