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sábado, 9 de diciembre de 2017

Balance cinematográfico de 2017 (4)

No es necesario que empujen, hay sitio para todos...

NI FU NI FA

Donde lo aceptable y lo mediocre van de la mano desvaneciéndose de nuestra memoria como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir...

5. Shin Godzilla


Me consta que esta película tiene muchos admiradores. Y no nos engañemos: dado que la versión norteamericana de 2014 no agradó a todo el mundo y que la propia trayectoria cinematográfica del monstruo no es precisamente para tirar cohetes (vean si no la descacharrante -por temática y título- “Gorgo y Superman se citan en Tokio”), es lógico que muchos consideren a Shin Godzilla” como una de las mejores pelis del personaje. A su favor tiene el rediseño del monstruo, de un aspecto verdaderamente aterrador y malsano; un reinicio de la saga que obvia todos los títulos anteriores (algunos de ellos, repito, son carne de psiquiátrico); y un tono serio y cínico con la realidad japonesa del momento (la cadena de mando provoca continuos retrasos en la toma de decisiones, el estatus de Japón sigue siendo el de un país subordinado a Estados Unidos y el recuerdo de Fukushima no deja de planear a lo largo de todo el metraje). Con respecto a esta última cuestión, la película perfectamente podría haberse titulado “Godzilla contra la burocracia”.


Pese a que tiene muy buenas intenciones, el problema de la película se reduce a uno: es un COÑAZO inaguantable. Es lenta y aburrida a más no poder. Entiendo la sátira que se hace contra la clase política japonesa y que, para que la broma funcione correctamente, es necesario repetirla varias veces para que el espectador se contagie de ese agotamiento mental que afecta a los protagonistas. La cuestión es que la coña se alarga demasiado (son casi dos horas de metraje), de manera que, en lugar de conseguir la complicidad del espectador, hace que este resople de impaciencia y mire la barra del reproductor con la esperanza de que la tortura se acabe cuanto antes.

No es tan épico como parece. He visto vomitonas mucho más grandes que esta cuando salgo los fines de semana.

Los personajes humanos no es que sean antipáticos, es que dan ganas de que Godzilla aparezca y suelte sobre ellos su vómito radiactivo (ya os advierto que hay una escena así en la película). En ningún momento sentimos simpatía por ellos. Al contrario, van tan de sobrados que llegan a resultar detestables. E insisto: esta chorrada dura dos horas... dos horas que perfectamente podrían haberse quedado en ochenta minutos. Se agradece el tono serio del argumento, pero es una película que ni de coña volvería a ver, aunque debo admitir que el plano final, con esos híbridos humanos y reptilianos brotando de la carbonizada cola de Godzilla, ha hecho que espere con algo de impaciencia la secuela.

4. El retorno de Godzilla


Otra vez Godzilla. Rodada en 1984, “El retorno de Godzilla” pretendía ser una continuación oficial de “Japón bajo el terror del monstruo”, primer título de la franquicia. Al igual que habíamos visto con “Godzilla Shin”, la película se aleja de los bodrios que se lanzaron durante los años 60 y 70 para adquirir un tono mucho más solemne y serio. Utilizando la Guerra Fría como trasfondo y reflexionado sobre el papel que Japón debía ocupar en el mundo bipolar, la película nos advierte sobre los peligros de las armas nucleares y la necesidad de que todos los países coexistan en paz. Y es precisamente aquí donde está el problema: sin llegar a ser oscura, “El retorno de Godzilla” se toma demasiado en serio a sí misma... lo cual contrasta con algunas escenas en las que vemos a un remedo de Indiana Jones nipón haciendo el ganso por Tokio y aprovechando la desbandada de la población para comer de gorra en un restaurante. En serio, ¿a qué venía eso? ¿Se había escapado de "Humor Amarillo"?

El Rey de los Monstruos durmiendo la borrachera.

El cariño que le profeso a esta película es enorme, casi tanto como a un hijo subnormal. La banda sonora (que erróneamente había atribuido a “Meteoro”) me ha acompañado hasta hoy. Las maquetas son espectaculares y están dotadas de un gran realismo. Una película de monstruos gigantes no sería lo mismo si no hubiera una ciudad que destruir. Todo aquí esta cuidadosamente elaborado. ¡Y además sin necesidad de utilizar efectos hechos por ordenador y esas chorradas! La ilusión es tal que llegamos a pensar que esos rascacielos reducidos a escombros son de verdad. Lamentablemente, no sucede lo mismo con Godzilla, cuya mirada estrábica llega a recordarnos a Leticia Sabater en sus peores años, pese a que su diseño es bastante correcto y desprende cierto aire malévolo, que es lo que toca.

Leticia Sabater, ¿eres tú?

“El retorno de Godzilla” fue la primera película que vi. Creo recordar que en España se estrenó entre 1991 y 1992, allanando el camino a “Parque Jurásico” (pese al lejano parecido con sus parientes del Mesozoico, Godzilla seguía siendo un dinosaurio, algo que nos confirma uno de los protagonistas de la peli). Por esa misma época TVE también se había hecho con los derechos de “Ultraman”, haciendo que el género de kaijus se convirtiese al momento en uno de mis favoritos. Entre mis juguetes no faltaron monstruos de dos cabezas y otras imitaciones godzillianas procedentes del “Todo a 100” de la esquina, y en verano era raro que alguno no me acompañase a la piscina. A esto hay que añadir que, por aquel entonces, a mi hermano y a mí nos habían regalado una de esas ciudades plegables de TENTE en la que podíamos saciar nuestro apetito de destrucción (o al menos el mío). A estas construcciones se les podían añadir otras más pequeñas aumentando así el tamaño del mapa. A mí en concreto me regalaron un centro especial que traía su propio cohete. Mejor no os cuento las veces que lo utilicé como arma definitiva para acabar con los monstruos que querían asolar la urbe.


"¡Dejadme en paz, putos mosquitos!".

Con todos estos recuerdos, ¿cómo no me va a gustar esta película? Y sin embargo, reencontrarme con “El retorno de Godzilla” veinticinco años después no ha sido, ni de lejos, una experiencia satisfactoria. Es simpática y tiene su encanto, sí, pero poco más. Hoy puedo aseguraros que, pese a ser un título respetable, no es la mejor película de su clase y que, a ojos de un adulto, pierde bastante.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Balance cinematográfico de 2017 (3)

Gracias, lectores imaginarios... Son ustedes un público maravilloso.

1. La herencia de Valdemar II: La sombra prohibida


De nada sirve hacer una presentación de esta basura. No merece la pena. Materia fecal pura y dura. La primera parte, aburrida de solemnidad y larguísima de cojones, todavía iba y pasaba. Como relato gótico, pues lo compraba, oye. Pero esta mamarrachada, de tan estúpida y pretenciosa, provoca hasta cáncer. Un atentado contra el buen gusto y las normas básicas del cine. Y  no se trata de ninguna exageración.

Siete razones por las que esta película es una PUTA MIERDA:

1) Las actuaciones dan vergüenza ajena. Rodolfo Sancho está irreconocible, dando vida al que quizá sea el personaje más detestable de su carrera; Óscar Jaenada, a quien años después veríamos haciendo el indio en la execrable "Piratas", parece que decidió repetir su papel en "Qué vida más triste" (donde también se enfrenta a un pulpo radioactivo, cuidado ahí); Eusebio Poncela, peluca empolvada en ristre, no sabe ni dónde está... Ojalá pudiera decir algo de sus compañeras de reparto, pero lo hacen mil veces peor.

2) Una historia con tropecientas subtramas que no están relacionadas entre sí: a la trama del matrimonio Valdemar se le suma la del monstruito tipo Gollum que vive bajo los cimientos de la casa (en serio, ¿qué papel juega este bicho en todo el fregado?), la del deficiente mental que habla con unos maniquíes a los que considera su familia, la de la zíngara fantasma que ha perdido a su hijo y que aparece y desaparece a conveniencia, la de Óscar Jaenada y la puta francesa con la que habla en el tren, la de los agentes inmobiliarios, la de los sectarios, la de los niños desaparecidos y torturados en los sótanos de la mansión... Todo está muy cogido con pinzas y es terriblemente errático. La forma en la que se conectan todas estas historias a la trama principal es de traca, con deportación a Auschwitz y cámara de gas incluida.

Ojalá hubiera visto o leído algo de las gilipollescas aventuras de "Harry Potter" solo para hacer un chiste de Voldemort.

