Mostrando entradas con la etiqueta Reseñas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reseñas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de noviembre de 2016

"Médicos, donjuanes y mujeres modernas”, de Nerea Aresti (y 7)


No hay duda de que las leyes que obligaban a los padres a cumplir con los compromisos de la paternidad tenían muy buenas intenciones, pero chocaron con la realidad española del primer tercio de siglo. Aresti también nos recuerda que hubo mujeres que se opusieron a estas iniciativas por considerarlas poco útiles o incluso perjudiciales para la mujer (las maternidades estaban llenas de mujeres que temían que el hombre les arrebatara a su hijo [1]). Especialmente interesante (por su carácter innovador y actual) eran los planteamientos de Margarita Nelken, quien veía como un triunfo de la mujer el que ella sola fuera capaz de sacar adelante a su hijo.

Con “Médicos, donjuanes y mujeres modernas” Aresti enfoca un problema tan complejo como la cuestión del género. Tal y como ella misma reconoce tanto en las últimas páginas del libro (corroborando así la opinión que el lector se ha ido formando a lo largo de la lectura), la teoría de Marañón, aunque bienintencionada, no dejaba de ver a las mujeres como un colectivo cuya finalidad era exclusivamente tener hijos y cuidar del hogar, enfrentándole tanto a feministas como a inmovilistas. La autora vasca no solo hace un desglose de las ideas del médico español, sino que además las confronta con las de otros autores contemporáneos, dándole al conjunto un aire bastante completo y de fácil lectura. No falta (y hemos de incidir en ello), el análisis que se hace de la figura masculina, cuyo estudio sitúa a la autora entre los intelectuales del género que sostienen que hombres y mujeres tienen una Historia común y como tal ha de estudiarse.
_____________________
1. La cuestión del género vuelve a plantear nuevamente sobre esta problema, puesto que los padres solían reclamar la paternidad de sus hijos en el caso de que fueran varones, rechazando de forma sistemática a las niñas.

martes, 22 de noviembre de 2016

"Médicos, donjuanes y mujeres modernas”, de Nerea Aresti (6)

Los médicos se encontraron con un desconocimiento general sobre la maternidad en las madres españolas, por lo que promovieron campañas y publicaciones de carácter divulgativo. La superstición y la santería fueron combatidas, lo que supuso que el conocimiento de algunas matronas fuese anatemizado. Si perjudicial era el pensamiento supersticioso, resultaba todavía peor que estuviese en manos de una mujer.

También hemos de tener en cuenta que, dependiendo de la posición social, la maternidad era considerada de una manera u otra. Cabe destacar la crítica que se hacía a aquellas madres que contrataban a nodrizas para amamantar a sus hijos (una actividad en decadencia y característica de familias pudientes) pues no encajaba dentro de los parámetros de la madre ideal. Se pensaba que negar el alimento al niño era el primer paso para renegar de la condición de madre y caer bajo los principios del feminismo. El papel de la nodriza sería regulado en los años siguientes, obligando a la madre que no amamantara a su hijo a darle todo tipo de afectos que paliaran esa carencia. 

En la primera década del siglo XX, se incentivaron varias medidas para favorecer la situación de las madres trabajadoras (períodos de descanso para la lactancia, incorporación al trabajo tras un tiempo prudencia, etc.). Lamentablemente muchas de ellas no se aplicaron. Lejos de sancionar a los patrones que las incumplían, se recompensaba a aquellos que las aplicaban. Algunos años más tarde, y ya en los años 20, el cuidado del niño tuvo más importancia que el número de niños que se traían al mundo (valores cualitativos versus valores cuantitativos). Por lo tanto, había que educar a las madres en una maternidad responsable que garantizase el crecimiento de la criatura. La mujer embarazada era vista en ese mismo período de forma ambivalente, pues tan pronto era considerada como una imagen a reivindicar a ser objeto de comentarios jocosos. La Medicina Social se encargará de eliminar estos últimos. Se recurrió a la estampa de la “Mujer soldado” que, abnegada y sacrificada, cumplía con su deber al traer hijos. La caridad y la piedad propios de la desprotección estatal fueron sustituidas por la exigencia de derechos. Si el Estado necesitaba de futuros obreros y soldados, era preciso ayudar a las madre a tenerlos.

Siguiendo el relato de Aresti, teóricos como Bravo Frías y Alonso Muñoyerro propugnaron por ayudar a las madres independientemente de su condición y clase. Al fin y al cabo, “Eran madres y con eso bastaba” (lo cual incluía a aquellas que eran madres solteras y habían sido estigmatizadas por la Iglesia). Otro tanto ocurriría con las mujeres que, abandonadas y sin ningún tipo de sustento económico, debían ejercer la prostitución.

La desesperación por no poder criar a un hijo en condiciones empujó a muchas mujeres al infanticidio. Aresti recurre a la imagen de la joven seducida por su patrón que termina abandonándola y con un hijo en camino. La responsabilidad de la madre en el crimen pasó en los años 20 a ser compartida por la figura del padre ausente (el máximo exponente del donjuanismo) y una sociedad que, tras rechazarla, la había empujado al asesinato. Sobre la responsabilidad paterna en el cuidado de los niños, y si bien durante el Antiguo Régimen el hombre debía hacerse cargo de los hijos nacidos fuera del matrimonio, las obligaciones paternas fueron disminuyendo conforme el país se fue adentrando en la Contemporaneidad, provocando que un gran número de mujeres tuvieran que hacerse cargo de sus hijos. En fechas tan tardías como 1888, la investigación de la paternidad no estaba permitida (salvo si se trataba de casos especiales, tales como la violación, el  secuestro o el estupro). Así, entre los pretextos que prohibían la demostración de la paternidad, se temía que la mujer hiciera uso de las leyes para perjudicar al hombre (tal y como afirmaba García Goyena). Frente a este argumento, se esgrimía que quien debía ser ayudado no era la mujer, sino el niño (Angulo Laguna). Resulta sorprendente que el planteamiento de ambos teóricos culpabilizase o ignorase a la mujer. 

lunes, 21 de noviembre de 2016

"Médicos, donjuanes y mujeres modernas”, de Nerea Aresti (5)

La cuestión del trabajo jugó un papel fundamental en la definición del nuevo tipo de varón. A la imagen ociosa y casi irresponsable (los discípulos de Marañón emplearon términos como “infantil” y “pueril”) de Don Juan se le opone un hombre trabajador y razonable, puesto que “El hombre más viril es el que trabaja más”. Esta glorificación del trabajo es el reflejo de la época en la que vivió Marañón, dado que se trataba de una actividad que, gracias a la burguesía, empieza a cobrar importancia, dejando así en evidencia el carácter de la aristocracia (considerado poco productivo). La idea del trabajo como algo dignificante se oponía también al pensamiento religioso, pues el mito cristiano consideraba esta actividad como un castigo derivado del Pecado Original. Trabajar significaba llevar un sustento al hogar y, por consiguiente, mantenerlo, una obligación que todo varón debía cumplir.

Tal y comentábamos al principio de esta reseña, la asociación de la fe religiosa con el mundo femenino se aprecia en el “Don Juan” de Zorrilla cuando Don Juan es perdonado desde el Cielo por Doña Inés (recordemos que en la obra la redención divina se consigue a través de la mujer). Doña Inés encarna los valores de la mujer resignada y sacrificada defendidos por la Iglesia. No obstante, la voluntad divina era puesta en entredicho en la obra de Zorrilla al representar a Dios como un ser injusto, lo cual desagradaba a la institución eclesiástica.

Frente a las tesis de Marañón hubo propuestas que reivindicaban la figura del Tenorio, entre las cuales se encontraban intelectuales como Ramiro de Maeztu, Ortega y Gasset y Royo Villanova. Si bien Ortega y Gasset veía razonable que un Don Juan abandonase tan pronto como le fuera posible a una “mujer casquivana”, las propuestas de Villanova iban más allá cuando afirmaba que el donjuanismo es una etapa más en la naturaleza del hombre y que reprimirla solo podría dar lugar a la infelicidad conyugal. En todo caso, era necesario comportarse como un Don Juan solo durante un período de tiempo determinado. Una vez que el hombre encontrase a la mujer indicada, tenía la obligación de vivir solo para ella. Este tipo de planteamientos convertía a la mujer en un sujeto pasivo en el plano sentimental. Villanova incluso llegó a afirmar que las penas de amor provocadas por el abandono del hombre serían posteriormente recordadas con cariño al haberles sido abiertas a la mujer las puertas de un mundo nuevo (“El estudiante les despertó el corazón, las encendió en deseos, las abrasó con cariños inefables”). 

Fuera como fuere, la figura de Don Juan fue sometida a una profunda revisión por diferentes intelectuales (entre los que destacó Unamuno), despojando al personaje del aura de misticismo del que disfrutaba hasta entonces y presentándolo en diversos contextos (desde un destructor de familias hasta un anciano que, en su vejez, comprende el mal que ha hecho). Las autoras feministas daban por sentada su paternidad y prevenían a las mujeres de los peligros de caer embaucadas por un seductor... Lo que nos llevará a hablar sobre la cuestión de la maternidad.

 En la sociedad española anterior a la Gran Guerra, hay que tener dos cuestiones muy claras: 1) que el arquetipo de madre no era el ideal femenino, puesto que convivía con los de la mujer religiosa y la mujer célibe y 2) que la puesta en marcha de políticas maternales no tenían como objetivo proteger a la mujer, sino a la siguiente generación que sacaría adelante el país. Posteriormente, durante las décadas siguientes el modelo de la mujer célibe iría perdiendo adeptos (“La María-Virgen” es sustituida por la “María-Madre”). Si bien los planteamientos de Marañón sobre la naturaleza reproductora y maternal de la mujer estaban a la altura del carácter renovador de los anteriormente expuestos, estos no dejaban de tener cierto componente conservador desde una perspectiva actual, puesto que recluian a las mujeres en el hogar para que cumplieran su rol de madres. Si bien tras la Primera Guerra Mundial las mujeres hicieron valer sus capacidades ante los hombres, hemos de recordar que, para el médico español, su función era meramente reproductiva. A la mujer independiente y consciente de sus derechos se la respetaba sí, pero también se las orientaba hacia actividades típicamente femeninas. De esta forma, la obligación dio paso a la negociación.

domingo, 20 de noviembre de 2016

"Médicos, donjuanes y mujeres modernas”, de Nerea Aresti (4)

Las tesis de Marañón tenían como origen las diferencias metabólicas entre ambos sexos formuladas por autores como Thomson y Geddes (quienes afirmaban que el metabolismo del hombre era propenso al consumo de energía y el de las mujeres a la conservación). Mediante el estudio de la endocrinología, Marañón partió de la idea de que la mujer era desigual al hombre desde el punto de vista natural. La mujer no era considerado un sujeto inferior, pero sí es cierto que los argumentos de Marañón presentaban algunos rasgos misóginos. Según Marañón, el sexo determinaba el comportamiento y la psicología de hombres y mujeres. Marañón hablaba de caracteres primarios (el propio sexo) y secundarios (aquellos que incluyen las relaciones sociales y que giran alrededor de los primeros). Los caracteres primarios estaban más presentes en la mujer que en el hombre, puesto que estaban relacionados con su actividad reproductora y el cuidado de los niños. Por su parte, los hombres disponían de unos caracteres secundarios más desarrollados, orientados hacia la fuerza del trabajo. Se justificaba así el orden social imperante y los roles desempeñados por cada género (la “Ley normal del sexo”) refiriéndose Aresti a ellos como “deberes naturales”.