3) No sabemos por qué el matrimonio Valdemar quiere invocar a Cthulhu ("Eres muy Cthu... Cthu... Cthu... Cthuli... ¡Y tiene el dibujo de un tren!"). El espectador no puede evitar pensar que todo es una excusa para poner al bicho en la pantalla, porque la historia en sí no tiene ningún puto sentido. Resulta complicado saber qué pinta la bibliografía de Lovecraft en todo esto. Si hubieran suprimido cualquier referencia a sus novelas, no se habría notado lo más mínimo.

4) Óscar Jaenada da mucha vergüenza ajena, en serio.

5) El subnormalismo de esta película alcanza su punto álgido cuando los sectarios, en el momento del sacrificio, confunden a un niño de verdad con un nenuco de plástico colocado en el altar por el deficiente mental de marras. ¿En serio? ¿De verdad? ¿PERO QUÉ CLASE DE ORDEN SECRETA MILENARIA DE MIERDA ES ESA? ¿A quién coño se le ocurrió semejante giro de guión?

"Siete sectarios que llegan de Bonaaaansaaaaa..."

6) Cthulhu aparece como una deidad que se dedica a cumplir deseos como el depresivo (y felizmente desaparecido) Robin Williams en "Aladdin". ¿POR QUÉ? Quiero decir, ¿en qué estaban pensando? Tampoco es que esté muy familiarizado con los mitos de Lovecraft, pero lo que conozco del personaje está muy lejos del papel que le asignaron en la película. Y encima, aparece como un dios menor sometido a otras entidades superiores. ¡Cthulhu puede hacer lo que le salga de sus cojones tentaculares, me cago en Dios!

La reacción de los actores cuando se les obligó a ver una de las escenas que acababan de grabar.

7) Algo positivo tiene que tener esta basura: ha hecho buena a la ignominiosa (pero increíblemente divertida) "Dagon, la secta del mar".

Y aquí una buena prueba de ello: ¡EL CULO DIGITALIZADO DE MACARENA GÓMEZ!

BONUS TRACK: Mammoth


Un claro ejemplo de cómo ir de gracioso por la vida sin serlo (os jodéis, mi blog no vale). "Mammoth" parte de una premisa tan alocada que es imposible tomársela en serio: resulta que una raza alienígena criogenizó a un mamut hace una burrada de años con el objetivo (y aquí estoy teorizando demasiado, puesto que nunca llegan a explicarlo del todo) de destruir en el futuro a los humanos (!). El mastodonte es descubierto por un científico interpretado por un tal Vincent Ventresca (el actor tiene que ser así de lamentable para que solo me acuerde de su apellido) quien, al agujerear el bloque de hielo en el que está encerrado, activa una sonda de vigilancia extraterrestre que termina estrellándose contra la Tierra, permitiendo así la fuga del mostrenco. Así contado, puede hasta sonar gracioso. Pero creedme: no lo es.

Dumbo: otra carrera destruida por las drogas.

Lamentablemente, la película está muy lejos de la genuinamente tonta "Gargantua". El resultado es una bufonada que está a la misma altura de los chistes de Rober Bodegas, relegando las escenas de "acción" por un "semidrama" familiar en el que Ventresca, viudo y con una hija adolescente a su cargo, debe sacar adelante a los suyos (¿he dicho ya que su padre es un teórico de la conspiración?), todo rollo en plan "Soy un hombre ahogado por el trabajo y que no puede ir a los partidos de béisbol del pequeño Jimmy". Una vez más, "Los Simpson" se anticiparon al futuro. Tiempos muy oscuros estos que corren.

Hay algunos guiños a "Men in Black" y alguna que otra mongolada por el medio, pero el conjunto no merece su hora y pico de visionado: personajes que desaparecen a mitad de metraje, chistes sin gracia, "defectos" especiales, escenas que no vienen a cuento, ni una puta en bikini... Y el mamut que solo sale cuatro o cinco veces. Tan insulsa como "El ataque de la Montaña de Mierda". Al menos, repito, no se toma en serio a sí misma, lo cual es de agradecer. En cuanto al monstruito, este está hecho con tal desgana que parece que utilizaron mojones de perro en su diseño. Malísima.

martes, 5 de diciembre de 2017

Balance cinematográfico de 2017 (2)

El espectáculo de basura debe continuar...

3. Garras asesinas (AKA Strays: Killer Cats)


Esta es para campeones. Estamos ante un filme de sobremesa cutre y barato al estilo de “Dolly Dearest”, aquel chorradón mayúsculo protagonizado por una muñeca endemoniada. Al igual que había ocurrido en las aventuras de su contrapartida de plástico, tenemos a una familia típica estadounidense que se compra una casa en las afueras... Y lo que viene “aluego” ya os lo podéis imaginar: la casa está habitada por un gatete con más mala uva que un guionista de “The Walking Dead”, el cual amenaza con hacerles la vida imposible, ya sea lanzando sus hordas gatunas contra ellos o bien asesinando a sus seres queridos. No me digáis que la cosa no promete.

"Vuelve a quitarme el vídeo de Simon's Cat y te meteré el ordenador por el culo, humano hijo de puta".

Lo curioso es que en ningún momento se nos cuenta por qué el gato es así. No sabemos si necesita un abrazo o si directamente es autista. Por saber, no sabemos ni sus orígenes, porque... ¿para qué contar su historia cuando podemos centrarnos en unos protagonistas humanos a los que dan ganas de moler a palos? Eso sí, el monstruito dobla en tamaño a un gato normal y toma yorkshires en el almuerzo y el desayuno. Solo así puede afrontar el día con energía y asesinar a inocentes fontaneros. Una joyita, el bicho. Las reacciones de los actores ante lo que es un simple gato con sobrepeso no es que no sean creíbles: es que dan una vergüenza ajena de campeonato.

Por ahí también hay una trama secundaria en donde la cuñada del cabeza de familia quiere montárselo con él y así joder a su hermana, pero esta mierda es totalmente irrelevante. Cualquier subtrama palidece ante los bufidos del villano de la peli. Y uno no puede menos que preguntarse cómo lo hizo el director para tener al pobre bicho en pie de guerra durante todo el rodaje.

Que te mate el Coronel Meow es el equivalente a cogértela con la cremallera después de mear.

¿Escenas para el recuerdo? ¡A montones! Hay una secuencia en la que los gatos persiguen a la pequeña de la familia. Esta consigue encerrarse en su habitación, pero los gatos tienen TAL FUERZA que rompen la puerta con sus garritas. Hay otra en la que, ya acercándonos al clímax de la película, el padre mete a uno de los gatos dentro del microondas mientras dice “¡Se terminaron tus siete vidas!”.  Apoteósico. Luego hay otra en la que la cuñada del nota se despeña escaleras abajo tras habérsele enredado una maraña de gatos entre las piernas... Y por supuesto está el gran final típico de estas producciones, donde aparece un gatito oculto tras la verja del jardín mientras la cámara hace un zoom hacia sus ojos y suena una música como de vampiros en plan "¡LA AMENAZA TODAVÍA VIVE!".

En este plano pueden pasar dos cosas: A) Los gatos se retiran derrotados o B) Los gatos tiran la puerta abajo.

Puertas de papel de estraza. ¡UN APLAUSO PARA LOS COJONES DEL GUIONISTA, POR FAVOR!

Hay que tener en cuenta que cuando esta gilipollez se lanzó en vídeo, las pelis sobre animales, niños, muñecos y lavavajillas que cobraban conciencia propia para asesinarte estaban a la orden del día. Por si fuera poco, el género se vio revitalizado gracias a las amenazas de una invasión de abejas africanas que asolaría Estados Unidos durante la segunda mitad de los 90... y que nunca llegó. Cualquiera diría que a los americanos les encanta que los maten... Solo hace falta darse un garbeo por sus escuelas, aunque todos sabemos que hombre precavido vale por dos... Por eso piensan que la mejor manera de detener un tornado es disparándole.

2. Cincuenta sombras de Grey


“Cincuenta sombras...” es el “Crepúsculo” de nuestra época, lo cual no tiene nada de raro si tenemos en cuenta que la primera es hija espiritual de aquella. En su momento, “Crepúsculo”, y muy especialmente su adaptación cinematográfica, se llevó palos por todos lados, llegando a ser considerada como una de las peores películas jamás hechas y convirtiéndose automáticamente es un chiste recurrente, casi al mismo nivel que Justin Bieber, los Jonas Brothers, Britney Spears o Paris Hilton. El Imperio tiene la capacidad para exportar basura en cantidades industriales y los habitantes de sus satélites la asimilamos como si se tratase de una muestra más de nuestra propia identidad (cuando no de nuestra propia mierda). De ahí que las gracietas nacidas alrededor de estos subproductos a muchos nos resultaran tan ajenas como un diccionario para Belén Esteban.