Según Marañón, el destino de hombres y mujeres era desarrollar su función natural. De esta forma, el orden social no se vería desestabilizado. Cualquier excepción que se saliera de la norma sería contraria a la naturaleza. El hecho de que la mujer sustituyese al hombre en las fábricas durante la Gran Guerra contradecía las tesis de Marañón, dado que, como ya hemos visto, en el ámbito laboral las mujeres eran igual de talentosas que sus compañeros masculinos (intersexualidad). Consciente de esto, Marañón afirmó que hombres y mujeres debían desarrollar sus arquetipos (“varón tipo” y “mujer tipo”) hasta alcanzarlos definitivamente. Por otro lado, las tesis de Marañón seguían principios evolucionistas. Un hombre que desarrollase características femeninas sería un síntoma de regresión, mientras que una mujer que adquiriese un comportamiento masculino no tendría connotaciones tan nocivas, pues si bien no sería la meta ideal, las actitudes del varón todavía tendrían aspectos positivos en su desarrollo. Así, si una mujer practicaba una actividad intelectual sería gracias a su voz masculina.

Entroncando con lo anterior, y si bien los preceptos de Marañón tenían un carácter reformista, algunos de sus planteamientos sobre la mujer recordaban a los de teóricos anteriores. Es lo que pensamos cuando observamos algunas de sus teorías sobre la naturaleza de hombres y mujeres, argumentando que unos y otros poseen características de ambos sexos y que era preciso alentar desde edades muy tempranas el desarrollo de los roles propios de cada uno, ya fuese mediante la educación o bien mediante la aplicación de tratamientos médicos. 

A partir del criterio de diferenciación sexual de Marañón, la figura del don Juan (y aquí se pone de manifiesto el interés de Aresti por analizar el rol de las masculinidades y su relación con el mundo femenino), considerado todo un modelo de comportamiento en la España de la época, fue puesto en entredicho, dejando así de ser el exponente de la masculinidad. Para Marañón, un hombre mujeriego era la contrapartida a una mujer feminista, pues ni uno ni otro cumplían con los requisitos propios de su sexo. Al ser la monogamia la aspiración más alta del “varón tipo”, un hombre mujeriego tendría una sexualidad difusa. A ello se le sumaba que los hombres debían cortejar a la mujer y no al revés (“Don Juan no ama, es amado” decía el literato Pérez de Ayala, quien seguramente influyó en las tesis de Marañón). Hemos de añadirle también que Don Juan le da mucha importancia a su aspecto, una costumbre propia de las mujeres. Por otro lado, Don Juan vive de la renta de sus padres. Su visión galante del mundo le extenúa y no le concede tiempo para trabajar, de manera que vive de forma ociosa. No trabajar le coloca por debajo de otros hombres, de manera que queda “Desamparado como hembra para luchar con otros hombres en la conquista de la vida” (Sánchez de Rivera). Los “caracteres secundarios” propuestos por Marañón quedaban así reducidos. Para terminar, el hecho de que esté con muchas mujeres y no se le conozcan hijos le convierte en alguien estéril, por lo que no es un varón completo.

sábado, 19 de noviembre de 2016

"Médicos, donjuanes y mujeres modernas”, de Nerea Aresti (3)

Tales argumentos se vendrían abajo durante la Primera Guerra Mundial, cuando las mujeres se vieron obligadas a sustituir a los hombres en las fábricas [1], demostrando así sus capacidades -tanto físicas como mentales- y que podían competir con sus homónimos del sexo opuesto. Muchas teóricas feministas consideraron que la conflagración fue una oportunidad para ayudar a reconstruir el mundo junto a los hombres (cuyas políticas fueron las que originaron el conflicto). Los tiempos habían cambiado y ello abrió las puertas a que muchas mujeres pudieran ejercer actividades propias de hombres (Aresti nos pone como ejemplos a mujeres que conducen locomotoras, cruzan a nado el Canal de La Mancha o son capaces de pilotar un avión mientras presumen de su vestimenta masculina). Así las cosas, en los años 20 se iría abandonando progresivamente el discurso misógino, pero las ideas feministas no fueron tenidas en cuenta por miedo a desestabilizar los roles de género tradicionales y romper la convivencia entre ambos sexos. Existía, por tanto, una fina línea que delimitaba el conservadurismo y la renovación. Muchos intelectuales pretendían mejorar la posición de la mujer a la vez que trataban de evitar que ellas se “cobrasen su venganza”.

Este será el panorama con el que se encontrarán los médicos sociales cuando comiencen a desarrollar sus teorías. Ahora bien, ¿por qué la figura del médico es tan importante en el desarrollo de las ideas de género? ¿Por qué el médico y no otro? La respuesta tal vez la encontremos en la enorme repercusión que tuvo esta profesión a finales del siglo XIX. El médico pasó de atender a los enfermos a trabajar en beneficio de la Humanidad erradicando todo tipo de enfermedades. Su imagen es la de un hombre abnegado que busca el bien de todos y que pretende ocupar el nicho del cura y el político. Garantizar la estabilidad social será una de sus funciones, lo que le llevará a atender la cuestión sexual y analizar los nuevos roles femeninos, pues la incorporación de la mujer al trabajo -aunque lícita- será considerada como un factor de desestabilización social (el abandono del hogar y de los niños se veía como una lacra similar al alcoholismo). La Medicina Social buscó una solución de consenso en la que las mujeres pudieran ejercer sus derechos como trabajadoras a la vez que desempeñaban el papel de madres y amas de casa. No obstante, la nueva disciplina no se encargó únicamente de analizar la figura femenina, sino también, al sexo masculino, dado que un hombre que se gastaba el sueldo en la bebida no tenía más remedio que volver a casa con las manos vacías, obligando así a la mujer a buscar otra fuente de ingresos fuera del hogar. Asimismo, se consideraba que la naturaleza promiscua del hombre podía arruinar también la paz del hogar.

El concepto de “diferencia” sustituyó al de “inferioridad”. Hombres y mujeres eran diferentes, pero el hecho de que lo fueran no tenía porque ir en perjuicio de la mujer, eliminando así las posibles connotaciones del término. En cualquier caso, se trataba de orientar el feminismo hacia lo femenino y no hacia lo masculino (hominismo). La mujer moderna que surgió tras la Primera Guerra Mundial debía hacer valer sus derechos, pero siempre desde una perspectiva acorde con su género. Que una mujer desempeñase un rol masculino inquietaba a los hombres de la época, los cuales veían en esta actitud una posible inversión de los valores tradicionales (relacionándose esta cuestión con la homosexualidad masculina). Se llegó incluso a decir, con cierto desasosiego, que “Los jóvenes de la época miran con nostalgia los tiempos que vivieron sus abuelos”. Todas estas cuestiones se verían reflejadas en detalles aparentemente tan nimios como el vestuario. Desde algunos sectores se rechazaba tanto el prototipo de mujer frívola y coqueta de los años 20 (“El maquillaje tiene su origen en la prostitución”) como la “feminista desaliñada” de principios de siglo, sosteniendo que ambos modelos perjudicaban el verdadero papel de la mujer. En este punto, sería interesante comentar qué peso tuvieron las ideas de Gregorio Marañón en esta cuestión.
________________________________
1. Gisela Bock reflexiona sobre esta cuestión en la obra conjunta de Georges Duby y Michelle Perrot, “Historia de las mujeres” (DUBY, G. y PERROT, M. (Ed.), “Historia de las mujeres”, Volumen V, Taurus, Madrid, 1990).

viernes, 18 de noviembre de 2016

"Médicos, donjuanes y mujeres modernas”, de Nerea Aresti (2)

Como ya hemos comentado, Nerea Aresti inicia su exposición remontándose al siglo XIX, comparando el discurso liberal (racional y científico) con el conservador (eminentemente tradicional y religioso). Resulta interesante observar cómo ni uno ni otro otorgaban a la mujer una imagen propia. La propia Pardo Bazán se lamentaría al ver que lo único que tenían en común ideas tan dispares como la ciencia y la religión era el desprecio a la mujer [1]. No deja de ser interesante cómo al indagar en el mensaje conservador, la autora vasca también resalte las diferencias entre el mundo protestante anglosajón y el catolicismo español. Si bien ambos partían de posiciones tradicionales, los teóricos decimonónicos afirmaban que la imagen de la mujer española era el modelo a seguir. Frente al carácter ligeramente aperturista de la sociedad protestante, se prefería el marcado conservadurismo de la doctrina católica.

Nos queda claro que el debate entre religión y ciencia tenía como clara perdedora a la mujer. La irrupción del pensamiento científico positivista tratará de demostrar la inferioridad intelectual de la mujer partiendo de su biología, la cual inhabilitaba a esta a ejercer profesiones masculinas (encontramos frases tan lapidarias como la atribuida a Paul Moebius en la que afirmaba que “El calor del ovario enfría el cerebro”). La mujer no era definida por su intelecto, sino por su condición sexual. Para ello, se emplearon métodos como la frenología o teorías que afirmaban que la actividad reproductora de la mujer ralentizaba el crecimiento del cerebro. Muchas de estas ideas procedían de Alemania, considerada la cuna intelectual del fin de siglo europeo.