"Cuanto peor para todos, mejor... Cuanto mejor... ¡Mierda! ¿Cómo era?". Rivera aprendiendo de los mejores.

A la larga, “Crepúsculo” se convirtió en el saco de boxeo en el que cualquier amante del cine o del buen gusto podía descargar su frustración. Cuando uno entraba en un foro de cine tenía la sensación de que había que insultarla y ponerla por los suelos porque, simplemente, era lo que había que hacer. Y en honor a la verdad, la película se lo merecía, porque era mala con ganas. Debo reconocer que solo vi la primera entrega y me pareció un peñazo bíblico, amén de ese molesto filtro azulado que le daba al conjunto un aire bastante pretencioso (y del que prescindieron en las secuelas por obra y gracia de Nosferatu). Por no hablar de los continuos caretos de asco de Kristen Stewart, actriz que algunos medios especializados parecen empeñados en rehabilitar aun cuando no ha dado muestras de merecerlo (ya ves tú por donde me paso el prestigio del sobrevaloradísimo Woody Allen). En cuanto a Pattinson, la indiferencia que me despierta es tal que no merece la pena ni odiarlo. Pero bueno, al menos “Luna Nueva” no estuvo tan mal. Todo lo que vino después es un completo misterio para mí.

Pour Femme Eau de Toilette for Women... L'amour... Paris...

“Cincuenta sombras de Grey” es más de lo mismo. Me cuesta un enorme trabajo admitir que semejante bosta de elefante pueda gustar. Según tengo entendido, su estreno en Telecinco hace un par de días la convirtieron en una de las emisiones más vistas del año... Lo cual dice mucho de un país donde la gente cuelga banderas de los balcones, el #%&$ de Íker Jiménez es visto como un héroe nacional, Álvaro Ojeda goza de cierto prestigio y Paco Marhuenda dirige un periódico... Pero sí, esta escombrera tiene seguidores y peña dispuesta a matar por ella. Pa envenenarse bebiendo lejía no, lo siguiente.

¡OH, DIOS! ¡QUÉ SUTIL!

La película no es que sea mala, es que es bastante risible y olvidable. Al menos adapta con más o menos éxito la novela en la que está basada pero, viendo cómo se las gasta el material original, eso no tiene ningún mérito. Es algo que no debería ni de existir y que, para colmo, supuso que las estanterías de todo el país se llenasen de múltiples imitaciones literarias surgidas a raíz de una “grey-exploitation” que, a Dios gracias, ha ido cada vez a menos... Hasta que las editoriales decidan cuál es el nuevo fenómeno que debemos amar/odiar. Porque hasta el odio es una moda. E insisto: “Crepúsculo”, a diez años de su estreno y cinco del final de la saga, está ahí.

No puedo evitar ver este fotograma y pensar en Albert Rivera montándoselo con la hija de Pablo Motos.

Lo mejor de todo el mondongo es que el actor que da vida al Grey de los huevos se parece ídem a Albert Rivera: ambos son repelentes y odiosos hasta decir basta. La chica es un zorrón que está más salida que el filo de una mesa y la historia es machistorra a tope. Pero ya digo: tampoco es que el material original diera para más. De momento, el capítulo final de la trilogía va camino de correr la misma suerte que sus predecesoras en lo que a crítica se refiere. En cuanto a su espectacular taquilla, vivimos en un mundo hasta arriba de gilipollas, simplemente. Yo el primero.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Balance cinematográfico de 2017 (1)

No voy a enredarme en explicaciones innecesarias y llenas de clichés sobre lo que significa arrancar la hoja del calendario y tropezarnos con diciembre al otro lado. Nunca me ha gustado justificar nada y no voy a empezar a hacerlo ahora (bastante que lo hago en el cochino mundo real). En resumidas cuentas: nos encontramos, si Corea del Norte y el Capitán Risketos no lo impiden, con otro año que está a punto de palmar. Al igual que los años anteriores, 2017 ha sido un año repugnante en muchísimos sentidos. Sigo sin terminar la carrera (y ya van tantos años que hasta me avergüenza decirlo), mi alopecia avanza a un ritmo preocupante (en dos o tres años, siendo muy optimistas, tendré que plantearme raparme la cabeza), sigo sin ganar ese premio literario que me sacará de pobre (pffff...) y mi libro de cuentos, publicado en 2016 después de un retraso de cuatro putos años, no se vende ni regalándolo con una FHM donde Emma Stone y Patricia Conde se dan el lote mientras Gal Gadot es obligada a mirar. Sigo echando barriga, me han tenido que empastar dos muelas, mi vida social es igual de emocionante que una carrera de caracoles y... ya está, creo que eso es todo. ¡Ah, sí! Este año he estrenado gafas nuevas. Hasta me he comprado unas de sol.

Lo que se dice un año COJONUDO.

Si habéis llegado hasta aquí, enhorabuena. Habéis tenido un aguante envidiable en unos tiempos en los que leer el párrafo de un blog ya supone un esfuerzo intelectual notable. Pero casi que es mejor que sigamos con lo nuestro.

Los lectores más veteranos (si es que todavía queda alguno) ya sabrán que por estas fechas suelo hacer un recopilatorio de las peores películas que he visto durante el año. Es una gloriosa tradición (?) que se remonta al 2014 y que en 2015 casi estuve a punto de dejar a medias por lo cansino que me resultaba hilar tres cochinas palabras seguidas para un público inexistente. De ahí que en 2016 mandase esta práctica a tomar por culo y despidiese el año con una foto de Santiago Abascal balbuceando como un deficiente mental. Si a eso le añadimos la pachorra con la que me he tomado administrar este antro a lo largo del año, tendremos una oda a la pereza digna del mejor... del mejor... al carajo, pasemos a enumerar las películas y ya.

A diferencia de años anteriores, esta vez he incluido en el pack diferentes listados donde no solo enumeraré la mierda más cutre que me he ventilado esta temporada, sino también aquellas películas que más me han gustado o que, siendo una basura, tienen tres o cuatro detalles que las hacen destacables. ¿Que por qué? Porque Interné está lleno de gente desagradable que grita y le gusta soltar bilis a todo trapo, y yo ya he superado esa etapa. O tal vez no. Puede que el recurso esté tan gastado que ya no lo encuentre nada divertido... O puede que, simplemente, me apetezca comunicarme utilizando algo más que simples gruñidos. No sabría explicarme. Yo es que soy así. Un tío raro de cojones, de los de esconderse en su cuarto cuando viene gente a casa.

Me acaba de cargar lo último de XVIDEOS y, al igual que Roger Smith ejerciendo de “Decididor”, tengo algo muy gordo entre manos. Nos vemos el año que viene. Ahí os quedáis. Dale a la peli, Lou...

Pues eso.

LO PUTO PEOR

Donde se recoge lo peor y lo más nauseabundo del género cinematográfico, entrando en esta categoría aquellas películas que nos provocan desde secuelas físicas hasta taras mentales, afectando de forma perniciosa a nuestros humores. Y sepan quienes lean esto que deben huir de ellas como de la peste.

5. El Caballero del Dragón


Esta película me decepcionó enormemente. Viendo el cartel y leyendo por encima la sinopsis, me había hecho la idea de encontrarme con un “Ejército de las Tinieblas” patrio, con un desquiciado (todavía más) Klaus Kinski haciendo de Bruce Campbell en una Edad Media poblada por alienígenas. En mi cabeza, la dama a la que Kinski había jurado proteger era abducida por los extraterrestres, comenzando así una épica misión de rescate que concluiría con el actor alemán entrando a sangre y fuego en la nave marciana. El héroe, por supuesto, utilizaría tanto la espada como el cañón de rayos para eliminar a sus enemigos, y no faltarían el humor gamberro y los chascarrillos. ¡Eran los 80, maldita sea!

Lo dicho, la idea, en mi cabeza, MOLABA MUCHÍSIMO. Y para colmo, Kinski ya había venido de hacer "Aguirre, la cólera de Dios". Pero claro, Fernando Colomo no era Juan Piquer Simón... Ni Juan Piquer Simón era Sam Raimi.
En lugar de eso, me encontré con una fantasía medieval bastante chapucera en la que ni siquiera Kinski es el protagonista. Por allí también andan Harvey Keitel haciendo de caballero bocazas (¡qué oportunidad perdida, joder!) y Miguel Bosé haciendo de... de... joder... de Emisario de las Estrellas.

Iba a hacer un chiste sobre Kinski, el hipnotismo y la burundanga pero, visto el contexto actual, no tendría ni PUTA GRACIA.
No diría que se trata de una película familiar, pero sí de una historia de aventuras bastante blanda. Bosé nos ofrece una visión bastante particular de ET, mostrándonos a un alienígena bondadoso e incomprendido que tiene que lidiar con la maldad de los hombres. Su personaje no dice absolutamente nada durante el metraje, lo que contribuye a darle cierto aire de adorabilidad. Eso, y la cara de hacer pucheros que pone cada dos por tres. El personaje, a punto de cumplir la treintena, era todo un ídolo juvenil en la época y supongo que más de una espectadora (y espectador) quería llevárselo a casa. Por su parte, tanto Kinski como Keitel están desaprovechadísimos. Todavía Keitel va y pasa (seguramente su personaje, a excepción del paródico Caballero Verde, es el más interesante de toda la peli), pero Kinski ya podría haberse quedado en su casa emborrachándose o haciendo otra secuela más de “Nosferatu”. Muchos amantes de la buena caspa se lo habríamos agradecido.

Y la chica protagonista que hace de princesa (María Lamor) es adorable y está muy rica, sí. Según he leído, fue su primera y última película, y apenas hay referencias de ella en Internet. Una verdadera pena. Y lo digo muy en serio.

Miguel Bosé experimentando las bondades del sexo oral.

El problema de la peli es que es aburrida. Y es tonta... muy tonta.... tontísima... Al menos la banda sonora es bonita y tiene unas localizaciones muy chulas, pero poco más. No recuerdo cuántas veces la paré para mirar el Facebook, así que con eso ya os lo digo todo. Si os animáis, está colgada en Youtube completita y sin cortes.

SPOILER: Harvey Keitel y el otro villano acaban la película dando vueltas por la galaxia mientras gritan “¡Volveremos! ¡Volveremos!”... Menos mal que nunca cumplieron su palabra.

4. La guerra del Planeta de los Simios


La franquicia de “El Planeta de los Simios” nos dejó una primera parte que hoy es todo un referente de la ciencia ficción y un clásico de culto, así como un porrón de secuelas a la cual más absurda y ridícula (lo de mezclar a monos y mutantes en la segunda entrega era un presagio de lo que nos encontraríamos después). En 2001 pudimos disfrutar de la adaptación que hizo Tim Burton de la película original, una cinta a todas luces infravalorada y que no me cansaré nunca de reivindicar. Los críticos se cebaron injustamente con Burton y la franquicia quedó olvidada hasta que diez años después alguien pensó que sería buena idea profundizar en el universo simio y ofrecer al público una versión reimaginada del mismo.

El administrador de este blog cuando le dicen que 2018 va a ser un año lleno de oportunidades y buenas noticias.

El resultado fue una trilogía de películas y un par de cortometrajes promocionales que, lejos de resultar interesantes, son un absoluto coñazo. La primera parte ya tenía momentos vergonzantes (como esa batalla campal entre policías y monos que tiene lugar en el puente de San Francisco), si bien se dejaba ver y se molestaba en explicarnos los motivos del declive de la raza humana (algo que muchas producciones del género ni siquiera se molestan en hacer... ¿verdad, “The Walking Dead”?). En la secuela, no solo veíamos a la Humanidad diezmada, sino que asistíamos a la lucha de poder entre César, el líder de la “revolución simia” y su compadre Koba (en un alarde de originalidad, los guionistas designaron al villano usando un mote por el que Stalin era conocido cariñosamente por sus compañeros de partido, dándole al conjunto un aire de “revolución traicionada” que tira de espaldas). En la última parte, César se enfrenta a un militar humano al que se le ha ido la olla y quiere exterminar a todos los monetes antes de que estos se hagan con la conquista del mundo. Y no es para menos, dado que el virus que hizo inteligentes a los simios en la primera entrega está provocando que los humanos se estén agilipollando a niveles de un youtuber (es decir, asesinables). Perseguido por el psicótico general, César y los suyos emprenden el camino hacia un nuevo hogar en el que vivir tranquilos mientras las diferentes facciones de humanos que siguen vivas se dan de ostias entre ellas.

Nunca el dicho "Eres más peligroso que un mono con una pistola" tuvo tanto sentido. LOL! ¡UMOR ENTELIJENTE!

Matt Reeves, quien perpetrara ese pedazo de basura humeante que fue “Monstruoso”, es el encargado de contarnos una historia con tintes bíblicos, donde César interpreta a Moisés guiando a su pueblo y muere antes de ver la Tierra Prometida. También hay una parte en la que una avalancha sepulta a los ejércitos humanos, tal y como las aguas del Mar Rojo hicieron con los ejércitos del faraón, porque todo tiene que ser superprofundo y tener un mensaje y tal... Y si os he spoileado os jodéis. Deberíais de darme las gracias por evitaros ver este coñazo.

Hay que reconocer que tiene imágenes muy bonitas y que la caracterización de los personajes está muy lograda. Y es que Serkis se ha vuelto a superar. Pero la película no deja de ser un demostrador tecnológico sin ningún valor. Hay momentos para la vergüenza ajena, como ese en el que la niña medio subnormal adoptada por los simios entra en un campamento enemigo vigilado hasta los dientes y NADIE parece darse cuenta de NADA (a eso le debemos añadir la escena de la huida de un porrón de monos en mitad de la noche, algo en lo que ningún vigía parece reparar pese a estar avisados de un inminente ataque enemigo). Unos agujeros más grandes que los que pueden encontrarse en el intelecto de Álvaro Ojeda, vaya... No solo se ha desperdiciado la opción de hacer una buena película, sino que uno tiene la sensación de que no se ha explotado el potencial que tenía la trama. Mala, irregular y mediocre. Una total decepción.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

G.I. Joe: La película (1987)

Si bien hoy en día es de buen tono poner de vuelta y media a Estados Unidos y su papel de "gendarme mundial", hubo una época en la que las bravuconadas de las producciones norteamericanas nos divertían, al tiempo que también nos hacían pensar que, por muy mal que fueran las cosas, alguien velaría por nuestra seguridad, pondría en su sitio a los "malos" y llevaría la paz y la libertad allí donde fuesen necesarias.

Haciendo a la Tierra de las Hamburguesas grande de nuevo.

Los 80 fueron quizá los años dorados de esta reducción al absurdo donde, en el colmo de la perversidad, Estados Unidos pasaba por ser un país pacifista y respetuoso con el Derecho Internacional (independientemente de que la Guerra de Vietnam hubiese acabado en 1975 y la Administración Reagan se dedicase a financiar dictaduras en América Latina). Para los niños de aquel entonces, palabras como "Paz", "Libertad" o "Justicia" eran conceptos absolutos que no admitían réplica y que siempre estaban en el discurso de los "buenos". Estos, como todos los héroes, eran incorruptibles y jamás de los jamases harían un mal uso de su poder. Hizo falta que Superman se convirtiese al comunismo ("Red Son") para que el kriptoniano hiciese de sus omnipotentes poderes una horrible distopía que incluía, como no podía ser menos, la dominación mundial. Lo más increíble de todo es que "Red Son" fue publicado en 2003, el mismo año que Estados Unidos invadía Iraq en un terrible ejercicio de irresponsabilidad y megalomanía. Y sin embargo, los malos seguían siendo los "rojos". La democracia y el liberalismo, las unidades de destino en lo universal de Estados Unidos, continuaban estando a salvo.

Y tampoco hace falta irse demasiado lejos en el tiempo... Ahí están "Los Vengadores" y sus rencillas internas. ¿O es que nadie se acuerda del Capitán América negándose a acatar las órdenes de la ONU para seguir yendo por libre y hacer lo que ÉL cree correcto y necesario? Porque no olvidemos que es un héroe. Y como todo buen héroe (y debo insistir en ello) es incorruptible y no siente sed de poder. Hemos cambiado muy poco desde las pelis de Rambo y las fanfarronadas de Chuck Norris.

Con la intención de destruir a Conan de una vez por todas, Wrath-Amon se vio obligado a pluriemplearse.

Muy bien. Una vez que he satisfecho al pequeño marxista que domina mi día a día, voy a pasar a enumerar las razones por las que esta peli mola más que el pan de molde. Porque sí, los G.I. Joe y su proselitismo yanki molaban un huevo. Hasta su logo llevaba incorporados los colores de la bandera de EE.UU. Debo reconocer que mis motivos obedecen más a la nostalgia que me inspiran estas figuras (me niego a emplear un término tan denigrante como el de "muñeco"... son "figuras de acción" y punto) que a la propia calidad de la cinta, cuestionable y tonta a niveles asesinables... pero endiabladamente divertida. ¿Os he dicho que hay un tío que agarra un misil con las manos y lo arroja contra un vehículo enemigo? Pues eso.