Asimismo, y siguiendo los preceptos del evolucionismo, la mujer fue puesta al mismo nivel que las tribus primitivas colonizadas por los europeos, las cuales eran vistas con condescendencia. Se llegó incluso a situarla en un nivel evolutivo intermedio entre el hombre y los primates. Ante esta perspectiva, la religión ofrecía una visión de la mujer mucho más positiva (entre ellas, la existencia de un alma propia). Así, algunos teóricos positivistas afirmaron que el hecho de que la mujer fuese tradicionalmente más religiosa que el hombre (producto, por otro lado, de una educación que reprimía más a estas que aquellos) corroboraba su debilidad intelectual. La “defensa” de la mujer por parte de la Iglesia fue otro factor que enfrentó a religiosos y científicos. Ello dejaba en una posición complicada a las mujeres de carácter progresista, las cuales tenían dificultades para compaginar sus ideas anticlericales con un pensamiento científico que, si bien se oponía a la religión, se negaba a acogerlas en su seno. Así las cosas, el movimiento feminista de la época no exigía la igualdad entre hombres y mujeres, pues se consideraba que la variable biológica era un factor insalvable a la hora de conseguirla [2]. De esta forma, los defensores de la mujer mostraban ahí sus límites.
___________________________________
1. Así lo recoge Aresti en su libro cuando cita a la escritora gallega: “Punto es el de la situación de la mujer en que coinciden y se dan la mano racionalistas y neo-católicos, carlistas y republicano federales”La feminista Carmen de Burgos, quien prologaría la edición española de la obra de Moebieus “La inferioridad mental de la mujer. La deficiencia mental fisiológica de la mujer,” no dudó en darle la razón al médico alemán.
2. La feminista Carmen de Burgos, quien prologaría la edición española de la obra de Moebieus “La inferioridad mental de la mujer. La deficiencia mental fisiológica de la mujer,” no dudó en darle la razón al médico alemán.

jueves, 17 de noviembre de 2016

"Médicos, donjuanes y mujeres modernas”, de Nerea Aresti (1)

  • FICHA BIBLIOGRÁFICA. Nerea Aresti, Médicos, donjuanes y mujeres modernas. Las ideas de feminidad y masculinidad en el primer tercio del siglo XX, Bilbao, Servicio editorial de la Universidad del País Vasco, 2001, 283 páginas.
Los estudios de género nos han permitido dar voz a un sector de la historiografía que hasta hace pocos años apenas ocupaba un lugar en nuestra disciplina. Gracias al trabajo desempeñado por académicos e instituciones, las publicaciones que ahondan sobre el papel de la mujer en la Historia han experimentado un notable auge en los últimos tiempos. Independientemente del período histórico en el que nos especialicemos, la inclusión de voces femeninas en nuestros trabajos es algo fundamental. Y Nerea Aresti (“Médicos, donjuanes y mujeres modernas”) es una de las teóricas más representativas de la historiografía de género [1] en nuestro país.


Miembro de la Universidad del País Vasco (donde ejercita su actividad en el área de Historia Contemporánea como docente y coordinadora de varios Másteres [2]) e investigadora de las relaciones de género [3], Aresti ha fijado su área de estudio en torno al primer tercio del siglo XX español (desde finales del siglo XIX hasta la proclamación de la Segunda República), profundizando en los cambios sociales que se produjeron en dicho período desde la perspectiva de la identidad sexual. El hecho de incluir en su estudio tanto a hombres como a mujeres deja patente la máxima de “Cuando estamos haciendo Historia de las mujeres, también estamos haciendo Historia de los hombres [4]”. Precisamente todas estas cuestiones serán abordadas de forma concisa en el libro que vamos a comentar. De hecho, “Médicos, donjuanes y mujeres modernas” resume a la perfección la trayectoria investigadora y profesional de la autora (y más si tenemos en cuenta que fue publicado en 2001, un año después de obtener su doctorado).

Dividido en cinco capítulos, “Médicos, don juanes y mujeres modernas” incide en el cambio del paradigma sexual que se tenía de mujeres y hombres a comienzos de siglo, haciendo primero hincapié en qué papel jugaba la mujer durante el tránsito del siglo XIX al XX hasta el desarrollo de las teorías de Gregorio Marañón, las cuales supusieron un cambio notable con el modelo anterior. Es muy llamativo ver cómo Aresti considera que la Medicina fue la artífice de dicho cambio, argumentando que la introducción de los preceptos de la Medicina Social sirvieron como punto de partida a las transformaciones que se producirían en los años posteriores, primero desde el punto de vista de clase y luego desde la cuestión del género. Pese a todo, hay que tener claro que dichos cambios, aunque importantes, no significaron una ruptura total con los planteamientos que se tenía de la mujer en el pasado (algo en lo que Aresti insistirá al final de su libro), pues tanto Marañón como los defensores de sus teorías eran hijos de su tiempo y tenían un visión conservadora de la mujer. Pero no adelantemos acontecimientos.
_____________________________________
1. Entre otros trabajos de la historiadora vasca, me permito recomendar el artículo “La categoría de género en la obra de Joan Scott” (Cristina Borderías (Ed.), Joan Scott y las políticas de la historia, Icaria-AEIHM, pp. 223-232. Madrid), el cual supuso mi primera aproximación al concepto que nos ocupa.
2. Véase el programa del Máster en Estudios Feministas y de Género que organiza la Universidad del País Vasco (URL: http://www.ehu.eus/es).
3. Para un mejor conocimiento del trabajo de Aresti, recomiendo visitar su perfil profesional en la web del grupo de investigación “Experiencia Moderna” (URL: http://www.experienciamoderna.com).
4. Sobre esta cuestión, y en palabras de Aresti,“El estudio separado de la Historia de las mujeres podía servir para confirmar su papel marginal con respecto al sujeto establecido como dominante […] el masculino”. Natalie Zemon Davis ya lo había dejado claro anteriormente al apuntar que “Es preciso estudiar por igual a las mujeres que a los hombres” (ARESTI, NEREA, Ibíd. p. 225).

jueves, 8 de septiembre de 2016

La sangre de los Farkas (José María Lluch)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: La sangre de los Farkas
  • Autor: José María Lluch
  • Género: Novela corta / Terror
  • Editorial / Plataforma: Amazon
  • Número de páginas: 70 (Archivo de Word)
  • Precio: 1,04 euros (Kindle) / 8,89 euros (Papel)
Devastado por la trágica muerte de su esposa, Ron Olson se ve obligado a abandonar el pueblo de Birnstein junto a su hija Kate. El plan de Ron es regresar a la casa donde pasó su niñez y olvidar así el recuerdo de su esposa moribunda. Su llegada a la Mansión Farkas parece animar a su hija, pero pronto descubrirá que aquellas viejas paredes guardan muchos secretos. ¿A quién pertenecen esas tenebrosas siluetas que Kate dibuja inocentemente ante la aterrada mirada de su padre? ¿Es posible que, pese al tiempo transcurrido, los antiguos inquilinos de la casa todavía continúen allí, acechándoles en la oscuridad? Atractiva y breve novela de vampiros escrita por el autor novel José María Lluch.

CRÍTICA

Tras la explosión de la moda zombie hace ya algunos años, todo parecía indicar que las novelas de vampiros habían desaparecido del mapa. Afortunadamente para aquellos que ya estamos cansados de los refritos de “The Walking Dead”, los siervos de Drácula siguen muy vivos. Y “La sangre de los Farkas” así parece demostrarlo.

Fiel a mi propósito de dar salida a todas aquellas peticiones que todavía conservo en mi correo, José María me remitió su novela en el ahora lejano año 2012. Ante los cuatro años transcurridos, uno no puede evitar pensar en lo mucho que habrá evolucionado el estilo del autor en todo este tiempo (existiendo la posibilidad de que haya acabado considerando a esta novela como una obra menor) o si bien ha terminado arrojando la toalla ante un mundo cada vez más complicado y competitivo como solo puede serlo el de la novela amateur. Por el bien del entretenimiento de sus lectores, espero que todavía siga en la brecha.

Sobre el argumento  en sí, estamos ante una novela gótica de la vieja escuela que recuerda más a Poe que a King. La devoción que siente José María por el autor de “El gato negro” es más que evidente, sobre todo si tenemos en cuenta que uno de sus personajes lleva su apellido. El estilo de José María también le debe bastante al autor estadounidense, y más si consideramos cómo a lo largo de la narración nos encontramos con las ya consabidas reflexiones sobre la muerte y la locura. La puesta en escena también es inconfundible. La fórmula del caserón abandonado en donde ocurren sucesos extraños no es una nueva ni original, pero el empeño por emular aquello que se ha leído es el primer paso para hacer cosas nuevas y crear un estilo propio. En ese sentido, me atrevería a decir que José María va por muy buen camino. 

La trama avanza con bastante facilidad, lo cual se agradece. El argumento es bastante correcto y el autor sabe cómo crear tensión (es impagable esa escena en la que Ron llega a su casa y, desde el jardín, ve las sombras de las upiros moverse tras la ventana). La pesadumbre de Ron llega de verdad a contagiarnos. La congoja con la que se expresa el personaje (si bien en ocasiones es muy teatral, tal y como comentaremos más adelante) hace que sintamos lástima por él. El hecho de que sea una novela corta (o un relato largo) hace que muchas cosas se queden en el tintero. Quizá habría que profundizar algo más en la personalidad de Emile y de Marcus para darles un mayor peso en la trama. De Marcus sabemos muy poco y es una pena, dado que es un personaje muy interesante (llega a resultar frustrante que nunca desvele por qué sabe tanto sobre vampiros y que Ron apenas insista sobre ello). El que solo aparezca en el último tercio de la historia nos lleva a querer conocerle mejor. Y eso por no hablar de la saña (ATENCIÓN: ¡SPOILER!) con la que muere a manos de los upiros. Pese a morir de forma brutal y ser un personaje simpático, el lector no se conmueve tanto como lo hace con el sufrimiento de Ron. Detalles como este hace que la narración se quede en un simple relato largo. Todo depende de cuál era la intención inicial del autor, pero creo que la historia tiene las tablas suficientes para convertirse en una novela. Para ello, insisto, debería trabajarse mejor el trasfondo de los secundarios (al ser bastante pocos, no creo que José María tenga muchos problemas si se lo propusiera).

Pese a todo, creo que el estilo de José María debería pulirse un poco más. Durante una buena parte de la narración, el autor parece expresarse a base de sentencias. Es como si estuviéramos viendo un reportaje narrado por Íker Jiménez (lagarto, lagarto...). Entiendo que se trata de un esfuerzo de crear tensión y darle al relato una atmósfera angustiosa, pero a la larga el recurso cansa. El uso de expresiones rimbombantes y excesivamente complicadas terminan por pasar factura al texto. Cualquier cosa es susceptible de ser una exacerbación romántica, hasta los más insignificantes (“[...] El hondo sonido del oleaje, aquel que no escuchamos con los oídos, sino directamente con las vísceras. Su poder hipnótico trasciende eras y tiempos. Siempre fue así…y siempre lo será”, página 68). Todo es llevado hasta paroxismo (“ […] Manejando mis pies al límite que permitía las leyes de la física”, página 28), hasta el punto de crear expresiones artificiosas que rompen con la armonía del conjunto  (“[...] La noche comenzaba a desenvolver el paquete de la luna” página 52). Crear una buena atmósfera no implica utilizar un lenguaje rebuscado, al contrario. Basta con echarle un vistazo a algunas descripciones que el autor hace de los pueblos en los que transcurre la historia: todo es sublime, bello y exageradamente singular. Una callejuela puede ser hermosa a última hora de la tarde, sí, pero de ahí a ser extraordinario... Llevado por este impulso, el autor también hace algunas descripciones que caen el tópico (lo de los pueblerinos celebrando el final del día con pintas de cerveza, por ejemplo) y que, teniendo en cuenta la época en la que se desarrolla la historia, resultan casi anacrónicas.