Típico entrenamiento de un ertzaina. La siguiente lección se titula "Cómo utilizar torpedos como mondadientes".

Porque los G.I. Joe fueron una parte muy importante de mi primera infancia (entre los 5 y 8 años, momento en que fueron desbancados por los dinosaurios), ofreciéndonos a mi hermano y a mí incontables horas de diversión. Nuestra colección no fue excesivamente abundante, pero sí contábamos con una pequeña flota de vehículos (entre los que se incluía el Cobra Wolf, del que fui flamante propietario; el Warthog, que traía consigo una figura del sargento Slaughter; un helicóptero Tomahawk; un lanzamisiles de COBRA, cuyos proyectiles llevaban minas incorporadas... un detalle que habría agradado a George Bush; y otros tantos más) y varios personajes (el Sargento Láser, Ranger Viper, Toxo Viper, Voltar, Raptor, Croc Master, Airtight , Stretcher, Tripwire... y así podría pasarme toda la tarde).

"Bueno, ¿qué? ¿Quién se apunta a ir esta noche a la orgía que organiza Barbie en su casa?".

Conforme fui creciendo, los vehículos fueron los primeros en desaparecer y las pocas figuras que quedaron (ya os he dicho que ni de coña voy a utilizar la palabra "muñeco") o bien no resistieron el embiste de mis dinosaurios (todavía recuerdo la tarde en la que recreé el trailer de "El Mundo Perdido" y cómo a partir de él desarrollé una historia mucho mejor que la de la película original) o bien quedaron olvidados en una caja de zapatos que mi hermano todavía conserva en la cómoda de su cuarto. No hace mucho mi madre me dijo que se había desecho de unos pocos que estaban despiezados... Porque precisamente ese era uno de los grandes problemas que tenían los G.I. Joe: el elástico que unía el torso con las piernas se desgastaba con el tiempo y la figura terminaba como si le hubiese caído encima un misil de verdad. En ese sentido, eran más endebles que los muñecos (¡MIERDA!) de otras franquicias, como los de "La Guerra de las Galaxias" o "Parque Jurásico" (ambas producidas por Kenner hasta su absorción por Hasbro y de una calidad sobresaliente). Curiosamente, todavía conservo en buen estado varias de las armas que traían las figuras. Es más, hace muchos años, rodando uno de los muebles de mi habitación, encontré el rifle de asalto de Beach Head (véase más abajo). Lo que se dice un auténtico ejercicio de arqueología y Memoria Histórica.

Nathan Explosion poco antes de abandonar su primera banda para fundar Dethklok.

Supongo que ya os habréis dado cuenta de que esta entrada es para hablar más de mis juguetes favoritos que de la película en la que están basados. Pero ya os digo que hay cosas muy llamativas de este mondongo que merecen nuestra atención, entre las que destacan:

1. LOS CRÉDITOS DE INICIO

Los créditos de inicio tienen lugar en la Estatua de la Libertad mientras vemos a la peña de COBRA y a los G.I. Joe zurrándose con ganas. Los neoyorquinos están celebrando lo que parece ser el 4 de Julio cuando una amenaza se cierne sobre la noche. El tema de la serie es remezclado con una letra que nos dice lo malo que es el Comandante Cobra y termina recordándonos que, por muy mal que vayan las cosas, el comando G.I. Joe siempre estará ahí... así te hayan quedado cinco para septiembre o se te haya caído la pizza al suelo.


Aunque la batalla es encarnizada y hay explosiones por doquier (la nave de los malos revienta y todo), nadie muere. En toda la saga, lo más parecido que podíamos ver a una muerte eran las explosiones de los Bat Android Trooper, los soldados robóticos de COBRA a los que se les fundían los plomos cada dos por tres cuando se les disparaba. Con eso nos bastaba y sobraba. La imaginación hacía el resto.

2. UN EJÉRCITO MULTICULTURAL

El comando G.I. Joe, aunque lucha bajo el paraguas de Estados Unidos, está compuesto por un conglomerado multicultural que haría las delicias de Benetton y Los Fruittis. Esto era algo que se veía en la serie y que volvería a repetirse en la película.

Los ángeles existen y tienen el rostro de Ana Morgade.

Mucho antes de que los petardos de la incorrección política cargasen contra la igualdad de género o la discriminación positiva, los dibujos de los 80 ya nos enseñaban auténticos valores de convivencia: en esta peli en concreto hay una chica que practica artes marciales y tumba al temible Beach Head, el instructor más despiadado del otro lado de Alabama; un negrazo que nos enseña que, incluso estando ciego, uno puede salvar el mundo de una raza de reptilianos mutantes; y los clásicos rostros femeninos de la serie que, lejos de ser objetos de adorno, también saben cómo repartir estopa y destacar en lo suyo (hasta COBRA se adelantó a organizaciones hermanas como VOX o Ciudadanos y situó en su organigrama a un mujeres tan importantes como la Baronesa).

3. LOS ORÍGENES DEL COMANDANTE COBRA

Sí, se nos muestran los orígenes del Comandante Cobra. No sé si esta película forma parte del canon oficial o no (hay poquísimas referencias de ella en español, razón por la que me he animado a dedicarle una entrada), pero este personaje se sale por todos lados y siempre fue mi favorito, por lo que cualquier dato sobre él siempre es bienvenido. En la película nos lo presentan como un prometedor científico intraterrestre cuyo rostro quedó desfigurado después de sufrir un accidente en su laboratorio. Como castigo a su incompetencia, y por si no fuera poco tener como jefe al cantamañanas de Serpentor, Golobulus, el todopoderoso líder de Cobra-La, termina por convertirle en un mutante sin conciencia (igual que un votante del PP, vaya).

"Así que esto es lo que pasa cuando mezclas Mentos y Coca Cola... ¡Joder, cómo escuece!".

Honestamente, la idea de que sea un científico de una raza humanoide antediluviana no termina de convencerme (tampoco lo hace que en su juventud fuera un vendedor de coches usados), pero me da igual. Más allá de su marcado acento (sin el doblaje latino esta serie no sería lo mismo) y sus rabietas con el gilipollas de Serpentor, el Comandante Cobra es un personaje muy bien definido y con un trágico pasado a sus espaldas. Con Cobra pasamos de la risa al llanto en pocos segundos. Y eso es algo que muy pocos villanos pueden hacer.

4. MERCHANDISING A PORRILLO

La serie era un derroche de merchandising, vale, pero... ¿Y qué? ¿Acaso no éramos felices con la mierda que nos vendía? Con semejantes antecedentes, está claro que la película no iba a ser menos. A los G.I. Joe y COBRA de toda la vida se ha sumado en esta ocasión la perversa Cobra-La, una siniestra raza de humanoides que dominaba el mundo antes de la aparición de la Humanidad y que, tras el comienzo de las glaciaciones, tuvo que retirarse al interior de la Tierra a la espera de tiempos mejores (¡Chúpate esa, Lovecraft!).

"Enhorabuena. Se ha licenciado en la universidad más cara y, por tanto, la mejor que existe".

Para la franquicia, aquello implicaba seguir sacando más y más juguetes que representaran a los nuevos personajes. Y a fe mía que lo hicieron. Mi hermano y yo seguimos recibiendo figuras de la serie hasta los Reyes de 1993, lo que explica el éxito de unos personajes que habían comenzado su andadura diez años antes. Decir también que en la peli sale el famoso Conquest X-30, uno de mis juguetes favoritos de siempre (yo lo llamaba el "Avión-Tiburón"). Verlo volar y disparar sus misiles es, aún a mis 31 años, una maravilla. En mi fuero interno, siempre fantaseé con que me regalasen uno de los chismes voladores de COBRA, pero no pudo ser. La vida puede ser muy perra.