Hay otros aspectos que también oscurecen la trama. Por ejemplo, ¿a qué viene transcribir los artículos sobre arte y cocina que escribe el protagonista en las páginas 26-27 y  32-33? Es pedante e innecesario. No aporta nada a la trama. Es más, hace que el personaje nos resulte en ocasiones antipático (debo admitir que les tengo bastante tirria a los críticos gastronómicos, tanto reales como ficticios). Otra cosa: ¿Un búnker para protegerse de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en un pueblo olvidado de Estados Unidos? ¿En serio? ¿Y de qué “asedio” habla el autor? ¿Cómo iban a refugiarse los abuelos del protagonista en el búnker si no había nada de lo que esconderse?  Estados Unidos no fue víctima de ningún bombardeo como los de Londres, por lo que no había necesidad de refugiarse en ellos. Esta reflexión se carga un clímax que hasta entonces había sido excelente. Si todavía hubiera sido un refugio antinuclear construido durante la Guerra Fría, lo habría entendido. Tampoco entiendo el repentino asesinato de Nora en el Epílogo (un personaje que hasta entonces solo había sido nombrada una vez en la novela). Lo habría entendido si el personaje hubiese sido violento con Kate o algo así, pero el dato me parece irrelevante y gratuito.

Con respecto al final (¡Atención, que viene otro SPOILER!), comprendo que la cosa era eliminar a los vampiros uno por uno, pero... teniendo en cuenta la forma con la que Ron acaba con ellos, ¿no habría sido mejor volar la cripta por los aires desde una distancia prudencial? Sí, vale, también entiendo que tanto Ron como la historia no podían acabar de otra forma, pero es uno de los problemas que supone adaptar una historia de vampiros de temática decimonónica a los tiempos actuales. Por otro lado, y sabiendo el peligro que corre quedándose solo en la mansión (exponiéndose así a ser devorado)... ¿cómo es que Ron decide dormir en la casa si ya conoce los horrores a los que se enfrenta? Si sabía que los vampiros acabaron con la vida de su abuela en unas pocas noches, ¿por qué se expone a morir de un único golpe? ¿Por qué no se fue con Marcus? Entiendo también que, de no haberse hecho así, no habría novela, pero contar con unas explicaciones adicionales no estaría nada mal.

Ojo también a las erratas (“Nunca abríamos concebido”, página 10). También veo que faltan acentos allí donde son necesarios. Doy por sentado que se trata de malas pasadas de la autocorrección del Word. Ha pasado mucho tiempo desde que el autor me envió el archivo y estoy seguro de que tales gazapos ya han sido corregidos, pero revisar el texto antes de mandarlo a crítica nunca está de más.

CONCLUSIÓN

Interesante y atractiva historia de vampiros escrita al modo de los grandes autores norteamericanos. Tiene algo del romanticismo de Poe y eso mola. La trama, interesante y absorbente, supone un esfuerzo por adaptar la estética de Poe a los nuevos tiempos. En algunos pasajes, el sufrimiento de Ron es tan intenso que llega a convertirse en el nuestro. Pese a los importantes puntos oscuros que vemos en algunas partes (sobre todo, ya cerca del final), la primera parte está muy bien construida. Así las cosas, considero que seria necesario reescribir el último tercio de la historia y, como ya he comentado, profundizar en la personalidad de los secundarios para darle al conjunto un aire más compacto. Con respecto al asunto de las erratas, no me preocupan demasiado, puesto que es más que probable que el autor las haya ido corrigiendo en las posteriores lecturas que ha hecho durante estos años. Por lo demás, se trata de una historia bastante correcta y disfrutable. Muy bien.
  • Podéis haceros con la novela aquí.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Horizonte Rojo, Capítulo I (Rocío Vega)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Horizonte Rojo (Capítulo 1: Un encargo fácil)
  • Autora: Rocío Vega
  • Género: Space Opera / Novela de aventuras
  • Editorial / Plataforma: Editorial Café con Leche
  • Número de páginas: 80
  • Precio: -
“Horizonte Rojo” es quizá el grupo de mercenarios más efectivo (y despiadado) de todo el Espacio Confederado. Pese al éxito que ha caracterizado a sus últimas misiones, la autoridad de la líder del equipo, la implacable Kerr, es puesta en entredicho cuando uno de sus compañeros pone en peligro una importante operación. Si ya de por sí la vida de una banda de mercenarios es complicada, el carácter explosivo e inestable de Kerr (quien vive un auténtico infierno personal) amenaza con echar abajo todo lo que el grupo ha conseguido hasta la fecha. Claro que Kerr también es una mujer de recursos y sabe tomar el mando cuando la situación lo requiere. Novela por entregas escrita por la autora Rocío Vega (“Montreim”) y publicada por la editorial “Café con Leche”.

Algunas consideraciones:
  • La operación que se narra al comienzo de la aventura se hace demasiado confusa. Cuesta comprender lo que está pasando. Si lo que se pretendía era darle al conjunto un aire desordenado y frenético (¿qué es un tiroteo, si no?), objetivo cumplido. Por otro lado, da la sensación de que la autora tiene prisa por presentarnos a sus personajes al tiempo que arroja a la cara del lector todo tipo de datos (nombres, sistemas planetarios, razas extraterrestres, bandas rivales...), de forma que este acaba confuso y saturado. Lejos de ubicar, desorienta. ¡Más despacio, please!
  • Tras un precipitado comienzo, la historia avanza con mucha (¡muchísima!) agilidad. El carácter errático y duro de Kerr a ratos nos recuerda a la Starbuck de “Galáctica, Estrella de Combate”. La atmósfera, una vez que nos metemos en harina, está muy bien conseguida. Las escenas de cama están muy bien tratadas, algo que resulta admirable si tenemos en cuenta lo difícil que resulta presentarlas (la mayoría de los autores o bien optan por recursos fáciles o bien recurren a la retahíla de tópicos de rigor). A riesgo de que me tachen de mojigato, dos escenas de sexo en la misma entrega (trío lésbico incluido) quizá son demasiadas y entorpecen un poco el ritmo de la narración (algo me dice que no serán las últimas que veamos), aunque a nadie le amarga un dulce. Por lo demás, la novela tendría una temática juvenil de no ser por esas escenas. Se agradece que Rocío se haya acordado del público adulto a la hora de escribir su historia.
  • Ese “¡Hostias!” que suelta Bahuer antes de su primer revolcón con Kerr me sobra. Creo que la expresión es demasiado castiza (por no decir que es castellana de pura cepa) para un mercenario especial (de acuerdo, aquí me he mostrado demasiado puntilloso, pero ya puestos a buscarle pegas a algo...).
  • No nos engañemos: encontrar personajes femeninos interpretando roles tradicionalmente masculinos no es demasiado frecuente. Afortunadamente, la tendencia ha empezado a cambiar con el paso de los años. Kerr es Starbuck, Ripley y un remedo interestelar de la Capitana Dagas de “El Corsario de Hierro”. Y además de disparar, follar bien y ser una tía con dotes de mando, es bisexual. ¡Mola! 
  • No le veo mucho sentido a transcribir las conversaciones que Kerr tiene en su Safe. Sé que es un detalle menor, pero no puedo evitar pensar que están ahí para hacer bulto. Creo que sería más apropiado dejar aquellas que únicamente son necesarias para el transcurso de la acción.
CONCLUSIÓN:

Al tratarse de una novela publicada por entregas, no estoy en condiciones de hacer una valoración global, pero la cosa no ha podido empezar mejor. Dentro del apartado formal, yo reescribiría el primer capítulo para así hacerlo más asequible al lector y evitar esa forzada sensación de sobrecarga de la que hablaba anteriormente. No es necesario apabullar al lector con tanta información desde el minuto uno. Hay que dejar que la acción fluya y se desarrolle en su debido momento. Ya habrá tiempo para incorporar y conocer nuevos detalles.

Supongo que una de las posibles “pegas” que tiene el texto es que todo lo que se nos cuenta ya lo hemos visto anteriormente. Es muy difícil innovar en un género en el que todo ya está casi dicho, pero no por ello el resultado es menos interesante. Al contrario, se agradece el intento (tanto por la juventud de la autora como por su empeño en haber resucitado un género desconocido en nuestro país). La prosa es fluida y ágil, tal y como debe corresponder a una novela de aventuras; a partir del segundo capítulo, los personajes aparecen muy bien definidos (la feroz e insegura Kerr; la hermética Kirsten, el leal Rury, el silencioso y truculento Nutty, el codicioso y poco fiable Bahuer...)... Falta por ver qué pasará más adelante, cuál es el caso que les asignará Jadsen y qué papel jugará la tarjeta que tan ansiosamente querían los arrianos... Todavía es muy pronto pero, aún así, dan ganas de subirse a la Athena e iniciar el viaje. Recomendable.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Hollowland (Amanda Hocking)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Hollowland
  • Autor: Amanda Hocking
  • Género: Novela 
  • Plataforma / Editorial: -
  • Precio: -
  • Número de páginas: 814 (PDF en letra grande)
¡Hola, guarras! ¿Sabéis de qué va esta entrada, verdad? ¡Efectivamente! ¡Lo hemos conseguido! Después de algo más de dos semanas, he conseguido cumplir el reto de haberme comido, una a una y sin anestesia, las diez novelas de temática zombie que formaban parte de mi “Zombie Summer”, “Summer Zombie” o como cojones se escriba. ¿No es maravilloso? Me gustaría decir que es algo que no se ha hecho nunca en la historia de Internet y que hasta el mismísimo Rey ha interrumpido sus vacaciones en Ibiza (véase cómo no he hecho ningún chiste sobre la Familia Real, que no está el horno para bollos) para llamarme por teléfono y felicitarme, pero me da en la nariz que a nadie le importa mi gran hazaña. De hecho, ahora mismo me remuerde la conciencia haberle dedicado la mitad de mis vacaciones a esta chorrada, teniendo tantas cosas por hacer,  la mitad de las campañas del “Age of Empires” sin terminar y dos asignaturas de la carrera para septiembre. Pero todo sea por vosotros, sucios lectores.

Terminamos el desafío con “Hollowland”, una novela con una portada digna de que te quemen los ojos con dos hierros al rojo vivo. No quiero parecer machista, pero tiene huevos que los libros escritos por mujeres tengan portadas tan cursis y delicadas (sí, vale, luego también tenemos a Nicholas Sparks, pero ese ya venía defectuoso de fábrica). El caso es que me sorprende cómo las novelas de zombies escritas por tíos tienen una portada salvaje y sanguinolenta, con zombies desdentados y pasados de fecha, carreteras que no conducen a ninguna parte, paisajes abandonados... Mientras que los editores deciden rebajar un poco el tono cuando la autora es una mujer, como si eso fuese a espantar al público femenino y ellas no disfrutarán también de una buena carnicería. Como aprendiz de especialista en relaciones de género y autor de un par de ponencias sobre el tema a las que no asistió ni mi madre, debo decir que no creo que ese sea el camino más acertado para conseguir la equidad sexual. De hecho, me sorprende ver que es un asunto del que nadie habla.

A todo, ¿qué coño tiene la tía de la portada en la mano? Parece una escopeta, pero tiene como unos correajes en la parte inferior. ¿No será...? ¡Bluargh!

El negocio de los consoladores lésbicos triunfa en pleno Apocalipsis.

Debo decir que novela me ha sorprendido muy gratamente. Ojo, he dicho que me ha sorprendido, no que me haya gustado niveles orgásmicos. Al margen de la calidad del libro, y por lo que he leído de la autora, todo parece indicar que Hocking es una escritora amateur de cierto éxito en Estados Unidos... O al menos es lo que deduzco al leer su biografía, la cual aparece justo al final del PDF. Justo en el último párrafo del texto, Hocking pone a disposición de los lectores tanto su Facebook como su Twitter para que le hagan llegar sus impresiones. Su popularidad es tal que varias de sus obras han sido traducidas al castellano. En el caso de “Hollowland”, la traducción ha corrido a cargo de la web mexicana “Zombie Geeks”. Personalmente, debo felicitar a la autora por haber conseguido que sus novelas hayan sido capaces de traspasar fronteras, lo cual no es nada fácil. Aun cuando existe la posibilidad de que la traducción se haya realizado sin su consentimiento, es reconfortante ver cómo tu obra ha despertado el suficiente interés para que alguien se haya molestado en sacar una versión en otro idioma.

Con respecto a la trama, la novela tiene momentos muy interesantes. La historia nos cuenta las desventuras de la joven Remy, una chica que se encuentra en un centro de seguridad construido por el Gobierno para albergar a los supervivientes de un virus zombie (que en esta ocasión, vuelve a ser una nueva cepa de la rabia). El complejo sufre un asalto por parte de los infectados y Remy se ve obligada a huir. Al descubrir que su hermano pequeño ha sido evacuado del campamento, nuestra heroína decide recorrer el país con la finalidad de dar con él, puesto que el chaval podría albergar en su interior la clave para salvar lo que queda de la Humanidad.

El argumento es típico del género, con sus defectos y sus virtudes. Como ya he dicho en anteriores entradas, no le podemos pedir más. Ahora bien, sí me gustaría exponer aquellos puntos que me han dejado un poco de fuera de juego.

En primer lugar, si los zombies se matan entre ellos (“Los zombis tendían a atacarse y comerse unos a otros, por lo que estaban cubiertos de magulladuras, arañones, y marcas de mordiscos”) y no razonan (“Al día siguiente de ser infectado, las personas comienzan a tener los síntomas. Dolor de cabeza, fiebre, náuseas. Luego empiezan a alucinar y se vuelven paranoicos y agresivos. En tres días, están enojados y violentos incapaces de algún pensamiento racional”)... ¿por qué persiguen a los humanos? Es más, ¿cómo se las arreglan para atacar juntos los centros de cuarentena? A lo largo de la historia nos dan a entender que los bichos van evolucionando hasta ser capaces de detectar la presencia humana. Cuantas más personas haya en un lugar, más zombies se concentrarán. Yo no sé vosotros, pero a mí la explicación no me convence. Pienso que la autora ha dejado este tema al azar,  puesto que lo que buscan los lectores (y más los lectores jóvenes, que son el público objetivo de la novela) son escenas de acción y peligro, aventuras en definitiva. De haberse profundizado más en este apartado, seguramente la novela habría salido algo más técnica y mucho más sesuda. 

Sobre cómo una adolescente es capaz de derrotar a una horda de zombies empuñando la rodilla de un muerto como si de un bate de béisbol se tratase y el Ejército de Estados Unidos, con toda su capacidad, esté contra las cuerdas, no me voy a pronunciar, puesto que volveríamos otra vez a lo mismo de otras entradas. En fin, qué le vamos a hacer. Esto es ficción... Supongo que en la segunda parte nos encontraremos con más detalles al respecto... o no.

La trama tiene también algunos agujeros negros bastante gordos. ¿Qué clase de seguridad tienen en el área de cuarentena que, el niño que se supone que tiene la cura para el virus, no está vigilado por cámaras de seguridad? Es más, ¿cómo es posible que alguien que solo lleva un par de días en el campamento (lo digo por el tal Blue) ya tenga acceso a niveles de seguridad tan elevados? Y sigo, ¿cómo es posible que, después de estar en los barracones de cuarentena, ni siquiera sometan a los supervivientes a un chequeo médico obligatorio? La cosa, como bien dice uno de los personajes, no es que se infecten por una mordedura de un zombie, sino que contagien al resto del campamento con cualquier otra enfermedad.

Una de las cosas que más me han reventado de la novela es el personaje protagonista. Es de lo más antipático y áspero que me han tirado a la cara. Es imposible empatizar con él. No tiene nada de malo ser duro (al contrario, me alegro de que el personaje no sea la clásica dama en apuros), pero es que la tía no se permite un solo momento de descanso. Su empeño por parecer más masculina de lo que es llega a resultar bastante irritante. En algunas escenas es como tuviese envidia de pene (lo de cuando se intenta meter dentro del recinto militar es de risa, en plan “No quiero que ningún hombre me toque”. Por Dios...). El hecho de que el personaje no flaquee y se comporte así lo convierte, precisamente, en un estereotipo. Y de los peores que puede haber. De verdad, se comporta como una zorra histérica a la que habría que abofetear para que se le pasara el cabreo. Por otro lado, ¿quién coño la ha nombrado líder? Remy (vaya con el nombrecito también...) nunca está contenta con nada. La tangana que montan cuando se quedan sin gasolina en mitad del desierto es de antología. Es como si fuera un princesita insolente que siempre quiere llevar la iniciativa. Repito: esto no tiene nada de malo, pero el personaje bordea tanto el tópico que se hace insoportable para el lector. Algo tan tonto como decir que Ripley no es una mascota (cuando en el fondo lo es) reduce al personaje a la misma categoría que la tía esa con cara de asco que protagonizaba la saga “Crepúsculo”.

Más cosas: ¿qué problema tiene la protagonista con Lazlo al principio de la historia? Estoy de acuerdo en que el tío no es una lumbrera. pero nadie se merece que le hablen así. La relación de antipatía que tienen ambos personajes es artificial. Simplemente a la “prota” le cae mal y ya está. No lo entiendo. Gracias a este tipo de actitudes, no solo deseamos que Remy se despeñe por un barranco, sino que una horda de zombies viole su cadáver luego. Y sí, soy consciente de la forma en la que acabarán después, pero esa antipatía inicial me parece que está completamente fuera de lugar. Tengo la sensación de que la autora elaboró toda esa “farsa” para construir posteriormente lo que sería uno de los ejes principales de la historia. Por otro lado, para tener diecinueve años, Remy se comporta de forma muy inmadura. ¿Por qué discute tanto con Harlow? ¡Por Dios! ¿Qué sentido tiene que una cría de trece años discuta con una mujer de diecinueve? No es serio. ¿Y a qué coño viene ese complejo de “Madre Coraje”?  Joder, entiendo que no le guste que el hermano esté haciendo las veces de rata de laboratorio, pero los argumentos que esgrime ante el médico que la descubre bordean lo risible. Creo que ni la actitud de los científicos ni la de los protagonistas es en absoluto creíble (dentro de la credibilidad que pueden tener las historias de este tipo, por supuesto, no vaya a haber alguien por ahí que me diga que le exijo demasiado al género).

Para terminar, y con respecto a la traducción, es loable el empeño que ha habido para acercar la obra de Hocking al público hispano, pero el trabajo es muy mejorable. Hay muchísimas faltas de ortografía que nos sacan de la historia a las primeras de cambio (por ahí he visto un “valla” por “vaya” que hace daño a la vista). Faltan acentos donde tiene que haberlos, errores de sintaxis y de concordancia, palabras que ni siquiera existen, fallos ortotipográficos (lo que me lleva a pensar que quienes lo hicieron ni siquiera se molestaron en pasar el corrector de Word)... Incluso hay traducciones literales, puesto que el personaje de Blue pasa a llamarse “Azul” en algunas páginas. Me consta que el trabajo de los traductores es duro (de ahí que se repartan los capítulos para trabajar más rápido) y desinteresado, pero uno siempre espera que el resultado sea el correcto. Solo espero que las notas a pie de página sean cosa de la traducción y no de la autora, porque solo demostraría dos cosas: 1) sus ganas de hacerse la importante y 2) la poca cultura general que tienen los jóvenes en Estados Unidos, porque molestarse en explicarnos quiénes son los Monty Phyton o de qué va “Mad Max” tiene tela.

A todo esto, no me gustaría terminar sin señalar que la autora parece un cruce entre mi admirada Aubrey James (¡Oh, Aubrey! ¡Algún día serás mía!) y la mujer de Íker Jiménez. Es más, casi diría que es Aubrey James después de haberse hartado a bollos. Decididamente, algo no funciona bien en mi jodida cabeza.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Aurora (César Blanco Castro)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Aurora
  • Autor: César Blanco Castro
  • Género: Novela Corta
  • Plataforma / Editorial: Bubok
  • Precio: -
  • Número de páginas: 308 (PDF en letra grande)
SINOPSIS:

Iba a ser un fin de semana de celebración para Aurora y sus amigas, pero el destino quiso que estuvieran en Riaño, uno de los lugares en los que la organización terrorista “Tierra y Libertad” comenzó un brutal ataque en el que la gente moría y volvía a la vida para sembrar el terror. Habrás visto y leído muchas historias de zombis, pero seguro que esta no te dejará indiferente.

CRÍTICA:

La novela está muy mal escrita, lo siento. No digo que detrás de ella no haya habido un gran esfuerzo y muchísima ilusión, pero tanto la trama como el estilo del autor dejan mucho que desear. También soy consciente de que es una obra primeriza y que, con toda probabilidad, César escribe únicamente por afición (al igual que otros tantos autores entre los que me incluyo) y que no pretende ganarse la vida con esto. Es por eso que hacer una crítica exhaustiva por mi parte sería, a todas luces, improcedente. No obstante, sí me gustaría enumerar aquellos aspectos que, en mi opinión, podrían mejorarse. Espero que mis indicaciones le sean útiles al autor de cara a mejorar sus textos.

1) La trama es inconsistente. No entiendo por qué un grupo de extrema izquierda quiere liberar un virus zombie. Vale, comprendo que el asunto va de acabar con el capitalismo, pero las aspiraciones de “Tierra y Libertad” son más apocalípticas que otra cosa. De nada servirá destruir el capitalismo si el virus no distingue entre “comunistas y burgueses”. En todo caso, su actitud recuerda más al de una secta de cristianos fundamentalistas que al de un grupo político.