5. HAY "COSAS" QUE MUEREN

Como ya comenté, si bien la serie seguía los patrones del "Equipo A" donde, por muchas explosiones que hubiera, nadie sufría el más mínimo rasguño, aquí hay gente que muere, ya sea despeñándose por un barranco (algo que ocurre con Pythona y  Nemesis Enforcer, los lugartenientes de Golobulus) o bien a golpe de láser... Evidentemente, las víctimas de los disparos no son otra cosa que insectos y gusanos gigantes a las órdenes del maloso. No es mucho y casi no se ve sangre, pero peor es nada.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Ya habréis notado que apenas hago hincapié en la trama de película, pero es que tampoco hay demasiado que contar. Me atrevería a decir que es un capítulo bastante largo de la serie original, salvo que aquí se saltan los relamidos consejos que, a modo de servicio público, los protagonistas daban a los niños al final de cada episodio ("Si os invitan a participar en una violación grupal, recordad llevar siempre encima protección, niños"). Valores como la responsabilidad y la confianza en uno mismo (representados por el joven Teniente Falcon, un incompetente soldado de los Joe que busca su lugar en el equipo) están presentes a lo largo de toda la aventura, pero en ningún momento llegan a ser un estorbo para su desarrollo. Es más, yo hasta diría que ayudan a enriquecer la trama principal. Algo de moralina en mitad de un tiroteo nunca viene mal, aunque os aseguro que lo último a lo que prestaba atención cuando veía la serie era al discursito del capitán Duke sobre la importancia de lavarse las manos.

Serpentor emocionado ante la perspectiva de echar un polvo.

Ignoro si la película tuvo una continuidad en las series de la franquicia que aparecieron después de su estreno, dado que termina con el Comandante Cobra convertido en una serpiente mutante y con Golobulus escapando en el último momento. Que yo recuerde, en la serie de 1989 no se hizo referencia a estos hechos... O puede que sí, no lo sé. Teniendo en cuenta que la franquicia también continuó en los cómics, es bastante probable que encontremos algunas referencias a la peli ahí (según he leído, hay una relación entre Cobra-La y la historia de los Transformers... la madre que me parió). De todas formas, no sería raro que en posteriores entregas se hiciera borrón y cuenta nueva. Una prueba de ello la encontramos en la espantosa "G.I. Joe Extreme" estrenada en 1995, la cual se pasaba la historia de COBRA por los mismísimos cojones de Destro.

Y poco más. Lo cierto es que, para bien o para mal, G.I. Joe marcó un antes y un después tanto en el entretenimiento como en la comercialización de juguetes. Me atrevería a decir que su influencia llevó incluso a la creación de otras sagas igual de emblemáticas, como fue el caso de "Command and Conquer", donde el control del mundo era disputado por una fuerza multinacional, la GDI (Global Defense Iniciative) y un grupo terrorista cuya estética recordaba enormemente a la de COBRA (la Hermandad del NOD). ¿Casualidad? No lo sé, pero lo cierto es que tanto la historia como la parafernalia que la rodeaba era sospechosamente parecida a la de los muñequitos de Hasbro. Aunque solo sea por eso, G.I. Joe ya se ha ganado un lugar en nuestros corazones. Y sí, de haber podido elegir, me habría alistado en COBRA sin dudarlo.

jueves, 31 de agosto de 2017

Rescaten el Titanic (Jerry Jameson)

¡Bah! Paso de fichas técnicas y pollas en vinagre. Es la primera vez que escribo en el blog desde hace cuatro meses y tengo el mono. Hoy, materia pura y dura.

Jódete, James Cameron.

Hacía tiempo que le tenía ganas a esta película, porque mira que el cartel prometía: el Titanic emergiendo de las frías aguas del Atlántico enterito y sin haber tenido que echar mano de “La Gotita”... Porque ya saben ustedes que lo que “La Gotita pega, nada-nada lo despega”. Supongo que solo los lectores mayores de treinta (así como mi único lector argentino) podrán pillar esta referencia. El caso es que, tras haber reseñado hace eones “Titanic II” y “El musical animado del Titanic” (ya saben, aquella de “Éranse dos tetas pegadas a una mujer”) hablar de esta peli, así hayan pasado más de cinco años, era una obligación. Estar sin trabajo y con una depresión de caballo es lo que tiene. ¡Pero atentos al cartel, me cago en Dios!

El Titanic reflotado... Madre mía... Ni en sus sueños más húmedos, las crías que compartieron pupitre conmigo en una fecha tan lejana como 1997 y que tanto desearon que Di Caprio les metiera la mano en las bragas podrían haber soñado con algo mejor. No es coña. En un cuestionario que venía en la Superpop o en la Minnie Disney, una de las preguntas era si dejarías que Jack te pintase en porretas y ese tipo de cosas. Este anécdota contrasta con la de un colega cuyo padre le escondió un álbum de monstruos porque “temía que se terminase obsesionando con el tema”... o el de ese otro que venía a jugar al GoldenEye a casa porque en la suya no le dejaban andar con “juegos violentos” (“¡Esos juegos no son educativos!” dijo el fulano escandalizado un día que nos pilló a mitad de partida). En ambos casos, eran hijos de militares. Su puta madre. Iba a hacer una coña con ETA, pero no quiero ir a la cárcel. Me ha dicho mi cuñado, que sabe un montón de Venezuela, que allí se come bastante mal. Será mejor que volvamos al Titanic.

Sí, tengo esta basura en VHS, pero la felicidad está más allá de cosas como esta... Está en el porno y en la sonrisa de Lady Rox.

Hay que admitir que, nos guste o no (yo debo reconocer que todavía no la he visto entera... Sí, ¿qué pasa? ¿Habéis visto vosotros “El rayo destructor del Planeta Desconocido”? Pues entonces a callar), la película de James Cameron fue un absoluto éxito de taquilla. La historia del buque se reavivó y las expediciones que se organizaban para contemplar sus restos se multiplicaron. Hoy todo el mundo sabe que el barco fue hallado en 1986 por un equipo comandado por Robert Ballard (quien más tarde también encontraría los restos del Bismarck), utilizando para ello una tecnología de exploración submarina hasta entonces impensable (circunstancia a la que habría que añadir la consulta de fuentes y testimonios de la época en la que el barco fue botado). Ballard descendió hasta el fondo del océano y recorrió los restos del naufragio, confirmando así la idea de que el barco se había partido por la mitad en el momento del hundimiento. Las imágenes que tomó de los vestigios y el trabajo que realizó para reconstruir los momentos previos y posteriores de la tragedia fueron impresionantes.

La comida de rabo que le estoy haciendo a Ballard no es casual, porque un par de años antes que él, otros expertos y organizaciones trataron de dar con los restos del barco sin conseguirlo. Coincidencia o no, “Rescaten el Titanic” se estrenó precisamente en la época en la que se llevaron a cabo estos intentos, y los medios que emplean sus protagonistas poco difieren (salvo por los avances tecnológicos de rigor) de los que utilizaron los científicos en la vida real. 

Os cuento de qué va la cosa: resulta que el Pentágono ha descubierto que a bordo del Titanic viajaba un cargamento de un mineral más raro que un votante de Democracia Nacional con titulación universitaria. Son los tiempos de la Guerra Fría y los estadounidenses han creado un sistema antimisiles que haría de Hamburguesalandia una nación completamente invencible en el plano militar. El mineral fue descubierto por un contrabandista de nombre impronunciable (os daréis cuenta de que no doy ninguno en esta reseña) en el Ártico ruso allá por 1911. Los rusos, con comunismo o sin él, siempre están dispuestos a hincharle las pelotas a Estados Unidos, de manera que el contrabandista de los cojones tiene que huir con el mineral a cuestas mientras los abuelos de Putin le dan caza. Que digo yo que qué pintan los rusos en todo esto cuando en aquella época los malos eran los alemanes, pero bueno... El tío esconde la carga en el Titanic y se hace a la mar con el resultado que todos conocemos.

El meollo es que el mineral, como ya comentamos, es tan escaso que la única opción que tiene los gringos es bajar a buscarlo al fondo del mar matarile-rile-rile... pero como la zona de carga está en un lugar inaccesible, no les queda más remedio que reflotar el barco a base de un par de flotadores de “Mi pequeño Pony” y explosivos (si los rusos no van a mear sin tener un plan, en Estados Unidos no se solucionan los resfriados si no se tienen a mano un par de bombardas de trinitrotolueno). A grandes rasgos, este es el argumento de la peli. Está basada en una novela, por cierto.

La movida tendría encanto de no ser porque la película es un tostón inaguantable de dos horas y pico en la que NUNCA pasa nada. Insisto: NUNCA ocurre NADA. Las tres cuartas partes de este mondongo es una aburridísima trama de espías que no va a ninguna parte y que no le recomendaría ni a mi peor enemigo. El protagonismo de este coñazo recae en dos actores conocidos en su casa  a la hora de comer (he visto que uno de ellos era una de las estrellas de “Falcon Crest”... vamos, la bomba) y cuya rivalidad el espectador no llega a entender muy bien. Uno de ellos es algo así como un agente secreto más chulo que un gitano con unas alpargatas nuevas y el otro es un imbécil relamido que está a cargo de diseñar el escudo antimisiles de marras. Se llevan a matar de inmediato. Se sabe que hay por ahí una pollita de muy buen ver y que estuvo con ambos fulanos en sus años locos, pero el hilo no está nada bien desarrollado y las relaciones que se forjan entre los personajes (al menos en este aspecto) llegan a resultar muy apresuradas, casi artificiales. También hay un pavo de sesenta largos que es amigo personal de ambos y que trata de hacer que se lleven bien con el mismo éxito que la ONU con palestinos e israelíes, pero este tío en realidad no aporta mucho.