2) Los personajes no es que sean planos, es que ni siquiera están desarrollados. Creo que este es uno de los aspectos más negativos de la novela. Aurora se comporta de forma errática. Tan pronto llora como ríe (las conversaciones que tiene con su madre después de haber visto docenas de muertos son surrealistas). Tenemos una escena en la que mata por error a una niña pensando que es un zombie. Pues bien, apenas han pasado dos páginas cuando ya se ha olvidado del asunto. El temor a que los niños que iban con ella la descubran es casi infantil. Además, ¿por qué los niños (y en especial el hermano de la niña asesinada) se olvidan tan pronto de su amiga? Después de haber visto en vivo y en directo una decapitación, es de suponer que estarían aterrorizados. Por otra parte, la relación existente entre Aurora y Gemma es incomprensible. Si a mí me abandonasen en mitad de un pueblo lleno de zombies, os aseguro que mi último objetivo en la vida sería la de vengarme de esa persona, no pegarle un puñetazo y luego hacer como si nada hubiera pasado (de hecho hasta llegan a ir a misa juntas). Tampoco entiendo el papel que juega Javier Monteso. De trabajar como telefonista en Emergencias pasa a ser un militar de alto rango y un científico de fama mundial. Por otro lado, se nos dan datos innecesarios sobre la familia de Aurora: hermanos, primos, tíos... ¿por qué darnos tanta información si prácticamente no van a tener un papel relevante en la trama?

3) Teniendo en cuenta lo que he comentado de los personajes, veo que en la novela se producen situaciones muy extrañas. En primer lugar, el asesinato de las amigas de Aurora sucede tan rápido que no sabemos lo que ocurre. De hecho, pienso que el crimen no nos impacta tanto al no tener casi ninguna referencia de ellas. Si el autor hubiese abierto la novela contándonos un poco la relación que tienen todas las amigas y nos las hubiese presentado una por una, igual les habríamos cogido algo de cariño. Por otra parte, aunque el suicidio de Nelken está justificado por los remordimientos, la escena en la que ejecuta a sus hijos (¡Ah! ¿Pero es que los tenía?) es muy confusa. En mi opinión, creo que César empieza a saco con la historia, sin darle al lector la oportunidad de situarse y saber dónde está. Hay otra escena que me chirría bastante: el pueblo de la tía de Aurora está en cuarentena, puesto que se han visto algunos zombies deambulando por la zona. Hasta aquí todo bien. El problema está en cómo se comporta Aurora, puesto que se ofrece a ir a comprar el pan (y esto es literal) como si nada. Vamos a ver, ¿no es una locura hacer eso sabiendo que hay zombies sueltos por la calle y que te pueden matar? Seamos serios.

4) El marcado conservadurismo primario del autor le pesa bastante a la trama. No entiendo por qué, ya casi al final, aparecen unas defensoras del aborto diciendo que hay que proteger a los zombies. Cada cual puede tener la ideología que crea conveniente, pero pienso que hay que poner cada cosa en su debido contexto.

5) Repetición de recursos y frases que nos dejan un poco descolocados. No tiene nada de malo que la protagonista se santigüe. El problema está en que el autor nos lo diga cada dos por tres. Cuando Aurora decapita a la niña, la palabra “cría” se repite al menos una docena de veces. No quiero ser ofensivo, pero la narración transmite una preocupante pobreza lingüística.

6) No hay muchas faltas de ortografía, pero sí se echan en falta algunos acentos allí donde son necesarios. También faltan muchas comas, lo que dificulta la tarea del lector a la hora de darle una entonación adecuada al texto.

CONCLUSIÓN:

Más que una novela, parece un borrador. De hecho, no puedo evitar pensar que la historia está escrita con algo de desidia. Todo es muy esquemático y simple. Es como si el autor hubiese puesto a disposición del público los bocetos de la historia. Da la sensación de que el conjunto final aparece inacabado, como si todavía faltasen aspectos que rellenar. La historia en sí no se diferencia mucho de las que han formado parte del “Desafío Zombie”, pero da tantos tumbos que seguirla se hace muy cuesta arriba. Las motivaciones de los personajes no están del todo claras y su comportamiento es, en ocasiones, incomprensible. Hay escenas que valen lo suyo (el hecho de que los zombies “lloren” no deja de resultar interesante y perturbador), pero están tan mal contadas que apenas impresionan. El lenguaje y el tono utilizados a veces bordean lo infantil. Valoro de forma positiva la ausencia de faltas de ortografía, pero hay errores muy graves a la hora de distribuir los signos de puntuación. Desde luego, la historia no deja indiferente a nadie, pero no en el sentido en el que César esperaba. Creo que, si el autor confía en el proyecto, debería de someterlo a un concienzudo trabajo de corrección (principalmente de estilo) porque dudo mucho que en las condiciones actuales consiga llamar la atención de cualquier lector.

martes, 15 de septiembre de 2015

Degeneración (David Pardo)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Degeneración
  • Autor: David Pardo
  • Género: Relato breve / Novela Corta
  • Plataforma / Editorial: Amazon
  • Precio: -
  • Número de páginas: 137 (PDF en letra grande)
“AMANECER PALURDO” (CON TODO EL CARIÑO...)

Después del tremendo del esfuerzo que me supuso leer “Antídoto”, siempre es agradable encontrarse con algo como “Degeneración”, un texto bastante breve (de hecho, no me atrevo a calificarlo de novela), simple (en el buen sentido de la palabra, por supuesto) y con una sana dosis de malos sentimientos. De nuevo los muertos vuelven a levantarse de sus tumbas y España se convierte en un campo de batalla en el que todo está perdido. Y si en Madrid o Barcelona las cosas van de mal en peor, en pueblos como Navarrés solo sobreviven los más fuertes... y los más locos. Tal es el caso del anónimo protagonista de esta historia, cuyo principal objetivo será proteger a su familia de los zombies. Pero estos no serán el único problema al que deberá enfrentarse, puesto que los supervivientes que deambulan por las montañas son todavía más peligrosos que los muertos vivientes. Y por si todo esto no fuera suficiente, nuestro héroe descubre que el peor enemigo al que debe combatir no es otro que él mismo.

Desde luego, al relato el título le va que ni pintado. Debo reconocer que, pese a los tópicos que nos ofrece y a lo gratuito de algunas escenas, me ha parecido una historia muy bien planteada, sin otra pretensión que la de entretenernos y hacernos pasar un agradable mal rato. El texto, como he dicho, es muy breve y se lee en un suspiro, lo que me anima a valorarlo positivamente. De hecho, me encanta el tono radiofónico que tiene. Es perfecto. David no se detiene a contarnos ni los orígenes de la pandemia, ni cómo esta se propaga por el mundo ni cómo las ciudades son abandonadas. “Degeneración” es materia pura y dura. Nada más. Ya a las pocas páginas oímos cómo suena el primer disparo. No hay lugar para una ambientación tétrica ni para descripciones inútiles. Si los suegros quieren irse a un campamento del Ejército porque piensan que allí estarán más seguros, allá ellos. El tiempo apremia y los muertos pueden llamar a nuestra puerta en busca de comida. Así de simple.

Pese al dramático desarrollo que tiene la historia, debo reconocer que no podía evitar sonreír ante algunas escenas por la enorme mala baba de la que hacía gala el protagonista (el atropello del profesor y la frase de peli chunga que suelta el prota tras matarlo son de antología). Es una pena que ese toque casi chulesco se vaya diluyendo conforme nos vamos metiendo en harina. De la erección que siente nuestro “héroe” al tocar un arma pasamos a otra que no es precisamente muy honesta. También es una lástima que la historia se tome demasiado en serio a sí misma, puesto que pienso que podría haber salido algo muy divertido de aquí (aparte que el tono del comienzo no me sugiere que vaya a tener un final tan amargo). No obstante, me ha parecido muy interesante que el autor se haya detenido en mostrarnos los motivos por los que a un superviviente se le puede ir la olla. Teniendo en cuenta que el género está repleto de héroes de cartón y antihéroes que son capaces de levantarse aun cuando les han pegado dos tiros, es de agradecer encontrarse con la historia de un tipo normal que ve cómo el mundo se desmorona ante el empuje de los zombies y la violencia de los vivos. Y sí, la historia es predecible a ratos, pero es que tampoco le podemos pedir más. Después de todo, David no podía haber encontrado un final mejor para su historia.

Pese a que me ha dejado un buen sabor de boca (con escenas crudas incluidas), debo reconocer que hay algunas cosas que no me terminan de convencer. Por ejemplo, ¿los zombies corren o son de esos de lo que se caen cada dos por tres? Los digo porque, si bien al principio de la historia, cuando se produce el primer ataque, los vemos correr por las calles de Madrid, durante el resto de la narración se moverán a paso de tortuga. Otra cosa, ¿de verdad existen en nuestro país tiendas de armas como la del amigo Bonifacio o es una licencia artística del autor? Porque me cuesta mucho creer que en España haya locales que vendan armas de gran calibre como en Yankilandia, aunque supongo que era necesario para el posterior desarrollo de la trama. ¿Cómo se origina la infección? ¿Los muertos se levantan y ya o es cosa de un virus? Lo digo por el caso de Severino, porque no es lo mismo que te muerda un zombie a que un muerto resucite sin venir a cuento. Por otra parte, ¿cómo es que el protagonista pudo escribir la historia si acabó de la forma en que acabó? Por muy escasos que sean sus momentos de lucidez, dudo mucho que hubiese sido capaz de sujetar correctamente un lápiz en su estado. Para buen entendedor...

CONCLUSIÓN:

A David no se le puede reprochar que vaya al grano. En mi opinión, creo que las historias de zombies deben ser tal y como él las plantea: simples, cortas y sin otra pretensión que la de entretener. Empeñarse, como hacen otros autores, en hacer una historia más larga no solo convierte a los protagonistas (en su mayoría, tipo normales) en superhéroes, sino que además puede resultar contraproducente para la credibilidad de la trama. En este caso, se nos ofrece una divertida y terrorífica dosis de mala leche que siempre suele venir muy bien. No hay tiempo para las explicaciones, lo que quizá contribuya a darle al relato un aire precipitado (sin que por ello el resultado se vea mal del todo). Algunas escenas ya están muy vistas, pero no quita que sean espeluznantes. Por otra parte, y aunque se haya convertido en un tópico como una casa, me agrada que los zombies no sean los malos de la función y, sobre todo, esa amarga visión que tiene el protagonista del género humano. Pese a que la lección ya la tenemos aprendida, a David en ningún momento se le ocurre sermonearnos. Personalmente, me ha agradado su poco esperanzadora visión del fin del mundo. Muy recomendable.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Antídoto (Jeff Carlson)

 FICHA TÉCNICA:
  • Título: Antídoto
  • Autor: Jeff Carlson
  • Género: Novela
  • Plataforma / Editorial: -
  • Precio: -
  • Número de páginas: 1179 (PDF en letra grande)
Que a los estadounidenses les gusta más un fin del mundo que a un tonto un lápiz es algo que muchos ya sabíamos. Que les gusta verse como una nación vulnerable y frágil cuando en realidad pueden desintegrar un país entero al otro lado del planeta, también. Y que esta novela es una puta basura que debería convertirse en la medida universal de lo malo es algo que muchos aficionados a la lectura nos tendríamos que empezar a plantear.