Qué ganas tengo de hacer un chiste sobre maricones y ser tan políticamente incorrecto como el batracio de Íker Jiménez.

Luego están los soviéticos, cuyo papel en la trama se reduce a hacer el congrio y a sentirse acomplejados al ver lo grandes y flexibles que son las pollas norteamericanas (con permiso de México y Canadá). La noticia de la creación del escudo antimisiles llega a sus oídos y está claro que no piensan quedarse con las manos quietas.  Tras mandar un barco científico a la zona donde los gringos están realizando las operaciones, se descubre que hay toda una subtrama de espionaje (otra más) donde uno de los marinos yankis está pasando información a los rojos porque el tío regresó tronado de Vietnam y se casó con una malaya. Todo esto se resuelve, afortunadamente, fuera de cámara. En caso contrario, la película hubiera durado otros cuarenta minutos.

Lo del complejo de pene viene por una escena final que es tan patriotera (y eso que esta chorrada es inglesa) y tan profundamente subnormal que da vergüenza ajena. Una vez que el mostrenco es reflotado, el embajador ruso se planta allí solo con un helicóptero y exigiendo que le entreguen la nave, que han estado vigilándoles desde el principio de la operación en su barco científico (¿en serio? Yo pensaban que estaban haciendo “cencia” de verdad). A nuestros héroes les entra la risa floja como el niño que oye hablar de sexo por primera vez y le dicen que se asome a cubierta. Allí aparecen un submarino y dos F-14 salidos del “El final de la cuenta atrás”, en plan “cómo se te ocurra mandarte a mudar con el barco, te metemos un par de pepinos de estos por el culo, porque el Titanic, como la luna, pertenece a América”. El embajador comprende que su chorra solo podría admirarse si se viese a través de un microscopio y decide abandonar la partida. Os juro que ocurre así.

Se dice que cuando a Alec Guinnes lo invitaron al estreno de la película, dijo: "Muy bien, iremos en el "Alce Pulcro". ¡Venga, suba!".

¡Ah! En el reparto también sale el tío ese hacía de Obi Wan, Alec Guinnes, aquí interpretando a un oficial del Titanic que sobrevivió al naufragio y al que le debemos uno de los momentos más emotivos de la peli, ya que le hace prometer a uno de los “protas”, el espía barbudo, que volverá a izar la bandera del barco una vez que lo hayan reflotado. Su presencia se reduce más a un cameo que a otra cosa, pero no deja de ser una curiosidad

Y poco más que contar. Aparte de la trama de espionaje y la pelea de gallos (con mucha PLUMA... ¡jo, jo, jo! ¡Ni Bertín Osborne!), la película es una sucesión de escenas que muestran a los “buenos” teniendo problemas con las inmersiones (uno de los minisubmarinos explota y todo) y la localización del barco. Todo amenizado con la música de John Barry y su orquesta, tan innecesaria y fuera de lugar como preciosa. Al final consiguen sacar el Titanic a flote, al que una burrada de años bajo el mar solo le ha privado de una de sus chimeneas. Quizá las escenas del barco en alta mar y entrando en Nueva York sean las más esperadas por parte de la audiencia. En honor a la verdad, no decepcionan y hasta llegan a ser bonitas por su simbolismo, ya nos guste la historia del Titanic o no. Pero duran demasiado poco y no merecen ni de coña las dos horas de visionado. 

Quizá lo más llamativo de todo sea el aspecto que conserva el barco hundido tras salir a la superficie. Es evidente que nadie sabía cómo se encontraba el buque en aquel momento, puesto que todavía faltaban un par de años para su hallazgo. Supongo que tanto el autor de la novela como los responsables de la película quisieron darle al conjunto el aire de un castillo abandonado. Las ruinas, al final y al cabo, tienen un encanto especial para sus descubridores. No esperéis encontraros con paseos por el interior del barco y esas chorradas que tanto le gustan a los puntillosos, puesto que la única habitación que aparece recreada es un salón de baile que los “Gringoesploster” utilizan a modo de base de operaciones. Eso, y la bodega del barco, donde al final, por cierto, no encuentran nada. El mineral está en una tumba irlandesa, escocesa o de por allí, donde en realidad lo dejó el contrabandista antes de embarcarse.

Sobre la forma en la que los americanos se quedan con el barco, llama la atención que en ningún momento nadie proteste por semejante expolio o que se muestre tan poco respeto por las víctimas. La burocracia queda entorpecida gracias al ímpetu de unos vulgares cazatesoros y a la cochina bandera de las barras y estrellas. El día que tenga dinero, lo invertiré en reflotar el Yorktown y convertirlo en una casa de putas para recuperar la inversión.

Y ya está. Alguien tuvo la ocurrencia de subir la película a Youtube y los comentarios no se hicieron esperar. Hay de todo: desde niñas de trece años que pregonan a los cuatro vientos que la película les ha encantado (me gustaría preguntarles qué opinan de la parte en la que salen los calamares violetas peleando con Adolfo Suárez) hasta iletrados que dicen saber más que nadie del barco, pasando por otro que afirma estar escribiendo un libro sobre el tema y otro que nos recuerda que “El Titanic está en el fondo del mar. Suscríbanse a mi canal si todavía no lo han hecho. Si ya lo hicieron, no lo hagan”. Internet, damas y caballeros. Me cago en la democratización de la cultura, por Dios.

martes, 15 de marzo de 2016

La última misión (Ferdinando Baldi)

FICHA TÉCNICA:
  • Título original: La última misión (también conocida como Missione Finale y Ten Zan: The Ultimate Mission)
  • Año: 1988
  • Duración 84 minutejos
  • País: Italia (coproducción entre Italia y Corea del Norte)
  • Director: Ferdinando Baldi
  • Reparto: Frank Zagarino, Mark Gregory, Romano Kristoff (no perras, no es el de "Frozen"), Sabrina Siani (aka Isabel San Sebastián) y Jinny Rockers (no, no hay ni rastro de los actores norcoreanos)
  • Género: Acción baja en proteínas
  • Valoración: Coñazo
Hace unas semanas, cuando reseñé "Tunka el Guerrero", os hablé de cómo La 2 estaba tirando la casa por la ventana al comprar bodrios patateros a dos pesetas el kilo con los que rellenar su programación. El hecho de que RTVE se encuentre ahora mismo en una delicada situación financiera quizá justifique este "derroche". La razón no es otra que los hachazos en el presupuesto que le han aplicado sus diferentes gestores desde que el PP alcanzó el poder a finales de 2011. Desde entonces, tanto La 1 como La 2 han sufrido un duro ajuste en sus contenidos, deshaciéndose de buena parte de su producción propia o bien limitando el cine de estreno. La caída de las audiencias ha sido patente, lo que sumado a la nueva línea editorial de la corporación (ya sabéis: telediarios manipulados a más no poder, motines sindicales y Bertín Osborne presumiendo de intelecto), ha dado como resultado un desastre solo comparable con el de la ERT (la televisión pública griega), el mítico porno de Canal 6 y las grandes producciones de Leni Riefenstahl.

Señores: he dicho Leni Riefenstahl, no Isabel San Sebastián.

La 2 es seguramente quien se ha llevado la peor parte en todo este asunto, puesto que su programación matutina poco o nada tiene que envidiarle a la sobremesa de 13 TV o ese pozo de infecciones urinarias que es la RTVC. No es raro encender ambas y encontrarnos con pelis de nazis (lo raro sería que en el canal de los curas pusieran otra cosa) o bien con westerns de tres cincuenta completamente olvidables. Hay que rellenar horas como sea. Y si eso puede hacerse ahorrando hasta en la compra de latas de sardinas, tanto mejor.

El malo de esta peli se parece a Cristiano Ronaldo. ¿Qué pensáis?

"La última misión" es precisamente una de esas películas de bajo coste que perfectamente podría haber aparecido en el catálogo de novedades de la Discoplay junto a "América 3000", la colección de DVDs de "Marco" y "La Cripta de los Culos". La película es una cinta de acción genérica en toda su extensión. Y eso incluye tanto a sus actores (para muchos supuso su primera y última incursión en el cine) como a su banda sonora. En cuanto a su argumento, y pese a lo bizarro y original del mismo, está desarrollado con tal desgana que termina convirtiéndose en algo anodino y al uso, casi tanto como la última etapa europea de Van Damme.