“Antídoto” es la séptima novela (y probablemente última, porque ya no doy para más) que forma parte de mi particular “Desafío Zombie”... O lo sería de no ser porque en esta historia no aparecen zombies por ningún lado. Ni infectados, ni mutantes, ni devoradores de carne, ni nada. Cero. El único nexo de unión que tiene con otras obras del género es la pandemia que manda a tomar por saco a la civilización. El autor intentó mezclar los argumentos de “La carretera” y “Mensajero del futuro” con la esperanza de que le saliera algo mínimamente follable... Y lo que le salió fue una prostituta húngara de dos cabezas, voz estridente y una espesa costra de mierda en la raja a la que nadie en su sano juicio le pondría las manos encima. Así de mala es.

La historia nos habla de un experimento con nanotecnología que, como no podía ser de otra manera, termina por irse al traste y destruye la mitad del planeta. El virus afecta a cualquier animal de sangre caliente que esté por debajo de 3.000 metros de altitud. Los escasos supervivientes, así como sus respectos gobiernos, se ven obligados a retirarse a las zonas montañosas para sobrevivir. El Gobierno de Estados Unidos se refugia en las Montañas Rocosas, pero no tardan en surgir las primeras disensiones, estallando una guerra civil entre el Gobierno legítimo y los rebeldes. Mientras tanto, un grupo de sobrevivientes logran huir de la zona gubernamental con un prototipo de la vacuna para compartirla con el resto del mundo, algo que los legalistas no está dispuestos a permitir.

Que una novela sobre una segunda Guerra Civil Estadounidense sea un completo coñazo es imperdonable. Y esta novela es tan aburrida e insufrible como esos documentales que echan en Mega o en Energy contándote cómo se fabrica un puto puente colgante. Tanto, que hace parecer al @#$% de Murakami un genio de la literatura. Es más, este enorme montón de mierda de cuatro días ha sido de capaz de convertir a “Nueva York, Hora Z” en una obra maestra. Cualquier novela de zombies es un millón de veces preferible a leer semejante suplicio. Es como si te dieran a elegir entre mearte o cagarte encima. Sabes que las dos opciones son malas, pero una es peor que la otra. 

Todavía no hemos acabado el primer tercio de novela cuando ya estamos queriendo abandonarla, porque la historia no nos ofrece nada interesante. Los personajes son tremendamente ambiguos y juegan a un “Sí, pero no” que resulta desquiciante. No suelo ponerme de mala leche con un libro, pero la lectura de esta chorrada hizo que deseara salir a la calle a desollar gatitos. Hacia la mitad, ya solo deseaba violar ancianas... Y al llegar a la última página, sentí la imperiosa necesidad de meterle por el culo al autor todos y cada uno de los ejemplares de la primera edición. Y ahora mismo es cuando no puedo evitar cagarme en mí y en mi estúpida manía de no dejar un libro a medias, porque soy incapaz de alejarme del olor a mierda aun cuando me la ponen delante, en lugar de emplear el tiempo en cosas más útiles como descubrir una cura contra el cáncer o zurrármela delante del ordenador mientras veo porno. Este libro es como la Ley de Herodes. ¡ME CAGO EN SUS MUERTOS!

Leerse esta novela es como tragar mierda: deseas que se acabe cuanto antes, pero las paletadas de porquería siguen llegando en mayor número. En primer lugar, tengo la sensación de que se ha desperdiciado lo que podría haber sido una buena historia. Carlson se emperró en darle a su libro un aire profundo y solemne, pero descuidó la claridad y la emoción básicas que deben tener este tipo de relatos. La novela es tan aburrida y se hace tan cuesta arriba que terminarla resulta prácticamente imposible. El autor utiliza un tono tan serio y moralista que resulta inaguantable. No es, desde luego, una lectura ligera, pero carece del interés suficiente como para pasar por el enorme tormento que resulta leerla. Lo he dicho antes y lo repito: leer “Antídoto” es como atravesar a nado un río de mierda.

En cuanto a los personajes, es insufrible tragarse esa tensión sexual que tienen los protagonistas. Tan pronto quieren follar como hacer voto de castidad (lo de la caja de condones que Ruth coge de una farmacia abandonada es de chiste). Después también hay un triángulo amoroso que tiene de emocionante lo mismo que una carrera de caracoles... Es que... joder, en serio, qué ganas de darle una ostia a cada uno para quitarles tanta tontería. Por cierto, ya que estamos, os diré que los dos protas no acaban juntos: él se va con otra tipa que hay por ahí perdida y ella decide casarse con su trabajo para convertirse en leyenda o algo así, la verdad es que me trae si cuidado.

La subtrama de espionaje es inconsistente y confusa, hasta el punto de no tener ningún sentido. ¿Por qué los rusos y los chinos invaden Estados Unidos cuando tienen el poder suficiente para destruir a las naciones rivales que han ocupado sus zonas montañosas? Es estúpido, de la misma forma que es igual de subnormal que bombardeen la nueva capital de Estados Unidos con una superarma nuclear. ¿De qué coño les servirá asentarse en una zona más radioactiva que el cerebro de un tronista de “Hombres, mujeres y viceversa”? ¡NO TIENE SENTIDO! Pero lo peor es que el autor se empeña en demostrarnos que sí, que todo obedece a un complicadísimo plan de superviviencia y todas esas memeces.

Lo peor de todo es el trasfondo perverso de la historia, pues de nuevo América se convierte en el país que marcará la diferencia, el que echará al enemigo al mar y unificará el planeta bajo un reinado de paz y concordia, la llama de la antorcha que iluminará el mundo... Esta novela no solo es mala y produce cáncer, sino que además es ODIOSAMENTE YANKI.

Y luego está el estilo del autor, amante de meter en la historia elementos y personajes de los que el lector no tiene ni idea pero que el tío introduce en la trama porque sí, porque los personajes habían tenido una vida antes de escapar de las Rocosas y no había que dejar nada al azar. El resultado es que hay tramos en los que no tenemos ni idea de lo que está pasando, presentándonos a personajes que parecen que van a ser decisivos pero que luego se dedican a pintar la mona o que bien salen de la historia como si nada. Por otra parte, gracias a esta novela me ha quedado claro que las hormigas y los escarabajos son enemigos formidables. A partir de ahora seré muy cuidadoso cuando me encuentre con una araña en mitad de la noche, no vaya robarme la cartera... Sin olvidar frases tan poéticas y elaboradas como “El agua relucía al amanecer, clara y traicionera”, lo que me lleva a pensar que los grifos del fregadero también conspiran contra mí.

Y ya está, eso es todo. He perdido casi tres días de mi vida con esta basura. A todo esto, estoy seguro de que, dentro de un par de meses, aparecerá por aquí el típico listillo diciéndome aquello de “Pues si no te gusta, ¿para qué pierdes el tiempo leyendo esta clase de libros?”, porque la gente es así, no puede evitar pasar de largo y ya, sino que tiene que dejar constancia de su intelecto y superioridad moral... Así que vaya por delante este simpático “Váyase a tomar por culo y déjeme en paz, señor/a” a modo de ataque preventivo, porque para lidiar con gilipollas ya tengo el jodido mundo real. Ahí os quedáis.

PD: Tal y como suponía, acabo de enterarme de que esta novela es en realidad la continuación de otra titulada “La plaga” y en la que se nos cuentan los sucesos previos al estallido de la pandemia (entre los que se incluye la estancia de uno de los protagonistas en la EEI). Como leerse esta bazofia sería el equivalente a leer “Las Dos Torres” sin haberle echado un ojo antes a “El Señor de los Anillos”, lo suyo sería retirar la reseña, pedir perdón por mi error y quedarme tan ancho, pero es algo que no voy a hacer porque, con precuela o sin ella, este libro seguiría oliendo a culo igualmente. Buenas noches a todos.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Pandemon: Historia de una extinción (Borja Laita García Luzón)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Pandemon: Historia de una extinción
  • Autor: Borja Laita García Luzón
  • Género: Novela
  • Editorial / Plataforma: -
  • Precio:
  • Número de páginas: 904 (PDF en letra grande)
POR AQUELLO DE HACERME EL INTERESANTE...

Durante los años 70 y 80, Italia se había convertido en una de las exportadoras de películas de Serie B más importantes del mundo, recogiendo el testigo de las producciones norteamericanas de bajo coste que tanto éxito habían tenido en los 50 y 60. La mayoría de estas pelis eran versiones de baja estofa de los últimos bombazos de Hollywood (“Rescate en Nueva York”, con un enorme Kurt Rusell, tuvo su remake italiano en “2019: Tras la caída de Nueva York”, por ejemplo) o bien eran producciones patateras cuyo presupuesto se iba por entero a pagar los honorarios de una estrella de Hollywood en horas en bajas y que era el principal reclamo de la peli. Fue así como Barbara Bach, quien había sido Chica Bond en la extraordinaria “La espía que me amó”, terminó protagonizando “La isla de los hombres-peces”, un aburridísimo film de tres cincuenta que no dejaba de ser una adaptación de “La isla del doctor Moreau”.

Por proximidad geográfica, la mayoría de estas películas nos llegaron dobladas al castellano. Y su influencia en nuestro cine fue tal que muchas de ellas se convirtieron al instante en obras de culto. Por otro lado, no faltaron los directores que, viendo el filón que tenían delante, colaboraron con los cineastas italianos en la creación de cintas con títulos tan rimbombantes como “La invasión de los zombies atómicos”, película que en este blog conocemos muy bien y que tuvo a Paco Rabal como principal protagonista.

La premisa de “La invasión de los zombies atómicos” no puede ser más absurda y divertida: un escape nuclear hace que la gente se convierta en violentos mutantes que matan por diversión. Como veis, no hablamos de zombies propiamente dichos, puesto que los “monstruos” (interpretados por actores a los que únicamente se les había aplicado una capa de maquillaje verde a modo de sarpullido) corrían, saltaban y eran capaces de manejar armas de fuego. Para más inri, también tenían una resistencia sobrehumana, aunque una bala bien dirigida podía acabar con ellos. El único objetivo de los mutantes era matar al mayor número de personas y propagar la infección a base de mordiscos y arañazos.