Cristiano Ronaldo a punto de pasar un buen rato.

Porque esta película es JODIDAMENTE olvidable. No tiene nada que la haga atractiva. Es más, creo que si decidieron emitirla en horario de mañana fue precisamente por eso, porque sabían que era una hora bastante mala y no hay quien pueda con las chorradas que hablan en la tertulia de "Amigas y conocidas" (país...). Irse a negro es un crimen de los gordos (que se lo digan a los fans de Intereconomía) y hay que estar en antena cueste lo que cueste... Aunque eso signifique ofrecer escoria en cantidades industriales (insisto: pregunten en Intereconomía...).

Entonces, ¿esta MIERDA de qué va? Tomad nota, porque la cosa tiene su aquel...

Resulta que en X país asiático una banda de terroristas se está dedicando a secuestrar mujeres con unos medios que ríete tú de los del ISIS. Las alarmas suenan en X país occidental, que decide enviar a su mejor agente, Lou Mamet, para investigar el caso y tirar por tierra los planes de los malosos. Vale, hasta aquí todo bien. Ahora viene lo bueno: el quid de la cuestión es que los terroristas están dirigidos por una suerte de Doctor Mengele (aka José María García) que, a base de hormonas de animales salvajes y células femeninas (de ahí lo de los secuestros... o eso supongo) pretende inventar un suero con el que (y cito la sinopsis que aparece en la web de RTVE) "volver a crear una raza superior". OSTIA PUTA... Si cuando yo os decía que era una bizarrada de las gordas...

Cristiano Ronaldo internándose por la banda y enviando la pelota al mástil y luego a córner...

Ahora bien: aparte de lo inverosímil que resulta la sinopsis... ¿no notáis nada extraño en el argumento? ¿Por qué nunca se nos dice en qué países ocurre la acción? Respuesta: la peli es una coproducción italo-norcoreana. No es coña, estoy hablando totalmente en serio. De hecho, me atrevería a decir que es uno de los pocos alicientes que me animó a visionar esta chorrada, dado que me considero un flipado del país "comunista". Hemos de tener en cuenta que la Corea del Norte de finales de los 80 poco tiene que ver con la actual. Entonces, Kim Il-sung todavía gobernaba el país y las relaciones con el Bloque Soviético eran cordiales (lo que se veía reflejado en su economía, muy superior a la de Corea del Sur). Apenas unos pocos años después, la Unión Soviética desaparecería y empezarían los verdaderos problemas de Pyongyang. Con la desaparición del mercado socialista, la economía norcoreana se estancó y la paranoia empezó a hacer mella en sus líderes. Para colmo, Kim Il-sung moriría en 1992, dejando al país sin un liderazgo sólido y eficaz. Lo demás, ya lo sabemos gracias a las excéntricas apariciones en TV de Caos de Benós, las verdades a medias del régimen y el empeño de Occidente por inflar cualquier noticia (ya sea cierta o no) relacionada con sus líderes.

Cristiano Ronaldo es Cristiano Ronaldo...

Así pues, decir que el bueno de Lou Mamet trabajaba para la CIA igual no quedaba del todo bien, de ahí que tanto la trama como sus protagonistas apenas tengan un mínimo de consistencia y todo se quede en algo gris y sin ningún interés. Ya os digo que el hecho de que esté rodada en Corea del Norte es quizá uno de sus pocos alicientes, pero ni siquiera eso la hace disfrutable. Los planos de la capital norcoreana son muy escasos, reduciéndose únicamente a una secuencia que transcurre en el mítico Metro de Pyongyang (del que se dice que puede servir de refugio en caso de ataque nuclear). El resto de la acción tiene lugar en descampados y poblados de pescadores recreados para la ocasión. Desde luego, irse hasta la otra esquina del mundo para rodar solo eso tiene tela.

"Vaya mierda de partido y de crítica". Jose María García dixit.

Es interesante ver el papel que juegan los "extras" (mucho más si cabe que el de los propios actores principales). Me apostaría mi figura de Shiryu a que una buena parte de ellos eran miembros del Ejército Popular. Es más, estoy convencido de que el Ministerio de Defensa se implicó bastante en el proyecto. De hecho, la mayoría de las armas de mano que se ven en la película pertenecen al arsenal norcoreano (por ahí distinguimos algunos subfusiles de fabricación rusa PPS-43, el mítico M3 -cuyo aspecto nos recuerda enormemente al de un taladro de los que venden en Leroy Merlin- y el fusil Tipo 58, la versión coreana -y gigantesca- del AK-47).

"Menuda mierda de alcayatas me han vendido en el chino".

José María García dispuesto a vengarse del mundo: "Pedrerol es un mierda seca. Yo la tengo más larga".

En cuanto al reparto, ya comenté más arriba que a muchos actores no se les volvió a ver el pelo después de esta película (obviaré cualquier chiste fácil a que fueron vaporizados por el régimen). En la ficha de FilmAffinity no hay ninguna referencia de los actores coreanos (ni siquiera de Kim Follet, la heroína de la peli e interés amoroso del protagonista). El héroe de la función, Frank Zagarino es el único actor que vio revitalizada su carrera después de su periplo en Juchelandia, aunque su carrera quedó relegada a producciones televisivas de baja estofa (de hecho, es el actor al que contratarías si Dolph Lundgren se negase a participar en tu película... todo un síntoma). Los seguidores de los juegos de estrategia le conocerán bien gracias a su interpretación del comandante Anton Slavik en "Command and Conquer Tiberian Sun", donde compartiría escena con el venerado James Earls Jones. Poco más, la verdad. Destacan también Romano Kristoff (al que la Wikipedia en inglés da por muerto y de quien no se sabe nada desde 2010) y Mark Gregory, protagonista de "Los Guerreros del Bronx (que también tengo por aquí guardada) y del que tampoco hay registros desde 1989. En cuanto a Sabrina Siani... más de lo mismo, aunque no me extrañaría nada que después de su incursión en el cine tuviese una epifanía y ahora se hiciera llamar Isabel San Sebastián.

Isabel San Sebastián recibiendo la llamada del Señor.

"En mi tiempo libre me gusta montármelo con "progres". Ignacio Escolar la tiene como un burro de grande"...

Y poco más que contar. Ya os digo que lo más interesante no es la película en sí, sino lo que hubo detrás de ella. Debo reconocer que las secuencias de acción son bastante correctas, pero no hay una trama lo suficientemente sólida detrás que las sustente. Los diálogos en ocasiones son de chufa ("Hueles de maravilla... a hembra" le dice el personaje de Mark Gregory (aka Cristiano Ronaldo) a Kim Follet en uno de los momentos más extraños del filme) y el argumento es errático y confuso a más no poder (en un incomprensible giro del guión, os diré que el famoso científico que está detrás del potingue genético es el mismo tío que contrata a Zagarino para que resuelva el caso). Si a todo esto le sumamos que las relaciones entre los personajes nos importan un pimiento y que el desarrollo es más lento que el encefalograma de un youtuber, pues ya os hacéis una idea del enorme pufo que tenemos delante. Huyan y no miren atrás.

¿Qué parte de "Huid y no miréis atrás" no habéis entendido?

Bonus Track: El cartel... La madre que me parió... No solo no tiene NADA que ver con lo que se cuenta en la película (para variar...) sino que además es una ostia teledirigida a la cara de Oliver Stone. Todavía me estoy preguntando en qué segmento de este mondongo salía el "prota" despechugado y con la selva norcoreana detrás... Fijo que si hubiera sido Marta Fernández en lencería negra me habría enterado. En cuanto al cartelillo que aparece al comienzo de esta crítica, no me preguntéis dónde fueron los helicópteros Apache que se dan de ostias bajo la impertérrita mirada de los protagonistas ni el M16 que sostiene el hermano deforme de Zagarino. Igual desaparecieron en un agujero interdimensional, como la información de los discos duros de Bárcenas.

Y si aun así piensan que Italia es el País de la Desvergüenza, es que no han visitado España...

EDITADO: En un principio, la película estaba disponible hasta el 17 de marzo en la web de RTVE pero, por el motivo que sea, alguien ha querido joderme la entrada y retirarla antes de tiempo (comprobad por si acaso vuestros navegadores). Seguramente los programadores de TVE han leído lo de Corea del Norte e inmediatamente lo han relacionado con Pablo Iglesias. En fin, una pena...