Normalmente, cuando la única analogía que puedes establecer en una crítica consiste en comparar la novela original con una peli de Serie Zetísima, es que algo no va del todo bien. Pese a todo, “Pandemon”, el libro que reseñaremos hoy, tiene una calidad bastante considerable, aun cuando hay algunos aspectos en el texto que, desde mi punto de vista, son muy mejorables.

“LA DROGA DE LOS LOCOS”

“Pandemon”, de Borja Laita (probablemente un seudónimo para darle a la novela un carácter más realista, aunque no descarto que se trate del verdadero nombre del autor), recoge el testigo de los zombies atómicos y lo mezcla con el de la saga de videojuegos “Resident Evil”, dando como resultado una novela a ratos entretenida y, sobre todo, muy dura por la temática que trata y lo impactante de algunos pasajes (matar a un infectado con un Action Man es algo que no se ve todos los días). El autor nos presenta un experimento militar que sale terriblemente mal y termina con la propagación del virus de turno por todo el mundo, convirtiendo a los humanos en violentas máquinas de matar. Las mutaciones y los engendros están garantizados, por supuesto.

No es exactamente el concepto de la novela, pero os hacéis una idea.

Borja nos ofrece su particular visión del Apocalipsis Zombie, si bien aquí los muertos no se levantan de sus tumbas, sino que son personas normales que caen bajo el influjo de la violencia. Hay, por lo tanto, un componente de originalidad si lo comparamos con otras obras del género, si bien últimamente la figura del infectado (ya sea inteligente o no) le está ganando terreno al zombie tradicional. Porque hay que reconocerlo: la idea de que una criatura lenta y torpe sea capaz de terminar con el mundo e inspirar miedo es bastante idiota. Los autores actuales parecen haber comprendido la lección, relegando al zombie clásico al mundo de la parodia y otros campos similares.

Desde un punto de vista formal, la novela es casi perfecta. La portada está muy bien hecha y el tema se corresponde con lo que nos encontraremos en el interior. Las faltas de ortografía prácticamente no existen, quedando relegadas a dos o tres tildes que no deberían estar allí. En cuanto al argumento, este se mantiene en la misma línea de las demás historias del género (tampoco podemos pedirle más, puesto que la temática es la que es). La idea de llevar un diario (o un blog en este caso) sobre un acontecimiento importante no es nueva, pero sí es cierto que aquí el tema está muy bien tratado y que le da un toque de dramatismo mucho mayor.  

El principal problema que le veo a la historia es mi incapacidad para conectar con el protagonista. Lejos de ser un tipo normal, Borja es un superhéroe. Tan pronto como le hieren en la rodilla o el brazo, le vemos correr y caminar. Da igual que un perro mutante se le tire encima o que un trozo de cristal le atraviese el pie. El personaje se repone de sus heridas de inmediato, aun cuando Merche, su novia, no es una especialista en primeros auxilios. Parece que se recupera por arte de magia de todos los golpes que recibe, con independencia de si son graves o no. Así sucede, por ejemplo, cuando huyen del pueblo de la madre de Merche, en el que sufre un disparo a quemarropa y su tobillo no sale muy bien parado tras recibir la agresión de un infectado y restos de una perdigonada. A los pocos días de ser operado, le vemos escapar del ataque de una turba de mutantes como si nada. Y no solo eso, sino que además emprende el camino hacia el Punto de Reunión, el cual está a varios kilómetros de allí, en la sierra. Sinceramente, me gustaría desayunar lo mismo que este chaval, dado que en ningún momento desfallece. El personaje recibe una decena de ataques durante el transcurso de la historia, pero se recupera de ellos al instante, como si no hubiera pasado nada.

Por otra parte, me sorprende como alguien sin otras nociones militares que dedicar las tardes de los fines de semana a jugar a la “guerra de pintura”, se convierta en un tirador experto que supera incluso a las mejores unidades del Ejército y la Guardia Civil. No quiero decir con esto que, a menos que seas un soldado, no tengas ni idea de cómo disparar un fusil, pero he de insistir en la rapidez con la que el personaje aprende. Y más si tenemos en cuenta que entre el estallido de la pandemia y el fin de la aventura solo transcurren tres meses. Borja y su grupo casi matan más infectados que el propio Ejército. Por otro lado, debo repetir la misma pregunta que me hecho desde que empecé el “Reto Zombie”: ¿por qué el Ejército solo despliega soldados de infantería y utiliza a la Fuerza Aérea para destruir los pueblos? ¿No sería más lógico utilizar tanques? Los Leopard 2-AE están para algo más que para sacarlos en los desfiles. En cuanto al bombardeo de los pueblos, igual deberían de dirigirse a las grandes concentraciones de infectados, digo yo...

Otra cosa que también me irrita del personaje son sus dotes de liderazgo. Entiendo que en un mundo tan duro (insisto en que solo pasarán tres meses entre el colapso de la civilización y el final de la historia) tengas que tomar decisiones que nunca te hubieras planteado (está claro que si no comes, te comen a ti), pero es que Borja está detrás de TODOS Y CADA UNO de los planes para huir o atacar a los infectados. Prácticamente, sus compañeros no hacen nada sino servir de comparsas y cumplir órdenes. Puedo entender que, al ser el único que sabe a dónde ir, los demás le sigan, pero eso que no significa que todos deban obedecerle a pies juntillas. No digo que el personaje no dude de sus capacidades, pero es que ese empeño por mostrarnos al tío como un héroe casi infalible llega a resultar agotador para el lector. En ocasiones, hubo momentos en los que deseaba que lo abrieran en canal y saliera de la historia, porque era muy cansino leer tanto “Yo, yo, yo, yo....”. Por otro lado, no veo que experimente ningún atisbo de culpabilidad al haber sido partícipe del proyecto que ha puesto fin a la Humanidad, aunque haya sido de forma indirecta. En resumidas cuentas: es como si no pudiera permitirse ser humano en un momento en el que la Humanidad está dejando de serlo. 

En cuanto a los demás personajes, estos cumplen bastante bien su cometido, aunque hay un momento en el que se juntan tantos que a veces es complicado ponerle cara a todos (me refiero a cuando Borja y Merche encuentran el pueblo de su madre). No entiendo muy bien el papel del Coronel Rodríguez en la historia: si el proyecto de los laboratorios estaba financiado por el Ejército, ¿cómo es que el militar ignoraba la existencia de los Puntos de Reunión? No digo que el enfrentamiento final entre Rodriguez y Borja carezca de emoción (porque la tiene), pero no creo que tenga mucho sentido.

El desarrollo de la novela es bastante correcto, pero creo que sufre un bajón importante cuando los dos protagonistas abandonan la urbanización en la que tienen su casa. Su viaje hacia el pueblo donde viven los padres de Merche está lleno de peligros y se agradecen los intentos del autor por ponernos en situación (hay incluso escenas a lo “Mad Max”), pero tras su encuentro con los militares la cosa decae muchísimo. La narración se vuelve muy lenta y repetitiva, casi farragosa, remontando el vuelo cuando deciden emprender el ascenso hacia La Pedriza. Tampoco llego a entender del todo el combate final entre el grupo de Borja y los infectados. ¿Por qué estos últimos no les atacan y ya, en lugar de observarlos desde la distancia? ¡Si prácticamente están al lado!

Otro de los aspectos que me chirrían de la historia son las ansias del protagonista en dejar por escrito todo cuanto le ocurre, aun cuando están en verdadero peligro. Esta insistencia no solo me llega a resultar cansina, sino tonta y a ratos infantil. ¿Cómo es posible que, en pleno asalto a los laboratorios de Londres, con los infectados aporreando la puerta y los soldados y los guardias de seguridad disparando, Merche tenga como única fijación escribir en el blog (entrada correspondiente al 15 de septiembre: “Comentaros que hasta aquí lo he escrito yo antes de salir de la habitación, lo siguiente lo irá poniendo Merche según van sucediendo las cosas y de lo que se pueda enterar”)? Entiendo que, en una situación de emergencia, lo primero que hagas sea enviar mensajes para informar de tu situación, pero de ahí a hacerlo en un blog... ¿En serio? Otra cosa, si tenemos en cuenta que a Borja lo convocan en esos mismos laboratorios de forma urgente, ¿cómo es posible que se tome su tiempo para escribir una entrada en el blog? Desde luego, de haber sido yo su novia, le habría hecho tragar el ordenador. ¿La sacas del Museo Británico para llevarla de vuelta al hotel y lo primero que haces es ponerte a escribir en tu web? ¡Jo! Ya solo eso es motivo de divorcio, ¿eh? Por otra parte, que el mundo se esté viniendo abajo y tu única preocupación sea la de cambiarle el nombre al blog ya me parece el colmo.

Hay también algunos detalles que tampoco es que sean para llevarse las manos a la cabeza, pero que sí nos obligan a plantearnos la coherencia de lo que nos están contando. Si los laboratorios en los que Borja trabaja son tan secretos y tienen unos códigos de seguridad de la ostia, ¿cómo es que son incapaces de saber que uno de sus empleados está escribiendo sobre ellos en la red? Es como si un agente de la CIA desvelara información confidencial de las misiones que la organización tiene en curso. Y ya sabemos lo que ha pasado con el caso Snowden. Por otro lado, y obviando las anotaciones que Borja deja en su cuaderno, ¿cómo es que Internet funciona adonde quiera que vayan? Ojalá la fibra óptica funcionara igual de bien donde yo vivo, porque al mínimo apagón se va a tomar por saco. Repito que es una opinión personal y que no tiene nada que ver con la calidad del autor, pero sí con la credibilidad de la historia. Si nos planteamos todo esto, lo demás se viene abajo, por mucho infectado al que apaleemos.

CONCLUSIÓN:

Ha habido un enorme esfuerzo a la hora de escribir esta novela y se nota, pero creo que hay detalles y aspectos que deberían pulirse un poco más. Honestamente, y teniendo en cuenta los prejuicios que tengo contra el género, no creo que mis apreciaciones sean de interés tanto para el autor como para los aficionados a este tipo de historias, pero eso lo dejo a decisión de quien haya llegado hasta aquí.

La historia en sí no es mala. Nos plantea una idea muy original y se aleja del tópico del infectado, pero pienso que podría haber estado mucho mejor desarrollada. Me gusta mucho el convertir a los infectados en una horda de orcos pero, entre otras cosas, no entiendo ni por qué el virus se extiende tan rápido ni la organización jerárquica que siguen los “zombies”, puesto que tan pronto se matan entre ellos como cumplen órdenes. Me ha agradado mucho, eso sí, cómo el autor ha expuesto el tema de “El hombre es un lobo para el hombre”, puesto que en un mundo tan violento infectados y “sanos” son igual de peligrosos, pero tampoco es que sea algo muy novedoso que digamos. Como llevo diciendo desde que empecé el reto, creo que los aficionados al género disfrutarán al máximo de esta novela. Los demás quizá la veremos con algo de desidia y como una historia del montón, aun cuando el conjunto final no está del todo mal planteado.